La revisión del T-MEC frente al Titanic estadounidense
Compartir esta publicación
Gerardo Traslosheros
/ La revisión conjunta del T-MEC tiene como fecha ineludible el 1 de julio de 2026. Se trata de un compromiso bajo el artículo 34.7 del acuerdo, en el que Estados Unidos, México y Canadá evaluarán el desempeño del acuerdo para decidir si se prorroga por otros 16 años o se inicia un proceso de revisión anual hasta que se acuerde la prórroga por otros 16 años. De no lograrse la prórroga, el acuerdo terminará en 2036.
/ En su Reporte de Riesgos Globales 2023, el Foro Económico Global empleó por primera vez el término “policrisis” para describir una situación actual o futura en la que múltiples crisis –económicas, climáticas, geopolíticas, sociales y sanitarias– ocurren simultáneamente e interactúan entre sí. No obstante su utilidad para dimensionar la naturaleza sistémica de los riesgos globales y su impacto en países enteros, este concepto también se ha utilizado para justificar la falta de anticipación, prevención y, sobre todo, planeación a largo plazo.
/ La sucesión de Antonio Guterres en la Secretaría General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) fue puesta de cabeza el martes, cuando el gobierno chileno anunció el retiro de su respaldo a la candidatura de la expresidenta chilena, Michelle Bachelet, para conducir al organismo.
Y en ese sentido, la decisión de la exmandataria chilena de ir adelante con su candidatura, con respaldo de Brasil y México, parece un poco quijotesca, pero también simbólica de las divergencias y divisiones en América Latina.
/ La muerte de “El Mencho” es, sin duda, un evento de alto impacto. En México, la neutralización de liderazgos criminales ha sido durante años una de las principales apuestas de política de seguridad. La llamada estrategia kingpin parte de una lógica intuitiva: si se elimina a la cabeza de una organización, esta debería debilitarse o desaparecer y, en el (muy) corto plazo, esto suele cumplirse.
El problema es lo que ocurre después. Si algo ha mostrado la experiencia en México es que descabezar organizaciones sin desmantelar sus estructuras sostiene y reproduce ciclos de captura, violencia y atomización. Abre procesos de reacomodo con disputas internas, fragmentación territorial o, en algunos casos, reconfiguración bajo nuevas formas más flexibles y difíciles de contener.
El propio CJNG es resultado de esa dinámica. Su crecimiento se dio en un entorno marcado por la captura o muerte de líderes rivales, que generaron vacíos de poder que la organización supo aprovechar, consolidando con el tiempo un modelo basado en la diversificación de actividades ilícitas y una rápida acumulación de poder territorial y financiero. Es decir, la estrategia diseñada para debilitar a los cárteles ha terminado por facilitar su expansión. Y desde hace décadas, esta misma estrategia ha sido motor para seguir reproduciendo exactamente el tipo de violencia que busca contener.
Esto desplaza el foco analítico: la pregunta no es si habrá un reemplazo, sino quién ocupará ese espacio y bajo qué lógica de violencia. El problema no es únicamente quién lidera una organización, sino la estructura que permite que estas surjan, crezcan y se reproduzcan. Dentro de sistemas y entornos donde convergen una alta demanda internacional de drogas, flujos transfronterizos de armas, economías locales con alta informalidad y una persistente debilidad institucional.
Los escenarios posibles no son nuevos. Puede haber fragmentación interna y disputas por control territorial; intentos de expansión de grupos rivales; o una sucesión interna que mantenga la cohesión. Ninguno de estos escenarios de adaptación implica, por sí mismo, una reducción automática de la violencia. De hecho, los periodos de transición suelen ser los más inestables.
La estrategia kingpin genera impactos visibles y políticamente rentables pero sus efectos estructurales son limitados si no se acompañan de intervenciones sobre redes financieras, circuitos de lavado, así como políticas orientadas a reducir desigualdades, fortalecer el acceso a derechos y reconstruir capacidades institucionales.
La muerte de un líder puede cerrar una etapa. Pero no cambia, por sí sola, el sistema que hizo posible su ascenso en un mercado ilícito rentable y altamente dinámico.
En el marco del Mes Internacional de la Mujer, las Unidades de Estudio y Reflexión del COMEXI sobre Sociedades del Conocimiento y Educación y sobre el Sistema de Naciones Unidas, Paz y Seguridad, presentan este webinar que reúne a expertas para analizar el papel de las mujeres en la toma de decisiones estratégicas.
Participantes: Emb. Yanerit Morgan: Senior Fellow, UER Sistema de Naciones Unidas, Paz y Seguridad Internacionales, COMEXI.
Mtra. María González Picatoste: Directora de Alianzas y Ecosistemas de WITH Togetherness Makes Action (España).
Dra. Laura Baamonde Gómez: Vicerrectora Adjunta de Igualdad y Relaciones Institucionales, Universidad Carlos III de Madrid.
Mtra. Andrea Navarro De la Rosa: Secretaria del Programa de Jóvenes de COMEXI.
