/ La última frase de la cinta The Man Who Shot Liberty Valance, una de las películas clásicas del género del oeste estadounidense, dice: "Cuando la leyenda se convierte en hecho, se imprime la leyenda".
La película aborda una situación que se convierte en mito y es conservada por necesidades políticas antes de convertirse en un "hecho".
/ ¿Qué será peor, tener un proyecto de futuro que empata con la cambiante realidad del país y del mundo o pretender que es posible sobrevivir aislados en la era de la ubicuidad de la información y la exacerbación de las expectativas? Esta interrogante yace en el corazón de la sabiduría que por muchas décadas destiló y compartió con todo aquel que quisiera escuchar a David Konzevik.
Konzevik llegó a México justo en el momento en que el país experimentaba su peor era de crisis financieras. Su perspectiva, profundamente inteligente, pero también libre del cochambre que nos caracteriza, contribuyó de manera decisiva a enfocar al país hacia el futuro y hacia afuera. Quizá nada resuma su filosofía política mejor que su frase lapidaria: “En democracia y en el mundo globalizado el poder es como un violín: se toma con las izquierda pero se toca con la derecha.”
México estaba sumido en sus crisis mientras que la retórica gubernamental insistía que “vamos en la dirección correcta” o, en el vernáculo actual, simplemente “vamos bien.” Konzevik insistía que “en un mundo donde el desafío es que la brecha entre las expectativas y la realidad no se hagan intolerables para la sociedad, o dicho de otra manera donde las expectativas suben por el elevador y el nivel de vida por las escaleras, el tema no es la dirección correcta, sino la velocidad.” Y proseguía “el tema de la velocidad tiene que ver con lo que es la clave de nuestro tiempo: el pasado ya no cuenta. La gente mira a los costados y si otros están mejor se siente infeliz. Vivimos en un mundo donde lo absoluto tampoco cuenta. Lo relativo es lo relevante.” Esta sabiduría no sobra en la era en que el gobierno intenta restaurar el pasado en lugar de construir el futuro.
En un mundo crecientemente complejo, en vez de sociedad del conocimiento, “deberíamos decir que estamos en la “sociedad de la ignorancia.” Y añadía: “quien piense que las cosas no se pueden poner peor no conoce la historia de (su nativa) Argentina.” Porque "los pobres de hoy son ricos en información y millonarios en expectativas". En esas circunstancias, "el arte de gobernar es el arte de manejar las expectativas. El país ha mejorado, pero en el manejo de expectativas nuestros gobiernos de las últimas décadas han sido atroz.”
En uno de mis libros comencé con un epígrafe de León Felipe: “Voy con las riendas tensas y refrenando el vuelo, porque no es lo que importa llegar solo ni pronto sino llegar con todos y a tiempo.” Al respecto, David me escribió: “en la vieja y perturbadora diferencia entre la democracia que busca la igualdad y la economía de mercado que acepta la inevitable desigualdad -con sus problemas de conciliación-, la expresión ‘ni pronto sino llegar con todos y a tiempo,’ puede insinuar que es irrelevante la velocidad y que con todos y a tiempo puede leerse como una igualdad utópica, o peor aún como aceptable una pobreza homogeneizadora ‘a la Fidel’.”
“El mundo digital modifica el tiempo y la distancia. La tecnología actual permite a cualquier persona ver cómo viven los demás en tiempo real. ‘No se desea lo que no se conoce’ decía Ovidio hace 2000 años, y por ello, en la actualidad todos desean lo que saben que existe y no tienen. El desafío para todo sistema político es que además lo quieren ya.” Por lo tanto, “el arte de gobernar es el arte de manejar esa brecha, lo que Borges hubiera llamado ‘el tamaño de mi ignorancia’.”
Sobre la educación decía que "si el gobierno no pone a la educación como la más alta prioridad, no importa lo que haga, habrá perdido el futuro [porque] enseñar a pensar es la asignatura toral.” Sobre el mérito afirmaba que “México se ha convertido en un país de títulos universitarios, debe convertirse en un país meritocrático. Las universidades prometen títulos, deberían de prometer capacidades acordes al futuro.” Y concluía: “así como Argentina fue adicta a Perón, México es adicto a los mesiánicos populistas que irresponsablemente pintan promesas incumplibles.”
