/ Históricamente, México ha defendido la existencia de un sistema internacional basado en reglas e instituciones que garanticen paz, seguridad y desarrollo en el mundo. Por ello, no es sorpresa que, mientras la Organización de las Naciones Unidas atraviesa su proceso de reformas más profundo desde su fundación, México esté en la batalla por el futuro de la organización.
/ De la sección Opiniones Oportunas del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales
Desde su llegada al poder en enero de 2025, el ejecutivo federal estadounidense ha emprendido un desmantelamiento sistemático de la arquitectura institucional democrática. La velocidad y la profundidad de estos cambios sugieren que, aun si en los próximos años se produjeran alternancias políticas, el daño podría ser irreversible. En el frente cultural, la ofensiva ha sido particularmente feroz: bajo la bandera de combatir la llamada “cultura woke” —un término tan estirado por sus críticos que ha quedado vacío de contenido— se han erosionado las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) y diversas protecciones legales fundamentales para la población afroestadounidense, establecidas durante el gobierno de Lyndon B. Johnson y posteriormente reforzadas y ampliadas por gobiernos sucesivos. Se trata, en conjunto, de un retroceso profundo frente a décadas de avances orientados a desmontar la segregación racial, inscrita de manera estructural en el tejido social estadounidense desde su fundación.
La exclusión social y sus efectos en las comunidades afroestadounidenses El racismo contra las poblaciones afroestadounidenses se entretejió durante siglos en las estructuras sociales y políticas del país. Como señala Annette Gordon-Reed en Foreign Affairs (vol., 97 núm. 1), la Constitución de 1787 contabilizó a las personas esclavizadas como tres quintas partes para efectos de representación en la Cámara de Representantes y postergó la discusión sobre la abolición del comercio de esclavos hasta 1808. Si bien las Enmiendas Constitucionales de la Reconstrucción, tras la Guerra Civil, abolieron formalmente la esclavitud y prohibieron la discriminación en el voto, la falta de mecanismos efectivos permitió la consolidación de la segregación durante la era Jim Crow. El bloqueo en el Congreso frenó los avances durante décadas, hasta la aprobación de las grandes leyes de derechos civiles durante el mandato de Johnson en la década de 1960, como documenta Robert Caro en Master of the Senate (2003). En paralelo, como ilustra Richard Rothstein en The Color of Law (2017), la segregación racial ha sido un factor angular en el desarrollo urbano a nivel nacional desde la Guerra Civil, codificada en el propio código genético de las ciudades mediante políticas públicas como la vivienda segregada y la zonificación excluyente.
Los efectos de este aparato de segregación se manifiestan en múltiples dimensiones. Un estudio de 2019 del Laboratorio de Oportunidades de la Universidad de Harvard analiza datos de casi toda la población entre 1989 y 2015, vinculando censos, impuestos y encuestas de hogares para seguir a 20 millones de niños nacidos entre 1978 y 1983. Los resultados muestran que en 99% de los barrios los niños afroestadounidenses tienen menores ingresos en la adultez que sus pares blancos, incluso cuando crecen en la misma calle, lo cual no se observa entre las niñas. Como ilustra la gráfica 1, esta desigualdad persiste por generaciones.
Gráfica 1: Ingresos de los hijos vs. ingresos de los padres, para hombres afroestadounidenses y blancos
Fuente: Chetty, R., Hendren, N, et al. Race and economic opportunity in the United States: An intergenerational perspective, Laboratorio de Oportunidades, 2018. Nota: Las etiquetas de la figura se presentan en inglés para mantenerse fieles al artículo original. En la traducción al español, corresponden a lo siguiente: percentil promedio de ingreso individual de los hijos; percentiles de ingreso del hogar de los padres; blancos; negros, y hombres.
No obstante, aunque lejos de nivelar plenamente las oportunidades, se observan avances importantes en generaciones recientes. Un estudio posterior de 2024 del mismo Laboratorio de Oportunidades muestra que, entre quienes nacieron en 1992 y quienes nacieron en 1978, la diferencia en ingresos promedio entre hogares afroestadounidenses y blancos de bajos recursos se redujo 27%, de 12 994 a 9521 dólares. El estudio destaca que las mejoras en la movilidad económica están determinadas principalmente por las condiciones comunitarias —más que por características familiares individuales—, y subraya el papel central del capital social y de las interacciones comunitarias, incluidas las interraciales, en este proceso.
