México-Unión Europea: Del unilateralismo al transatlantiquismo
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Aribel Contreras
/ En el año 2000 arrancó el Acuerdo de Asociación Económica, Coordinación Política y Cooperación (Acuerdo Global: AG) entre México y la Unión Europea (UE). El pilar comercial se separó y se conoce como TLCUEM pero al final la relación bilateral es integral. Sin embargo, las disciplinas comerciales se diversificaban, el mundo cambiaba y le geopolítica se reconfiguraba, por lo que era vital apostar por una modernización integral. Entre obstáculos comerciales y frenos políticos la modernización estuvo estancada pero el AG continuaba operando.
/ La noción de continuidad que alberga el concepto de “segundo piso” entraña la evidente oportunidad de perseverar en un proyecto político, pero al mismo tiempo sufre de la inevitable asociación con los errores, costos, animadversiones y consecuencias de lo que se pretende continuar. El gobierno actual no ha buscado distinguirse de su predecesor en proyecto, legislación o inversiones como es lo usual en nuestra historia y la del mundo. La novedad es que prácticamente todos los cambios legislativos fueron diseñados por el predecesor y no hay aspiración a diferenciarse, al menos en lo general, del plan preconcebido. Y ese plan no sólo le ha amarrado las manos al gobierno, sino que lo inclina al precipicio, por lo que el afán de continuidad está haciendo agua.
La más reciente de las señales provino de dos agencias calificadoras del crédito del gobierno federal. Al inicio de este siglo, el gobierno mexicano logró crear las condiciones necesarias para que la calificación de esas agencias fuese favorable, lo que le rindió al país el grado de inversión. Esa categoría implica dos cosas fundamentales: primero, le abre la puerta a toda clase de fondos de inversión que son la sangre del progreso económico; y, segundo, reduce sensiblemente el costo de intereses de la deuda pública, liberando fondos para el gasto público que, de otra manera, irían a los acreedores. Ese grado de inversión está en riesgo en este momento, pero en lugar de reconocerlo como un problema que debe ser atendido con urgencia, la respuesta presidencial y de Hacienda ha sido la de criticar a las calificadoras, o sea atacar al mensajero en lugar de entender y actuar frente al mensaje.
Hace unos meses tuve la oportunidad de conversar con una misión de una de las principales agencias calificadoras. De entrada, resumieron la forma en que veían la situación mexicana: México “funciona a pesar de sus contradicciones y, aunque experimenta un gradual deterioro en todos los órdenes, mantiene un equilibrio en sus cuentas fiscales, con una deuda creciente, pero (todavía) no grave, y un pobre desempeño en términos de crecimiento. Hay un claro equilibrio producto de la relación economía formal e informal que evita elevados riesgos políticos, pero no hay un proyecto de desarrollo en ciernes. La pregunta es si el deterioro gradual es sostenible o si México se enfila hacia una discontinuidad.”
Dudo que haya alguien serio -libre de la cerrazón ideológica y política de observadores oficiosos- que no vea en esta fotografía más que una fiel evaluación del momento actual.
La clave radica en el concepto de “discontinuidad.” ¿Qué quiere decir esto? Una discontinuidad puede ser tan simple como una nueva ley que corrige el rumbo previo hasta una mega crisis como las de 1982 o 1995. Si nos vamos a la historia, la caída de Roma fue una evidente discontinuidad, como lo fue la independencia de México. El punto nodal es que una discontinuidad puede ser igual modesta que violenta, administrable o incontenible. Todo depende de las previsiones que se hayan tomado antes de su estallamiento y de la destreza y claridad de mente con que se encare. Aunque México ha padecido muchas “discontinuidades” en las décadas pasadas, algunas de naturaleza financiera, otras de origen político, todas pudieron ser manejadas gracias a la existencia de una estructura institucional que le confirió fortaleza al equipo gobernante y una capacidad técnica para enfrentarlas. Me temo que hoy ya no existe ninguna de esas dos fuentes de estabilidad y operación.
La pregunta entonces es si el gobierno logrará desarrollar la capacidad necesaria (y urgente) para asimilar la complejidad del momento que atraviesa el país y el propio gobierno o si persistirá en enconcharse, proteger el statu quo y pretender que encerrándose en una retórica trasnochada podrá salir del hoyo en que se encuentra. El dilema no es difícil de dilucidar: las presiones vienen tanto de Palenque como de Washington y unas chocan con las otras, a la vez que no encuentran salida porque se topan con una ceguera intencional. La única alternativa sería reconocer que la ceguera es deliberada y que las salidas se encuentran construyendo una nueva manera de concebir el dilema porque, de lo contrario, el colapso será inevitable.
Otra manera de decir lo anterior es que la salida no se encuentra acatando instrucciones de Palenque o de Washington, sino desarrollando una nueva institucionalidad con su estrategia de seguridad y crecimiento económico que, por definición, implicaría redefinir y reconstruir el marco político y legislativo que hoy existe. Con esto no quiero sugerir que esto es algo sencillo de lograrse, pero es lo único que, a mi entender, permitiría romper el dilema.
Cuando de Gaulle retornó al gobierno en 1958 Francia estaba atrapada en un inescapable dilema: mantener Argelia a un enorme costo reputacional y frente al ejército, o abandonarla, traicionando a los franco-argelinos y corriendo el riesgo de un conflicto civil dentro de Francia. En lugar de paralizarse, de Gaulle redefinió el interés nacional, negoció desde una posición de fortaleza y no de desesperación.
