Rubén Beltrán y Alejandra López de Alba
/ La guerra en Ucrania ha hecho algo impensable hace apenas una década: convertir a ciudadanos de a pie en lectores asiduos de productos que antes circulaban casi exclusivamente en salas de situación, think tanks y despachos de inteligencia. Mapas del frente actualizados a diario, estimaciones de bajas, análisis de cadenas logísticas y evaluaciones de capacidad industrial forman hoy parte de la conversación pública.
La OSINT, inteligencia de fuentes abiertas, y las empresas que trabajan con ella han democratizado el acceso a información estratégica, pero también han expuesto a la opinión pública a una forma de guerra paralela: la de las operaciones de información, que buscan incidir en percepciones, conductas y decisiones.
Las operaciones de información articulan mensajes, canales y otras acciones al servicio de un objetivo estratégico. Uno de sus propósitos principales es incidir directamente en la toma de decisiones del adversario. Para ello pueden recurrir a información verdadera, seleccionada, incompleta o falsa: la desinformación es solo uno de los recursos posibles. Importan también el momento de difusión, la autoría que se atribuye al mensaje y la reacción que se pretende provocar.
Como escribió antes uno de nosotros en otra columna, la guerra en Ucrania es también “una guerra de interpretación”, donde cada parte busca imponer su relato sobre el terreno, las bajas y el futuro del conflicto. En La crisis en Ucrania, cinco reflexiones, publicada en Compás, de La Silla Rota, se apuntaba a que, más allá de los movimientos de tropas, lo que está en juego es la capacidad de cada bando, y de sus aliados, de definir qué cuenta como victoria, qué como derrota y qué como precio aceptable. En ese campo de batalla se inscribe el llamado “informe Sberbank”.
Un documento que llegó por Telegram
A finales de agosto de 2026, un grupo de hackers autodenominado Black Mirror publicó en Telegram una serie de capturas de pantalla de un documento atribuido a Sberbank. El texto, fechado en abril de 2026, presentaba ocho escenarios de salida del conflicto en Ucrania, con probabilidades, horizontes temporales y condiciones políticas, militares y económicas para cada uno.
El dato que más resonó fue la probabilidad de apenas 7 por ciento de que Rusia lograra una ventaja militar decisiva. En contraste, el escenario denominado “acuerdo Trump” alcanzaba el 32 por ciento y contemplaba la congelación del conflicto, probablemente sin un tratado formal, el mantenimiento de Ucrania fuera de la OTAN y un levantamiento parcial de las sanciones. [Fuente: Meduza]
Conviene precisar desde ahora que se trata de un documento atribuido a Sberbank y no de un informe cuya autenticidad haya sido demostrada. De acuerdo con la información publicada por Meduza, Black Mirror afirmó haberlo obtenido de una correspondencia entre German Gref, presidente del consejo de administración de Sberbank, y un interlocutor no identificado. La autenticidad de las capturas no ha sido confirmada, el autor de la nota es desconocido y el banco no ha comentado públicamente la supuesta filtración. [Fuente: Meduza]
La atribución a Sberbank merece atención por sí misma. Puede activar el principio de autoridad (un elemento estudiado sobre cómo los humanos procesamos información persuasiva): tendemos a dar mayor crédito a quien suponemos experto o bien informado. Vincular un análisis con el banco invita a imaginar acceso a cifras internas y a conversaciones reservadas. Esa credibilidad se toma prestada antes de verificar la firma. Los estudios sobre credibilidad de la fuente muestran que un mismo mensaje puede ser recibido de manera diferente según a quién se atribuya. Todos somos sensibles a estos mecanismos cognitivos porque, normalmente, se activan de forma automática; esto no significa que todos reaccionemos igual ni perdamos por ello nuestra capacidad de juicio.
La difusión fue inmediata. Medios rusos independientes, agregadores de noticias y canales de Telegram de la oposición lo trataron como una nota interna atribuida a Sberbank. En Occidente, el documento se multiplicó en análisis especializados, hilos en redes sociales y podcasts sobre desinformación. En medios de referencia el tratamiento fue más cauteloso: se habló de una filtración no verificada, de una posible operación de influencia o, simplemente, de un documento atribuido.