Dichas mejoras en las comunidades pueden vincularse con políticas con enfoque racial impulsadas en las últimas 3 décadas. Durante el gobierno de William Clinton, se reforzó la aplicación de normas antidiscriminatorias en programas federales, se redujeron las barreras al voto mediante la Ley Nacional de Registro de Votantes de 1993 y se implementó el programa de desegregación urbana Mudarse a la Oportunidad, con efectos positivos para las familias beneficiarias. Por su parte, durante el mandato de George W. Bush, aunque hubo retrocesos, como señala Goodwin Liu, la política educativa Que Ningún Niño se Quede Atrás impulsó avances al exigir la desagregación de datos por raza y la atención a las brechas en el desempeño académico entre las minorías y el alumnado en general. Aunque se opuso a la acción afirmativa en las admisiones, Bush instó a promover una mayor diversidad en la educación superior.
Con Barack Obama, como documenta Andra Gillespie, se incrementó el financiamiento de agencias clave en la lucha contra la discriminación laboral, y la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia amplió su personal. La promulgación de la Ley de Cuidado de Salud Asequible en 2009 resultó particularmente sensible a las vulnerabilidades de las personas afroestadounidenses, dado que cerca de 17% de ellas carecía de seguro médico en 2008. En 2014, Obama lanzó la iniciativa Hermanos Guardianes, orientada a mejorar las trayectorias de vida de jóvenes de minorías. Posteriormente, en 2021, el presidente Joseph R. Biden emitió la Orden Ejecutiva 13985 —Promoción de la Equidad Racial y Apoyo a las Comunidades Desatendidas a través del Gobierno Federal—, institucionalizando la incorporación de la equidad racial en la acción pública al exigir a las agencias federales que identifiquen y corrijan brechas en sus políticas y programas.
Los ataques contra el DEI Avances de décadas en equidad de oportunidades se han revertido durante el actual gobierno de Donald Trump. Entre sus primeras medidas, se desmanteló la Orden Ejecutiva 13985 y eliminó iniciativas y criterios de DEI en el gobierno federal. Además, la mayoría conservadora en la Suprema Corte —consolidada durante su primer mandato— fue clave en el fallo de 2023 que prohibió la acción afirmativa en las admisiones universitarias. En este contexto, en 2025, el Departamento de Educación instruyó a las instituciones a evitar el uso indirecto de la raza y a no recurrir a terceros para eludir dichas prohibiciones, bajo el riesgo de perder el financiamiento federal. Asimismo, se anticipa una decisión que podría debilitar la sección 2 de la Ley de Derecho al Voto de 1965, revirtiendo décadas de jurisprudencia que han permitido considerar la raza en la delimitación de distritos para proteger la representación electoral de las poblaciones afroestadounidenses, históricamente vulnerada.
El racismo contra las poblaciones afroestadounidenses se entretejió durante siglos en las estructuras sociales y políticas del país. Los efectos de las políticas lascivas en la educación superior ya resultan evidentes. Un estudio de 2026 de James S. Murphy, basado en más de 3000 instituciones, muestra que, tras la decisión de la Suprema Corte en 2023, la proporción de estudiantes afroestadounidenses de nuevo ingreso en centros selectivos disminuyó significativamente: 25.5% en las más selectivas (incluidas las Ivy League) y 16.3% en aquellas con tasas de admisión de hasta 25%. En paralelo, se observa un desplazamiento hacia instituciones menos selectivas —sin tasas de admisión—, donde la matrícula aumentó 14.2%. El Departamento de Educación también ha amenazado con recortar el financiamiento federal a varias universidades, algunas de las cuales han suscrito acuerdos —monetarios y no monetarios— con el gobierno federal.
Conclusión En Estados Unidos, como señala Gordon-Reed, el racismo contra la población afroestadounidense se entretejió durante siglos en las estructuras sociales y políticas del país, configurando una sociedad basada en la segregación racial que comenzó a transformarse apenas en la década de 1960. Si bien desde entonces se han ampliado las oportunidades —especialmente en las últimas 3 décadas—, ese legado persiste y las brechas se manifiestan en casi todos los ámbitos.
Este reconocimiento histórico debería constituir el punto de partida para discutir los méritos de una política de DEI. Ello exige considerar tanto las posibles inequidades asociadas a políticas de acción afirmativa basadas en la raza como los riesgos de adoptar una retórica racial divisoria, así como explorar vías para avanzar en la desegregación urbana y ampliar el acceso a oportunidades sin que estas políticas se perciban como de “suma cero”, en las que el avance de unas poblaciones implique el retroceso de otras. Sin embargo, este tipo de análisis matizado dista mucho de la forma en que los ataques contra el DEI y la llamada “cultura woke” —conceptos elásticos, vaciados de contenido— han sido utilizados como herramientas políticas por el gobierno actual para promover una agenda que ignora e invisibiliza siglos de segregación racial y sus efectos acumulados sobre la distribución de oportunidades.
