MÉXICO ANTE UNA NUEVA ERA EN SU RELACIÓN CON ESTADOS UNIDOS
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El triunfo del ex presidente Donald Trump el pasado 5 de noviembre, aunado a las mayorías republicanas tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, adelantan un cambio de paradigma en la relación de Estados Unidos con el mundo. Los resultados electorales definirán el rumbo de la política exterior estadounidense en temas clave como la guerra en Ucrania, el conflicto en Gaza, la inmigración, la relación con China, la relación con los aliados en organizaciones regionales y multilaterales, y el comercio exterior. Se adelanta un regreso al principio de “America First”, una política exterior de tinte nacionalista y proteccionista, que mira con escepticismo el multilateralismo y el libre comercio.
En este contexto, México deberá abordar la relación bilateral con Washington, DC con especial destreza para resolver los retos que surgirán en los próximos meses y años. Este documento analiza algunos de los asuntos torales de la relación bilateral México Estados Unidos - migración, seguridad, comercio, energía, entre otros- y ofrece recomendaciones puntuales para mitigar los principales riesgos y profundizar la colaboración y cooperación entre ambos países.
/ Es probablemente una cuestión de entusiasmo, o de irritación y hartazgo, tal vez. El hecho es que los demócratas están evidentemente mucho más optimistas respecto a las elecciones de medio término del próximo 3 de noviembre que sus contrapartes republicanas.
De acuerdo con las estadísticas, es de esperarse que la elección convoque a alrededor de 50% de los votantes estadounidenses, una cifra considerablemente alta en este tipo de comicios. Y en gran medida se debe al presidente Donald Trump.
/ La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo encabezará la delegación mexicana en la reunión de APEC en Shenzhen, provincia de Guangdong, China, los próximos 18 y 19 de noviembre. Con este viaje México recibe la estafeta para iniciar su participación en la troika de APEC (con China anfitrión en 2026 y Vietnam en 2027) y estar en condiciones para que se celebre en el país la reunión de los líderes de la cuenca del Pacífico en 2028.
Shenzhen es una de las ciudades más impresionantes no sólo de China, sino del mundo. Deslumbrarán a los visitantes su ultramoderno aeropuerto, sus trenes rápidos y eficientes, la intensa y eficaz actividad portuaria, los rascacielos, las grandes avenidas y vías rápidas, el uso de la bicicleta, vehículos eléctricos y autónomos, instalaciones industriales y educativas, los hoteles. Lo que pocos de los participantes en la reunión sabrán es que la clave para el éxito de Shenzhen la encontraron las autoridades chinas en el México de los años setenta.
El crecimiento extraordinariamente explosivo resultó de haber aprendido, copiado y superado el modelo industrial de la maquiladora de la frontera con Estados Unidos. El propio futuro presidente de China, Jiang Zemin, participó en ese entonces en la misión de varios meses a México para entender y copiar el éxito de la maquiladora que aquí muchos se regodean, sin nunca haber entrado a alguna, en criticar.
La revolución fue de tal tamaño que transformó a China en una potencia industrial y en el primer productor y exportador de manufactura en el mundo. Pero el gobierno y las empresas chinas no se durmieron en sus laureles, sino que superaron el modelo que habían importado del norte de México:
En 1980 establecieron Shenzhen como una zona económica especial con un régimen impositivo y reglamentario promotor de la inversión y la actividad económica privadas y empezaron a producir confección y electrónicos de relativo bajo valor agregado con fuerza laboral que emigraba del sector rural. Con el tiempo fueron mejorando los procesos productivos (de la misma manera que había sucedido en México) pero empezaron a elevar su nivel de ambición.
Quizá por venir de un rígido régimen comunista y de planificación central y sin antecedentes de la economía de mercado, adoptaron como revolucionario el concepto a la inversa de la teoría marxista, de que el valor empieza en la satisfacción de las preferencias del consumidor y no sólo en el valor que se añade en cada eslabón de la cadena productiva. Su ingenuidad, o ignorancia, sobre el funcionamiento del mercado, les permitió partir de una tabula rasa sin prejuicios y aplicarse a buscar no sólo satisfacer las preferencias del consumidor sino a influir en ellas. Esto lo aprendieron de su vecino Hong Kong que llevaba años siendo económicamente exitoso basado en el régimen de casi absoluta libertad económica y estado de derecho británico. Con ello empiezan a proponer a sus clientes en Estados Unidos, las grandes marcas de ropa, no sólo la producción sobre pedido, sino el diseño, colores, patrones, textura de telas y avíos para cada temporada de moda.