Ese silencio oficial, lejos de cerrar el debate, lo abre. A la pregunta por la autenticidad se suman otras: qué partes del contenido encajan con lo que ya sabían los analistas, qué lectura del conflicto favorecen y hacia qué decisión podrían empujar a sus destinatarios. Ahí es donde el llamado informe Sberbank deja de ser una curiosidad de Telegram para convertirse en un caso de estudio sobre cómo un análisis atribuido a una fuente privilegiada puede utilizarse en una posible operación de información.
OSINT, cuando el ciudadano lee como un analista
Quien sigue esta guerra con cierta regularidad sabe de qué hablamos. Ya no hace falta tener acceso a cables clasificados para formarse una idea aproximada de lo que ocurre en el frente. Basta con seguir cuentas especializadas en X, antes Twitter, canales de Telegram, mapas interactivos y bases de datos abiertas.
En materia de mapas y evolución territorial, proyectos como DeepState y las evaluaciones del Institute for the Study of War, ISW, permiten observar los cambios en las líneas de contacto en el Donbás, Zaporiyia o Járkiv. El ISW publica diariamente una evaluación de la campaña rusa y explica que sus análisis se basan exclusivamente en información disponible públicamente, reportes rusos, ucranianos y occidentales, redes sociales, imágenes satelitales comerciales y otros datos geoespaciales. [Fuente: ISW]
Sus mapas se han convertido en una referencia internacional para periodistas, analistas y ciudadanos. Son, en cierto sentido, el parte de guerra del ciudadano, un sustituto imperfecto, pero accesible, de los boletines militares oficiales. [Fuentes: ISW y DeepState.]
En el conteo de bajas y pérdidas de material ocurre algo semejante. Cuentas y proyectos como Oryx han documentado pérdidas de blindados y artillería mediante fotografías y vídeos verificados, mientras que Mediazona y BBC News Russian han rastreado nombres de soldados rusos muertos a partir de obituarios, redes sociales y registros locales. Estos trabajos no ofrecen una cifra completa e incontrovertible de las bajas, pero permiten contrastar los datos oficiales y mostrar la brecha entre la narrativa pública y el coste humano de la guerra. [Fuentes: Oryx, Mediazona y BBC News Russian.]
En el seguimiento de ataques contra infraestructura y energía, organizaciones como ACLED y centros de análisis como CSIS reúnen datos sobre acontecimientos violentos, daños y ataques contra instalaciones civiles y estratégicas. Sus metodologías y sus objetivos no son idénticos, por lo que sus resultados no deben mezclarse mecánicamente, pero contribuyen a reconstruir la evolución de la campaña contra redes eléctricas, refinerías, puertos y vías de comunicación. [Fuentes: ACLED y CSIS.]
También han adquirido un papel central las empresas privadas de inteligencia y observación terrestre. MAXAR y Planet Labs ofrecen imágenes satelitales que han sido utilizadas para seguir concentraciones de tropas, daños en instalaciones y movimientos logísticos. Planet, por ejemplo, documentó mediante imágenes comerciales la acumulación de infraestructura y vehículos rusos cerca de la frontera ucraniana entre octubre y diciembre de 2021, antes de la invasión a gran escala. [Fuente: Planet Labs]
En algunos casos, estas imágenes han servido para confrontar versiones oficiales. En otros, han sido examinadas por periodistas e investigadores junto con vídeos, fotografías geolocalizadas y testimonios públicos. La información satelital no elimina la propaganda, pero puede ayudar a verificarla.
A esta actividad se suman servicios y centros especializados como Jane’s, RUSI, Conflict Intelligence Team y otros grupos de investigación. Antes, fragmentos de sus análisis permanecían en círculos muy restringidos. Hoy aparecen en hilos de X, vídeos de YouTube, podcasts y columnas como esta.
La democratización tiene un precio. Expone al ciudadano a una avalancha de información cuya verificación exige tiempo, criterio y, a menudo, conocimientos técnicos. No es extraño que, en ese ruido, aparezcan documentos como el llamado informe Sberbank: atractivos, aparentemente reveladores, pero difíciles de verificar en su origen.
Un núcleo analítico creíble
Varios elementos del llamado informe Sberbank tienen la textura de un briefing interno genuino, o al menos de un debate real en entornos cercanos a las élites económicas y financieras rusas. Esto no demuestra su autenticidad. Explica, sin embargo, por qué el documento resulta verosímil para lectores familiarizados con la evolución de la guerra.
