¿Qué se sabe de la siguiente cabeza de la ONU?
Fernando de la Mora y Juan Pablo Camarena / La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentra en proceso de elegir a la próxima persona que ocupará la Secretaría General. Tras 10 años en el cargo, António Guterres concluirá su mandato el 31 de diciembre de 2026 y entregará a su sucesor (o sucesora) una institución con serios desafíos por delante. Quien resulte electo enfrentará una crisis de legitimidad, un déficit de confianza y un rezago financiero que exigen un liderazgo firme, pragm
Fernando de la Mora y Juan Pablo Camarena
/ La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentra en proceso de elegir a la próxima persona que ocupará la Secretaría General. Tras 10 años en el cargo, António Guterres concluirá su mandato el 31 de diciembre de 2026 y entregará a su sucesor (o sucesora) una institución con serios desafíos por delante. Quien resulte electo enfrentará una crisis de legitimidad, un déficit de confianza y un rezago financiero que exigen un liderazgo firme, pragmático y creativo.
El proceso de elección
Hasta hoy, seis perfiles compiten por el cargo. Aunque deberán obtener el respaldo de la mayoría de la Asamblea General, el verdadero desafío consiste en superar el filtro previo del Consejo de Seguridad, que debe recomendar formalmente la candidatura. Las implicaciones son profundas: los miembros permanentes del Consejo tienen la facultad de vetar a cualquier aspirante que no se ajuste a su visión sobre el futuro de la ONU o que consideren excesivamente cercano a los intereses de otra potencia con derecho de veto.
Para esta elección en particular, se anticipa que la persona electa provenga de Latinoamérica, en apego al principio de rotación geográfica, una práctica consolidada, aunque no formalmente establecida en las reglas de la Organización. Asimismo, ha cobrado fuerza la posibilidad de que, por primera vez, una mujer ocupe la Secretaría General. Sin embargo, esta no es una posición consensuada. Mientras China, Francia y el Reino Unido se han mostrado favorables a esa posibilidad, Estados Unidos y Rusia sostienen que la designación debe recaer en la candidatura más sólida, independientemente de su género.
Los perfiles de los candidatos
La chilena Michelle Bachelet fue propuesta originalmente por Brasil, México y su propio país. Su candidatura es una de las más sólidas, respaldada tanto por el apoyo de las dos mayores potencias latinoamericanas como por una amplia trayectoria política y multilateral. Además de haber sido Presidenta de Chile en dos ocasiones, fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y directora ejecutiva de ONU Mujeres.
Aunque el nuevo gobierno chileno decidió retirar su respaldo, Brasil y México mantienen su apoyo a Bachelet, quien encarna una visión progresista de la izquierda latinoamericana y cuenta con una reconocida experiencia en materia de gobernanza internacional.
Pero en esta contienda, cualquier antecedente puede ser tanto una fortaleza como una vulnerabilidad. En octubre de 2025, antes de anunciar formalmente su candidatura, Bachelet fue recibida en Beijing por el Ministro de Relaciones Exteriores. Tras el encuentro, la Cancillería china emitió un comunicado inusual en el que la describió como “una estadista de renombre mundial y una vieja amiga del pueblo chino”, entre otros elogios. Este aparente respaldo se reiteró durante una visita reciente a China, lo que despertó interrogantes entre algunos analistas, ya que uno de los últimos actos de Bachelet como Alta Comisionada para los Derechos Humanos fue la publicación de un controvertido informe sobre la situación en Xinjiang, un tema especialmente sensible para Beijing.
Su candidatura tampoco ha encontrado el mismo nivel de receptividad en Washington. El representante estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, ha expresado reservas sobre su postulación. Entre otras críticas, señaló que Bachelet evitó calificar como genocidio las acciones de China contra la minoría uigur y cuestionó su defensa del acceso al aborto como un derecho humano. Dado que estas objeciones provienen de un miembro permanente del Consejo de Seguridad, no puede descartarse que se anticipe un eventual veto a su candidatura.
Otra de las mujeres latinoamericanas con una sólida trayectoria es la costarricense Rebeca Grynspan. Hasta hace poco fungió como Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Desde esa posición encabezó los esfuerzos de la ONU para mitigar los efectos humanitarios de la guerra entre Rusia y Ucrania, al facilitar la Iniciativa de Granos del Mar Negro, que permitió reanudar la exportación de 33 millones de toneladas de cereales desde puertos ucranianos y contribuyó a evitar una crisis alimentaria mundial.
Su capacidad para dialogar con todas las partes, incluso en un contexto de conflicto armado, le ganó el respeto de numerosos Estados miembros. Además, se ha desempeñado como Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas, Directora Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Vicepresidenta de Costa Rica.
Quien resulte electo enfrentará una crisis de legitimidad, un déficit de confianza y un rezago financiero que exigen un liderazgo firme, pragmático y creativo.
Grynspan cuenta con el respaldo de su propio país, a diferencia de Bachelet. Aunque no es un requisito formal, se trata de una ventaja política relevante. Otro punto a su favor es que ha sido la única candidata que ocupaba un cargo dentro de la ONU en acatar la solicitud de la Asamblea General de separarse temporalmente de sus funciones durante la campaña. Esta decisión fue interpretada como una muestra de respeto a la voluntad de los Estados miembros y de compromiso con la rendición de cuentas, una cualidad esencial para quien aspire a encabezar la Organización.
