Cuando el crimen aprende a litigar, el Estado tiene que innovar
Sophia Huett / Durante años, México apostó a una idea casi romántica de justicia: capturar a los criminales, procesarlos y esperar a que el sistema hiciera su trabajo. El problema es que el crimen organizado no se quedó quieto. Aprendió a litigar. Aprendió a usar amparos, suspensiones, tecnicismos y dilaciones como parte central de su estrategia. Convertido en actor jurídico, el delincuente dejó de ser solo un problema policial para convertirse en un riesgo sistémico, capaz de desgastar institu
Sophia Huett
/ Durante años, México apostó a una idea casi romántica de justicia: capturar a los criminales, procesarlos y esperar a que el sistema hiciera su trabajo. El problema es que el crimen organizado no se quedó quieto. Aprendió a litigar. Aprendió a usar amparos, suspensiones, tecnicismos y dilaciones como parte central de su estrategia. Convertido en actor jurídico, el delincuente dejó de ser solo un problema policial para convertirse en un riesgo sistémico, capaz de desgastar instituciones desde dentro de la ley.
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