El diagnóstico económico-financiero es el más convincente. El texto describe un agotamiento de la parte líquida del Fondo de Bienestar Nacional, una dependencia creciente de la emisión de deuda para cubrir el déficit del sector de defensa, tipos de interés en torno al 15 o 16 por ciento y una inflación percibida muy por encima de la oficial.
Estas afirmaciones deben ser atribuidas al documento y contrastadas con otras fuentes antes de presentarlas como datos independientes. Aun así, coinciden con múltiples análisis públicos sobre la trayectoria fiscal rusa, el costo del presupuesto de guerra y los límites de una economía sometida durante años a una fuerte presión militar y financiera.
Del mismo modo, la descripción de cuellos de botella en la industria de defensa, como la escasez de mano de obra cualificada, la dependencia de microelectrónica occidental y las limitaciones en motores y determinados componentes, es coherente con restricciones analizadas públicamente por centros como RUSI y CSIS. La coincidencia no prueba que Sberbank haya elaborado el documento. Sólo indica que quienes lo elaboraron utilizaron problemas ya presentes en el debate especializado.
En el plano militar, el documento asume implícitamente que una victoria total sería poco viable sin una nueva movilización de entre 300 mil y 500 mil hombres. También afirma que los soldados contratados bastan para reemplazar unas pérdidas mensuales de entre 20 mil y 25 mil efectivos, pero no para formar nuevos grupos de ataque. Son cifras y estimaciones del propio documento, no hechos verificados de manera independiente. [Fuente: Meduza]
El texto identifica el otoño de 2026 como una posible ventana de máxima ventaja negociadora para Rusia, antes de que se acentúen el desgaste de sus reservas líquidas, la presión económica y el rearme europeo. Esa lógica estratégica, ventana temporal, riesgo de estancamiento prolongado y necesidad de movilización para romperlo, es afín a debates que aparecen en análisis públicos sobre la guerra.
Las cifras de desgaste también encajan en un rango que el documento presenta como plausible: entre 20 mil y 25 mil bajas rusas mensuales, un acumulado cercano a 1.2 millones y avances de entre 100 y 200 metros por día en un frente de desgaste posicional. Es importante insistir en la atribución: esas cifras forman parte del supuesto informe y no deben confundirse con estimaciones confirmadas por una fuente independiente.
Lo mismo ocurre con la caracterización de la guerra de drones. El texto habla de cantidades masivas de drones FPV y Lancet, de cierta autonomía rusa frente a una ventaja cualitativa ucraniana en software, navegación resiliente y contramedidas, así como de la integración de inteligencia artificial para acortar el ciclo de decisión. Nada de esto es necesariamente secreto. Es conocimiento especializado que un equipo de análisis financiero podría reunir para evaluar riesgos económicos y estratégicos.
La capa de puesta en escena
Si el núcleo analítico resulta creíble, la envoltura merece una lectura propia. Las probabilidades expresadas en números enteros que suman 100 por ciento, los escenarios muy bien etiquetados, como “acuerdo Trump”, “agotamiento de Occidente” o “congelamiento tipo Corea”, y el énfasis narrativo en Donald Trump como eje del escenario más probable, con 32 por ciento, facilitan la circulación pública del documento y hacen que algunas de sus conclusiones sean especialmente fáciles de recordar.
La cifra del 32 por ciento merece una pausa. Encabeza los ocho escenarios, pero está lejos de representar una certeza, y no conocemos una metodología validada que la sostenga. Presentarla como la opción principal puede convertirla en un punto de referencia para la discusión. Desde ahí, un lector podría empezar a tratar el “acuerdo Trump” como el desenlace hacia el cual conviene orientarse. Esa es una hipótesis sobre el efecto de la presentación, no una probabilidad comprobada sobre el futuro de la guerra.
El lenguaje, además, parece muy pulido en inglés, con una estructura de ocho escenarios de fácil traducción a titulares. Es el tipo de formato que funciona muy bien en medios y redes sociales, aunque esas características también pueden aparecer en un análisis profesional. Por sí solas, no permiten distinguir una nota interna de una pieza preparada para influir.
