/ El 9 de abril pasado se publicó la Ley para el Fomento de la Inversión en Infraestructura Estratégica para el Desarrollo con Bienestar (LFIIED), la cual regula los vehículos de propósito específico para canalizar la inversión pública o privada en proyectos elegibles por sus condiciones financieras e impacto social de infraestructura en energía, trenes, carreteras, agua, salud, educación y un largo etcétera.
/ La reunión celebrada el 18 de abril en Barcelona, formalmente denominada “IV Reunión en Defensa de la Democracia”, convocada por el llamado “Foro Progresista Global”, fue un espacio informal de diálogo político entre fuerzas que se consideran de izquierda o progresistas en Europa y América Latina. El foro, nacido en 2022 en Madrid, no tiene una membresía fija. No es un mecanismo formal que implique compromisos políticos para sus asistentes. No aprueba declaraciones políticas comunes.
/ Irán, Cuba y México tienen algo en común: han sido incluidos en el menú de intervenciones de Washington por la opinión pública internacional. Esta sospecha parte de hechos, órdenes ejecutivas y disposiciones de diversas dependencias del gobierno de Estados Unidos, así como del discurso de la Casa Blanca. Con las elecciones intermedias a la puerta, aumenta la tentación de cambiar a objetivos más rentables, acciones en la isla cubana o en tierras mexicanas.
Los iraníes ya están en medio de una guerra, los cubanos con la bandera izada y los mexicanos como el puercoespín frente al oso, como diría el embajador Davidow. Las injerencias no han venido del derecho internacional, sino de miedos al terrorismo, zonas de influencia, fentanilo y oleadas de migrantes. Las quejas contra iraníes, cubanos y mexicanos, aunque son muy distintas, se encuentran con la seguridad nacional “americana”.
Los resultados no han salido bien para EU en la guerra contra Irán, que no puede ser atacado con contundencia, sin afectar los intereses estadounidenses y los mercados globales de energía, alimentos y finanzas. Los iraníes influyen en el comercio petrolero mundial y ganan cierto respeto con su programa nuclear. Pero su as bajo la manga es el paso del Estrecho de Ormuz, donde aprendieron que es más importante controlar la aduana, que ser dueño de la gasolina. Otros países orientales que han entendido bien a Estados Unidos son Arabia Saudita y China. Han sabido ganar cuando se les abre la puerta y negociar bien cuando se les cierra.
Cuba y México no pueden bañarse dos veces en el mismo río, la sociedad estadounidense es otra. Los liderazgos se han replanteado, hubo un precandidato presidencial de origen indio, hay alcaldes chinos y puede haber un presidente cubano-americano. Tanto republicanos como demócratas acotan la migración y el narcotráfico. Las batallas diplomáticas no sólo se libran en Washington, sino en la provincia, con los electores de Florida, Arizona, Pensilvania, Wisconsin o Nevada. Ahí se oponen a la guerra con Irán o discuten las drogas mortales.
Cuba está en el menú de incursiones por nuevas razones. Los asechos soviéticos o militares se han vuelto viejos entre los votantes. Pero persiste la cercanía geográfica con Florida. Se añade la crisis económica y alimentaria que vive la isla, con la posibilidad de un éxodo masivo, de millones de personas, que podría sacudir al territorio de la Unión. Y finalmente, la comunidad cubano-americana se encuentra empoderada y exige un cambio de régimen.
La ventaja de México frente a los otros “países erizados,” más que ser socio de EU, es que tiene voz en la Unión Americana. Puede actuar y borrar su nombre de la lista de intervenciones, si no por la fuerza, sí con el poder suave. Esa batalla se libra en la opinión pública de EU, no en la Casa Blanca.
Es momento de ser creativos, escuchar a fondo —en inglés— lo que incomoda a los estadounidenses que rechazan a los migrantes mexicanos. Hay que salir de Nueva York, Los Ángeles y DC; la mayoría de los hogares de EU tiene poca información real de los problemas bilaterales de seguridad y comercio. La comunicación amplia, desde lo local, no sacará a los problemas mexicanos de las mentes estadounidenses de un solo golpe, pero sí puede quitar el dedo del gatillo a mediano y largo plazo.
/ La historia de los países que han organizado una copa del mundo de futbol podría resumirse en una sola frase: el Mundial no transforma a los países; los revela. Revela su capacidad de ejecución; revela la calidad de sus instituciones; revela la claridad de su estrategia; y, sobre todo, revela la seriedad de sus prioridades.
Por eso, el verdadero reto de México frente a la FIFA World Cup 2026 no es organizar partidos. Es mucho más profundo: definir qué país quiere mostrarle al mundo y qué país quiere construir a partir de ese momento. Porque el Mundial dura un mes. Pero sus consecuencias —para bien o para mal— durarán décadas.
