/ El discurso del sábado pasado del Secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en la Conferencia de Seguridad de Múnich, tenía el propósito de tratar de recuperar la confianza entre Estados Unidos y las naciones europeas, después de un año de desencuentros diplomáticos y recriminaciones mutuas. La desconfianza se extendió por los aranceles de Trump a sus aliados, su errática política frente a la guerra en Ucrania, y la insistencia del propio Trump de adueñarse de Groenlandia. Los europeos no han olvidado las declaraciones del Vicepresidente Vance en el mismo foro, hace un año, sobre la supuesta decadencia europea. Rubio acudió a Múnich para tratar de cerrar algunas heridas y reconstruir puentes.
Si algo comparten en este momento Estados Unidos y México es la mirada en Cuba y las implicaciones en su interés nacional. El aislamiento económico cubano ha aumentado con la caída del gobierno de Venezuela y su situación extraordinaria parece tener fecha de caducidad. Una crisis humanitaria y migratoria puede estar a la puerta.
La población cubana vive en su excepcionalidad y sigue mostrando una gran capacidad de adaptación. Sobrevivió al mundo bipolar, los asedios estadounidenses y ha sabido mantener aliados regionales más allá de los venezolanos Chávez y Maduro. Es cierto, 11 millones de cubanos de la isla pueden acostumbrarse a todo menos a no comer.
Cuba igual que México, en geografía y finanzas, es parte de América del Norte. Por eso fue tan llamativo que durante la Guerra Fría su vida cotidiana se conectara a una Unión Soviética, a 9,500 kilómetros de distancia, cuando Miami está sólo a 380 km. Fue también inusitado, al final de los años 80, que Europa del Este, encabezada por Rusia, transitara al mundo capitalista -a gran velocidad- y que el sistema cubano no. Vietnam y la misma China se convirtieron en países altamente industrializados y exportadores. En los 90, Canadá y México se integraron más a Estados Unidos, pero los cubanos tampoco entraron en ese paquete.
Este “modelo cubano de excepción” ha tenido viabilidad geopolítica y poder suave, mas no sabemos cuánto más pueda mantenerse. Es una “cápsula del tiempo”, una revolución socialista sin sus hermanas rusa, china y mexicana. Como narrativa, fue mucho tiempo una voz crítica disidente en universidades europeas, latinoamericanas y foros como Naciones Unidas.
El discurso de Fidel Castro en la ONU (1960) es un clásico, por ser justiciero y por su longitud (4 horas y media), mas requiere propuesta y actualización. “Los problemas que describíamos sobre Cuba pueden aplicarse perfectamente a toda la América Latina. El control de los recursos económicos de América Latina por los monopolios, que cuando no son dueños directamente de las minas y se encargan de la extracción, como en el caso del cobre de Chile, de Perú o de México, el caso del zinc de Perú y de México, el caso del petróleo de Venezuela, es porque son dueños de los servicios públicos, de las compañías de servicios públicos, como ocurre en Argentina, en Brasil, en Chile, en Perú, en Ecuador, en Colombia”.
Hoy, un cambio brusco del sistema en Cuba tiene implicaciones directas en la seguridad nacional de EU y México, lo que es más que retórica. La isla no cuenta con industrias que aseguren su sobrevivencia alimentaria, ya sea ganadería, agricultura tecnificada o equipo pesquero. Los mismos cubano-americanos saben por sus familias que cuando aumente la presión de EU por el cambio de régimen y con el bloqueo económico, comenzará la emergencia humanitaria y el éxodo. Los primeros destinos migratorios serán EU y México.
En el supuesto que hubiera que alimentar a la mitad de la población cubana se requerirían 38,500 toneladas de alimentos a la semana (sólo proteínas), lo que equivale a 1,000 trailers semanales. A eso habría que sumar el flete y los gastos logísticos. Pero más allá, los primeros donatarios en la lista serían Estados Unidos y México y quizá en segundo lugar, Canadá y España. Al presente, esta hecatombe humanitaria amenaza más al interés nacional de los vecinos que la ideología soviética y la Crisis de los Misiles.
/ Hay momentos en los que uno se pregunta si el país está atravesando una crisis de ideas más profunda que sus crisis económicas o políticas. Abrimos las redes sociales, escuchamos debates públicos, seguimos conferencias oficiales o leemos titulares, y la sensación se repite: algo no cuadra.
Todos los días somos testigos de argumentos contradictorios que conviven sin problema, consignas que sustituyen al análisis, y posturas claramente inconsistentes que se defienden con absoluta convicción.
El mundo ha entrado en un periodo de política de demolición y la destrucción generalizada se ha convertido en la tónica del momento. Este es el diagnóstico de la actual situación internacional que llega desde la Conferencia de Seguridad de Múnich, que reunió recientemente a un nutrido grupo de jefes de Estado y de Gobierno de diferentes países, así como a representantes de instituciones de seguridad.
Hay discusiones que parecen semánticas hasta que te das cuenta de que son militares. La pelea entre "Golfo de México" y "Golfo de América" no es un pleito de diccionario: es una disputa por control de rutas, vigilancia, energía, migración, crimen y narrativa. En geopolítica, quien nombra el mar está firmando quién pone las reglas.
/ Estados Unidos busca la integración de México en su estructura de seguridad nacional, anota el análisis de un bufete de abogados con representación en los dos países.
El vínculo y la intención serían subrayados por la creciente colaboración entre los mecanismos de seguridad y las fuerzas armadas de los dos países, lo que provoca una división en el seno del partido de gobierno, Morena.
/ La 62ª Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), que se celebra del 13 al 15 de febrero de 2026, se ha convertido en algo más que una cita diplomática de alto nivel; es el punto de inflexión donde Europa confronta su realidad estratégica. En sus debates no solo se analizan crisis internacionales, sino que se pone en cuestión la viabilidad del orden internacional basado en reglas que ha sostenido la estabilidad occidental desde 1945.
/ Corría el año 2009 y con veinte años, quien escribe sentía que la identidad hervía como todo en la juventud. Por esos días sonaba “Pobre Diabla” de Don Omar y el reggaetón —ese de esquina, sudor y periferia— marcaba una forma de estar en el mundo: rítmica que invitaba al baile continuo y letras que, con todos sus claroscuros, hablaban de experiencias vividas. Aquel reggaetón y el de hoy comparten una misma verdad: el cuerpo que se mueve es un lenguaje. Y este año, en el escenario más visto de la cultura deportiva estadounidense, el cuerpo volvió a hablar.