Rompiendo con la expectativa de que la próxima Secretaría General recaiga en una mujer, Argentina presentó la candidatura de Rafael Grossi. El actual Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) cuenta con una amplia trayectoria diplomática y experiencia en organismos vinculados a la seguridad internacional y el desarme, entre ellos el propio OIEA y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
Respaldado por el gobierno de Javier Milei, Grossi es percibido como una candidatura asociada a los sectores más conservadores de la región y potencialmente más cercana a Estados Unidos. Su experiencia técnica y su perfil en materia de no proliferación nuclear podrían resultar atractivos para varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
A diferencia de Grynspan, Grossi se mantiene en su cargo al frente del OIEA. Ha argumentado que la naturaleza de sus responsabilidades y las exigencias de su puesto hacen inviable una separación temporal. Un eventual éxito de su candidatura dependerá, en buena medida, de su capacidad para proyectar liderazgo en momentos de crisis. En ese sentido, ha logrado navegar escenarios complejos relacionados tanto con la invasión rusa de Ucrania como con el avance del programa nuclear iraní.
La candidatura más accidentada hasta la fecha ha sido la de Macky Sall, quien gobernó Senegal durante 12 años y fue postulado por Burundi. Cuando anunció su candidatura, Burundi intentó aprovechar su posición como presidente de la Unión Africana para presentarla como una candidatura respaldada por el continente. No fue así. Por ello, propuso a los miembros de la Unión avalarla mediante un “procedimiento de silencio”. Es decir, la candidatura sería considerada africana siempre que ningún Estado miembro expresara objeciones. Sin embargo, varios países del bloque se opusieron de inmediato. A pesar de ello, Burundi mantuvo su apoyo a Sall, aunque únicamente a título nacional.
No hay una fecha límite para la presentación de candidaturas. Por ello, no sorprendió que, meses después de que surgieran las primeras postulaciones, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa fuera nominada por Antigua y Barbuda, mientras que la embajadora Carolyn Rodrigues-Birkett fue postulada por Guyana.
Espinosa es una figura ampliamente reconocida en los círculos multilaterales. Fue la primera mujer latinoamericana en presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas y se desempeñó como Ministra de Relaciones Exteriores y Ministra de Defensa de Ecuador. Por su parte, Rodrigues-Birkett es la actual Representante Permanente de Guyana ante la ONU y, anteriormente, ocupó los cargos de Ministra de Relaciones Exteriores y Ministra de Asuntos Amerindios de su país.
Los diálogos interactivos de la Asamblea General: un vistazo al futuro
Con el propósito de renovar los procesos de la Organización, los Estados miembros acordaron que esta fuera la elección de secretario general más transparente e incluyente en la historia de la ONU. Para ello, establecieron diálogos interactivos convocados por la presidencia de la Asamblea General, en los que las personas candidatas se someten a audiencias públicas y responden preguntas de los Estados miembros y de organizaciones de la sociedad civil sobre sus prioridades y propuestas para la institución.
Aunque este mecanismo no es jurídicamente vinculante, ha contribuido a incrementar el interés en las candidaturas, fortalecer el escrutinio público y promover una mayor transparencia en el proceso de selección.
Durante las audiencias públicas, que se extendieron por cerca de 3 horas para cada candidatura, los Estados miembros y los representantes de la sociedad civil buscaron esclarecer una cuestión fundamental: ¿cuál es la visión de cada aspirante para el futuro de la Organización y cómo utilizaría el cargo para hacerla realidad? Las respuestas dejaron en evidencia que las diferencias entre las candidaturas no son meramente de estilo o trayectoria, sino que reflejan concepciones distintas sobre las prioridades y el papel de la ONU.
Por un lado, Bachelet y Grynspan coincidieron en la necesidad de atender la crisis de legitimidad que enfrenta la institución y de profundizar el actual proceso de reformas bajo los principios de eficacia, modernización y transparencia. Sin embargo, al examinar sus propuestas con mayor detalle, emergen diferencias relevantes. Bachelet otorgó mayor peso a la preservación del sistema internacional basado en instituciones, al proponer la renovación de la autoridad moral de la ONU, una mayor presencia sobre el terreno y una reforma del Consejo de Seguridad. Grynspan, en cambio, puso el acento en el papel de la Secretaría General como instancia de liderazgo y gestión, subrayando que cualquier transformación sustantiva requiere del respaldo y la voluntad política de los Estados miembros.
Una visión distinta sobre el futuro de la ONU puede apreciarse en las propuestas de Grossi y Sall. Grossi centró buena parte de su intervención en la agenda de desarrollo y aprovechó el espacio para destacar sus logros en materia de gestión y liderazgo al frente del OIEA. Sall, por su parte, puso el énfasis en la interrelación entre desarrollo y paz. Subrayó la importancia de las operaciones de mantenimiento de la paz, el uso de la diplomacia preventiva para evitar nuevos conflictos y la necesidad de fortalecer la cooperación con las instituciones de Bretton Woods y el sector privado para impulsar esta agenda.
A pesar de su tardía postulación, Espinosa sí tuvo la oportunidad de participar en el diálogo interactivo. Ahí presentó una visión distinta a las anteriores, comenzando por una concepción del desarrollo impulsada desde la soberanía nacional y no desde Nueva York. También defendió que los resultados de la ONU deben medirse por el número de vidas salvadas y abogó por poner fin a los diagnósticos excesivos. En materia de seguridad, afirmó que priorizaría la diplomacia preventiva mediante los buenos oficios de la organización para facilitar la gestión de conflictos y avanzar en discusiones clave, como la reforma del Consejo de Seguridad.
Las diferencias entre las candidaturas son profundas, desde sus afinidades ideológicas y la relación que mantienen con algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad hasta la visión con la que conducirían la Organización. Sin embargo, conviene recordar que la elección requiere el consenso de los cinco miembros permanentes y que no hay una fecha límite para la presentación de candidaturas. Por ello, no resulta descabellado considerar que la persona que finalmente obtenga el cargo aún no haya sido postulada y que emerja como una opción capaz de conciliar los intereses de las grandes potencias antes de la votación de la Asamblea General prevista para antes de noviembre.















