/ Analiza en Aristegui Noticias la actual escalada militar en Medio Oriente y resalta que esto configura un escenario regional altamente complejo, con implicaciones que trascienden el ámbito militar y alcanzan la estabilidad global.
Señaló que la situación ya no puede interpretarse como una acción limitada, sino como un conflicto abierto con múltiples frentes activos, al referirse tanto a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán como a las respuestas militares desplegadas en distintos puntos de la región.
"Ahora estamos en un escenario en donde, por encima de lo que dispone el vapuleado derecho internacional, estamos viendo una guerra en toda forma en la región del Medio Oriente”
/ Parecería un absurdo hablar de Inteligencia Artificial (IA) y Geopolítica en un país donde todavía hay muchos personajes que, por conveniencia, convicción o simple ignorancia, tienen una concepción decimonónica de conceptos que, como soberanía y geopolítica, adquieren hoy significados diferentes.
Pero la realidad se deja notar en los titulares mundiales: la IA ya es una herramienta de política económica, doméstica e internacional, de innovación tecnológica, planificación militar, estratégica y hasta de contenidos culturales. Es importante el libro Geopolítica y Diplomacia en el Ciberespacio escrito por Carlos de Icaza, embajador emérito, y la embajadora Luisa Solchaga, que aborda muchos de los retos que presenta la IA, la falta de regulaciones internacionales y, no hablemos de las nacionales, o la falta de realismo.
/ Se le llama coloquialmente “la neblina de la guerra”, queridos lectores. Es esa humareda que impide distinguir claramente lo que sucede en el campo de batalla. Lo que antes era un fenómeno literal -el humo de los cañonazos y bombas- hoy es también informativo: la propaganda que todo lo confunde, lo obscurece, lo tergiversa.
¿Qué hacer para entender lo que verdaderamente está pasando? ¿Cómo alejarnos de los extremos del maniqueísmo simplón?
/ Analiza el conflicto en Medio Oriente y argumenta que se trata de una guerra innecesaria que está reconfigurando el equilibrio de poder regional. Señala que la escalada no solo profundiza la inestabilidad política y de seguridad, sino que también tiene consecuencias geoeconómicas.
/ México vive una paradoja desde hace tres décadas. Su economía se expandió hacia América del Norte, pero su diplomacia aspira a mantener una presencia activa en América Latina y, cada vez más, fuera del continente. El resultado ha sido una dependencia difícil de corregir. Desde la entrada en vigor del TLCAN y hoy con el T-MEC, la integración con Estados Unidos
–y, en menor medida, con Canadá– se volvió el eje del crecimiento exportador, sin que eso se traduzca automáticamente en diversificación comercial.
La red mexicana de acuerdos es amplia, pero tener tratados no equivale a exportar más a nuevos destinos. La concentración persiste porque pesan la geografía, las cadenas regionales de valor y la logística. Ese "anclaje" se vuelve un dilema político cuando Washington usa el comercio como amenaza. En el segundo mandato de Donald Trump, iniciado en enero de 2025, el mensaje ha sido claro: la revisión del T-MEC prevista para julio de 2026 será exigente y los aranceles han vuelto al centro de la negociación.
Para reducir riesgos asociados a las amenazas del presidente Trump, México ha cedido en temas sensibles y ha ajustado su política comercial con terceros. Un ejemplo es el aumento de aranceles a partir del 1 de enero de 2026 para productos provenientes de países con los que no se tiene un TLC impactando las importaciones asiáticas, incluidas las chinas (2.º origen de importaciones). Más allá del objetivo industrial y de protección del mercado interno, la medida envía un mensaje geopolítico: México busca evitar que se le continúe percibiendo como “puente” de mercancías chinas hacia el mercado estadounidense, pero tampoco desea abrir un frente con su vecino del norte. Beijing respondió con una investigación por posibles barreras comerciales y sostuvo que la revisión del T-MEC no debería condicionar la relación de México con terceros.
La clave es diversificar. No se trata solo de vender más, sino de construir opciones. Con los países del Consejo de Cooperación del Golfo hay margen para cooperación energética, financiamiento e innovación. La Unión Africana y la Zona de Libre Comercio Continental Africana abren una frontera de alianzas, inversión y conectividad. Y la Unión Europea sigue siendo un socio estratégico, y más ahora que se espera la firma de un acuerdo interino para adelantar la parte comercial mientras avanza la ratificación del Acuerdo Global modernizado.
El cambio de fondo es político. México necesita pasar de una política exterior ideologizada a una pragmática. Esto implica mantener valores, sí, pero priorizar resultados, gestionar riesgos y formar coaliciones variables por temas. Sobre todo, debe evitarse que la política exterior se convierta en una extensión del proyecto político interno que implica, entre otras cosas, la selección de socios por afinidad, porque eso reduce el margen de negociación y limita la construcción de alianzas estables y útiles.
En un entorno de presión e incertidumbre crecientes, abrir la agenda y sumar aliados no es un lujo, es margen de maniobra.
/ Los eventos globales discurren entre desafíos de poder y reacomodos hegemónicos inéditos, impredecibles y peligrosos. En poco más de un siglo, contado desde el fin de la Primera Guerra Mundial hasta el presente, la geografía política universal ha mutado notablemente y el sistema de paz y seguridad internacionales también ha debido adaptarse para responder a los retos de diversas coyunturas. En estas condiciones y para entender lo que ahora ocurre, es necesario rememorar la época de la Guerra Fría, cuando los bloques comunista y capitalista se disputaban el dominio del mundo. En efecto, el periodo de la bipolaridad, marcado por ideologías mutuamente excluyentes, conoció una riesgosa carrera armamentista así como altibajos y desencuentros entre las potencias, que zanjaron sus diferencias en teatros de guerra localizados en naciones de la periferia. No fueron tiempos sencillos. Ante frecuentes tensiones y para suerte del género humano, en la ONU se identificó al foro político hábil para dirimir controversias, si bien siempre sujeto al derecho de veto de las cinco grandes potencias que integran el Consejo de Seguridad, que por esta vía acotan, cada vez con menos legitimidad, iniciativas que pueden afectar sus respectivos intereses estratégicos. A pesar de sus limitaciones, la máxima organización sirvió como caja de resonancia de las aspiraciones de los países del denominado Tercer Mundo, lo que facilitó avances en temas sensibles, entre otros la lucha anticolonial, la cooperación para el desarrollo y la codificación progresiva del Derecho Internacional. El balance, siempre positivo, acredita el valor del multilateralismo como espacio deliberativo útil para identificar soluciones colectivas a problemáticas compartidas. En ese sentido, es probable que el mérito de la ONU sea que logró consolidar la tesis de la emancipación solidaria, como columna vertebral de la buena convivencia universal. Paradójicamente y a pesar de sus logros, voces diversas creen que ya no es idónea para operar en las actuales circunstancias.
/ Ya López Obrador había embestido contra las llamadas “pensiones doradas” de varios funcionarios públicos de la “época del neoliberalismo”. Las calificó como pensiones excesivas y privilegiadas, muchas de ellas otorgadas por decisiones políticas discrecionales pasando por encima de las reglas de edad, años de servicio y prestaciones legales. Evidentemente sí hubo casos abusivos donde se aprobaron bajo condiciones éticamente cuestionables para favorecer a ciertos funcionarios. Típicamente ese ha sido el caso en las empresas públicas como PEMEX, CFE, CLyFC, el llamado régimen RJP del IMSS y entidades de la Banca de Desarrollo. No se defiende que sigan existiendo las “pensiones doradas”. Pero de lo que se trata es de establecer reglas claras, transparentes, inamovibles y homogéneas.