Miguel Ruíz Cabañas / A lo largo de casi ocho décadas, la alianza occidental, articulada en torno a la OTAN, conformada por Estados Unidos, Canadá y Europa occidental, constituyó un eje central del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Su cohesión descansaba en tres pilares: liderazgo estratégico estadounidense, convergencia de valores democráticos (democracia y derechos humanos) y un entramado económico y de seguridad mutuamente beneficioso. Hoy, ese andamiaje muestra una
Miguel Ruíz Cabañas / A lo largo de casi ocho décadas, la alianza occidental, articulada en torno a la OTAN, conformada por Estados Unidos, Canadá y Europa occidental, constituyó un eje central del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. Su cohesión descansaba en tres pilares: liderazgo estratégico estadounidense, convergencia de valores democráticos (democracia y derechos humanos) y un entramado económico y de seguridad mutuamente beneficioso. Hoy, ese andamiaje muestra una fractura profunda que permite hablar, sin exageración, de un derrumbe de facto de la alianza occidental y hasta de un posible final de la OTAN.
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