/ Como ya hemos señalado en esta columna, los conflictos actuales no se definen solo por armas físicas, sino por sistemas que procesan información, orientan decisiones y moldean percepciones. La guerra de Irán lo confirma. Se trata de un conflicto integrado en el que cada operación militar tiene un equivalente digital.
Misiles y acciones en aire y tierra se combinan con ciberataques, sabotaje a infraestructuras críticas y campañas de desinformación.
/ Nadie puede dudar que vivimos un momento excepcional de la historia de la humanidad, no sólo en México, sino en el mundo entero. Ha emergido un nuevo tipo de gobernante, la tecnología está transformando el entorno en el que vivimos y hay conflictos bélicos que parecían erradicados.
“Son los libros —y las películas, vale, pero sobre todo los libros—, dice Arturo Pérez Reverte, los que nos dan… valor añadido. Esa dimensión. Ir a cualquier lugar del mundo, o de la vida, con lecturas previas sobre lo que uno va a encontrar, permite encararlo todo con más inteligencia, con más placer o aprovechamiento.” En este texto resumo algunas de mis lecturas recientes que he dedicado para tratar de entender el cambio que sobrecoge al mundo.
En Tres crisis, José Ramón López Portillo describe con enorme claridad el contexto del enorme ritmo de cambio tecnológico que ha sobrecogido al mundo y que constituye el entorno dentro del cual se encuentra el país y el que su gobierno tiene que tomar decisiones, haciendo evidente que no existe la capacidad para entender esa nueva circunstancia. El argumento implícito es que existe oportunidades, pero asirlas requeriría entender el contexto y construir las condiciones para poder ser exitoso en ellas. No tiene uno que estar de acuerdo con las propuestas de política pública que contiene para reconocer el enorme valor del análisis de lo que viene con enorme celeridad y para lo cual es obligatorio estar preparados.
Frank Dikötter, un estudioso holandés especializado en China, donde ha vivido varias décadas, publicó recientemente un volumen más de su ya largo legado de análisis sobre la revolución china, sus líderes y modo de actuar. La más reciente de sus obras, intitulada El amanecer rojo sobre China, argumenta que el comunismo nunca fue popular en esa nación, que le fue impuesto a la población a punta de armas y que detrás del éxito de Mao estaba la Unión Soviética, sin cuyo apoyo el triunfo de la revolución habría sido imposible. El libro describe la transformación del gobierno guerrillero en un ejército fuertemente armado y explica la enorme complejidad del sistema gubernamental, que hace muy difícil precisar qué de lo que se publica, comenzando por las estadísticas oficiales, es creíble y qué no. El libro no deja duda que el futuro de esa nación no será lineal, como no ocurre en ninguna nación.
Dos libros recientes sobre Irán ofrecen un marco de referencia para contemplar la guerra que sobrecoge a aquella nación. Vali Nasr escribe que la comprensión en occidente sobre la dinámica política de Irán es superficial y esencialmente anclada en la revolución de 1979 que derrocó al Shah y encumbró al régimen islámico que lo substituyó. La descripción que hace La Gran Estrategia de Irán coloca a esa nación en el corazón de un complicado entresijo geopolítico donde se conjugan agendas internas (tanto la islamización como la creación de condiciones para el progreso científico), como externas, donde esa nación construyó y financió toda una red de organizaciones cuasi terroristas (como Hezbolá, Houtis y Hamas) para avanzar sus intereses en su región y en el mundo en general. Es un libro que permite entender los cambios y la racionalidad que experimentó esa nación en las pasadas cuatro décadas.
