/ El calendario lo marca: a partir del 1 de marzo de 2026, Estados Unidos preside el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que le da ventaja para presionar y avanzar sus acciones contra Irán. Cómo olvidar cuando, en 2022, Rusia, presidiendo el Consejo, atacó Ucrania, conflicto que se ha prolongado por cuatro años ya; la historia no se repite, pero rima.
La presidencia del Consejo es por solo un mes y, si bien los temas a tratar en la agenda prevista para el 1 de marzo, en torno al mantenimiento de la paz y la seguridad, se referían a los niños, la tecnología y la educación en conflictos, el tema será otro: la situación en Medio Oriente derivada de los ataques perpetrados por Estados Unidos con su furia épica e Israel con su rugido de león, el 28 de febrero de 2026 contra Irán, así como la respuesta bélica que ese país ha tenido, involucrando a otros países de la región, principalmente en la península arábiga.
/ En el campo de las políticas públicas, los golpes espectaculares suelen producir dos tentaciones simétricas: el triunfalismo —“esto ya se resolvió”— y la parálisis —“ahora viene lo peor”—. Ambas son malas consejeras. Y ambas se combaten con lo mismo: estrategia.
En los últimos días, todos los medios nacionales e internacionales reportaron los detalles del operativo del domingo pasado en Tapalpa, Jalisco, seguida de reacciones violentas y disrupciones en distintos puntos del país. También leímos comentarios y opiniones de los expertos. Ciudadanos, empresas y gobiernos hemos sido afectados por un evento de alto impacto: no solo por el valor simbólico del objetivo, sino por los efectos de segundo orden —fragmentación, luchas sucesorias, reacomodos regionales, incentivos para rivales— que suelen abrirse después de la caída de un “jefe” criminal.
Aquí es donde conviene alejarnos del lenguaje épico y entrar en el terreno de la estrategia. Uno de los expertos en este campo es el profesor Roger Martin. Escritor, asesor estratégico y, en 2017, fue nombrado el pensador de gestión número uno del mundo. También fue decano de la Escuela de Administración Rotman de la Universidad de Toronto y director en Monitor Company.
/ Hay países donde parece que el tiempo se detuvo y nada logra empujarlos en una nueva dirección. En esta situación están Cuba e Irán, que sobrevivieron al fin de la Guerra Fría como si el mundo no hubiera cambiado. Ello no sería necesariamente problemático si no fuera porque sus gobiernos han hecho de la supervivencia del régimen -el comunismo trasnochado y la teocracia de los ayatolás- su razón de ser, sin ofrecer a su ciudadanía un desarrollo decente.
/ En un sistema internacional marcado por la fragmentación, la competencia geopolítica y la búsqueda de nuevos equilibrios, la diplomacia multilateral se ha convertido en una herramienta clave para las potencias medias. Türkiye parece haber entendido bien esta lógica. En 2026, el país se colocará en el centro de la agenda global gracias a un intenso calendario de cumbres y foros internacionales en Ankara, Antalya y Estambul, que consolidan su proyección como uno de los actores más influyentes de la actualidad.
La llamada diplomacia de cumbres es una herramienta importante para las potencias medias. Ser el anfitrión de eventos de alto nivel va más allá de los aspectos logísticos: es un rol que garantiza acceso a discusiones y negociaciones en las que el país puede promover sus intereses y contribuir a la construcción de consensos.
El calendario diplomático de Türkiye para 2026 incluye la Cumbre de la Unión Interparlamentaria Internacional (abril, Estambul); la Cumbre de Líderes de la OTAN (julio, Ankara); la Cumbre de Cambio Climático, COP31 (Antalya, noviembre) y la Cumbre de Líderes de la Organización de los Estados Túrquicos (último trimestre del año, con sede por definir).
A ello se suma el Foro de Diplomacia de Antalya, que se celebrará en abril. Este encuentro, comparable a la Conferencia de Seguridad de Múnich o el Foro Raisina de India, se ha consolidado como un espacio cada vez más relevante, cuya agenda refleja las prioridades de la política exterior turca y la visión de Ankara sobre los desafíos globales más apremiantes.
