/ El nombramiento de Roberto Velasco como secretario de Relaciones Exteriores puso énfasis en los retos que deberá enfrentar el nuevo canciller. Desafiantes como son los externos, pueden ser más graves que los domésticos.
Al margen de lo que se piense sobre la juventud de Velasco o el camino que siguió para llegar a encabezar la SRE, habría que anotar que el principal desafío está en la relación con un Estados Unidos cuyo gobierno desdeña alianzas que no sean en sus propios términos y considera las leyes internacionales más como un limitante que un marco sólido de relaciones.
/ Como ya hemos señalado en esta columna, los conflictos actuales no se definen solo por armas físicas, sino por sistemas que procesan información, orientan decisiones y moldean percepciones. La guerra de Irán lo confirma. Se trata de un conflicto integrado en el que cada operación militar tiene un equivalente digital.
Misiles y acciones en aire y tierra se combinan con ciberataques, sabotaje a infraestructuras críticas y campañas de desinformación.
Analiza para Enfoque Noticias la denuncia de México ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por las muertes de connacionales en centros de ICE en Estados Unidos.
Analiza la estrategia de Washington frente a la guerra con Irán. Señala que Donald Trump busca controlar la narrativa, particularmente ante los altos costos políticos y económicos del conflicto; sin embargo, subraya que aún no existe un acuerdo político-militar con Irán.
/ Las noticias sobre lo que ocurre en el mundo son alarmantes, tanto o más que los desplantes de poder unilateral de algunos dirigentes. El desorden anuncia la ruptura del orden liberal establecido en 1945 y la transición hacia un escenario incierto y sin rendición de cuentas. Ya asoman perfiles autoritarios que van a contrapelo de la experiencia del género humano para coordinarse en temas que contribuyen a su bienestar, porque apuntalan la seguridad sostenible y la paz. En este contexto, el deterioro de la ONU y su cansancio institucional van de la mano de su incapacidad para contener conflictos y traducir riesgos en oportunidad de progreso. Cierto, la evolución de las relaciones internacionales ha alterado el equilibrio del poder que a duras penas subsiste en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. La realidad actual impacta negativamente ese diseño de gobernanza y alienta el fortalecimiento de viejas y nuevas hegemonías, que aspiran a ocupar un lugar preponderante a nivel regional o universal.
/ Hablar de logística internacional y autotransporte de carga aún sugiere, para muchas personas, una perspectiva masculina: camiones, carga pesada, patios de maniobras, largas jornadas en carretera e infraestructura deficiente. Sin embargo, esta percepción está quedando cada vez más rezagada. La participación de las mujeres en el sector logístico no sólo ha crecido, sino que está transformando la forma en que se piensa, se gestiona y se innova en una de las industrias más estratégicas para la economía global.
La participación de las mujeres no se limita a ocupar espacios históricamente negados, sino a redefinirlos. Han demostrado la capacidad para integrar, cambiar y mejorar procesos, gestionar riesgos y retos, coordinar equipos multidisciplinarios y adoptar nuevas tecnologías, estas son competencias clave en un entorno tan volátil donde la eficiencia y la adaptabilidad son esenciales.
En el autotransporte de carga, la presencia femenina representa también un cambio cultural profundo. Ya sea como operadoras, ejecutivas, ingenieras, directoras, emprendedoras o líderes, las mujeres están cuestionando prácticas tradicionales y promoviendo entornos laborales más seguros, colaborativos, dinámicos y profesionalizados. Esto es un gran paso: mejorar las condiciones laborales y la toma de decisiones impacta directamente en la productividad y la innovación del sector, teniendo beneficios para hombres y mujeres por igual.
Además, la innovación logística se ve fortalecida cuando existe diversidad en la toma de decisiones. Las mujeres suelen impulsar soluciones orientadas a la optimización de procesos, el uso inteligente de datos, la trazabilidad, la reducción de impactos ambientales, la integración de equipos y la gobernanza corporativa. No se trata de una diferencia biológica, sino de trayectorias y experiencias distintas que enriquecen la forma de resolver problemas complejos.
De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía (2025) en el primer trimestre del 2025, se tenía registrada solo el 1.78% de participación de mujeres conductoras, destacando como principales retos; barreras culturales y discriminación de género, falta de capacitación y acceso a oportunidades, seguridad y riesgos laborales en carretera, equilibrio entre vida personal y laboral, brecha salarial (mientras los hombres ganan promedio de 7,800 pesos al mes, las mujeres promedian 4440 pesos al mes), e infraestructura laboral no adecuada.