Como “el tiempo es todo, el momento en que se toman las decisiones es fundamental.” Si se quiere tener éxito como gobierno, “el respeto irrestricto a la ley y la eliminación de la corrupción como fenómeno cotidiano son prerrequisitos para ser exitoso. De otra manera, se está construyendo un enorme edificio sobre una superficie de lodo.”
Un día le comenté que Domingo Cavallo, exsecretario de economía de Argentina, le había mandado saludos. Típico de David, de inmediato acotó el cumplido: “En cuanto al calificativo de brillante que me endilga, no olvides que estuviste hablando con un argentino. Como sabes mis paisanos tienen una peculiar adjetivación para referirse a otro argentino: Si el tipo es mediocre, lo llaman brillante. Si el tipo es bueno, lo llaman excepcional. Si el tipo es brillante, lo llaman genio Y si el tipo es un genio, lo llaman colega ...”
Konzevik desarrolló su teoría de la revolución de las expectativas porque estaba convencido que ese era el factor que definía nuestro tiempo. Por eso, “el arte de gobernar en una dictadura es el arte de manejar el miedo; el arte te gobernar en una democracia es el arte de manejar las expectativas.” Por encima de todo, “hay que repensar lo pensado y pensar lo no pensado.”
/ La muerte de Miguel Mancera Aguayo representa la pérdida de una de las figuras fundamentales de la historia económica moderna de México.
Para comprender la dimensión de su legado al frente del Banco de México no basta hablar de autonomía, inflación o política monetaria. Hay que recordar el país que recibió y, sobre todo, las crisis que México había sufrido antes de su llegada.
/ La invasión de Rusia a Ucrania constituye una clara violación de la soberanía y la integridad territorial de ese país, así como una transgresión al Derecho Internacional. Las causales que Rusia ha esgrimido históricamente son del todo conocidas, pero no constituyen un factor que legitime la guerra. Los espacios para dirimir esas disputas no son los que determinan las armas. Rusia no está sola en esa tendencia: la acompañan Estados Unidos, Israel y otros países. El unilateralismo de las potencias es el cáncer que puede llevarnos a la conflagración final.
No existe en las siguientes líneas más que el ánimo analítico que, desde el realismo, busca desmenuzar un momento de nuestra actualidad y extraer conclusiones del mismo.
El nuevo encuentro entre el presidente estadounidenses Donald Trump y su homólogo ucraniano Volodímir Zelenski en la Casa Blanca, celebrado el 28 de julio de 2026, atrajo la atención internacional, dominada por un ambiente de especulaciones no exento de una carga de morbo. La tristemente célebre reunión del 28 de febrero de 2025 entre ambos mandatarios proyecta una larga y ominosa sombra que condiciona cualquier escenario cada vez que el Presidente ucraniano visita Washington. El protocolo de ese día concedió un respiro al líder ucraniano: esta vez no hubo una conferencia de prensa en el Despacho Oval que pudiera convertirse en el presagio de un nuevo pelotón de fusilamiento público. Kiev tendrá algo más que agradecer al recientemente fallecido senador Lindsey Graham. Sus honores fúnebres obligaron a breves reuniones en privado.
Después de varios meses marcados por una serie de exitosas operaciones ucranianas de ataque en profundidad contra objetivos militares y energéticos rusos situados a cientos de kilómetros del frente, la reunión pareció reflejar un cambio significativo en el ambiente político de Washington. La disposición expresada por Trump en Ankara para considerar el otorgamiento de licencias que permitan la producción de misiles interceptores Patriot en Ucrania, aunada al creciente respaldo bipartidista en el Congreso estadounidense para endurecer las sanciones contra Moscú, alimentó la percepción de que Kiev había recuperado tanto la iniciativa militar como el impulso político.
No resulta difícil comprender esa interpretación. Por primera vez en muchos meses, Ucrania parecía estar moldeando los acontecimientos, en lugar de limitarse a reaccionar ante ellos. Sus ataques con drones de largo alcance evidenciaron una notable capacidad para imponer costos estratégicos en el interior del territorio ruso, mientras que la desaceleración de los avances terrestres de Moscú sugería que el equilibrio militar comenzaba a modificarse. En ese contexto, un Zelenski más seguro, aunque, supongo, protegido por una sana dosis de escepticismo respecto del resultado final de su visita, llegó a Washington con un ánimo renovado: no como el dirigente de un país que luchaba únicamente por sobrevivir, sino como el representante de unas fuerzas armadas capaces de innovar, adaptarse y sorprender, desde el punto de vista operacional, a su adversario.