En pocos países como en Alemania puede identificarse tan claramente un punto de inflexión política como el anunciado el 24 de febrero de 2022 por Olaf Scholz en su discurso sobre la Zeitenwende, (cambio de era), un día después de la invasión rusa a Ucrania. El entonces canciller --que no consiguió terminar su mandato conforme a lo establecido-- decretó ese cambio que su sucesor Friedrich Merz mantiene y profundiza. La transformación del país lo traslada de una “superpotencia del poder blando” o “potencia civil” a uno que privilegia el pragmatismo, con énfasis en la reactivación económica y fortalecimiento de sus capacidades militares.
El anuncio fue significativo, incluso más allá de sus fronteras, particularmente por lo que ha venido después: a la invasión rusa de Ucrania se han sumado factores que transforman a Alemania, al continente europeo (poniendo en juego a la Unión Europea) y al mundo en su conjunto. El segundo mandato de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha profundizado la incertidumbre. Las tensiones en la relación transatlántica, incluida la amenaza de anexión contra Groenlandia, han desestabilizado a Europa y reavivado el debate sobre su autonomía en materia de defensa, además de cuestionar la estabilidad e incluso continuidad de la OTAN.
Al ese escenario de por sí complejo se suma la desestabilización en Medio Oriente. La situación en Gaza, desencadenada por los ataques de Hamás en Israel en 2023; su consecuente escalada regional, y, desde este febrero, la decisión de Trump de intervenir en Irán sin el consenso con, apoyo de o aviso a sus socios transatlánticos ha generado diferencias evidentes entre los miembros de la UE, con consecuencias que se sufren globalmente. Alemania ha apostado por mantener una posición ambivalente: respaldo a sus aliados, insistiendo en la necesidad de evitar una escalada mayor y abogando por canales diplomáticos, pero buscando no romper su canal privilegiado con EE. UU. Entretanto, como el resto, se enfrenta a disrupciones en cadenas de suministro y la volatilidad de los precios energéticos. Todos estos factores han contribuido a la reconfiguración de rivalidades y alineamientos internacionales, al debilitamiento del multilateralismo y a la pérdida de la estabilidad y certidumbre que se atribuían al libre comercio.
Los últimos años han implicado cambios profundos en el sistema internacional que tendrán efectos duraderos. La Zeitenwende global no se gestó en febrero de 2022 ni fue decretada por Alemania, pero los cambios que vivimos no son --ni deben ser– ajenos a México. En el pasado, nuestro país ha sido capaz de marcar diferencias y defender su posición ante terceros. Eso no tiene que cambiar. Hacerlo exige un análisis fino y la formulación de estrategias y políticas de acercamiento con otros países que consideren las redefiniciones de nuestros socios más “naturales o históricos”.
/ La escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán, con el bloqueo del Estrecho de Ormuz, ha impactado más allá de los precios del petróleo, ya que también ha encarecido la electricidad que alimenta a los centros de datos, infraestructura esencial para habilitar la Nube y la Inteligencia Artificial (IA).
/ Una polémica histórica y hasta cíclica levanta otra vez la cabeza y agita las relaciones entre Estados Unidos y México. De creer a un reporte del diario Los Angeles Times, y Steve Fisher, el autor en cuestión es serio y sólido; el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, está listo a lanzar una campaña anticorrupción que podría llevar a acusaciones contra miembros del partido en el poder, el Movimiento de Reconstrucción Nacional (Morena).
/ corresponsal y Jefe del Buró de N+ en Estados Unidos (Televisa Univisión), narró en entrevista con EL UNIVERSAL cómo vivió el atentado fallido en contra del presidente republicano Donald Trump el pasado sábado, durante la cena de corresponsales en la Casa Blanca.
/ El profesor de Harvard Kenneth Rogoff se ha distinguido por generar debates, entre otros temas, sobre las perspectivas macroeconómicas de Estados Unidos. En el último número de la revista Foreign Affairs en Español (vol. 104, número 5, abril/junio de 2026) publicó un artículo con el provocador título de “El desplome inminente de Estados Unidos”. El autor se centra en que el país se dirige hacia una crisis de deuda e inflación que podría desestabilizar su economía y su papel global. Vale la pena revisar el mencionado artículo y compararlo con lo que otros economistas han opinado sobre el tema.