La erosión del liderazgo de Rusia en su histórica zona de influencia

La erosión del liderazgo de Rusia en su histórica zona de influencia


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Bruno Balvanera

/ Las guerras no solo se pierden en el campo de batalla. La derrota más profunda llega después, cuando los aliados dejan de creer que merece la pena permanecer al lado de quien fuera su líder histórico. Eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy en el espacio postsoviético de Europa Oriental, Cáucaso y Asia Central. 

Durante décadas, Rusia construyó su influencia sobre una premisa aparentemente incuestionable: Moscú era el garante de la seguridad de las antiguas repúblicas soviéticas. Armenia fue uno de los ejemplos más claros. Bases militares rusas, pertenencia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y una estrecha dependencia económica convertían al país en uno de los socios más incondicionales, dependientes y leales al Kremlin. 

Sin embargo, la guerra de Nagorno Karabaj ha cambiado esa percepción de forma irreversible. 

Cuando Azerbaiyán recuperó militarmente el control del enclave, Armenia esperaba que Rusia cumpliera el papel que durante años había prometido desempeñar. La ayuda nunca llegó. Moscú, absorbido por la guerra en Ucrania y decidido a no enfrentarse directamente con Bakú, permaneció prácticamente al margen mientras más de cien mil armenios abandonaban Nagorno Karabaj y dejaban atrás su anhelo territorial.

Para Ereván, el mensaje fue devastador: la alianza con Rusia ya no garantizaba la supervivencia nacional. 

Desde entonces, el Gobierno de Pashinyan ha acelerado un acercamiento que hace apenas unos años habría parecido impensable. La Unión Europea y Estados Unidos han pasado de ser actores secundarios para convertirse en socios estratégicos cada vez más relevantes. No porque Occidente ofrezca garantías absolutas, sino porque Rusia ha dejado de ofrecerlas. 

Armenia sigue necesitando mantener relaciones con Moscú. Su dependencia energética y comercial continúa siendo fundamental y la geografía no puede modificarse. Pero la confianza, una vez perdida, rara vez se recupera. 

Lo verdaderamente significativo es que Armenia no representa un caso aislado. 

Kazajistán, probablemente el socio más importante de Rusia en Asia Central, también lleva varios años marcando distancias con el Kremlin. El presidente Tokayev se ha negado a reconocer las anexiones rusas de territorios ucranianos, ha defendido el principio de integridad territorial y ha intensificado las relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, Turquía y China. Recientemente exhortó públicamente a Putin a cesar las hostilidades y buscar la paz con Ucrania. 

No se trata de una ruptura con Rusia. Sería una interpretación simplista. Se trata de algo mucho más profundo: una política exterior basada en la diversificación. Astaná ha comprendido que depender exclusivamente de una potencia representa hoy un riesgo estratégico demasiado elevado. 

La misma lógica comienza a observarse en otros países de la antigua Unión Soviética. Moldavia acelera su integración europea; Azerbaiyán defiende su tradicional política de neutralidad apoyada en sus extensos recursos energéticos. Uzbekistán desarrolla una diplomacia cada vez más autónoma. Todos buscan ampliar su margen de maniobra en un mundo donde el equilibrio de poder cambia rápidamente. 

Paradójicamente, la guerra de Ucrania, concebida por el Kremlin para reforzar su influencia regional, está produciendo el efecto contrario. La combinación entre el enorme coste económico y social del conflicto y la incapacidad para proteger a un aliado histórico como Armenia ha sembrado dudas donde antes existían certezas. 

Rusia seguirá siendo un país de referencia en Eurasia. Su peso geográfico, militar y energético continuará condicionando las decisiones de sus vecinos durante muchos años. Pero el monopolio político que ejerció sobre buena parte del espacio postsoviético se ha resquebrajado en favor de una diversificación de relaciones con China, Turquía, países del golfo, Europa y EUA.

*Integrante de la UER sobre Mediterráneo Oriental, Cáucaso y Asia Central

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