Sin embargo, la realidad estratégica rara vez coincide plenamente con las apariencias políticas. El verdadero significado del encuentro entre Trump y Zelenski no puede evaluarse de manera aislada. Durante esos mismos días se produjo una serie de acontecimientos que trasciende ampliamente el ámbito de la política estadounidense. Diversos informes revelaron la reducción de los inventarios estadounidenses de misiles interceptores y otras municiones de precisión de largo alcance; Rusia intensificó su campaña de ataques aéreos contra ciudades ucranianas; Polonia volvió a experimentar los riesgos derivados de la proximidad del conflicto al territorio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN); aparecieron indicios de una participación china más activa en el suministro de armamento a Irán, y una fábrica de drones perteneciente a una empresa estadounidense establecida en Kiev fue destruida por un misil ruso.
Considerado de manera aislada, cada uno de estos hechos podría interpretarse como un episodio más dentro de un entorno internacional crecientemente complejo. Analizados en conjunto, sin embargo, parecen apuntar a un fenómeno de mayor alcance. Todo indica que la guerra en Ucrania está dejando de ser un conflicto predominantemente europeo, respaldado por actores externos, para convertirse paulatinamente en uno de los escenarios de una confrontación estratégica mucho más amplia, en la que convergen Europa Oriental, el Medio Oriente, el Indo-Pacífico, la industria occidental de defensa y la rivalidad entre las principales potencias del sistema internacional.
Resulta todavía prematuro afirmar que esta convergencia sea definitiva. La historia ofrece ejemplos de guerras que generan momentos de aceleración y convergencia aparentes que posteriormente se diluyen sin modificar de manera sustancial las tendencias de fondo. No obstante, los acontecimientos recientes obligan a formular una pregunta distinta de la que dominaba el debate hace apenas unos meses. La cuestión ya no consiste únicamente en determinar si Ucrania ha logrado obtener un grado significativo de iniciativa militar o si Washington ha adoptado una actitud más favorable hacia Kiev. La interrogante esencial consiste en establecer si nos encontramos ante los primeros indicios de una nueva fase estratégica, en la que las decisiones políticas, las capacidades industriales, la innovación militar y los conflictos regionales comienzan a interactuar de manera mucho más estrecha que en el pasado.
La distinción no es menor. El impulso político y la capacidad estratégica evolucionan a ritmos diferentes. Una reunión presidencial, una declaración pública o una exitosa operación militar pueden modificar las percepciones en cuestión de días. En cambio, la movilización industrial, la ampliación de la producción de armamento, la formación de personal especializado y la adaptación de las cadenas logísticas son procesos que requieren años. A lo largo de la historia, numerosos líderes políticos han confundido el impulso político del momento con una ventaja estratégica duradera, solo para descubrir posteriormente que el equilibrio real de poder apenas había cambiado y que estaba lejos de traducirse en victorias sostenibles en el frente. La incursión ucraniana en Kursk, entre agosto de 2024 y abril de 2025, constituye un claro ejemplo. Hoy, el nuevo frente profundo abierto por Kiev configura una realidad que ha alterado profundamente la ecuación del combate.
Desde esta perspectiva, los acontecimientos que rodearon el encuentro entre Trump y Zelenski deben analizarse no solo como un episodio diplomático de gran visibilidad, sino como manifestaciones de tendencias estructurales más profundas. Los recientes éxitos militares de Ucrania son indiscutibles y no deben minimizarse. Por su parte, más allá de sus evidentes limitaciones estructurales, Rusia continúa demostrando una significativa capacidad para absorber reveses operacionales sin abandonar sus objetivos estratégicos. Entretanto, pese al optimismo que ha traído el aparente cambio de la marea, el entorno internacional se ha vuelto más complejo, más interdependiente y, probablemente, mucho más demandante para que el apoyo occidental a Ucrania se mantenga como un esfuerzo sostenido y coherente con la nueva realidad estratégica del conflicto.
