Qué fácil es empezar una guerra; qué difícil terminarla
Miguel Ruíz Cabañas / La historia enseña una lección que muchos líderes olvidan con frecuencia: desatar una guerra es relativamente sencillo; ponerle fin, en cambio, puede tomar años, o resultar imposible. Vietnam se extendió durante dos décadas después de que Washington calculara una victoria rápida. La Unión Soviética y Estados Unidos, los dos, invadieron en diferentes momentos a Afganistán, para salir años después por la puerta de atrás. Irak, invadido en 2003 con el argumento de que escondí
Miguel Ruíz Cabañas
/ La historia enseña una lección que muchos líderes olvidan con frecuencia: desatar una guerra es relativamente sencillo; ponerle fin, en cambio, puede tomar años, o resultar imposible. Vietnam se extendió durante dos décadas después de que Washington calculara una victoria rápida. La Unión Soviética y Estados Unidos, los dos, invadieron en diferentes momentos a Afganistán, para salir años después por la puerta de atrás. Irak, invadido en 2003 con el argumento de que escondía armas de “destrucción masiva” que nunca existieron, dejó un vacío de poder cuyas consecuencias se sintieron durante mucho tiempo. Putin invadió a Ucrania pensando que sería una operación de unos días. Después de cuatro años, no sabe cómo terminarla. El patrón se repite: muchas guerras se lanzan pensando solo en el primer día, nunca para el día en que hay que sentarse a negociar la paz.










