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Vestidos para matar

Written by Ana Paula Ordorica on .

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Excélsior 

Cada vez que hay una matanza como la de la primaria de Connecticut, en la que murieron asesinadas 27 personas —20 niños y seis adultos—, además del joven de 20 años que entró armado a la escuela, la discusión vuelve a resurgir.

 

¿Hasta dónde se debe apoyar la Segunda Enmienda constitucional de EU que permite que cualquiera salga armado hasta los dientes a la calle? La respuesta generalmente se queda en plegarias a Dios... y en más derechos de portación de armas.

En el sistema federalista estadunidense 40 de los 52 estados permiten que cualquiera salga vestido para matar, es decir, con armas a la calle. Sólo en California, Nueva York y un puñado de estados más existen reglas locales que hacen casi imposible obtener una licencia para cargar un arma en público.

Casi nadie pone en cuestión el que se puedan adquirir armas, que es el corazón de la Segunda Enmienda, la cual, por razones históricas que tienen que ver en cómo se colonizó el extenso territorio estadunidense, le da el derecho a cada individuo de poder defenderse y defender su casa.

El tema está en si esta autodefensa necesariamente debe permitir que cualquiera adquiera armas de grueso calibre, con la posibilidad de disparar múltiples rondas de balas y si con estas armas se debe salir a las calles.

En la matanza del viernes, Adam Lanza, el joven que entró a la escuela primaria a matar, utilizó varias armas, tres de ellas ya detectadas como parte de la colección de pistolas de su madre, quien era maestra en la primaria. Entre las armas utilizadas estaba un rifle semiautomático similar al que utilizan hoy los soldados estadunidenses en la guerra de Afganistán.

Adam Lanza además era un niño con ciertos problemas de personalidad. Hasta ahora las investigaciones indican que sufría del síndrome de Asperger, una especie de autismo. Pero aun así, la Segunda Enmienda protegía el derecho de su madre a coleccionar armas y a llevar a sus hijos a los campos de tiro en las afueras de la ciudad de Nueva York. La señora Nancy Lanza era una entusiasta coleccionista de armas.

Los días previos a la matanza se aprobaron en distintos puntos de EU varias disposiciones favorables a quienes abogan por el derecho a portar armas. Un día antes de la matanza, en Michigan se aprobó una ley para permitir portar armas en las escuelas. El mismo día se aprobaron mayores beneficios para portadores de pistolas en Ohio y en la misma semana se retiró en Illinois la prohibición para cargar armas en las calles.

Las autoridades de Florida, por su parte, anunciaron de manera entusiasta que estaban por emitir la licencia número un millón para portar armas escondidas.

Los estadunidenses son únicos en la permisividad de portar armas. El tipo de matanzas como la ocurrida el viernes en Connecticut también es única para un país que no sufre una guerra interna. La correlación me parece inevitable.

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