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¿Habrá voluntad?

Written by David Shields on .

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Reforma 

El mundo -sobre todo, América del Norte- se encuentra en plena revolución energética. El aceite en lutitas, o shale oil, cambiará la geopolítica global y Estados Unidos desplazará a Arabia Saudita como el primer país productor de petróleo en el año 2020, dice la Agencia Internacional de Energía. El gas natural abundante y barato ha reactivado la producción industrial, la petroquímica y el cambio hacia la generación eléctrica más limpia en Estados Unidos, nación que analiza ser exportador de gas natural licuado y que crecerá su producción y disminuirá sus importaciones de petróleo año con año, quizás al grado de ser un exportador neto de petróleo.

 

Como el Gobierno de Canadá ve pocas opciones a futuro para colocar en Estados Unidos su creciente producción de petróleo a partir de sus arenas bituminosas, acaba de autorizar cuantiosas inversiones asiáticas en dos de las principales compañías energéticas canadienses, Nexen y Progress Energy. Así se reconoce que las exportaciones futuras de petróleo canadiense se destinarán, en forma creciente, a Asia.

Aparecen nuevas tecnologías en todo el sector energía que permiten perforar pozos a mayores profundidades en tierra y en mar, explotar petróleo no convencional, generar electricidad en forma más limpia, tener procesos industriales más eficientes y desarrollar "redes inteligentes" para transmitir y distribuir la energía eléctrica con mayor confiabilidad.

La industria energética en el mundo cambia en muchos aspectos, pero se tiene la impresión de que en México casi nada cambia. Sí hay cambio de gobierno y hay nuevos funcionarios que expresan buenas intenciones. Pero hasta ahí. Por ahora, las empresas energéticas estatales siguen siendo monolitos burocráticos inmunes a todo intento de transformación. Al mismo tiempo, México sigue pensando en Estados Unidos como único gran importador de su petróleo, como si no nos diéramos cuenta de los cambios que se están dando en el mercado de ese país.

Viene una nueva Reforma Energética en el 2013, según nos dicen, pero la lectura del Pacto por México o de las declaraciones de nuevos funcionarios y legisladores revela que no hay mucha ambición ni voluntad real para realizar cambios significativos. Todo indica que las enmiendas constitucionales están descartadas y, mentalmente, estamos a años luz de aplicar un modelo similar al brasileño, tan platicado y alabado por el Presidente Enrique Peña Nieto.

Es comprensible que se dé prioridad a mantener la estabilidad de la producción petrolera y de los flujos de ingresos, pero esa estabilidad debe aprovecharse para hacer cambios a fondo para atraer inversiones y crecer de verdad en segmentos de la industria petrolera como aguas profundas, shale gas y Chicontepec, donde la inversión y las capacidades de Pemex no alcanzan. Para eso, Pemex necesita ser empresa, fuera del presupuesto, libre de ataduras normativas y capaz de asociarse, y se necesita inversión privada directa. Pero no se percibe que haya voluntad para cambios a fondo.

Aún no hay un plan claro, consensado, para un nuevo Pemex dinámico, autónomo y empresarial, con cambios jurídicos que vayan más allá de la simulación. No hay plan para un Pemex más eficiente y más enfocado a sus fortalezas, sobre todo en Tabasco y aguas someras, abriendo espacios al capital privado en las áreas que no lo son.

Las nuevas autoridades deben convencerse de que Pemex tiene que ser una empresa, no un ente gubernamental. Así es cómo podrá asociarse con el capital privado, aprovechar coyunturas de mercado, ser rentable y enfrentar los nuevos retos globales. Otros objetivos recién anunciados -valor agregado, sustentabilidad, cercanía con trabajadores, cadenas productivas- deben ser secundarios, comparativamente. Pero ¿habrá voluntad?

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