Scott Anderson toma otra perspectiva. En El rey de reyes el autor analiza la relación entre Estados Unidos e Irán desde el golpe promovido por occidente en 1953 que impuso al Shah como gobernante, introduciendo un factor de inestabilidad que cuajó en el momento de la revolución de Khomeini en 1979. Lo extraordinario del libro es el análisis sobre la dinámica de la relación y la forma en que los americanos se condujeron cuando se disparó el movimiento islámico que tumbó al Shah. Sobresale la incomprensión de lo que ocurría y la ignorancia sobre las motivaciones y poder relativo de los actores centrales, tanto en Washington como en Teherán. Al final, resulta evidente que los errores y las malas decisiones que se fueron acumulando tarde o temprano se pagan y el costo con frecuencia acaba siendo enorme.
Una joya de libro que cayó en mis manos se intitula La hora del depredador, de Giuliano da Empoli. Se trata de un pequeño, pero poderoso volumen que explica mucho del cambio en la estructura del poder que experimenta el mundo: presidentes que se transforman en “hombres fuertes” o monarcas, ignorando las leyes y las instituciones; los nuevos tecnólogos intentando cambiar las relaciones de poder en todo el mundo; y la emergencia de “nuevos Borgias” dedicados a construir un mundo distinto a su imagen y semejanza. El autor, antes un asesor político, utiliza diversos ejemplos -desde Moctezuma hasta MBS, el virtual mandamás de Arabia Saudita- para analizar y explicar la transformación que experimenta el mundo, donde destacan dictadores, depredadores y tiranos. El libro permite entender otra perspectiva de la nueva autocracia que ha aparecido en el mundo y que depreda a costa de los intereses y derechos del ciudadano común y corriente.
Donde sea que uno se encuentre, lo que estos libros muestran es que nos encontramos ante un proceso de cambio político, tecnológico y geopolítico de enormes dimensiones y trascendencia que nos va a afectar a todos y más a quienes sigan perdidos en sus nostalgias.
/ El nombramiento de Roberto Velasco como secretario de Relaciones Exteriores puso énfasis en los retos que deberá enfrentar el nuevo canciller. Desafiantes como son los externos, pueden ser más graves que los domésticos.
Al margen de lo que se piense sobre la juventud de Velasco o el camino que siguió para llegar a encabezar la SRE, habría que anotar que el principal desafío está en la relación con un Estados Unidos cuyo gobierno desdeña alianzas que no sean en sus propios términos y considera las leyes internacionales más como un limitante que un marco sólido de relaciones.
/ Hablar de logística internacional y autotransporte de carga aún sugiere, para muchas personas, una perspectiva masculina: camiones, carga pesada, patios de maniobras, largas jornadas en carretera e infraestructura deficiente. Sin embargo, esta percepción está quedando cada vez más rezagada. La participación de las mujeres en el sector logístico no sólo ha crecido, sino que está transformando la forma en que se piensa, se gestiona y se innova en una de las industrias más estratégicas para la economía global.
La participación de las mujeres no se limita a ocupar espacios históricamente negados, sino a redefinirlos. Han demostrado la capacidad para integrar, cambiar y mejorar procesos, gestionar riesgos y retos, coordinar equipos multidisciplinarios y adoptar nuevas tecnologías, estas son competencias clave en un entorno tan volátil donde la eficiencia y la adaptabilidad son esenciales.
En el autotransporte de carga, la presencia femenina representa también un cambio cultural profundo. Ya sea como operadoras, ejecutivas, ingenieras, directoras, emprendedoras o líderes, las mujeres están cuestionando prácticas tradicionales y promoviendo entornos laborales más seguros, colaborativos, dinámicos y profesionalizados. Esto es un gran paso: mejorar las condiciones laborales y la toma de decisiones impacta directamente en la productividad y la innovación del sector, teniendo beneficios para hombres y mujeres por igual.
Además, la innovación logística se ve fortalecida cuando existe diversidad en la toma de decisiones. Las mujeres suelen impulsar soluciones orientadas a la optimización de procesos, el uso inteligente de datos, la trazabilidad, la reducción de impactos ambientales, la integración de equipos y la gobernanza corporativa. No se trata de una diferencia biológica, sino de trayectorias y experiencias distintas que enriquecen la forma de resolver problemas complejos.