A ello se añade una dificultad forense elemental: las capturas de pantalla, sin el archivo original en PDF, sin metadatos y sin una cadena de custodia verificable, limitan cualquier conclusión definitiva. Un servicio de detección de inteligencia artificial citado por Meduza, Pangram, estimó que el 83 por ciento del texto en inglés presentaba características de generación automática. Ese resultado debe considerarse un indicio, no una prueba concluyente de falsificación. [Fuente: Meduza]
Todo esto apunta a una posibilidad que debe formularse con prudencia: si hubo un núcleo ruso, pudo haber sido reempaquetado, traducido, ampliado o adaptado para consumo internacional. También es posible que el conjunto haya sido fabricado a partir de información pública y presentado como filtración para dotarlo de mayor autoridad.
También han adquirido un papel central las empresas privadas de inteligencia y observación terrestre. MAXAR y Planet Labs ofrecen imágenes satelitales que han sido utilizadas para seguir concentraciones de tropas, daños en instalaciones y movimientos logísticos. Planet, por ejemplo, documentó mediante imágenes comerciales la acumulación de infraestructura y vehículos rusos cerca de la frontera ucraniana entre octubre y diciembre de 2021, antes de la invasión a gran escala. [Fuente: Planet Labs]
En algunos casos, estas imágenes han servido para confrontar versiones oficiales. En otros, han sido examinadas por periodistas e investigadores junto con vídeos, fotografías geolocalizadas y testimonios públicos. La información satelital no elimina la propaganda, pero puede ayudar a verificarla.
A esta actividad se suman servicios y centros especializados como Jane’s, RUSI, Conflict Intelligence Team y otros grupos de investigación. Antes, fragmentos de sus análisis permanecían en círculos muy restringidos. Hoy aparecen en hilos de X, vídeos de YouTube, podcasts y columnas como esta.
La democratización tiene un precio. Expone al ciudadano a una avalancha de información cuya verificación exige tiempo, criterio y, a menudo, conocimientos técnicos. No es extraño que, en ese ruido, aparezcan documentos como el llamado informe Sberbank: atractivos, aparentemente reveladores, pero difíciles de verificar en su origen.
Un núcleo analítico creíble
Varios elementos del llamado informe Sberbank tienen la textura de un briefing interno genuino, o al menos de un debate real en entornos cercanos a las élites económicas y financieras rusas. Esto no demuestra su autenticidad. Explica, sin embargo, por qué el documento resulta verosímil para lectores familiarizados con la evolución de la guerra.
El diagnóstico económico-financiero es el más convincente. El texto describe un agotamiento de la parte líquida del Fondo de Bienestar Nacional, una dependencia creciente de la emisión de deuda para cubrir el déficit del sector de defensa, tipos de interés en torno al 15 o 16 por ciento y una inflación percibida muy por encima de la oficial.
Estas afirmaciones deben ser atribuidas al documento y contrastadas con otras fuentes antes de presentarlas como datos independientes. Aun así, coinciden con múltiples análisis públicos sobre la trayectoria fiscal rusa, el costo del presupuesto de guerra y los límites de una economía sometida durante años a una fuerte presión militar y financiera.
Del mismo modo, la descripción de cuellos de botella en la industria de defensa, como la escasez de mano de obra cualificada, la dependencia de microelectrónica occidental y las limitaciones en motores y determinados componentes, es coherente con restricciones analizadas públicamente por centros como RUSI y CSIS. La coincidencia no prueba que Sberbank haya elaborado el documento. Sólo indica que quienes lo elaboraron utilizaron problemas ya presentes en el debate especializado.
En el plano militar, el documento asume implícitamente que una victoria total sería poco viable sin una nueva movilización de entre 300,000 y 500,000 hombres. También afirma que los soldados contratados bastan para reemplazar unas pérdidas mensuales de entre 20,000 y 25,000 efectivos, pero no para formar nuevos grupos de ataque. Son cifras y estimaciones del propio documento, no hechos verificados de manera independiente. [Fuente: Meduza]
El texto identifica el otoño de 2026 como una posible ventana de máxima ventaja negociadora para Rusia, antes de que se acentúen el desgaste de sus reservas líquidas, la presión económica y el rearme europeo. Esa lógica estratégica, ventana temporal, riesgo de estancamiento prolongado y necesidad de movilización para romperlo, es afín a debates que aparecen en análisis públicos sobre la guerra.