Hospedar cumbres y foros internacionales es también un ejercicio de poder suave. El papel de anfitrión dará a Türkiye margen para influir en la agenda de las discusiones, incidir en la redacción de declaraciones finales y acceder a conversaciones informales de alto nivel. Es un ejercicio de liderazgo a través de la hospitalidad y la capacidad de convocatoria.
Las cumbres de 2026 ofrecerán a Türkiye una oportunidad de afianzar su identidad como un constructor de acuerdos y un actor internacional responsable. Será especialmente relevante observar la construcción de consensos al interior de la OTAN en temas como la guerra en Ucrania, así como las negociaciones en la COP31 sobre energía y financiamiento para el cambio climático.
Estos encuentros también permitirán a Türkiye mostrar al mundo sus capacidades de organización, el profesionalismo de su servicio diplomático, la infraestructura de sus ciudades, sus atractivos turísticos -principalmente en el caso de Antalya- y su riqueza cultural. Una cumbre internacional es más que política, es una plataforma global de proyección de imagen.
Desde luego, hospedar cumbres es una inversión significativa. Türkiye deberá asumir costos importantes en materia de seguridad, infraestructura, traductores, tecnología y logística. Sin embargo, se trata de una apuesta estratégica orientada a consolidar una marca nacional que, en el mediano plazo, puede traducirse en mayor atracción de inversiones, turismo y capital político.
El intenso calendario de 2026 es el resultado de la confianza que Türkiye se ha ganado en el escenario internacional. Constituye, además, un ejemplo para otras potencias medias -como México- sobre la importancia de mantener una política exterior activa, una diplomacia profesional y un papel en el mundo que sea factor de orgullo nacional.
Türkiye se ha consolidado como uno de los centros más dinámicos de la política internacional contemporánea. Más allá del prestigio y la visibilidad, tendrá la oportunidad única de contribuir a la búsqueda de soluciones a los principales desafíos globales, que se enmarquen en el derecho internacional y que enfaticen el valor del multilateralismo. No queda más que desearle éxito en este ambicioso ejercicio diplomático.
/ El fallido intento de un grupo de exiliados cubanos por infiltrarse en la isla en lo que parece una misión de sabotaje o de aprovechar la aparente debilidad del gobierno cubano para tratar de organizar su caída, puso de relieve que en la relación entre Estados Unidos y Cuba hay otros jugadores con intereses propios.
En términos reales, hay cientos de miles de personas que residen en el sur de la península de Florida y algunas de ellas, nadie sabe exactamente cuántas, son militantemente opuestas al actual régimen cubano y dispuestas a actuar, incluso contra las disposiciones del gobierno estadounidense.
/ Europa enfrenta una transformación estructural que ya no puede gestionar con reflejos regulatorios. Durante décadas, la Unión Europea prosperó bajo una ecuación estable: interdependencia económica, energía accesible y primacía del derecho comercial internacional.
Ese equilibrio se ha erosionado. La guerra en Ucrania ha reconfigurado la seguridad continental y puesto a prueba la cohesión política del bloque, China ha consolidado un modelo industrial expansivo con subsidios estratégicos en sectores de alto valor, desde semiconductores hasta energías limpias, y EU abandonó el libre comercio clásico para apostar por seguridad tecnológica, incentivos fiscales masivos y relocalización productiva.
/ Cuando se piensa en política exterior, es común imaginar negociaciones multilaterales, discursos ante organismos internacionales o la firma de tratados comerciales.
Sin embargo, una de las expresiones más concretas y cotidianas del Estado mexicano en el mundo ocurre en los consulados, lejos de los reflectores, donde cada día se atienden miles de trámites que dan sentido a una diplomacia de proximidad.
/ En vez de presentar un reporte a la Nación y delinear su programa de gobierno para el futuro inmediato, el presidente Donald Trump aprovechó el primer Mensaje sobre el Estado de la Unión de su segundo mandato para ofrecer un gran espectáculo en el que se presentó como el salvador de Estados Unidos y atacó a los demócratas como protectores de indocumentados responsables de (casi) todos los problemas del país.