/ Cuando la Suprema Corte de Justicia estadounidense se pronunció recientemente contra la redistribución de distritos electorales por motivos raciales, que permitió incrementar la presencia de grupos minoritarios en el congreso, varios estados sureños con fuerte presencia republicana propusieron la creación de nuevas demarcaciones congresionales más favorables a su propio partido.
/ En cierta forma, podría decirse que Donald Trump ayudó al surgimiento de una nueva potencia: Irán. Ciertamente no por gusto y menos de manera positiva, sino al llevar al régimen político religioso de Teherán.
/ Existen crecientes similitudes entre el contexto político brasileño de la década pasada y el actual en México. Más aún, mucho indica que esas similitudes solo se acrecentarán conforme transcurra este sexenio. Si en Brasil la debacle en el Partido de los Trabajadores (PT) terminó con la llegada al poder de Jair Bolsonaro, surge la pregunta de qué pasará en el país —y en la derecha mexicana— conforme crezca la descomposición en Morena… y en México.
Antes de la llegada de Bolsonaro al poder en 2018, el PT mantuvo la presidencia ininterrumpidamente durante 15 años (2003-2018). El partido de la izquierda brasileña gozó de amplia popularidad por dos razones fundamentales: un crecimiento económico sostenido en la exportación de materias primas y el programa social Bolsa Família, con entregas de efectivo condicionadas. Cabe destacar que esos dos factores no han estado presentes en México durante el gobierno de Morena, lo que podría hacer que la base electoral del oficialismo sea menos sólida. Primero, el crecimiento promedio con López Obrador fue de 0.8 %, y en el primer año de gobierno de Claudia Sheinbaum también fue de 0.8 %. Segundo, los programas sociales bajo el morenismo eliminaron la condicionalidad, lo que aumentó alarmantemente el rezago en educación y, sobre todo, en salud.
En Brasil, los problemas comenzaron durante la presidencia de Dilma Rousseff en 2014. Según los académicos Wendy Hunter (Universidad de Berkeley) y Timothy J. Power (Universidad de Oxford), tres fueron las razones de la caída estrepitosa del PT: una prolongada recesión económica, escándalos continuos de corrupción y una epidemia de inseguridad. En México, esos son precisamente los tres problemas de mayor preocupación para la población (ENCOAP – INEGI, 2025). La economía no levanta y no levantará ante la gran incertidumbre que están generando las reformas políticas de Morena y la renegociación del TMEC, también empantanada por las reformas. Por otra parte, el gobierno presume caídas en los homicidios que resultan dudosas, mientras nada dice sobre el aumento de las desapariciones y las extorsiones. Y los escándalos de corrupción solo continuarán ante la penetración del crimen organizado en el partido y en el Estado mexicano, así como ante las investigaciones en Estados Unidos.
Es en ese contexto económico y social, aunado a un entorno político de polarización y desconfianza hacia el establishment, que Jair Bolsonaro llegó al poder. De acuerdo con los autores, Bolsonaro obtuvo el apoyo de las clases medias brasileñas y de las “nuevas” clases medias surgidas de las políticas redistributivas del PT. ¿Qué sucederá con las clases medias mexicanas cuando los programas sociales ya no sean suficientes y se haga patente la ineptitud gubernamental? Pero Bolsonaro también conquistó la presidencia al apropiarse de un partido insignificante mientras se hundía el partido tradicional de la derecha brasileña, el PSDB, el mismo que llevó al poder al respetado Fernando Henrique Cardoso. ¿Se radicalizará la derecha mexicana? ¿El partido tradicional de la derecha mexicana, el PAN, tendrá cuadros entre sus filas que se encuentren a la altura de lo que viene? ¿O se apropiará de él algún populista externo, como lo hizo Trump con el Partido Republicano?
Entre el PT de Lula y el Morena de López Obrador hay una diferencia fundamental: mientras que el primero no es un partido populista de corte autoritario, el segundo sí lo es. El PT, inclusive, aceptó la victoria de Bolsonaro, mientras que Morena jamás ha aceptado derrota alguna. Y el primero no capturó el Estado brasileño, mientras que el segundo ya lo hizo con el mexicano.