De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía (2025) en el primer trimestre del 2025, se tenía registrada solo el 1.78% de participación de mujeres conductoras, destacando como principales retos; barreras culturales y discriminación de género, falta de capacitación y acceso a oportunidades, seguridad y riesgos laborales en carretera, equilibrio entre vida personal y laboral, brecha salarial (mientras los hombres ganan promedio de 7,800 pesos al mes, las mujeres promedian 4440 pesos al mes), e infraestructura laboral no adecuada.
Reconocer el papel de la mujer en la logística internacional y el autotransporte de carga no es solo un acto de justicia social, sino una estrategia de competitividad. Apostar por su participación significa arriesgarse por un sector más moderno, resiliente e innovador. La logística del futuro, sin duda, también se conduce con liderazgo femenino. Implica una innovación social por buscar mejores esquemas de contratación, políticas organizacionales enfocadas en equidad de género, y ambientes laborales más diversos, que permitan la creatividad y generen seguridad para la resolución de problemas. Es una respuesta a la escasez de talento que atraviesa el sector.
Otro punto por destacar es que, gracias a la tecnología, el papel de la mujer en la logística internacional es fundamental. Permite mayor participación en áreas de planeación, análisis y coordinación internacional, así como reducir las dificultades físicas para maniobrar maquinaria o manejar unidades de carga pesada.
Finalmente, se puede concluir que la mujer viene a aportar al sector para impulsar mejoras en las condiciones laborales, reducir la brecha salarial y la desigualdad y promover un ambiente óptimo para que la industria pueda seguir innovando.
/ Hoy, las elecciones ya no se disputan únicamente en espacios tradicionales —plazas públicas, medios de comunicación, calles o incluso en las propias urnas—. También se libran en redes sociales, donde algoritmos y sistemas de inteligencia artificial influyen —muchas veces sin que lo advirtamos— en lo que pensamos y en cómo decidimos votar.
Toda estrategia política busca conectar con las emociones. Sin embargo, con la inteligencia artificial, la escala y precisión de esa influencia se han transformado. La pregunta es inevitable: ¿realmente decidimos libremente o alguien está incidiendo en lo que creemos?
La dimensión del fenómeno es clara. De acuerdo con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en 2025 más de 6,000 millones de personas tenían acceso a internet. Para millones, las redes sociales son su principal fuente de información, incluidos los temas políticos. Esto plantea una interrogante central: ¿qué tan confiable es lo que consumimos diariamente? Aunque el uso de internet en elecciones no es nuevo, la pandemia consolidó a las redes sociales como eje de la comunicación política. La inteligencia artificial ha profundizado esta tendencia: hoy los mensajes son más atractivos, personalizados y persuasivos. Desde 2020, más de 90 elecciones presidenciales han ocurrido en este entorno digital intensivo.
La IA permite segmentar audiencias y comunicar con gran precisión, pero también abre la puerta a la manipulación, la desinformación y la polarización. No se trata solo de propaganda, sino de contenidos diseñados estratégicamente para influir en percepciones y decisiones.
México no es ajeno a este fenómeno. En las elecciones de 2024 coexistieron información verificada, campañas de desinformación, cuentas automatizadas y contenidos manipulados. La línea entre lo auténtico y lo fabricado es cada vez más difusa. El riesgo es claro: si se debilita la confianza en la información, también se erosiona la confianza en las elecciones. Y sin confianza, la democracia pierde sustento.
La regulación avanza, pero la tecnología lo hace a mayor velocidad. Por ello, el desafío no es solo normativo, sino también ciudadano.
Hoy, ejercer la ciudadanía implica algo más que votar: exige cuestionar, verificar y asumir una postura crítica frente a la información.
La inteligencia artificial no es, por sí misma, ni buena ni mala; es una herramienta poderosa cuyo impacto dependerá del uso que se le dé.