Las cifras de desgaste también encajan en un rango que el documento presenta como plausible: entre 20,000 y 25,000 bajas rusas mensuales, un acumulado cercano a 1.2 millones y avances de entre 100 y 200 metros por día en un frente de desgaste posicional. Es importante insistir en la atribución: esas cifras forman parte del supuesto informe y no deben confundirse con estimaciones confirmadas por una fuente independiente.
Lo mismo ocurre con la caracterización de la guerra de drones. El texto habla de cantidades masivas de drones FPV y Lancet, de cierta autonomía rusa frente a una ventaja cualitativa ucraniana en software, navegación resiliente y contramedidas, así como de la integración de inteligencia artificial para acortar el ciclo de decisión. Nada de esto es necesariamente secreto. Es conocimiento especializado que un equipo de análisis financiero podría reunir para evaluar riesgos económicos y estratégicos.
La capa de puesta en escena
Si el núcleo analítico resulta creíble, la envoltura merece una lectura propia. Las probabilidades expresadas en números enteros que suman 100 por ciento, los escenarios muy bien etiquetados, como “acuerdo Trump”, “agotamiento de Occidente” o “congelamiento tipo Corea”, y el énfasis narrativo en Donald Trump como eje del escenario más probable, con 32 por ciento, facilitan la circulación pública del documento y hacen que algunas de sus conclusiones sean especialmente fáciles de recordar.
La cifra del 32 por ciento merece una pausa. Encabeza los ocho escenarios, pero está lejos de representar una certeza, y no conocemos una metodología validada que la sostenga. Presentarla como la opción principal puede convertirla en un punto de referencia para la discusión. Desde ahí, un lector podría empezar a tratar el “acuerdo Trump” como el desenlace hacia el cual conviene orientarse. Esa es una hipótesis sobre el efecto de la presentación, no una probabilidad comprobada sobre el futuro de la guerra.
El lenguaje, además, parece muy pulido en inglés, con una estructura de ocho escenarios de fácil traducción a titulares. Es el tipo de formato que funciona muy bien en medios y redes sociales, aunque esas características también pueden aparecer en un análisis profesional. Por sí solas, no permiten distinguir una nota interna de una pieza preparada para influir.
A ello se añade una dificultad forense elemental: las capturas de pantalla, sin el archivo original en PDF, sin metadatos y sin una cadena de custodia verificable, limitan cualquier conclusión definitiva. Un servicio de detección de inteligencia artificial citado por Meduza, Pangram, estimó que el 83 por ciento del texto en inglés presentaba características de generación automática. Ese resultado debe considerarse un indicio, no una prueba concluyente de falsificación. [Fuente: Meduza]
Todo esto apunta a una posibilidad que debe formularse con prudencia: si hubo un núcleo ruso, pudo haber sido reempaquetado, traducido, ampliado o adaptado para consumo internacional. También es posible que el conjunto haya sido fabricado a partir de información pública y presentado como filtración para dotarlo de mayor autoridad.
El llamado informe Sberbank encaja en esa lectura, aunque no la demuestra. Su escenario de 32 por ciento para un “acuerdo Trump” y el 22 por ciento para un congelamiento de tipo coreano apuntan, dentro del propio documento, a salidas que no serían una victoria militar decisiva de Rusia ni una recuperación completa de los objetivos ucranianos. [Fuente: Meduza]
Si se desmenuza el contenido, aparecen elementos suficientes para considerar la hipótesis de que cualquiera de las partes en conflicto, o un actor interesado en mediar, pudo haberlo fabricado. Un actor ruso podría utilizar el diagnóstico de desgaste para justificar una negociación sin anunciar que la necesita. Desde Ucrania o sus apoyos, presentar los límites rusos como una admisión interna podría alentar la búsqueda de un acuerdo antes de un nuevo ciclo de desgaste; dar centralidad a Trump serviría a quienes buscan fortalecer esa vía de mediación. Son incentivos posibles, no pruebas de autoría. Tampoco permiten asignar la misma probabilidad a todas esas explicaciones.
La maniobra hipotética consistiría en acercar a las partes a una salida que ninguna quiere pedir abiertamente por el costo político de hacerlo. Presentada como una conclusión técnica filtrada desde fuera, esa salida podría empezar a discutirse sin que nadie asumiera todavía la iniciativa. Un acuerdo que redujera los costos de continuar podría beneficiar a todos, aunque de manera desigual y dependiendo de sus términos, sin dejar una victoria inequívoca que alguien pudiera reclamar. Cada cual intentaría narrarlo a su favor. La utilidad compartida de una negociación, por sí sola, no demuestra quién produjo el texto ni que exista una voluntad común de pactar.