/ Saul Vazquez analiza la fallida intervención militar de Estados Unidos en Irán bajo la administración Trump, destaca las implicaciones geopolíticas, así como las repercusiones en la aprobación política de Trump.
/ Varios mensajes se desprenden de la participación de la presidenta de México en la Cuarta Cumbre en Defensa de la Democracia en Barcelona. El más importante es que ya no hay crisis diplomática entre México y España, dándose por terminada una etapa absurda de distanciamiento en las relaciones entre ambos países. A ello se suma la propuesta de una declaración en contra de la intervención militar en Cuba que hizo Claudia Sheinbaum, lo que indica que México seguirá defendiendo a la isla en diferentes foros. Finalmente, la mandataria ofreció a México como sede de la próxima cumbre, que se celebraría en 2027, seguramente antes de las elecciones mexicanas de medio término. De esta reunión surgen dos reflexiones clave.
/ La victoria de Péter Magyar en las elecciones parlamentarias del 12 de abril de 2026 no es un giro menor ni un simple cambio de tono: es una transformación política de primer orden. Con más de dos tercios del Parlamento bajo control del partido Tisza, Magyar obtiene una supermayoría que le permite gobernar sin coaliciones y, si lo considera necesario, modificar la propia Constitución húngara. La era Orbán, con todo lo que implicó para la política europea y para Ucrania en particular, ha sufrido una derrota contundente y ha entrado claramente en su fase final.
Para Ucrania, esto importa de manera directa. Durante años, Budapest fue uno de los principales focos de bloqueo dentro de la Unión Europea, con un gobierno dispuesto a utilizar el veto como instrumento de presión, frenar consensos sensibles y mantener vínculos incómodos con Moscú. Ese patrón ha quedado políticamente cuestionado y probablemente comenzará a revertirse. Magyar ha prometido una política exterior más alineada con la UE y la OTAN y ha planteado convocar un referéndum sobre el apoyo a la adhesión de Ucrania. Eso no elimina toda incertidumbre, pero sí revela una disposición política distinta a la de Orbán y un cambio claro en la atmósfera política europea.
Los matices, sin embargo, siguen siendo necesarios. El primero es institucional. Magyar tiene el mandato, pero los tiempos del gobierno no son los tiempos de la campaña. Aunque el resultado electoral ya modificó el panorama político, su llegada formal al poder no será inmediata, pues todavía depende de los tiempos parlamentarios y de la conformación del nuevo gobierno. Los efectos concretos en la política europea de Hungría no serán automáticos, aunque la dirección general del cambio parece ya definida.
El segundo es político-doméstico. La supermayoría es real, pero también lo es la heterogeneidad del respaldo que la hizo posible. Magyar logró articular un espectro amplio, cohesionado ante todo por el rechazo a Orbán. Mantener esa cohesión cuando haya que tomar decisiones sensibles, costosas o impopulares será un reto distinto al de la campaña. No todos los votantes de Tisza comparten el mismo grado de apertura hacia Ucrania ni necesariamente respaldarán sin reservas un acercamiento incondicional.
El tercer matiz es el referéndum. Que Magyar haya propuesto consultar a la ciudadanía sobre la adhesión de Ucrania a la UE es una señal de apertura democrática, pero también una admisión de que el resultado no será necesariamente el ideal. La opinión pública húngara ha estado expuesta durante años a una narrativa crítica hacia Kiev. Modificar esa percepción tomará más tiempo y ese factor social puede convertirse en un límite real para cualquier reposicionamiento estratégico.
Nada de esto invalida la magnitud del cambio. Lo ocurrido el 12 de abril es una de las mejores noticias que Ucrania ha recibido en mucho tiempo. El obstáculo más duro y consistente que enfrentaba en Bruselas ha comenzado a desvanecerse y, en su lugar, emerge un gobierno con incentivos concretos para normalizar su relación con Europa y reducir una fuente persistente de fricción interna.
La cautela sigue siendo válida, pero ha cambiado de signo. Ya no se trata de advertir contra un optimismo infundado, sino de reconocer un avance real y entender que traducirlo en resultados para Ucrania requerirá tiempo, gestión política y una sociedad húngara que también procese este giro a su propio ritmo.
La señal es positiva y, esta vez, también es sólida. Lo que falta no es confirmar el cambio, sino dar tiempo a que produzca efectos reales.
/ Por primera vez en más de tres décadas, Israel y Líbano retomaron contactos con la vista puesta en una posible negociación formal. El encuentro preliminar en Washington, con la mediación del jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, pone sobre la mesa exigencias urgentes: Beirut reclama un alto el fuego -anuciado por Trump este jueves-, el regreso de los desplazados y medidas humanitarias; Israel, por su parte, exige garantías de seguridad y la retirada de Hezbolá del sur del país. ¿Se abre realmente el camino hacia una negociación duradera? El Embajador Jorge Álvarez Fuentes analiza esta situación.