La pregunta de fondo permanece y es ineludible: ¿estamos decidiendo en los procesos electorales con información verificada que nos permite elegir a los mejores perfiles y fortalecer nuestra democracia, o estamos aprendiendo a votar en un entorno cada vez más moldeado —y sofisticado— por la influencia de las redes sociales y la inteligencia artificial?
/ La muerte de “El Mencho” es, sin duda, un evento de alto impacto. En México, la neutralización de liderazgos criminales ha sido durante años una de las principales apuestas de política de seguridad. La llamada estrategia kingpin parte de una lógica intuitiva: si se elimina a la cabeza de una organización, esta debería debilitarse o desaparecer y, en el (muy) corto plazo, esto suele cumplirse.
El problema es lo que ocurre después. Si algo ha mostrado la experiencia en México es que descabezar organizaciones sin desmantelar sus estructuras sostiene y reproduce ciclos de captura, violencia y atomización. Abre procesos de reacomodo con disputas internas, fragmentación territorial o, en algunos casos, reconfiguración bajo nuevas formas más flexibles y difíciles de contener.
El propio CJNG es resultado de esa dinámica. Su crecimiento se dio en un entorno marcado por la captura o muerte de líderes rivales, que generaron vacíos de poder que la organización supo aprovechar, consolidando con el tiempo un modelo basado en la diversificación de actividades ilícitas y una rápida acumulación de poder territorial y financiero. Es decir, la estrategia diseñada para debilitar a los cárteles ha terminado por facilitar su expansión. Y desde hace décadas, esta misma estrategia ha sido motor para seguir reproduciendo exactamente el tipo de violencia que busca contener.
Esto desplaza el foco analítico: la pregunta no es si habrá un reemplazo, sino quién ocupará ese espacio y bajo qué lógica de violencia. El problema no es únicamente quién lidera una organización, sino la estructura que permite que estas surjan, crezcan y se reproduzcan. Dentro de sistemas y entornos donde convergen una alta demanda internacional de drogas, flujos transfronterizos de armas, economías locales con alta informalidad y una persistente debilidad institucional.
Los escenarios posibles no son nuevos. Puede haber fragmentación interna y disputas por control territorial; intentos de expansión de grupos rivales; o una sucesión interna que mantenga la cohesión. Ninguno de estos escenarios de adaptación implica, por sí mismo, una reducción automática de la violencia. De hecho, los periodos de transición suelen ser los más inestables.
La estrategia kingpin genera impactos visibles y políticamente rentables pero sus efectos estructurales son limitados si no se acompañan de intervenciones sobre redes financieras, circuitos de lavado, así como políticas orientadas a reducir desigualdades, fortalecer el acceso a derechos y reconstruir capacidades institucionales.
La muerte de un líder puede cerrar una etapa. Pero no cambia, por sí sola, el sistema que hizo posible su ascenso en un mercado ilícito rentable y altamente dinámico.
En el marco del Mes Internacional de la Mujer, las Unidades de Estudio y Reflexión del COMEXI sobre Sociedades del Conocimiento y Educación y sobre el Sistema de Naciones Unidas, Paz y Seguridad, presentan este webinar que reúne a expertas para analizar el papel de las mujeres en la toma de decisiones estratégicas.
Participantes: Emb. Yanerit Morgan: Senior Fellow, UER Sistema de Naciones Unidas, Paz y Seguridad Internacionales, COMEXI.
Mtra. María González Picatoste: Directora de Alianzas y Ecosistemas de WITH Togetherness Makes Action (España).
Dra. Laura Baamonde Gómez: Vicerrectora Adjunta de Igualdad y Relaciones Institucionales, Universidad Carlos III de Madrid.
Mtra. Andrea Navarro De la Rosa: Secretaria del Programa de Jóvenes de COMEXI.
Moderación: Dra. Giorgiana Martínezgarnelo y Calvo: Directora General del Global Youth Leadership Forum y Senior Fellow, UER Sociedades del Conocimiento y Educación, COMEXI.