Para el ciudadano de a pie, esto es a la vez una oportunidad y un riesgo. Oportunidad, porque nunca antes habíamos tenido acceso a este nivel de detalle sobre cómo piensan los actores de una guerra. Riesgo, porque ese acceso nos expone a una avalancha de documentos, filtraciones y análisis cuya autenticidad es difícil de verificar y cuya intención no siempre es informar.
En esa tensión se juega parte del futuro de la democracia informativa. La OSINT y las empresas que trabajan con ella han hecho posible que cualquiera con conexión a internet pueda seguir una guerra casi en tiempo real. Pero también han creado un ecosistema donde la frontera entre inteligencia, análisis y uso deliberado de la información para influir es cada vez más difusa.
El llamado informe Sberbank es un síntoma de ese nuevo mundo. Sea cual sea su grado de autenticidad, pone en circulación una narrativa sobre los límites de Rusia y las salidas negociadas. Que haya circulado no demuestra que haya cambiado una decisión de gobierno. Su interés analítico está en la dirección que propone: acercar a sus lectores a una determinada interpretación del desenlace y de lo que “es más probable” hacer para alcanzarlo.
La tarea consiste en no aceptar la primera narrativa que llega, pero tampoco en descartar automáticamente todo aquello que no haya sido confirmado. Hay que preguntar quién produjo el documento, quién lo difundió, qué elementos independientes lo confirman, qué intereses favorece, qué decisión podría favorecer y qué evidencias permitirían saber si produjo ese efecto.
En tiempos de guerra, verificar la información ya no es una actividad secundaria. Es un acto de responsabilidad pública y, en cierto sentido, una forma de defensa civil.
Nota explicativa
Esta reflexión no pretende presentar el llamado informe Sberbank como un documento autenticado ni convertirlo en una prueba concluyente sobre la posición del Kremlin, de Sberbank o de las élites rusas. Su autenticidad permanece abierta. El documento llegó al espacio público mediante capturas difundidas por un grupo de hackers, sin que se haya hecho público el archivo original, sus metadatos o una cadena de custodia verificable. Las cifras, escenarios y diagnósticos mencionados en el texto son, por tanto, elementos atribuidos al documento y deben leerse como tales.
Nuestro interés está en otro punto. El episodio permite observar cómo podrían operar los mecanismos de influencia de una operación de información. La OSINT, las imágenes satelitales comerciales, los mapas del frente, los conteos de pérdidas y los análisis económicos han puesto al alcance de la sociedad materiales que antes permanecían reservados a gobiernos, servicios de inteligencia y centros especializados. Esa democratización es valiosa, pero también crea un entorno en el que documentos auténticos, materiales manipulados, hipótesis analíticas y posibles piezas de operaciones de información circulan con una velocidad semejante.
La comparación con la publicación de documentos por El País en febrero de 2022 debe entenderse con cautela. Aquella filtración tenía una naturaleza y un propósito diferentes: se trataba de documentos diplomáticos cuya autenticidad fue reconocida posteriormente por el Pentágono. El llamado informe Sberbank no cuenta, hasta ahora, con una confirmación equivalente. La comparación no pretende equiparar ambos casos, sino mostrar que una filtración puede cumplir funciones distintas: hacer pública una posición negociadora, influir en una conversación política, orientar expectativas o producir deliberadamente incertidumbre.
Tampoco sostenemos que el contenido del llamado informe Sberbank exprese una posición prorrusa. Lo leemos como un diagnóstico poco triunfalista sobre Rusia. El documento presenta una Rusia sometida a límites económicos, militares, demográficos e industriales, y contempla una victoria militar decisiva como un escenario de probabilidad reducida. Esto no descarta una eventual autoría rusa: exhibir límites propios también podría servir para preparar una salida negociada. Nuestra convicción es que Rusia no va a ganar la guerra, pero tampoco la va a perder en el sentido de una derrota militar completa o de una capitulación.
La guerra no parece destinada a decidirse militarmente. La erosión acumulada en ambos lados, en las áreas política, económica, social y de infraestructura, terminará creando las condiciones para una solución negociada. Esa erosión no afecta únicamente a las fuerzas desplegadas en el frente. También alcanza a las economías, a las sociedades, a la capacidad industrial, a las redes energéticas, a la legitimidad política y a la resistencia de los aliados.