Comprender estas dinámicas paralelas exige mirar más allá del encuentro celebrado en la Casa Blanca. La cuestión esencial no radica solo en si el presidente Trump ha adoptado una posición más favorable hacia Ucrania, ni siquiera en si la mantendrá. Más importante aún es determinar si el entorno estratégico dentro del cual deberán actuar tanto Washington como Kiev ha comenzado a transformarse de manera más profunda, hasta el punto de que el futuro del conflicto dependa menos del simbolismo diplomático que de factores como la capacidad industrial, la adaptación militar y la creciente interrelación entre escenarios estratégicos que hasta hace poco se analizaban por separado. Hoy tenemos una primera respuesta: Trump ha vuelto a recular y no habrá licencias para que Ucrania fabrique misiles interceptores Patriot. Sin embargo, la relación entre Trump y Zelenski está lejos de haber regresado al punto en que se encontraba en febrero de 2025.
La corta vida de un renovado impulso político tras Washington A primera vista, la narrativa política que siguió al encuentro entre los presidentes Trump y Zelenski resultaba convincente. La visita tuvo lugar después de una de las etapas más exitosas de las operaciones ucranianas de ataque en profundidad desde el inicio de la invasión rusa a gran escala. Las fuerzas ucranianas demostraron una capacidad creciente para alcanzar objetivos estratégicos situados a gran distancia del frente, incluidas instalaciones energéticas, centros logísticos e infraestructura militar localizados a más de mil kilómetros del territorio bajo control de Kiev. Tales operaciones no solo impusieron costos económicos apreciables a Rusia, sino que también cuestionaron la percepción, largamente aceptada, de que la profundidad estratégica de su territorio constituía una protección efectiva frente a ataques sostenidos. Los estrategas rusos confrontan una nueva realidad: la guerra del futuro superará cualquier intento de relocalizar la industria militar, incluso más allá de los Urales.
Éxitos militares de esta naturaleza trascienden inevitablemente el ámbito estrictamente operacional. Influyen en los cálculos de los aliados, modifican las percepciones de los parlamentos, afectan las expectativas de la opinión pública e inciden en la disposición de los gobiernos para mantener o ampliar su respaldo político y militar. En Washington, donde el apoyo a Ucrania ha debido competir con otras prioridades estratégicas de alcance mundial, las recientes operaciones ucranianas han brindado nuevos argumentos a quienes sostienen que la asistencia occidental continúa generando rendimientos estratégicos tangibles. Simultáneamente, ha surgido una nueva narrativa: la marea ha cambiado; la victoria es posible, sostienen unos; una negociación más justa es hoy viable, afirma el bando realista.
En ese contexto, el anuncio del presidente Trump durante la cumbre de la OTAN celebrada en Turquía, relativo a la disposición de Estados Unidos para autorizar la producción bajo licencia de misiles interceptores Patriot en territorio ucraniano, reforzó la impresión de que Washington estaba dispuesto a inaugurar una nueva etapa de cooperación. Aun cuando permanecían sin resolver importantes cuestiones técnicas, industriales y contractuales, el significado político del anuncio era evidente. Tras varios meses marcados por la incertidumbre respecto de la orientación de la política estadounidense hacia Kiev, la Casa Blanca parecía contemplar la posibilidad de una asociación industrial más profunda, en lugar de limitarse a transferir, claro, previo pago, armamento procedente de sus propias existencias.
La evolución del debate político estadounidense contribuyó igualmente a fortalecer esa percepción. Diversas iniciativas bipartidistas orientadas a endurecer el régimen de sanciones contra Rusia evidenciaban que la resistencia frente a Moscú seguía contando con apoyos significativos en ambos partidos, pese a las diferencias existentes sobre el alcance y la duración del compromiso estadounidense. Paralelamente, algunas figuras influyentes dentro de sectores ultraconservadores, tradicionalmente escépticos o incluso opuestos al apoyo a Ucrania, comenzaron a matizar sus posiciones tras conocer de primera mano la evolución del conflicto.
Considerados en conjunto, estos elementos parecían indicar que Ucrania había recuperado un margen político en Washington que pocos habrían considerado posible apenas unos meses antes. Ese margen, debo anotar, debería materializarse en hechos concretos; sin ellos, el impulso político es mera retórica.
No obstante, conviene distinguir cuidadosamente entre impulso político y transformación estratégica. En ese sentido, se puede decir que los límites del impulso político son la capacidad industrial y la restricción de los inventarios de misiles.