Para hacerlo con éxito requerían de una ambiciosa integración vertical que proveyera una enorme variedad de telas, de avíos (botones, cierres, forros, y otros complementos). Pero también que existiera en China la capacidad de diseñar y fabricar telares, maquinaria y equipo especializado, automatización robótica, electrónica y logística de excelencia. Un proceso similar sucedió en la industria electrónica y luego en el resto.
El éxito de la integración vertical no provino, como muchos piensan, de los planes quinquenales centralizados, sino de la explosión de empresas proveedoras de todos los insumos necesarios para poder ser competitivos en la satisfacción del consumidor en los principales mercados del mundo. Esto requiere de alta variedad de insumos y de precios competitivos. El principal papel del gobierno consistió en capitalizar empresas, invertir en infraestructura de transporte, en educación de alta calidad, incluida la de cientos de miles de alumnos de posgrado en las mejores universidades del mundo, permitir flujos migratorios internos, y expandir la capacidad de generación y transporte de energía. Esto se logró de manera descentralizada con cientos de empresas, regiones y ciudades que compiten entre sí y que invierten en las empresas que compiten. Capitalismo de Estado con poca intervención en las decisiones de qué y cómo producir.
De la misma manera que hace 50 años China aprendió de México y lo superó, ahora se deben asimilar lecciones asiáticas para el crecimiento económico. No sólo el gobierno, también las empresas que deben asumirse como emprendedoras que busquen la satisfacción del consumidor en mercados competitivos y competidos y ya no sólo ser productores que responden a órdenes de compra de corporativos que tercerizan sus procesos. Este fenómeno está ya sucediendo en México, pero debe acelerarse. Es una tarea básicamente privada. La segunda reside en la inversión privada en talento a través del sistema educativo y la promoción de la excelencia en todas las ramas, incluidas las artes, los deportes y la creatividad, no sólo la manufactura.
El gobierno, por su parte, debe plantearse cómo aprovechar el gran momento económico que ofrece el contexto geopolítico mundial. En los márgenes de la reunión de APEC y en los de la reunión de G-20 en Miami en diciembre, si la presidenta opta por asistir, la delegación mexicana será observadora de discusiones de los graves riesgos geopolíticos, pero sin estar involucrada: Rusia y Ucrania, el papel de Taiwán, el ahora riesgoso estrecho de Ormuz, los negros nubarrones de los mercados de bonos soberanos, la debilidad post electoral de Trump, el viraje a la derecha y el populismo en Europa, la perspectiva de grandes recortes presupuestarios de no pocas economías.
En este contexto, la posición competitiva del país mejora en términos relativos, pero sólo si se sabe aprovechar. La política comercial de Estados Unidos en busca de su reindustrialización ofrece a México la oportunidad histórica de su industrialización verticalmente integrada. La diversificación del riesgo chino que persiguen países (incluidos Taiwán, Corea del Sur y Japón que México debe cortejar) y el abandono de Estados Unidos de aranceles bajos con respecto al mundo, crean un poderoso incentivo para la integración vertical de América del Norte, que puede ser tan exitosa como lo fue en China.
La pregunta es si México participa en el ensamble o en el diseño en un extremo y en la fabricación de los insumos esenciales para el cumplimiento con las reglas de origen del Tratado México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) en el otro. Diversificarse con respecto a China implica integrarse verticalmente, pero de manera competitiva. La clave para la economía es que los insumos fundamentales para la manufactura sean de origen nacional. Esto no se va a lograr protegiéndolos de la competencia extranjera, sino aprovechando la ventaja arancelaria (si se cumple con las reglas de origen) y las ventajas estructurales de contar con una población joven (cada vez menos) y capacitable (cada vez más), con el gas natural más barato del mundo y con un potencial mejor perfil de riesgo que el golfo Pérsico y otras regiones competidoras.
