/ Las posibles acciones de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en México y la realidad de las crecientes presiones políticas del gobierno del presidente Donald Trump sobre el de la presidenta Claudia Sheinbaum dieron un nuevo giro a las relaciones bilaterales. A comenzar por las acusaciones estadounidenses contra el gobernador de Sinaloa (ahora con permiso), Rubén Rocha, y varios de sus colaboradores, que según declaración de Terry Cole, director de la Agencia Antinarcóticos (DEA), son solo el comienzo de lo que está por venir.
/ La explosión ocurrió el 28 de marzo en Tecámac. Una camioneta ardía mientras las imágenes comenzaban a circular en redes sociales con la velocidad con la que hoy se consume la violencia: fragmentada, espectacular y muchas veces sin contexto. Poco después apareció el nombre de Francisco Beltrán, El Payín, identificado como operador del Cártel de Sinaloa. Durante días pareció otro episodio más de la interminable disputa criminal mexicana. Hasta que CNN publicó algo mucho más grande: que detrás de aquella explosión habría existido una operación vinculada con la CIA.
Entonces dejó de ser solamente una nota policiaca.
/ En tiempos en los que la política internacional suele medirse por conflictos, aranceles, tensiones geopolíticas y disputas comerciales, vale la pena mirar una dimensión menos ruidosa, pero quizá más duradera: la cooperación para el desarrollo. En esa esfera, Japón ha construido con México una relación que no se limita a la diplomacia ceremonial ni a la nostalgia histórica. Se trata de una cooperación técnica, paciente y acumulativa, que ha dejado capacidades institucionales, empresariales y humanas.
/ Una parte importante del quehacer en política, pero muy especialmente en la exterior, es promover, dialogar, estar presente. Pero a veces, parecería que el gobierno federal, y la Secretaria de Relaciones Exteriores en particular, prefieren hacerse de lado para todo efecto práctico. Mientras el mundo en general y América Latina, en concreto, son un hervidero de iniciativas, con reuniones internacionales y encuentros multilaterales y bilaterales, con países en búsqueda de aliados dentro y fuera de sus áreas geopolíticas, en una era que no pocos consideran como nueva, México aparece tranquilamente como quinceañera en su primer baile: sentadito, a la espera de que llegue alguien a sacarlo a bailar e indiferente a reuniones internacionales, en las que al menos debería haberse hecho presente, si no defendido sus puntos de vista.
/ Este año, nuestro país ha presentado un proceso inflacionario mayor al estimado de 3% derivado de distintos factores. Uno es el relacionado al incremento de los combustibles por la guerra, la cual no ha sido contenida parcialmente por el Banco de México al disminuir tasa de interés a 6.50% el 8 de mayo. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), la inflación general anual fue de 4.45%. Sin embargo, los incrementos de las líneas de pobreza en el ámbito rural y urbano fueron de 8.3%, simultáneamente, se ha registrado un encarecimiento de los costos de los productos que forman parte de la canasta básica y una reducción del poder adquisitivo.
/ Los procesos políticos y electorales continúan redefiniendo la configuración política regional. Tienen impacto para las condiciones de la gobernanza regional y al interior de cada uno de los países, también en otras decisiones internacionales de trascendencia. El 12 de mayo se celebran elecciones generales en Bahamas, el 31 de mayo las elecciones presidenciales en Colombia y el 7 de junio la segunda vuelta que definirá la próxima presidencia de Perú. Sin embargo, las condiciones en Haití continúan siendo difíciles para encontrar una solución política duradera libre de violencias.
/ Destaca que, aunque Estados Unidos mantiene supremacía económica y militar, China avanza rápidamente en tecnología y control de minerales estratégicos. Señala que Trump busca proteger las cadenas de suministro y mercados, mientras enfrenta presiones internas como la alta inflación.
/ Los países tienen deseos y miedos, eso incluye a Estados Unidos y México. La Unión Americana dicta una política de seguridad nacional que cruza la frontera mexicana, al tiempo que la mexicana entra hasta el fondo del territorio estadounidense. Hoy cualquiera lo puede entender. ¿Qué no quiere EU?: “debilidad, fracaso, rendición y humillación”. ¿Qué desea?: “ser fuerte, fronteras seguras” y ser una potencia “respetada por todo el mundo”. Palabras dichas y firmadas por el presidente Trump. Aunque estos sentimientos no los comparta el total de la población “americana”, la narrativa se presenta como una postura oficial de la Casa Blanca.
La “Estrategia Contraterrorista de Estados Unidos” vuelve al realismo clásico de Maquiavelo y Morgenthau. Destapa el deseo hegemónico que otras administraciones matizaban entre líneas. Descobija los temores de la sociedad estadounidense a nivel global y en el propio continente americano. Además, la directriz se da a conocer después del 5 de mayo, fecha que simboliza la salida histórica de las potencias europeas de “las Américas”.
Es un ultimátum contra “actores enemigos” y la cooperación entre gobiernos y cárteles. Suma terroristas, extremistas y narcotraficantes. La lista de anhelos está clara: aumentar empleos, cuidar el “estilo de vida americana”, tecnología y para el gobierno: inteligencia diplomática, financiera y cibernética. Hay ideas imprácticas: cuidar “los derechos americanos dados por Dios”.
El nuevo espíritu de la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) es “refrescante,” en palabras de Sebastian Gorka, Asesor del Presidente y Director de Contraterrorismo. Gorka se entrevistó con el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), que recordó “América va primero, mas no sola” y explicó su noción de soberanía.
“El presidente cree en el sistema de soberanía nacional de Westfalia”. Si no controlas lo que entra a tu país, no es una nación soberana. “Imagine que México funcionara como un Estado-nación pleno de Westfalia, que ejerce toda su soberanía en todos sus departamentos y condados (estados y municipios)”. Gorka añadió: “¿Cuál es el otro requisito de un Estado-nación? No sólo la soberanía, el monopolio del uso de la fuerza. Si tú tienes cárteles rondando en vehículos blindados, usualmente mejor armados que parte de tus fuerzas armadas, no monopolizas el uso de la fuerza y no practicas soberanía”. Y cerró: si eres aliado o socio de Estados Unidos no te salvas del contraterrorismo y amenazas terroristas, a menos que entiendas el significado real del ejercicio de la soberanía.
Con la nueva doctrina de seguridad nacional, EU comunica que el hemisferio occidental es su casa, su zona de influencia (homeland). Algo que le ha costado históricamente expresar a México (Lebensraum). El discurso más difundido, en ese sentido, es la interdependencia asimétrica: los estadounidenses influyen en la economía y política mexicanas y aunque en menor medida, los mexicanos influyen en los dineros de la superpotencia, en su población con millones de migrantes y en sus preferencias culturales.
Otra nueva realidad es la influencia de la opinión pública de EU, que reacciona con la velocidad de las redes sociales a las discusiones sobre soberanía nacional. Una inversión extranjera millonaria puede ser positiva si hay buenos ánimos, o una invasión de capital si son malos. Un migrante que trabaja es bueno si la economía va bien y se convierte en un invasor si hay crisis. Ahora, en América del Norte, la seguridad nacional se negocia con las conciencias y el lenguaje, no sólo entre gobiernos y con la fuerza.