La Unidad de Estudio y Reflexión Rusia+ presenta: "El horizonte ruso: balance de 2024 y escenarios en 2025".
Este documento analiza la situación de Rusia al cierre de 2024 y sus perspectivas para 2025, abordando desafíos económicos, geopolíticos y el conflicto en Ucrania. Se destacan las presiones internas por la guerra, el impacto de sanciones y el papel de actores clave como Siria, Asia Central, China, Europa y la OTAN, Estados Unidos y América Latina.
EL HORIZONTE RUSO: BALANCE DE 2024 Y ESCENARIOS EN 2025
Revolucionarios
Luis Rubio / “El poder, escribió Orwell, no es un medio. Es un objetivo.” En el mismo tenor, Philipp Blom afirmó que “toda dictadura requiere trascendencia, la promesa de un mejor mañana -un perfecto más allá, el cielo, el paraíso… A final de cuentas, sólo un apego casi religioso hacia un ideal sostenido en el espacio fuera de alcance y demandando grandes sacrificios puede justificar las crueldades e injusticias del presente.” Muchos gobiernos caben bajo estas definiciones, pero Morena lo hace
Luis Rubio
/ “El poder, escribió Orwell, no es un medio. Es un objetivo.” En el mismo tenor, Philipp Blom afirmó que “toda dictadura requiere trascendencia, la promesa de un mejor mañana -un perfecto más allá, el cielo, el paraíso… A final de cuentas, sólo un apego casi religioso hacia un ideal sostenido en el espacio fuera de alcance y demandando grandes sacrificios puede justificar las crueldades e injusticias del presente.” Muchos gobiernos caben bajo estas definiciones, pero Morena lo hace con orgullo: la exclusión, la identificación de enemigos y culpables y la congénita incapacidad para sumar al conjunto de la población son la marca de la casa. En este entorno, queda por dilucidar si México aguanta el tipo de devenir que han experimentado otras sociedades, sobre todo al sur del continente.
Suele decirse que las revoluciones devoran a sus acólitos porque al transformarse en dictaduras nadie queda a salvo. Los otrora baluartes del movimiento acaban siendo consumidos, pasando a las filas de la oposición. En Venezuela pasaron del chavismo al madurismo y ahora el rodriguismo de la presidenta Delcy, quien hoy vive sometida a los designios del norte. En la Nicaragua sandinista ya no hay opositores presos, sino sandinistas que cayeron en desgracia con la pareja Ortega-Murillo y en Bolivia, donde eligieron jueces por voto popular, Evo Morales se peleó con su propio partido y ahora huye de la Justicia que él mismo parió. Hay muchos ejemplos históricos sobre cómo, al cambiar de manos, la concentración de poder se convierte en veneno para los que antes la celebraron. Las revoluciones tienen consecuencias, no siempre benignas…
Una de esas consecuencias es que la carrera contra el reloj revolucionario es la norma, no la excepción. Como todo ciclo humano, las revoluciones nacen, crecen, se desarrollan y declinan: se transforman o se agotan y casi siempre acaban en algún tipo de dictadura. En su Anatomía de la revolución, Crane Brinton describe la evolución de los movimientos revolucionarios de la euforia a la concentración del poder para acabar en una crisis. La euforia responde al hecho de tomar el poder, pero lo típico, sugiere este autor, es que los elementos radicales comiencen a tomar el control, excluyendo de manera creciente a quienes no son del grupo compacto -fenómeno que él denomina reacción de Termidor- hasta acabar en un nuevo estadio de estabilidad o autoritarismo, en ocasiones las dos cosas.
La imposibilidad de lograr el paraíso prometido, dice Crinton, genera el comienzo del ciclo de la desilusión que generalmente entraña la exclusión de muchos de los integrantes originales, quienes pasan -o son enviados- a las filas de la oposición, si no es que acaban siendo víctimas del terror revolucionario. Es en este sentido que Orwell afirma que “nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El propósito de la persecución es la persecución.” La revolución morenista no está ahí, pero hay indicios de fragmentación, exclusión, división y acusaciones mutuas por todas partes. Tan pronto amaina el fervor inicial, las fracturas no se hacen esperar. Y la oposición crece.
La pregunta es qué sigue. Ejemplos de otras naciones como las mencionadas al inicio muestran algunas formas en que pudiera evolucionar nuestro país y no todas son buenas, para los revolucionarios o para el país. Desde luego, las circunstancias de cada nación son distintas, lo que abre fuentes de oportunidad y potencial optimismo, sobre todo porque los mexicanos son mucho más exigentes de lo que los políticos con frecuencia creen: añoran los beneficios, pero repudian los costos y unos generalmente siguen a los otros.
Morena llegó al poder porque el país experimentaba un descontento generalizado, producto de los cambios que sobrecogieron al mundo, particularmente respecto a la tecnología, frente a los cuales fue patente la incapacidad de los gobiernos anteriores para responder con celeridad para satisfacer las necesidades de la ciudadanía y atenuar sus miedos. Ya en el poder, ahora en el octavo año, la cosa es diferente: como a todo gobierno -y más, dado que se trata de un “movimiento” que pretende continuidad- el desgaste acaba siendo inevitable. Esto deja al gobierno ante la necesidad de ir respondiéndole a la población no sólo por sus aciertos y errores, sino también por los de su predecesor. Es una tarea un tanto injusta, pero es la naturaleza del fenómeno, lo cual no aminora la fragmentación ni garantiza que se podrán evitar manifestaciones sociales. Pero abre oportunidades para abrir en lugar de seguir cerrando.