La integración vertical exitosa depende de cuatro factores en los que no se ha puesto énfasis y para los cuales el gobierno no tiene suficientes recursos, por lo que debe apelar a la inversión privada (cuando la economía crezca los tendrá para sufragar los gastos necesarios y asegurar la estabilidad y finanzas públicas sanas):
a. Formación de talento de excelencia en universidades y vocacionales públicas y en el extranjero (también privadas como ya se mencionó).
b. Energía abundante, competitiva, limpia, disponible en todo el país. Esto requiere de una muy alta inversión en generación de energía eléctrica y en transmisión y distribución, que empieza a suceder, pero debe potenciarse varias veces. De una revolución en la producción de hidrocarburos y en su procesamiento en aguas medias y bajas. Casi todos los insumos necesarios para la integración vertical y el cumplimiento con las reglas de origen son intensivos en gas natural y/o electricidad: minería y tierras raras, refinación de metales, aceros, aluminio, resinas, plásticos, fibras sintéticas, vidrio, fibra de vidrio, materiales especializados, industrias química y farmoquímica y otras. México, si se lo propusiera, sería competitivo para con el golfo Pérsico en el procesamiento de todos los derivados del gas natural (helio, fertilizantes y petroquímicos de todo tipo) y promovería el desarrollo del sur del país. Para lograrlo tendría que permitir la libre producción y comercialización doméstica e internacional de todos los petroquímicos, sin distinción entre básicos y secundarios. Hoy no es posible.
c. Logística competitiva de cruce fronterizo y alrededor del país: hoy es más económico surtir una planta en Ciudad Juárez desde el Pacífico asiático o el medio oeste que desde el Estado de México. Baches, peajes, asaltos, insuficiencia carretera y ferroviaria explican la diferencia.
d. Facilitación de comercio y producción. La experiencia en Shenzhen debe llevar al juramento de Hipócrates para INMEX 4.0: “primero no hacer daño”. La formulación de la política pública para con las maquiladoras debe privilegiar la flexibilidad, la certidumbre y la competitividad. Por ejemplo, los rezagos en la devolución del IVA, o su ausencia, son un poderoso incentivo para no comprar en México. El costo de equivocarse en esta materia sería monumental.
El gobierno de la presidenta Sheinbaum tiene una oportunidad irrepetible si decide aprovecharla. Si no, gestionará la transformación sin transformar a México. Visitar Shenzhen es una manera de visualizarlo.
Al confrontar a Canadá, Trump escoge la batalla incorrecta; amenazas no son creíbles
Si se hiciera un análisis objetivo de cuál es el país más confiable del mundo, Canadá estaría en la parte más alta de la lista. Estados Unidos (en los tumultuosos días de Donald Trump) mucho más abajo. Suena un tanto risible que su presidente sostenga que las negociaciones con su socio del norte fracasaron porque los canadienses no son confiables para negociar. En sus propias palabras, escribió en redes ayer: “they are among the worst Nations in the World to deal with. They feel entitled, and yet, WE DON’T NEED CANADA, THEY NEED US!” (Son una de las peores naciones en el mundo con quien negociar. Sienten que tienen derechos y, sin embargo, NO NECESITAMOS A CANADÁ, ¡ELLOS NOS NECESITAN!)
Esta reacción visceral de la Casa Blanca y la amenaza de nuevos aranceles de 50 por ciento a automóviles, camiones, autopartes y acero a partir de enero 2027 responde al reciente fracaso de las negociaciones para lograr un acuerdo que disminuyere aranceles que Estados Unidos ha impuesto ilegalmente y para los que Canadá ha respondido, de manera muy parcial y modesta, con aranceles compensatorios a las exportaciones estadounidenses.
Merece la pena recordar la cronología para tratar de dilucidar en qué puede terminar todo esto. Cuando Trump llegó a la Casa Blanca por primera vez en 2017 encontró tres obstáculos legales para imponer sus amados aranceles: uno, son un impuesto y por lo tanto requieren de autorización del Congreso en iniciativas que surjan de la Cámara de Representantes. Dos, Estados Unidos tiene aranceles consolidados cercanos a tres por ciento promedio en la Organización Mundial de Comercio (OMC) y aplicados de casi el mismo nivel, por lo que los aranceles no pueden incrementarse sin violar compromisos multilaterales (ver propuesta de reforma a la OMC para superar este problema). Tres, para ciertos países, sobre todo Canadá y México, Estados Unidos está comprometido a cobrar cero aranceles para todos los productos que cumplan con la regla de origen del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) primero y luego del Tratado México, Estados Unidos Canadá (T-MEC).
Peter Navarro, su asesor comercial, le explicó que la única manera de hacerlo era apelar a las excepciones de seguridad nacional que contemplan la ley de Estados Unidos y todos sus tratados. La excepción de seguridad nacional fue diseñada para que los países pudieren desviarse de sus compromisos internacionales en casos de emergencia nacional, de guerra, ataques nucleares y eventos similares. Abusar de esta excepción la pervierte.