La hipótesis de un renovado impulso político generado durante la visita del presidente Zelenski a Washington descansaba sobre un supuesto fundamental: que un mayor respaldo político terminaría traduciéndose en un incremento efectivo de las capacidades militares de Ucrania. Sin embargo, los acontecimientos recientes sugieren que esa relación pronto comenzaría a verse condicionada por factores que la mera expresión de voluntad política, por sí sola, no puede resolver.
Además, la principal limitación ya no parece residir exclusivamente en la disposición de los gobiernos occidentales para apoyar a Kiev. Comienza a radicar, cada vez más, en la capacidad industrial. El apoyo militar de Occidente a Ucrania ha dado saltos cuantitativos y cualitativos. En 2022, la primera oferta de ayuda alemana se limitaba a poner a disposición de Kiev 5000 cascos para su ejército. Hoy, la ayuda europea es mayoritaria y el apoyo financiero y militar de Occidente, en su conjunto, se acerca a los 300 000 millones de euros.
Durante buena parte de la guerra, el debate sobre la asistencia militar occidental estuvo dominado por decisiones eminentemente políticas: autorizar o no el envío de sistemas de armas cada vez más sofisticados, flexibilizar las restricciones sobre su empleo o ampliar el respaldo financiero a Ucrania. Esas discusiones fueron, sin duda, decisivas. No obstante, conforme el conflicto se prolonga, tienden a ocultar una realidad mucho más elemental: ningún sistema de armas puede transferirse si ya no existe en cantidades suficientes, ni la producción industrial puede multiplicarse de manera inmediata por el simple hecho de que así lo decidan los responsables políticos.
Hoy, diversos informes de fuentes abiertas sobre la reducción significativa de los inventarios estadounidenses de misiles interceptores ilustran con particular claridad esta nueva realidad estratégica. En concreto, dichos informes señalan que las existencias de misiles Patriot se han reducido en dos terceras partes a partir de la guerra con Irán.
En general, las estimaciones relativas a la disminución de las existencias de misiles Patriot, THAAD, SM-3, SM-6, JASSM, Tomahawk y otras municiones guiadas de alta precisión no deben interpretarse únicamente como datos logísticos o presupuestales. Constituyen indicadores de naturaleza estratégica. La capacidad de disuasión contemporánea depende no solo de la sofisticación tecnológica de los sistemas de armas, sino también de la confianza en que estos se encuentran disponibles en cantidades suficientes para sostener operaciones simultáneas en diversos teatros.
Esta consideración adquiere especial relevancia por una razón frecuentemente soslayada. La reducción de los inventarios estadounidenses no obedece de manera determinante al apoyo brindado a Ucrania. Más aún, la mayor parte del consumo reciente responde a las operaciones desarrolladas por Estados Unidos en el Medio Oriente, donde los sistemas interceptores han sido empleados intensamente para proteger a las fuerzas estadounidenses y a sus aliados regionales frente a sucesivas oleadas de misiles balísticos y drones iraníes.
A casi once semanas de las elecciones del 3 de noviembre, Donald Trump viajó el viernes 14 a Garden City en Long Island para participar en un mitin a favor de Bruce Blakeman, candidato republicano a la gubernatura de Nueva York. Entre los asistentes había numerosos policías, bomberos y paramédicos. Uno de los mensajes centrales de Trump fue la disminución de la tasa de criminalidad durante su gestión y el respaldo a las fuerzas de orden público. Debido al bajo nivel de aprobación de la gestión de Trump, que en el promedio de NYT es de 37%, algunos analistas señalan que su presencia en eventos electorales no necesariamente fortalece a las candidaturas. Sin embargo, los estrategas republicanos la consideran importante para movilizar a la base conservadora e impulsar su participación, sobre todo en distritos en donde hay fuerte competencia entre ambos partidos. En el evento electoral intervinieron Todd Blanche, quien tomó posesión como fiscal general la semana pasada, y Kash Patel, director del FBI. Cobertura en CBS News, Roll Call y Washington Post.
