Jorge Álvarez Fuentes, embajador de México en retiro, habló para Contextos sobre los lineamientos que deben seguir los representantes mexicanos en relación a los bienes y recursos de las embajadas. Lo anterior, ante el caso del hijo de Marcelo Ebrard, hoy secretario de Economía, quien vivió en la sede diplomática de Londres, al menos ocho meses con cargo al erario.
/ El descubrimiento de que hay agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) operando en México, luego de que dos de ellos murieran en un accidente en Chihuahua durante un operativo antidrogas con las autoridades estatales, llama la atención menos por el escándalo que por su obviedad.
/ Todos los días y a todas horas la información nos llega por todos lados, vivimos conectados a redes sociales como WhatsApp, TikTok, Instagram o X, y justo por eso estamos más expuestos que nunca a la desinformación, a esas noticias falsas que parecen ciertas pero que, si rascas un poco, descubriremos cuenta de que hay más fake news circulando en las redes de lo que pensamos.
A este fenómeno se le llama falta de alfabetización mediática e informacional, un nombre larguísimo para algo muy sencillo, que no sabemos distinguir lo real de lo falso en el mundo digital. Y no es culpa nuestra, porque nos enseñaron matemáticas, lengua, historia… pero nadie nos explicó cómo funciona un algoritmo, por qué una noticia se vuelve viral o cómo detectar una imagen hecha con inteligencia artificial.
Y ojo, que esto no es un problema menor, porque la desinformación ya no es solo que te creas que una celebridad ha fallecido, sino que ahora afecta a decisiones reales, tales como cuando una persona deja de vacunarse por las noticias falsas que circulan en cadenas de audio, ciudadanos que votan por algún político convencidos de datos falsos, o familias que pierden sus ahorros por una estafa bien contada en un grupo de Telegram.
Hablando de cifras, el impacto es enorme porque la desinformación le cuesta a la economía mundial casi 500 mil millones de dólares al año según la consultora Sopra Steria, y eso solo en pérdidas directas sin contar el daño social que genera.
Además, los deepfakes están empeorando todo porque cualquiera puede crear un discurso falso del presidente, una foto de una explosión que nunca ocurrió o un testimonio desgarrador de alguien que no existe. De hecho, Reporteros Sin Fronteras (RSF) documentó al menos cien periodistas víctimas de deepfakes en 27 países distintos entre diciembre de 2023 y diciembre de 2025.
Entonces, ¿Qué se debe hacer?
La solución no es volverse paranoico ni vivir con miedo, es aprender a dudar de forma inteligente, es como tener un radar interno que te avisa: “Oye, esto huele raro, mejor verificarlo antes de compartirlo”.
Hay trucos muy simples que se pueden aplicar:
- Revisar la fuente, ¿es un medio conocido? ¿tiene fecha? ¿el autor existe? - Sospechar de los titulares muy fuertes o amarillistas, si algo te parece increíble quizá lo sea - Buscar en Google una parte de la noticia entre comillas y verás si otros medios confiables la publicaron - Fijarse en la calidad de la imagen, ¿tiene bordes raros? ¿las manos tienen seis dedos? eso delata mucho a la IA actual - Por último, si no tiene certeza de si es verdad, mejor no compartir En Finlandia, por ejemplo, llevan décadas enseñando a los niños a detectar las noticias falsas y les funciona porque son uno de los países europeos más resistentes a la desinformación, no porque sean más listos sino porque se les inculca la duda desde pequeños.
En el caso de México, se sigue pensando que esto es cosa de expertos o de periodistas, y no, la alfabetización mediática es tan básica hoy como aprender a leer y escribir, porque si no la enseñamos en colegios, institutos y también en casas se estará educando generaciones enteras que creerán cualquier cosa que vean en una pantalla.
En este orden de ideas, urge incorporar una asignatura, o al menos talleres o conferencias en las escuelas, sobre cómo funciona internet, qué son los algoritmos, por qué nos muestran ciertos contenidos y no otros, y cómo verificar la información. No es complicado ni requiere una reforma imposible; solo necesita voluntad política y entender que, hoy, saber navegar el mundo digital es tan básico como leer y escribir. Porque una sociedad que no sabe distinguir entre información y manipulación es también una sociedad más vulnerable.
Mientras tanto, se puede empezar por nosotros mismos, así que la próxima vez que le llegue un audio de alguna noticia escandalosa, una foto sospechosa o un mensaje que diga “comparte para que se sepa”, haz una pausa, respira y pregúntate: ¿esto es real? y si no lo sabes, no hay que compartirlo.
La alfabetización mediática e informacional no consiste solo en aprender a usar redes sociales o distinguir una noticia verdadera de una falsa. De acuerdo con la UNESCO, se trata de un conjunto de competencias y actitudes que permite a las personas acceder, evaluar, utilizar y también producir información de manera crítica y responsable, especialmente en entornos digitales. En otras palabras, no es un conocimiento accesorio, sino una habilidad básica para la vida contemporánea, porque ayuda a entender cómo circula la información, quién la produce, con qué intención y qué efectos puede tener en la sociedad.
Debe entenderse como una competencia ciudadana esencial, no limitada al consumo de noticias, sino orientada a formar personas capaces de pensar críticamente, contrastar fuentes y participar de manera responsable en la vida pública. En un entorno donde la desinformación circula con rapidez y los algoritmos condicionan buena parte de lo que vemos, esta formación deja de ser un complemento educativo y se convierte en una necesidad democrática.