Todo esto obliga a pensar en qué clase de evolución acabará teniendo la transformación morenista. Ortega y Gasset escribió que “La revolución no es el alzamiento contra el orden preexistente, sino el establecimiento de un nuevo orden contradictorio al tradicional.” No cabe duda que estamos viviendo un orden contradictorio, pero no es obvio que éste sea un orden sostenible. Hacerlo sostenible y habitable para toda la ciudadanía es el gran reto del momento, en parte por la propia contradicción de Morena: porque sin crecimiento no dan las cuentas, mientras que muchos de los “cimientos” revolucionarios son antitéticos para que haya crecimiento.
Cuba, entre el orgullo y la realidad
José Carreño / La creciente tensión alrededor de Cuba esconde una realidad: mientras el gobierno cubano y sus aliados se preparan para una guerra y subrayan su disposición a resistir, sus adversarios estadounidenses no tienen nada más que hacer que sentarse y dejar que su actual boicot se haga cargo. No es agradable decirlo. Y mucho menos restarle significado a los llamados a la resistencia y la voluntad de un pueblo, o al menos parte de él, pero su situación se deteriora cada vez más por la c
José Carreño
/ La creciente tensión alrededor de Cuba esconde una realidad: mientras el gobierno cubano y sus aliados se preparan para una guerra y subrayan su disposición a resistir, sus adversarios estadounidenses no tienen nada más que hacer que sentarse y dejar que su actual boicot se haga cargo.
No es agradable decirlo. Y mucho menos restarle significado a los llamados a la resistencia y la voluntad de un pueblo, o al menos parte de él, pero su situación se deteriora cada vez más por la carencia de energéticos propiciada por el bloqueo naval que evita la llegada de petróleo y sus derivados.

Quién frenará la carrera armamentística de la IA (II)
Carlos de Icaza / En la revista digital Tech Policy Press se publicó recientemente el artículo America’s First War in Age of LLMs Exposes Myth of AI Alignment, de Eryk Salvaggio, señalando que el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán podría marcar la primera guerra importante en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM), es decir, sistemas de Inteligencia Artificial (IA) capaces de analizar enormes volúmenes de información y generar textos, análisis o recomendaciones a par
Carlos de Icaza
/ En la revista digital Tech Policy Press se publicó recientemente el artículo America’s First War in Age of LLMs Exposes Myth of AI Alignment, de Eryk Salvaggio, señalando que el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán podría marcar la primera guerra importante en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM), es decir, sistemas de Inteligencia Artificial (IA) capaces de analizar enormes volúmenes de información y generar textos, análisis o recomendaciones a partir de ellos.
Más allá de la coyuntura política, el autor utiliza este episodio para cuestionar una idea recurrente del debate tecnológico: la creencia de que la IA puede alinearse de manera confiable con valores humanos y restricciones éticas.

Es tiempo de una mujer al mando de la ONU
Yanerit Morgan / Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual. La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza. La Organización ha emprendido un proceso de reforma qu
Yanerit Morgan
/ Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual.
La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza.
La Organización ha emprendido un proceso de reforma que busca resolver su profunda crisis de legitimidad y modificar una estructura anquilosada creada hace 80 años en un mundo que ya no es el de hoy.
Una de las muestras de los rezagos que enfrenta la Organización es el nunca haber contado con una mujer como secretaria general.
No es posible entender que un organismo que ha promovido la igualdad de género en el mundo, poniendo al centro la importancia del liderazgo de las mujeres como un tema esencial para el avance de las sociedades, no haya podido designar en 80 años a una mujer al más alto cargo de la Organización.
En 2016 cuando se dio la elección del actual secretario general, la designación de una mujer era un clamor generalizado y una posibilidad real al presentarse siete mujeres, todas ellas excelentes candidatas para el puesto. Las posibilidades se esfumaron frente a la barrera que implica el anquilosado sistema de elección que da la última palabra a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) para presentar la candidatura a la Asamblea General donde participan los 193 Estados miembros cuya función ha estado limitada a avalar la propuesta del Consejo.
Diez años después, cuando corresponde elegir a una nueva persona para ocupar este puesto, varias organizaciones y países se han pronunciado sobre la importancia de nombrar a una mujer al mando de la Organización, que conforme a la práctica de rotación regional correspondería a América Latina y el Caribe.
Más allá de una cuestión de justicia histórica, la complejidad del escenario internacional demanda en la próxima secretaría general un modelo de liderazgo diferente, innovador, incluyente y con una mirada suficientemente amplia para crear puentes y modificar las dinámicas de la guerra y la violencia, patrones comunes de las prácticas machistas en toda su extensión.
Hasta el momento, se cuenta con dos excelentes candidatas de la región: la expresidenta Michelle Bachelet presentada por su país Chile, por Brasil y México y la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grysnpan. Ambas cuentan con destacadas trayectorias para poder ejercer el cargo en estos momentos tan complejos para el mundo.
En estos próximos meses vendrá un proceso de consideración de las y los candidatos que se presenten para el alto puesto. A contrapelo de las expectativas, esperemos que la razón sea la moneda de cambio en esta decisión tan trascendental para la Organización.


