Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

Última actualización:
2024-04-12 14:55

UCRANIA Y LA GEOESTRATEGIA RUSA EN EL CERCANO EXTRANJERO

Publication Date: 26-04-2023

Cuando en el 2005, el presidente ruso, Vladimir Putin, se refirió al fin de la Unión Soviética como “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX”, no sólo lamentó la destrucción de “los viejos ideales” que devengó en “una prolongada crisis económica, finanzas inestables” y una “parálisis en la política social”, sino que también reparó en el “drama” de los “millones de compatriotas” que “quedaron fuera del territorio ruso”.

Para Putin, incluso, la propia “integridad territorial” de Rusia había sido violentada “mediante una intervención terrorista” en alusión al separatismo checheno que amenazaba con desestabilizar todo el Cáucaso Norte. En este tenor, Putin se presenta a sí mismo como el estadista que pretende restablecer la seguridad del espacio ruso ante una ensanchada OTAN que aprovechó hábilmente la disolución de su contraparte militar, el Pacto de Varsovia, a fin de asumir ahora la defensa del antaño Telón de Acero.

Sin embargo, contrariamente a lo que se piensa, la geoestrategia rusa para hacerle frente, tanto a la disolución de la Unión Soviética como a la ampliación de la OTAN, se remonta a 1995, poco antes de que se realizara el quinto encuentro entre los presidentes William Clinton y Boris Yeltsin el 23 de octubre. En efecto, mientras Washington y Moscú celebraban consultas periódicas tras el fin de la Guerra Fría, el Estado Mayor ruso reveló a través de las publicaciones Nezavissimaia Gazeta y Komsomolskaia Pravda, la nueva doctrina defensiva que adoptaría en caso de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte prosiguiera su curso hacia el Este. Tal doctrina contemplaba, desde “apuntar misiles nucleares hacia Polonia y la República Checa” hasta estacionar fuerzas armadas rusas en Bielorrusia, “un supuesto plan de invasión de las repúblicas bálticas”, así como “una posible alianza militar con Irán”.

Poco después, el diario Sevodnia, divulgó un informe del Instituto Ruso de Investigación Militar que ofrecía una hoja de ruta a fin de que el Kremlin restableciera su preeminencia en los asuntos euroasiáticos, reorientando el modelo económico y ampliando la cobertura defensiva a las minorías rusas que habían quedado diseminadas en el Cercano Extranjero, es decir, en algunas de las antiguas repúblicas soviéticas. En efecto, además de rechazar la subordinación de Moscú a las directrices del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial, el informe exigía “una revisión de las privatizaciones de los bienes del Estado” y anticipaba en un futuro no muy lejano “la aparición de un Estado renovado compuesto por Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, una gran parte de Ucrania, Transdniéster, Abjazia y Osetia del Sur.”

En este sentido, las recientes intervenciones rusas como en Georgia en el 2008, la anexión de la península de Crimea en el 2014 tras el derrocamiento de Viktor Yanukovich, la presencia de fuerzas de pacificación en Nagorno-Karabaj desde el 2020 o la invasión a Ucrania en el 2022 a fin de absorber el Donbáss, no fueron producto de un ex oficial del KGB empecinado en restablecer las viejas fronteras de la URSS, sino que responden a una geoestrategia largamente trazada por el estamento militar que, aún bajo la jefatura de Boris Yeltsin, buscaba mitigar la expulsión de Rusia de su otrora esfera de influencia. Cómo bien observó Zbigniew Brzezinski a propósito de Ucrania en su célebre obra The Grand Chessboard publicado en 1997: “Ucrania es el Estado clave, en lo que se refiere a la propia evolución futura de Rusia...Un imperio sin Ucrania haría de Rusia una entidad más ‘asiática’ y más distante de Europa”.

Integrante de la Unidad de Estudio Rusia-Ucrania del COMEXI. Profesor de Relacionales Internacionales de la UNAM y la Universidad Iberoamericana. Catedrático y conferencista invitado del Centro de Estudios Superiores Navales (CESNAV). Miembro del Centro de Estudios de Eurasia (CEE).

Participación en El Sol de México