Trump utilizó la sección 232 de su legislación comercial para imponer aranceles en acero y aluminio, en 2018. México y Canadá interpretaron, correctamente, que los aranceles de seguridad nacional eran una salvaguardia disfrazada, basados en múltiples declaraciones de Trump que los justificaban en términos de empleo e inversión y en el testimonio del Departamento de Defensa de que el acero y aluminio comerciados con México y Canadá (y algunos otros países) no representaban un riesgo de seguridad nacional al ser países amigos y confiables. Con base en el capítulo ocho del TLCAN, México y Canadá impusieron aranceles contra exportaciones de Estados Unidos para compensar la pérdida de acceso. La compensación funcionó; en algunos meses la Casa Blanca retiró los aranceles para sus socios de América del Norte y se eliminaron también las represalias.
Poco tiempo después, se terminó la negociación del T-MEC y en ella permaneció la facultad de compensación inmediata en caso de salvaguardias, ahora en el capítulo diez.
La llegada de Trump II en 2025 fue mucho más agresiva: impuso primero aranceles bajo la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA) a todos los países, aunque las exportaciones canadienses y mexicanas quedaran exentas si cumplían con las reglas de origen del T-MEC. Posteriormente impuso aranceles de seguridad nacional sectorial bajo la sección 232 a acero y derivados, aluminio y derivados, vehículos (al contenido no estadounidense los que cumplan con la regla de origen del T-MEC), autopartes (las que cumplan con la regla de origen del T-MEC exentas), cobre y algunos derivados y madera. A diferencia de 2018, México prefirió no usar su derecho compensatorio y los dejó pasar. Canadá, por su lado, sí ejerció ese derecho de forma moderada, pero ello bastó para tensar la relación con Estados Unidos. Tanto, que el primer ministro Trudeau perdió su puesto. El resto de los países del mundo prefirió no tomar represalias a pesar de la arbitrariedad de Estados Unidos.
Trump inspiraba temor y se optó por llevar la fiesta en paz. De haberse tomado represalias generalizadas, es posible que hoy ya no hubiere aranceles, pero el hubiera no existe.
A inicios de 2026, la Suprema Corte de Estados Unidos declaró ilegales los aranceles impuestos mediante IEEPA. Trump los sustituyó con aranceles de diez por ciento bajo la sección 122 para enfrentar desequilibrios en la balanza de pagos (México y Canadá exentos si se cumplía con la regla de origen del T-MEC), que expiraron el 24 de julio sin la necesaria extensión por parte del Congreso (imposible que Trump consiguiera los votos). Ahora está en proceso de imponer nuevos aranceles bajo la sección 301 con los pretextos de falta de control de importaciones de bienes con trabajo forzado y exceso de capacidad instalada. Finalmente, Trump amenazó a Canadá con aranceles considerados en la sección 338 (que requiere mostrar discriminación contra Estados Unidos) para que se retiraran los aranceles de compensación parcial que el gobierno canadiense impuso como respuesta a algunos, pocos, de los aranceles de la sección 232.
El fracaso del fin de semana implica el cumplimiento con la amenaza de la sección 338 que se iba a desactivar de haberse acordado una reducción significativa de los aranceles bajo la sección 232. El primer ministro canadiense Mark Carney explicó que Estados Unidos demandó concesiones adicionales inaceptables sin ofrecer nada a cambio y prometió sí compensar los aranceles ahora impuestos, pero a partir del ocho de septiembre.
En este contexto, Trump acaba de volver a amenazar con aranceles de hasta 50 por ciento a automóviles, camiones, autopartes y acero canadienses a partir de enero de 2027. Esta amenaza no es creíble. Las principales compañías perdedoras son estadounidenses. Por el contrario, en caso de que el conflicto con Canadá se agudice puede iniciar un proceso de fuerte oposición doméstica en contra de su política comercial. Ése sería, sin duda, el sentir del Congreso, cuyo Senado ha votado ya dos veces en contra de aranceles para con Canadá. Puede tener un impacto en las elecciones de noviembre, en el medio oeste y en los estados vecinos de Canadá.
Finalmente, y esto es lo más importante, puede orillar a las empresas de Estados Unidos a pronunciarse con mucho mayor énfasis en contra de aranceles arbitrarios y a litigar la ilegalidad no sólo de los impuestos bajo la sección 122, sino también bajo la 338 y la 301, pero, sobre todo, bajo la sección 232. Claramente la Casa Blanca ha abusado de sus facultades al usar estas secciones, invadido una esfera exclusiva del Congreso, violado compromisos internacionales y comprometido la reputación de Estados Unidos como país confiable.