El gobierno federal pidió a la Suprema Corte intervenir de forma urgente para dejar sin efecto la decisión de la Corte de Apelaciones del Circuito del Distrito de Columbia que bloqueó la semana pasada el proyecto de Trump para construir un salón de actos en la Casa Blanca. Entre otros argumentos, la solicitud señala que la obra es necesaria para garantizar la seguridad de Trump, su familia, el personal de la Casa Blanca y los visitantes extranjeros. La justificación inicial para el proyecto fue la necesidad de contar con un espacio adecuado para eventos, pero en fechas recientes, Trump ha señalado que se requiere por consideraciones de seguridad y defensa. Sobre el tema, notas de AP, NBC News, The Hill, NYT y Washington Post.
Washington Post identifica a los principales posibles candidatos a la presidencia del Partido Republicano. La mayoría están alineados con el trumpismo. Encabezan la lista el vicepresidente JD Vance y Marco Rubio, secretario de Estado. Además, la nota menciona a varios senadores, entre ellos, Ted Cruz (Texas), Josh Hawley (Missouri) y Tom Cotton (Arkansas), al gobernador Ron DeSantis (Florida) y al exgobernador Glenn Youngkin (Virginia). Otros nombres son los secretarios Pete Hegseth (Guerra) y Robert Kennedy Jr (Salud y Servicios Humanos) y Don Trump Jr. No se descarta que consideren la posibilidad de buscar la presidencia algunas figuras republicanas que no está asociadas con el trumpismo, como el gobernador Brian Kemp (Georgia) y Nikki Haley, precandidata en 2024.
El Comité Nacional Demócrata anunció el nuevo calendario para sus elecciones primarias presidenciales en 2028 con cambios importantes. Las dos primeras entidades en las que se llevarán a cabo esos comicios internos serán Carolina del Sur y Nevada, en lugar de Iowa y Nueva Hampshire. De este modo, en la etapa inicial del proceso, tomando en cuenta su perfil demográfico, jugarán un papel relevante una entidad sureña con una base importante de voto afroamericano y una del oeste con fuerte presencia de población hispana. Sobre el tema, notas de AP, Politico y NYT.
Hoy venció el plazo de 60 días establecido en el “Memorándum de entendimiento de Islamabad” para llegar a un acuerdo que ponga fin al conflicto entre Estados Unidos e Irán sin que se hayan registrado avances de fondo entre las partes. Incluso Donald Trump dijo en un mitin electoral que va a declarar que el estrecho de Ormuz es un territorio estadounidense. Con respecto al memorándum, después de los contactos iniciales, los ataques entre ambos lados se reanudaron durante algunos días. En su caso, Estados Unidos posteriormente intensificó el bloqueo y las presiones económicas sobre Irán. Por su parte, Teherán mantiene su pretensión de controlar el paso por el estrecho de Ormuz. Para contexto, notas de Reuters, Fox News, Politico y NYT.
Donald Trump informó en Truth Social ayer que instruyó a Pete Hegseth, secretario de Guerra, reducir de la participación de las tropas estadounidenses en los ejercicios militares que empezaron hoy con sus contrapartes de la República de Corea. Explicó que tomó la decisión en función de su buena relación con Kim Jong Un, presidente de Corea del Norte, y por la falta de apoyo de la República de Corea a la desnuclearización de Irán. Además, consideró que los ejercicios “envían una señal totalmente inapropiada y hostil” a un país que durante su gestión “no ha sido una amenaza y ha actuado respetuosamente.” Sobre el tema, notas de AP, Reuters, CNN, NBC News, NYT, Daily Caller y Washington Post. Análisis sobre el anuncio de Trump, que puso en cuestión la confiabilidad de Estados Unidos como aliado de la República de Corea, en CNN.
Jared Kushner, negociador presidencial y yerno de Trump, se reunió con líderes de Hamas en Egipto y posteriormente viajó a Israel para sostener un encuentro con el primer ministro Benjamin Netanyahu. Su propósito es superar los obstáculos que se han presentado para implementar el plan para Gaza aprobado por la Junta de Paz que contempla el desarme de la organización palestina y el retiro gradual de las tropas israelíes del enclave. Al respecto, notas de NBC News y NYT.
Hasta el momento, los negociadores de Estados Unidos y Canadá no han anunciado un acuerdo para evitar la entrada en vigor este miércoles de un arancel de 50% a varias exportaciones canadienses; al respecto, nota de Washington Post. Las conversaciones entre ambas partes continuaron en Washington, DC durante el fin de semana. Mientras tanto, la gestión de Pete Hokestra como embajador americano en Canadá ha sido objeto de críticas en ese país al punto que, para el fin de semana, se habían recabado más de 170 mil firmas para pedir al Parlamento que sea declarado persona non grata por sus declaraciones e intervencionismo en política interna.