México enfrenta un reto similar. La solución no radica en encajonarse en una inasible continuidad, sino en encontrar la imaginación política para romper con ella.
/ Todos sabíamos que el 2026 vendría duro en la relación bilateral México–Estados Unidos: la revisión del T-MEC, el Mundial de Futbol, las elecciones intermedias en nuestro principal socio y vecino, la competencia geopolítica con China, por mencionar algunas razones estructurales.
Ciudad de México, marzo 11, 2026. En el marco de su 25° aniversario, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) celebró el primero de sus eventos conmemorativos con un conversatorio con excancilleres, un espacio de diálogo y reflexión sobre los retos y oportunidades de la política exterior mexicana en un orden cambiante.
El encuentro contó con la participación de las y los excancilleres: Bernardo Sepúlveda, José Ángel Gurría, Jorge Castañeda, Patricia Espinosa (en línea) y Claudia Ruiz-Massieu, y fue moderado por Héctor Cárdenas, presidente de COMEXI.
Durante el evento, las y los ponentes compartieron sus experiencias al frente de la política exterior mexicana y reflexionaron sobre la vigencia de los principios constitucionales que históricamente han guiado la política exterior de México. En este sentido, destacaron que el ejercicio de la diplomacia implica equilibrar principios e intereses, así como interpretarlos de manera dinámica frente a los cambios del entorno internacional.
Las y los participantes también enfatizaron la relevancia de que México mantenga una presencia activa en el ámbito multilateral, participando en cumbres internacionales y fortaleciendo su interlocución con otros países, especialmente en un contexto internacional caracterizado por la incertidumbre y por un sistema internacional en transformación.
Asimismo, señalaron que México cuenta con oportunidades para impulsar una política exterior más activa, revitalizar su participación en foros y consolidar alianzas estratégicas —como con la Unión Europea— que permitan ampliar su margen de acción internacional.
Dentro de las prioridades inmediatas se destacó la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como la necesidad de garantizar certeza jurídica para la inversión extranjera. También se subrayó la importancia de fortalecer la relación con Norteamérica, y particularmente con Estados Unidos, mediante una estrategia más proactiva —y no meramente reactiva—, además de impulsar la diversificación no solo en el ámbito comercial, sino también a través de la reapertura del diálogo en temas estratégicos.
Finalmente, las y los excancilleres compartieron sus principales aportaciones a la diplomacia mexicana, así como reflexiones sobre lo que les hubiera gustado impulsar y lo que, en retrospectiva, pudo haberse hecho mejor. Entre aspiraciones, memorias y testimonios destacaron temas como la diversificación del comercio exterior, la recuperación de espacios de influencia en distintas regiones, la organización de cumbres internacionales y el fortalecimiento del Servicio Exterior Mexicano, entre otros.
Para más información escribe a: comunicacion@consejomexicano.org
/ Quizá una de las consecuencias más directas, pero menos pensadas del libro Ni Venganza Ni Perdón de Julio Scherer es que pareció confirmar mucho de lo que se decía ya dentro y fuera del país acerca del gobierno fundador de la llamada Cuarta Transformación.
Los señalamientos sobre problemas de legalidad están ahí, significados menos por las que hubieran sido quizá debatibles, pero justificables decisiones de corregir abusos previos que por el deseo de imponer determinaciones basadas más en el deseo personal, en el "yo creo" o en la simpatìa ideológica que en capacidades.
El Año de la Serpiente,1 próximo a finalizar el 16 de febrero del año en curso, concluirá con un sabor agridulce para el derecho internacional que fue vulnerado —una vez más— por quien prometió defender y hacer valer la Carta de las Naciones Unidas en virtud de su conveniencia y sus intereses. La madrugada del 3 de enero, el gobierno de Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump, decidió de forma unilateral llevar a cabo una intervención militar en la capital de la República Bolivariana de Venezuela con el objetivo de capturar al ciudadano presidente Nicolás Maduro Moros, considerado el líder del supuesto Cártel de los Soles, organización de una red de narcotráfico, y a su esposa, Cilia Flores. La intervención tomó por sorpresa a la comunidad internacional, que condenó categóricamente la acción, pero ningún Estado le hizo frente de forma directa al invasor.
El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) y la Unidad de Estudio y Reflexión sobre China, presentan el análisis: “El papel de China en materia de comercio e inversiones con los países de América del Norte".
El documento analiza cómo China se ha convertido en un actor central en la economía global y su presencia impacta directamente en América del Norte. Mientras Estados Unidos de América y Canadá endurecen regulaciones frente a capital chino en sectores estratégicos, México enfrenta señales contradictorias: recibe inversiones en manufactura, electrónica y automotriz, pero también impone aranceles y frena proyectos por presiones de Washington.
El análisis ofrece un diagnóstico, escenarios posibles y recomendaciones clave, enfatizando que México debe construir una narrativa estratégica que combine la estabilidad del T-MEC con la innovación y el financiamiento ofrecidos por China. Solo un enfoque pragmático, claro y coherente permitirá reducir vulnerabilidades, fortalecer cadenas de valor y proyectar a México como socio confiable y competitivo en la economía global.