Reconocer el papel de la mujer en la logística internacional y el autotransporte de carga no es solo un acto de justicia social, sino una estrategia de competitividad. Apostar por su participación significa arriesgarse por un sector más moderno, resiliente e innovador. La logística del futuro, sin duda, también se conduce con liderazgo femenino. Implica una innovación social por buscar mejores esquemas de contratación, políticas organizacionales enfocadas en equidad de género, y ambientes laborales más diversos, que permitan la creatividad y generen seguridad para la resolución de problemas. Es una respuesta a la escasez de talento que atraviesa el sector.
Otro punto por destacar es que, gracias a la tecnología, el papel de la mujer en la logística internacional es fundamental. Permite mayor participación en áreas de planeación, análisis y coordinación internacional, así como reducir las dificultades físicas para maniobrar maquinaria o manejar unidades de carga pesada.
Finalmente, se puede concluir que la mujer viene a aportar al sector para impulsar mejoras en las condiciones laborales, reducir la brecha salarial y la desigualdad y promover un ambiente óptimo para que la industria pueda seguir innovando.
/ Ayer, domingo 5 de abril, la cristiandad celebró el “Domingo de Resurrección”, la base fundamental de la fe cristiana que sostiene que Jesús resucitó después de su muerte, ocurrida dos días antes. Así lo expresó desde el siglo primero Pablo de Tarso en su carta a los Corintios: “sin resurrección, vana es nuestra fe”. En esa creencia se resume una de las ideas más poderosas de la historia de la civilización occidental: la muerte, que nos alcanza a todos, no tiene la última palabra. No es el final de todo.
/ Hoy, las elecciones ya no se disputan únicamente en espacios tradicionales —plazas públicas, medios de comunicación, calles o incluso en las propias urnas—. También se libran en redes sociales, donde algoritmos y sistemas de inteligencia artificial influyen —muchas veces sin que lo advirtamos— en lo que pensamos y en cómo decidimos votar.
Toda estrategia política busca conectar con las emociones. Sin embargo, con la inteligencia artificial, la escala y precisión de esa influencia se han transformado. La pregunta es inevitable: ¿realmente decidimos libremente o alguien está incidiendo en lo que creemos?
La dimensión del fenómeno es clara. De acuerdo con la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en 2025 más de 6,000 millones de personas tenían acceso a internet. Para millones, las redes sociales son su principal fuente de información, incluidos los temas políticos. Esto plantea una interrogante central: ¿qué tan confiable es lo que consumimos diariamente? Aunque el uso de internet en elecciones no es nuevo, la pandemia consolidó a las redes sociales como eje de la comunicación política. La inteligencia artificial ha profundizado esta tendencia: hoy los mensajes son más atractivos, personalizados y persuasivos. Desde 2020, más de 90 elecciones presidenciales han ocurrido en este entorno digital intensivo.
La IA permite segmentar audiencias y comunicar con gran precisión, pero también abre la puerta a la manipulación, la desinformación y la polarización. No se trata solo de propaganda, sino de contenidos diseñados estratégicamente para influir en percepciones y decisiones.
México no es ajeno a este fenómeno. En las elecciones de 2024 coexistieron información verificada, campañas de desinformación, cuentas automatizadas y contenidos manipulados. La línea entre lo auténtico y lo fabricado es cada vez más difusa. El riesgo es claro: si se debilita la confianza en la información, también se erosiona la confianza en las elecciones. Y sin confianza, la democracia pierde sustento.
La regulación avanza, pero la tecnología lo hace a mayor velocidad. Por ello, el desafío no es solo normativo, sino también ciudadano.
Hoy, ejercer la ciudadanía implica algo más que votar: exige cuestionar, verificar y asumir una postura crítica frente a la información.
La inteligencia artificial no es, por sí misma, ni buena ni mala; es una herramienta poderosa cuyo impacto dependerá del uso que se le dé.
La pregunta de fondo permanece y es ineludible: ¿estamos decidiendo en los procesos electorales con información verificada que nos permite elegir a los mejores perfiles y fortalecer nuestra democracia, o estamos aprendiendo a votar en un entorno cada vez más moldeado —y sofisticado— por la influencia de las redes sociales y la inteligencia artificial?