México más allá de Norteamérica: Abrir la agenda y sumar aliados
José Joel Peña Llanes / México vive una paradoja desde hace tres décadas. Su economía se expandió hacia América del Norte, pero su diplomacia aspira a mantener una presencia activa en América Latina y, cada vez más, fuera del continente. El resultado ha sido una dependencia difícil de corregir. Desde la entrada en vigor del TLCAN y hoy con el T-MEC, la integración con Estados Unidos –y, en menor medida, con Canadá– se volvió el eje del crecimiento exportador, sin que eso se traduzca automátic
José Joel Peña Llanes
/ México vive una paradoja desde hace tres décadas. Su economía se expandió hacia América del Norte, pero su diplomacia aspira a mantener una presencia activa en América Latina y, cada vez más, fuera del continente. El resultado ha sido una dependencia difícil de corregir. Desde la entrada en vigor del TLCAN y hoy con el T-MEC, la integración con Estados Unidos
–y, en menor medida, con Canadá– se volvió el eje del crecimiento exportador, sin que eso se traduzca automáticamente en diversificación comercial.
La red mexicana de acuerdos es amplia, pero tener tratados no equivale a exportar más a nuevos destinos. La concentración persiste porque pesan la geografía, las cadenas regionales de valor y la logística. Ese "anclaje" se vuelve un dilema político cuando Washington usa el comercio como amenaza. En el segundo mandato de Donald Trump, iniciado en enero de 2025, el mensaje ha sido claro: la revisión del T-MEC prevista para julio de 2026 será exigente y los aranceles han vuelto al centro de la negociación.
Para reducir riesgos asociados a las amenazas del presidente Trump, México ha cedido en temas sensibles y ha ajustado su política comercial con terceros. Un ejemplo es el aumento de aranceles a partir del 1 de enero de 2026 para productos provenientes de países con los que no se tiene un TLC impactando las importaciones asiáticas, incluidas las chinas (2.º origen de importaciones). Más allá del objetivo industrial y de protección del mercado interno, la medida envía un mensaje geopolítico: México busca evitar que se le continúe percibiendo como “puente” de mercancías chinas hacia el mercado estadounidense, pero tampoco desea abrir un frente con su vecino del norte. Beijing respondió con una investigación por posibles barreras comerciales y sostuvo que la revisión del T-MEC no debería condicionar la relación de México con terceros.
La clave es diversificar. No se trata solo de vender más, sino de construir opciones. Con los países del Consejo de Cooperación del Golfo hay margen para cooperación energética, financiamiento e innovación. La Unión Africana y la Zona de Libre Comercio Continental Africana abren una frontera de alianzas, inversión y conectividad. Y la Unión Europea sigue siendo un socio estratégico, y más ahora que se espera la firma de un acuerdo interino para adelantar la parte comercial mientras avanza la ratificación del Acuerdo Global modernizado.
El cambio de fondo es político. México necesita pasar de una política exterior ideologizada a una pragmática. Esto implica mantener valores, sí, pero priorizar resultados, gestionar riesgos y formar coaliciones variables por temas. Sobre todo, debe evitarse que la política exterior se convierta en una extensión del proyecto político interno que implica, entre otras cosas, la selección de socios por afinidad, porque eso reduce el margen de negociación y limita la construcción de alianzas estables y útiles.
En un entorno de presión e incertidumbre crecientes, abrir la agenda y sumar aliados no es un lujo, es margen de maniobra.
Participación en El Heraldo De México
