Moderación: Dra. Giorgiana Martínezgarnelo y Calvo: Directora General del Global Youth Leadership Forum y Senior Fellow, UER Sociedades del Conocimiento y Educación, COMEXI.
PJTalks del Programa de Jóvenes del COMEXI, se analiza el papel de las mujeres en los ecosistemas de ciencia y tecnología desde la perspectiva de los asuntos internacionales y la diplomacia científica.
Participantes: Emb. Yanerit Morgan: Profesora de la FES Acatlán UNAM y Asociada COMEXI.
Fátima Masse: Socia y Co-Founder de Noubi Advisors.
Dra. Cristina Rosas: Profesora de la UNAM e investigadora del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
/ En el marco del 25 aniversario del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), convocamos a un ejercicio poco común pero profundamente necesario: sentar en una misma mesa a quienes, en distintos momentos, han sido responsables de conducir la política exterior de México.
Reunimos a cinco ex-Cancilleres de México de distintos períodos: Bernardo Sepúlveda Amor, José Ángel Gurría, Jorge G. Castañeda, Patricia Espinosa y Claudia Ruiz Massieu.
El valor de este encuentro no radicó únicamente en la experiencia acumulada de sus participantes, sino en la posibilidad de observar, en perspectiva, la evolución del pensamiento estratégico de México frente al mundo. Lo que surgió no fue una narrativa uniforme, sino un conjunto de coincidencias, matices y tensiones que reflejan con claridad los dilemas estructurales que enfrenta el país.
El primero de ellos es conceptual, pero profundamente práctico: la relación entre principios e intereses. México ha construido, a lo largo de décadas, una política exterior anclada en principios que le han permitido navegar un sistema internacional marcado por asimetrías de poder. Sin embargo, la discusión dejó claro que estos principios no operan en el vacío. Su aplicación exige interpretación, y en ocasiones, decisiones difíciles cuando entran en tensión entre sí o con intereses concretos del Estado.
El segundo gran tema fue el diagnóstico sobre la posición actual de México en el mundo. Aquí hubo una preocupación compartida: una percepción de menor presencia, menor iniciativa y menor peso en espacios multilaterales. Pero este diagnóstico no fue simplista. También hubo un reconocimiento explícito del contexto extraordinariamente complejo en el que opera el gobierno actual: una relación particularmente exigente con Estados Unidos, presiones crecientes en migración y seguridad, y un entorno internacional cada vez más volátil.
Este matiz es importante. La política exterior no se diseña en el vacío, sino bajo restricciones reales.
Sin embargo, incluso considerando estas restricciones, el debate llegó a una conclusión central: México necesita recuperar la capacidad estratégica.
La relación con Estados Unidos seguirá siendo la prioridad estructural. Negarlo sería desconocer la realidad geográfica, económica y política del país. Pero asumir esta prioridad no implica renunciar a la dependencia. Por el contrario, una política activa de diversificación —hacia Europa, América Latina, Asia y otros socios afines— puede fortalecer la posición negociadora de México frente a su principal socio.
En este contexto, uno de los temas más relevantes fue el de las herramientas. La política exterior no es solo discurso ni posicionamiento; es, sobre todo, capacidad de ejecución.
Aquí el diagnóstico fue claro: la Cancillería ha perdido capacidades, tanto en recursos como en peso político. La política exterior requiere una institución capaz de coordinar al Estado en su conjunto, de anticipar escenarios y de articular estrategias de largo plazo. Sin ello, el país queda condenado a reaccionar, no a incidir.
La red consular ofrece un buen ejemplo de este dilema. México ha utilizado intensamente sus consulados para proteger a sus ciudadanos en el exterior, particularmente en Estados Unidos, en un entorno cada vez más adverso. Este esfuerzo ha sido no solo necesario, sino eficaz.
Pero esa misma roja tiene un potencial mucho mayor. Puede ser —y en muchos casos debería ser— una herramienta de inteligencia política y económica, de construcción de alianzas a nivel estatal y local, y de promoción activa de los intereses de México. La transición de una red reactiva a una red también proactiva es una de las tareas pendientes más evidentes.
El fortalecimiento del Servicio Exterior, la recuperación de capacidades analíticas y la articulación de una estrategia de Estado son, en este sentido, condiciones indispensables.
Finalmente, el encuentro dejó una reflexión más amplia: el mundo está cambiando. El orden basado en reglas que México supo aprovechar está siendo reemplazado, en parte, por dinámicas de poder más crudas. En este nuevo entorno, la pasividad tiene costos más altos.
México sigue siendo una potencia media. Tiene los recursos, la posición geográfica y el peso económico para ser un actor relevante. La pregunta no es si puede serlo, sino si está dispuesto a actuar como tal.
A 25 años de su fundación, COMEXI reafirma su vocación como espacio de reflexión estratégica. Pero más allá de este aniversario, la conversación deja una lección clara: la política exterior no puede ser improvisada ni reactivada. Requiere visión, capacidades y, sobre todo, una noción compartida de interés nacional.
Ese es, quizás, el desafío más importante hacia adelante.