Francisco García
/ Charles Kindleberger, autor del clásico “Manías, Pánicos y Cracks”, advertía que no hay nada más perturbador para el bienestar y el juicio de una persona que ver a un amigo hacerse rico.
En Corea del Sur, millones de personas vivieron ese fenómeno en carne propia. El índice KOSPI, principal referente bursátil del país, protagonizó uno de los rallies más espectaculares de su historia. En tan solo seis meses pasó de 5,000 puntos a un máximo histórico de 9,114 puntos, alcanzado el 22 de junio, según Bloomberg.
Para poner esto en perspectiva, antes del estallido de la burbuja del Dot-com en 1999, el Nasdaq creció un 102%. Sin embargo, en Corea del Sur, apenas semanas después de tocar los máximos históricos, la euforia se convirtió en pánico: el KOSPI retrocedió hasta 5,500 puntos, una caída cercana al 40%. Ante esta realidad, ¿qué explica el repentino ascenso? ¿Por qué el mercado cayó con tanta potencia? ¿Y cuáles son las implicaciones para el mercado financiero coreano y los inversionistas?Los fundamentos del rally fueron reales y respondieron a la revolución industrial de la inteligencia artificial (IA). El super-ciclo de los semiconductores -los chips especializados que permiten entrenar y operar modelos de IA- disparó las utilidades de SK Hynix y Samsung, empresas que representan la mitad del valor del KOSPI.
El primer factor fue el liderazgo tecnológico de Corea del Sur. SK Hynix controla más del 60% del mercado mundial de memoria de alto ancho de banda (HBM), un componente indispensable para los aceleradores de Nvidia. Junto con Samsung y Micron, estas compañías concentran más del 90% del mercado global de memorias DRAM.
Las cifras impresionan. Tan solo la división de semiconductores de Samsung reportó utilidades por 36 mil millones de dólares en el primer trimestre del año según Bloomberg. Esta cifra representa el 94% de las utilidades de la empresa. A su vez, los semiconductores equivalen a cerca de una tercera parte de las exportaciones del país y crecieron alrededor de un 60% durante el primer semestre del año. El segundo factor se debe a cambios regulatorios. Desde 2024, el programa Value-Up buscó cerrar el llamado "descuento coreano", la histórica subvaluación de las empresas locales atribuida a problemas de gobierno corporativo. El presidente Lee Jae-myung convirtió ese objetivo en una de sus principales promesas, proponiendo un KOSPI de 5,000 puntos.
Para ello, impulsó reformas a la legislación mercantil destinadas a fortalecer la protección de los accionistas minoritarios y a reducir la carga fiscal sobre los dividendos.
El resultado fue una fiebre nacional. Pero la misma concentración que impulsó el ascenso terminó por amplificar la caída. Cuando dos empresas concentran casi la mitad de la capitalización bursátil de un índice, esto se considera automáticamente una apuesta concentrada en una sola industria y ya no en el desempeño de la economía del país. A ello se sumaron la intensa participación de inversionistas minoristas y el uso de fondos cotizados en bolsa (ETF) apalancados, instrumentos que magnifican las ganancias y pérdidas.
Los reguladores de Corea del Sur han suspendido temporalmente la creación y emisión de nuevos ETF apalancados sobre acciones individuales, como Samsung o SK Hynix, debido a su alta volatilidad.
Bastó que creciera el esceptisimo sobre el ritmo del gasto mundial en IA para que el optimismo diera paso a una venta masiva. En tan solo un mes, el KOSPI perdió alrededor del 40% de su valor. La Bolsa de Corea activó sus mecanismos de suspensión temporal de operaciones en siete ocasiones durante el año. La volatilidad superó el 60%, casi el doble de la registrada en el Nikkei japonés. Aun así, el KOSPI mantiene una ganancia cercana al 29% en lo que va del año. Se trata de uno de los desplomes más violentos ocurridos en medio de uno de los mayores rallies bursátiles de la última década.
¿Es el fin de la fiebre? No necesariamente. Citigroup mantiene un precio objetivo de 10,000 puntos, mientras que Morgan Stanley estima cerca de 9,000 puntos debido a la creciente demanda de la IA. Por último, el desenlace de esta novela dependerá de si el super-ciclo de la IA es tan duradero como anticipan los mercados o, como ha ocurrido en la historia, se trata de pura especulación. Kindleberger lo entendió hace más de medio siglo: las manías no nacen únicamente de la avaricia, sino también de la necesidad de no quedarse atrás. Como ocurre con todas las manías, algunos llegan primero; la gran mayoría llega justo antes del derrumbe.
