Los eventos en Irán y en el estrecho de Ormuz, la errática política con respecto a Ucrania, la presión del mercado de bonos de gobierno, las elecciones en noviembre y ahora el enfrentamiento con Canadá, terminarán debilitando a Trump en el ámbito político y económico interno. De todos ellos, el menos importante es el de Canadá, pero puede volverse la gota que derrame el vaso.
Es tiempo que el Poder Judicial, el Congreso y el sector privado de Estados Unidos asuman su responsabilidad histórica. Aunque no pueden esperar a que otros países les resuelvan su problema, Mark Carney, quizá después otros más, les muestra el camino.
Lo único bueno que puede decirse de Trump es que obliga a los países a asumir sus responsabilidades: Europa a apoyar a Ucrania e invertir en defensa, México a abandonar abrazos y no balazos, Canadá a buscar ser competitiva y diversificada. Pero también obliga a sus actores domésticos a actuar; van tarde.
/ El nombre que China se da a sí misma lo dice todo: Zhongguó, “el país del medio”, el reino que durante milenios se consideró el centro del mundo civilizado, rodeado de pueblos periféricos. Durante la mayor parte del último milenio, China fue la economía más grande del planeta. Angus Maddison estimó que a principios del siglo XIX China representaba el 30 por ciento del PIB mundial, más que Europa occidental en su conjunto (The World Economy: A Millennial Perspective. París: OECD Development Centre, 2001).
Ciudad de México, marzo 11, 2026. En el marco de su 25° aniversario, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) celebró el primero de sus eventos conmemorativos con un conversatorio con excancilleres, un espacio de diálogo y reflexión sobre los retos y oportunidades de la política exterior mexicana en un orden cambiante.
El encuentro contó con la participación de las y los excancilleres: Bernardo Sepúlveda, José Ángel Gurría, Jorge Castañeda, Patricia Espinosa (en línea) y Claudia Ruiz-Massieu, y fue moderado por Héctor Cárdenas, presidente de COMEXI.
Durante el evento, las y los ponentes compartieron sus experiencias al frente de la política exterior mexicana y reflexionaron sobre la vigencia de los principios constitucionales que históricamente han guiado la política exterior de México. En este sentido, destacaron que el ejercicio de la diplomacia implica equilibrar principios e intereses, así como interpretarlos de manera dinámica frente a los cambios del entorno internacional.
Las y los participantes también enfatizaron la relevancia de que México mantenga una presencia activa en el ámbito multilateral, participando en cumbres internacionales y fortaleciendo su interlocución con otros países, especialmente en un contexto internacional caracterizado por la incertidumbre y por un sistema internacional en transformación.
Asimismo, señalaron que México cuenta con oportunidades para impulsar una política exterior más activa, revitalizar su participación en foros y consolidar alianzas estratégicas —como con la Unión Europea— que permitan ampliar su margen de acción internacional.
Dentro de las prioridades inmediatas se destacó la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como la necesidad de garantizar certeza jurídica para la inversión extranjera. También se subrayó la importancia de fortalecer la relación con Norteamérica, y particularmente con Estados Unidos, mediante una estrategia más proactiva —y no meramente reactiva—, además de impulsar la diversificación no solo en el ámbito comercial, sino también a través de la reapertura del diálogo en temas estratégicos.
Finalmente, las y los excancilleres compartieron sus principales aportaciones a la diplomacia mexicana, así como reflexiones sobre lo que les hubiera gustado impulsar y lo que, en retrospectiva, pudo haberse hecho mejor. Entre aspiraciones, memorias y testimonios destacaron temas como la diversificación del comercio exterior, la recuperación de espacios de influencia en distintas regiones, la organización de cumbres internacionales y el fortalecimiento del Servicio Exterior Mexicano, entre otros.
Para más información escribe a: comunicacion@consejomexicano.org
/ Quizá una de las consecuencias más directas, pero menos pensadas del libro Ni Venganza Ni Perdón de Julio Scherer es que pareció confirmar mucho de lo que se decía ya dentro y fuera del país acerca del gobierno fundador de la llamada Cuarta Transformación.
Los señalamientos sobre problemas de legalidad están ahí, significados menos por las que hubieran sido quizá debatibles, pero justificables decisiones de corregir abusos previos que por el deseo de imponer determinaciones basadas más en el deseo personal, en el "yo creo" o en la simpatìa ideológica que en capacidades.