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La Segunda Enmienda debería enmendarse

Written by Mario Melgar on .

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Excélsior 

Una noticia ensombrece los días previos a las navidades que con fanático entusiasmo celebran los vecinos del norte. Los pequeños asesinados inexplicablemente en un pueblito de Connecticut son tragedia dolorosa. El hecho ha motivado que el aplazado debate sobre el control de armas vuelva a renacer. Un sector cada vez más importante ha expresado la necesidad de hacer algo para resolver el riesgo de ciudadanos inocentes, de menores indefensos que han sido masacrados por una equivocada política de seguridad y por interpretaciones erróneas de una disposición varias veces centenaria que es inoperante en el siglo XXI.

Como hace más de 200 años, los estadunidenses están divididos: quienes piensan que las armas de fuego deben controlarse y quienes piensan que la Constitución, a través de la Segunda Enmienda, da el derecho para poseer y portar armas, casi sin limitación alguna. En el primer grupo, los demócratas; en el segundo, los republicanos, que reciben de los grupos que favorecen el derecho a las armas, enormes cantidades de dinero para sus campañas. La Segunda Enmienda da a los ciudadanos el derecho a poseer y portar armas, mismo que el gobierno federal no puede infringir.

Durante su primera campaña a la Presidencia, Obama estableció el compromiso de vigilar y reglamentar la venta de armas. El tema quedó relegado a pesar de varias matanzas a personas inocentes. Los estados ante la ausencia de una política federal han legislado para ampliar los derechos de uso, compra, venta y de portar armas. Virginia aprobó una ley que autoriza a las personas a portar armas en lugares donde se expenden bebidas alcohólicas. Canceló, además, la prohibición de comprar solamente un arma al mes. Eso precisamente en el estado de Virginia, donde ocurrió la matanza de 32 inocentes en el Tecnológico de Virginia. Arizona y Wyoming están considerando leyes que permitan portar armas sin permiso. En Montana y Tennesse legislaron a fin de que se cancelen los reglamentos federales sobre armas y municiones que se produzcan, vendan y usen en los límites de esos estados.

La tradición de los Estados Unidos ha sido la de una sociedad que está acostumbrada al uso de las armas. Las estadísticas son elocuentes: de 360 millones de habitantes, hay 300 millones de armas. La necesidad de defenderse de los indios americanos, así como de las potencias europeas a lo largo de su historia, hizo de las armas una necesidad social.

El tema afecta a México por el tráfico de armas provenientes de Estados Unidos a los cárteles de la droga y grupos delincuenciales. Ya Calderón fue al Congreso estadunidense a advertir que nada garantiza que los criminales en Estados Unidos no decidan a su vez apuntarlas a las autoridades y ciudadanos. Antes de un año, con armas provenientes de Estados Unidos, Jaime Zapata, un agente estadunidense, fue abatido en México en la carretera federal a Nuevo Laredo.

Peña Nieto no ha ido todavía al Congreso estadunidense. Ha sido cauteloso en sus declaraciones sobre temas de armas y tráfico de drogas. No obstante, es altamente probable que ahora en Estados Unidos se dé finalmente un debate que limite y reglamente efectivamente la venta y uso de armas.

Esta última vez hubo una masacre indescriptible en una escuela de pequeñitos inocentes, pero todos los días las armas que llegan de Estados Unidos se utilizan para las matanzas entre mexicanos, lo que no debería seguir ocurriendo. Tal vez en esto los astros se alineen ahora del lado mexicano, que ya nos toca.

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