/ El nombre que China se da a sí misma lo dice todo: Zhongguó, “el país del medio”, el reino que durante milenios se consideró el centro del mundo civilizado, rodeado de pueblos periféricos. Durante la mayor parte del último milenio, China fue la economía más grande del planeta. Angus Maddison estimó que a principios del siglo XIX China representaba el 30 por ciento del PIB mundial, más que Europa occidental en su conjunto (The World Economy: A Millennial Perspective. París: OECD Development Centre, 2001).
Ciudad de México, marzo 11, 2026. En el marco de su 25° aniversario, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) celebró el primero de sus eventos conmemorativos con un conversatorio con excancilleres, un espacio de diálogo y reflexión sobre los retos y oportunidades de la política exterior mexicana en un orden cambiante.
El encuentro contó con la participación de las y los excancilleres: Bernardo Sepúlveda, José Ángel Gurría, Jorge Castañeda, Patricia Espinosa (en línea) y Claudia Ruiz-Massieu, y fue moderado por Héctor Cárdenas, presidente de COMEXI.
Durante el evento, las y los ponentes compartieron sus experiencias al frente de la política exterior mexicana y reflexionaron sobre la vigencia de los principios constitucionales que históricamente han guiado la política exterior de México. En este sentido, destacaron que el ejercicio de la diplomacia implica equilibrar principios e intereses, así como interpretarlos de manera dinámica frente a los cambios del entorno internacional.
Las y los participantes también enfatizaron la relevancia de que México mantenga una presencia activa en el ámbito multilateral, participando en cumbres internacionales y fortaleciendo su interlocución con otros países, especialmente en un contexto internacional caracterizado por la incertidumbre y por un sistema internacional en transformación.
Asimismo, señalaron que México cuenta con oportunidades para impulsar una política exterior más activa, revitalizar su participación en foros y consolidar alianzas estratégicas —como con la Unión Europea— que permitan ampliar su margen de acción internacional.
Dentro de las prioridades inmediatas se destacó la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como la necesidad de garantizar certeza jurídica para la inversión extranjera. También se subrayó la importancia de fortalecer la relación con Norteamérica, y particularmente con Estados Unidos, mediante una estrategia más proactiva —y no meramente reactiva—, además de impulsar la diversificación no solo en el ámbito comercial, sino también a través de la reapertura del diálogo en temas estratégicos.
Finalmente, las y los excancilleres compartieron sus principales aportaciones a la diplomacia mexicana, así como reflexiones sobre lo que les hubiera gustado impulsar y lo que, en retrospectiva, pudo haberse hecho mejor. Entre aspiraciones, memorias y testimonios destacaron temas como la diversificación del comercio exterior, la recuperación de espacios de influencia en distintas regiones, la organización de cumbres internacionales y el fortalecimiento del Servicio Exterior Mexicano, entre otros.
Para más información escribe a: comunicacion@consejomexicano.org
/ Quizá una de las consecuencias más directas, pero menos pensadas del libro Ni Venganza Ni Perdón de Julio Scherer es que pareció confirmar mucho de lo que se decía ya dentro y fuera del país acerca del gobierno fundador de la llamada Cuarta Transformación.
Los señalamientos sobre problemas de legalidad están ahí, significados menos por las que hubieran sido quizá debatibles, pero justificables decisiones de corregir abusos previos que por el deseo de imponer determinaciones basadas más en el deseo personal, en el "yo creo" o en la simpatìa ideológica que en capacidades.
El Año de la Serpiente,1 próximo a finalizar el 16 de febrero del año en curso, concluirá con un sabor agridulce para el derecho internacional que fue vulnerado —una vez más— por quien prometió defender y hacer valer la Carta de las Naciones Unidas en virtud de su conveniencia y sus intereses. La madrugada del 3 de enero, el gobierno de Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump, decidió de forma unilateral llevar a cabo una intervención militar en la capital de la República Bolivariana de Venezuela con el objetivo de capturar al ciudadano presidente Nicolás Maduro Moros, considerado el líder del supuesto Cártel de los Soles, organización de una red de narcotráfico, y a su esposa, Cilia Flores. La intervención tomó por sorpresa a la comunidad internacional, que condenó categóricamente la acción, pero ningún Estado le hizo frente de forma directa al invasor.