Lo que la Copa Mundial 2026 se llevó

Lo que la Copa Mundial 2026 se llevó


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Aribel Contreras

/ Del escenario futbolero a la politización de la Copa Mundial 2026. Así fue como, incluso antes del 11 de junio —día de la inauguración—, comenzó una edición más del evento deportivo más esperado a nivel internacional. 

Recordemos que la Copa Mundial 2026 no es un evento deportivo cualquiera. Es un espacio donde convergen la política, las alianzas internacionales, el derecho deportivo, la economía, la diplomacia, el marketing deportivo y muchas otras disciplinas. Esta edición se caracterizó por celebrarse, por primera vez, en tres países, desarrollarse en medio de dos guerras de gran relevancia y disputarse bajo una agenda cuyo balón estuvo cargado de geopolítica. 

En ediciones anteriores habíamos visto a la diplomacia deportiva meter goles. En esta ocasión, la FIFA fue más visible por este evento que la propia ONU frente a los conflictos bélicos. Sin embargo, también sufrió un profundo desgaste en su imagen al ponerse de rodillas cuando el presidente Gianni Infantino creó un supuesto premio por la paz para entregárselo al inquilino de la Casa Blanca. El reconocimiento llegó en un momento en el que se buscaba congraciarse con él, tras el fracaso de su aspiración al Premio Nobel de la Paz, y tenderle una alfombra roja futbolera. Más tarde, la eliminación de una tarjeta roja a un jugador de la selección de Estados Unidos para que pudiera disputar el partido contra Bélgica provocó fuertes críticas hacia la FIFA. 

El presidente de Estados Unidos actuó como si presidiera el Comité de Árbitros de la FIFA al influir, de facto, en qué selecciones podían ingresar y competir en su país. Esto ocurrió por el tema de las visas, las amenazas de redadas del ICE y, principalmente, por el caso de la selección de Irán. Hubo voces que incluso propusieron que no participara y que su lugar fuera ocupado por la selección de Italia. Ante ello, la diplomacia deportiva iraní se concentró en resolver el problema y, en lugar de establecer su base de operaciones en Arizona, tuvo que instalarla en Tijuana para trasladarse desde allí a sus partidos en Estados Unidos. La guerra pareció trasladarse del campo militar al terreno de juego. Las reglas de la cancha también parecieron jugar bajo la lógica de la geopolítica global. 

Este Mundial pasará a la historia más por las barreras y los límites que impuso que por la derrama económica que generó. Una sucesión de penaltis diplomáticos ensombreció el mayor evento deportivo internacional. Del balón a la geopolítica; del silbatazo a las medidas extremas de seguridad; de las gradas a las expresiones sociales marcadas por confrontaciones y rivalidades geopolíticas: así transcurrió esta edición de la Copa Mundial 2026. La Copa de Oro dejó de simbolizar únicamente el triunfo deportivo para convertirse, según esta lectura, en el brindis de unos cuantos que celebraron intereses personales previamente definidos. 

Y, por si fuera poco, no debe olvidarse el caso empresarial que quiso jugar fuera de lugar y que atrapó la atención de las redes sociales. Se trató del jersey de edición especial alusivo a la selección mexicana. Adidas fungió como portero y la empresa Someone Somewhere como delantero, tras acordar que las prendas fueran bordadas a mano por una comunidad de Naupan, Puebla. Sin embargo, diversos señalamientos apuntaron a que ese trabajo se realizó bajo condiciones laborales presuntamente violatorias de la Ley Federal del Trabajo y de convenios de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), de los que México forma parte. Por ello, el escándalo corporativo probablemente continuará aun después del Mundial. 

La polarización político-social fue uno de los temas que más acaparó los titulares de los medios de comunicación, tanto dentro como fuera de la cancha. Las expresiones fueron diversas: desde portar la bandera de un país o exhibir pancartas hasta mostrar tarjetas amarillas o rojas simbólicas a empresas patrocinadoras o al gobierno anfitrión por asuntos de política interna o internacional.

El Mundial se llevó la ilusión de millones de aficionados por sus selecciones, la confianza en la gobernanza del futbol y la percepción de transparencia en muchos de los partidos disputados. Además de la basura acumulada en los estadios y de las playeras que permanecieron sin vender, quedaron sentimientos encontrados. Quien conquistó el corazón de los aficionados y de las redes sociales fue la selección de México, por avanzar con entrega y determinación. También destacó la selección de Noruega, considerada la revelación de la Copa Mundial 2026, pues, como dijo uno de sus jugadores, “pusimos a Noruega en el mapa”, mientras que su peculiar porra, remando en las tribunas, dio un sello distintivo a sus encuentros. 

Por todo ello, esta historia va mucho más allá de la expresión coloquial “lo que el viento se llevó”, en alusión a la célebre película. Lo que el Mundial se llevó fue la confianza de muchos en la neutralidad de la FIFA y en la legitimidad del triunfo del equipo campeón. Quedará la duda de si ganó únicamente por sus propios méritos o también por lo que terminó dictando el árbitro global de la Copa Mundial 2026.

Lo que la Copa Mundial 2026 se llevó - El Sol de México
Columnistas y analistas examinan la política, la economía y los temas que definen a México.

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