Una negociación no significará necesariamente que las partes hayan alcanzado sus objetivos máximos. Más probablemente, será el resultado de comprobar que el costo de continuar aumenta mientras la posibilidad de una victoria decisiva disminuye. Cada lado intentará presentar el acuerdo como una forma de victoria y atribuir al adversario la responsabilidad de las concesiones. Pero el motor del desenlace será el desgaste acumulado, no la victoria absoluta de uno de los contendientes.
Ese es, a nuestro juicio, el valor principal del episodio Sberbank. No demuestra por sí mismo qué ocurrirá en Ucrania. Sí ayuda a mostrar cómo se construyen, circulan y utilizan las narrativas sobre el futuro de la guerra. En un conflicto que probablemente terminará mediante una fórmula negociada, la erosión será tan importante como las operaciones militares para entender el desenlace.
Nuestra lectura distingue la posible intención, el mecanismo de influencia y el resultado. El contenido permite formular hipótesis sobre las dos primeras dimensiones. No demuestra que los responsables políticos hayan adoptado ese marco ni que el documento los haya acercado efectivamente a negociar. Tampoco la identificación de un posible beneficiario resuelve la atribución.
La tarea del lector consiste en mantener juntas dos exigencias: no aceptar sin verificación la primera narrativa que llega y no descartar automáticamente un material porque su autenticidad todavía no haya sido probada. Hay que preguntar quién produjo el documento, quién lo difundió, qué elementos independientes lo confirman, qué intereses favorece, qué decisión podría favorecer y qué evidencias permitirían saber si produjo ese efecto.
En tiempos de guerra, verificar la información no es una actividad secundaria. Es una responsabilidad pública y, en cierto sentido, una forma de defensa civil.
Fuentes abiertas para ampliar
Para quien quiera contrastar por su cuenta lo que aquí se dice, estas son algunas fuentes abiertas y de acceso general. Ninguna constituye “nuestra verdad”. Son herramientas para que cada lector forme la suya.
Sobre el llamado informe Sberbank
Meduza: https://meduza.io/en/feature/2026/08/25/hackers-published-a-sberbank-memo-war-gaming-eight-endings-to-the-war-in-ukraine-one-source-in-russia-s-financial-market-thinks-a-chatbot-wrote-it
Meduza, versión en ruso: https://meduza.io/feature/2026/08/25/hakery-opublikovali-aprelskiy-dokument-sberbanka-s-vozmozhnymi-stsenariyami-zaversheniya-voyny
The Insider: https://theins.press/en
Nasha Niva: https://nashaniva.com/en
OSINT y evolución del frente
Institute for the Study of War: https://understandingwar.org/analysis/russia-ukraine/
Russian Offensive Campaign Assessment, ISW: https://understandingwar.org/analysis/russia-ukraine/russian-offensive-campaign-assessment/
DeepStateMap: https://deepstatemap.live/en
Critical Threats Project: https://www.criticalthreats.org/analysis
Bajas y pérdidas de material
Oryx: https://www.oryxspioenkop.com/
Mediazona: https://en.zona.media/
BBC News Russian: https://www.bbc.com/russian
Conflict Intelligence Team: https://notes.citeam.org/
Imágenes satelitales e inteligencia geoespacial
MAXAR: https://www.maxar.com/
Planet Labs, inteligencia geoespacial: https://www.planet.com/geospatial-intelligence/
Planet Labs, cobertura fotográfica de Ucrania: https://www.planet.com/ukraine-photo-story/
Infraestructura, energía y dinámica del conflicto
ACLED, Ukraine Conflict Monitor: https://acleddata.com/monitor/ukraine-conflict-monitor
CSIS, análisis sobre la guerra en Ucrania: https://www.csis.org/topics/ukraine-war
RUSI: https://www.rusi.org/
SIPRI: https://www.sipri.org/
Banco Central de Rusia: https://www.cbr.ru/eng/
Ninguna de estas fuentes está libre de sesgos o limitaciones. Pero utilizadas en conjunto permiten contrastar afirmaciones, detectar exageraciones y evitar caer en la comodidad de la primera narrativa que llega.
En tiempos de guerra, eso también es un acto de defensa civil.