Porque no se trata de no creer en nada, sino de creer mejor, ya que en la era digital la mejor defensa no es un antivirus, sino tu propio criterio.
/ La tarde avanzaba como cualquier otra en la autopista México-Tuxpan. Dos médicas viajaban en una camioneta. No huían, no participaban en ningún delito, no formaban parte de ningún operativo. Iban en tránsito, como miles de personas que cruzan una carretera confiando en algo elemental: que la violencia ocurre lejos, que la autoridad está para contenerla y que, incluso en medio del caos, hay una línea que protege a los inocentes.
/ Lo sucedido en Hungría tiene lecciones sumamente relevantes para la oposición mexicana. El régimen de Viktor Orbán –que otrora parecía imbatible– ha caído de la noche a la mañana. Qué contexto lo provocó, cuál fue el discurso de la oposición y qué sigue son algunas reflexiones que debería tener la oposición en el país… si es que quieren regresar al poder.
La preocupación de los húngaros no era la democracia, sino la mala situación económica y la corrupción endémica. El candidato ganador, Peter Magyar, jamás habló de democracia, sino de los famosos temas de “pan y mantequilla” y del enriquecimiento indignante de familiares y amigos de Orbán. Y, además, aderezo su discurso de nacionalismo.
Aunque la presidenta Sheinbaum sigue teniendo altos niveles de aprobación, crece el rechazo a su manejo de la economía, de la corrupción y, además, de la seguridad. El 70% de aprobación personal contrasta con el 42% que reprueba su manejo de la economía, el 79% de la corrupción y el 53% de la seguridad pública (El Financiero).
Hungría no era una dictadura, pero sí un régimen autoritario competitivo, con todos los contrapesos formales –y la gran mayoría de los informales– favoreciendo a Orbán. Y, sin embargo, la oposición existía y tenía la posibilidad —aunque remota— de llegar al poder.
Esa es la dirección de México, que solo se acelerará con la próxima captura del Instituto Nacional Electoral (INE). Como bien lo indica la experiencia húngara, la economía y la corrupción tendrán que empeorar en el país para que una parte considerable de la población se oponga al morenismo. Y mucho indica que así será: la economía no arranca ante la enorme incertidumbre provocada por Trump y las reformas de Morena, aunado a que las políticas de aumento del salario mínimo han llegado básicamente a su fin. Y sobre la corrupción, toda la experiencia internacional —y el sentido común— indican que sin transparencia y en un contexto de creciente autoritarismo, esta inevitablemente crecerá. Ahí está Transparencia Internacional, que dice que 2024 fue el año de mayor corrupción en el país desde que lleva a cabo el estudio: hace treinta años.
Sin embargo, cabe resaltar que Peter Magyar fue durante muchos años un ferviente partidario de Orbán y formó parte de su movimiento. Asimismo, tomó un partido desconocido como vehículo para llegar al poder dos años después.
Ante lo anterior, surge la pregunta de si la oposición provendrá del propio Morena —un movimiento sumamente amplio— o si emanará de algún partido nuevo —tal vez de Somos México, si es que le otorgan el registro— y no de los partidos tradicionales de oposición, con sus muchos negativos. Y vale la pena recordar el apoyo que Hungría recibe de la Unión Europea, tanto en materia de fondos como de reformas, que nosotros no tenemos.
El gran reto para Hungría —que lo será también para México— viene después: desmontar las estructuras del partido en el poder. Mientras tanto, la oposición debe asumir su papel de insurgente, como lo hizo el morenismo en su momento: en la pelea contra los intereses arraigados y la corrupción. Es remar contracorriente: contra el partido en el poder y contra las inercias de la propia oposición.
/ La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) y su nuevo secretario La designación de Roberto Velasco no se explica tanto por una lógica diplomática clásica como por una combinación de confianza política, continuidad operativa, control interno y capacidad de ejecución en el frente más sensible de la política exterior mexicana, la relación con Estados Unidos. No se buscaba necesariamente a un canciller con trayectoria global, sino a alguien que no generara fricciones internas, que entendiera la lógica política del proyecto y que garantizara alineación con las prioridades del Ejecutivo. En ese sentido, Velasco representaba continuidad sin autonomía excesiva: un operador confiable más que un arquitecto de política exterior.
/ Las señales son indiscutibles, débiles todavía, pero cada vez más visibles. El hecho es que el presidente Donald Trump y su gobierno se preparan a hacer cambios, para tratar de enfrentar y evitar lo que de momento parece -y puede ser- una brutal derrota en las elecciones legislativas el próximo noviembre.
La anunciada salida de la secretaria del Trabajo, Lori Chávez-De Remer, se da en medio de versiones sobre abuso de poder, consumo de alcohol en el trabajo y relación extramatrimonial con un subordinado. Es la tercera persona en abandonar el gabinete de Trump este año y todas son mujeres.
/ El módulo de lectura denominado MOLEC del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) es una herramienta que revisa el comportamiento lector e investiga las razones de la no lectura en la población analfabeta en nuestro país. A partir del año pasado, se consideró en su análisis a la población de 12 a 17 años.
De la totalidad de personas analfabetas, es decir, 103.9 millones de personas, el 62.5% leyó libros; el 45.7%, páginas de internet, foros o blogs; 29.6%, revistas; 24.8%, periódicos y 20.9%, historieta y otros materiales.