El Departamento de Seguridad Interna (DHS) publicó una lista actualizada de los 13 países para los cuales dejó de tener vigencia el Estatus de Protección Temporal (TPS) de algunos de sus nacionales en Estados Unidos. Entre ellos se encuentran Haití, Honduras, Nicaragua y Venezuela. Hasta el momento, no se ha anunciado una medida similar para los beneficiarios de TPS de El Salvador. DHS hace un llamado para que los migrantes afectados abandonen el país pues de lo contrario serán deportados.
Axios analiza la caída en el registro de estudiantes universitarios extranjeros de 17% en Estados Unidos en el año académico 2025-2026 en comparación con el anterior para llegar a 230 mil y la atribuye a las políticas migratorias del gobierno de Trump, el rezago en la emisión de visas y el clima adverso en el país hacia los extranjeros. Una consecuencia de esta disminución es la pérdida de ingresos en las instituciones de educación superior del país. Todavía no es claro si este descenso es temporal, como ocurrió durante la pandemia del COVID-19, o ya más bien es una tendencia permanente.
A casi 11 semanas de las elecciones, The Hill examina el caso de ocho comicios en el mismo número de entidades en las que el Partido Republicano puede perder las senadurías. En todos los casos, la brecha entre los candidatos republicanos y sus opositores demócratas se ha cerrado. Las entidades en cuestión son Alaska, Carolina del Norte, Iowa, Kansas, Maine, Nebraska, Ohio y Texas. Para convertirse en la mayoría en la próxima legislatura, el Partido Demócrata debe tener una ganancia neta de cuatro asientos en el Senado, pues actualmente la bancada tiene 47 miembros.
Claudia Sheinbaum sostuvo el viernes que la decisión del gobierno de Estados Unidos de retirarle la visa a Andrés López Beltrán tuvo “un sentido político, esencialmente” por no ser “parejo” con todos los países. Además, consideró que la medida es una injerencia en la política mexicana que es aprovechada por “la derecha mexicana.” En contraste, en casos previos, a consulta expresa sobre la posible cancelación de ese documento de viaje a distintos funcionarios, había respondido que el tema era “un asunto personal de cada quien,” como lo dijo el pasado martes 4 de este mes.
Al calificar la revocación como una injerencia que representa un conflicto, pidió a Estados Unidos conducir la relación bilateral bajo el principio del respeto mutuo. Por otra parte, confirmó que no hay una investigación en contra de uno de los hijos del expresidente López Obrador y agregó que no se iniciará ninguna acción en su contra por el hecho de que Estados Unidos le haya cancelado su visado. Al día siguiente, desde Tampico, Tamaulipas, sostuvo que “una visa no define a una persona.” Sobre el tema, notas de The Hill y NYT.
Entre otras respuestas, la Embajada de Estados Unidos circuló en sus redes sociales un video en el que Marco Rubio declara que el otorgamiento de una visa no es un derecho por lo que el Departamento de Estado la cancela cuando haya razones para hacerlo. Christopher Landau, subsecretario de Estado, quien fue duramente criticado por Andrés López Beltrán en su carta de la semana pasada e identificado como “el quitavisas,” adelantó sin dar detalles y sin aludir a alguien en particular que “el espectáculo” va a mejorar todavía más; al respecto, nota de Breitbart. Posteriormente, en otro tono, hizo unllamado a evitar que una “tensión ocasional” de “drama político” afecte a la relación bilateral. Sobre el tema, NYT analiza el uso político que le ha dado el gobierno de Trump al otorgamiento y a la revocación de visas en varios países de América Latina y el Caribe.
Por otra parte, Sheinbaum rechazó que México sea un país que triangula productos de China para reexportarlos a Estados Unidos, como lo sostuvo el informe que publicó la semana pasada la Casa Blanca sobre la llamada práctica de la “estafa de transbordo.” Adicionalmente, Luis Rosendo Gutiérrez, subsecretario de Comercio Exterior, consideró equivocado ese señalamiento y aclaró que las importaciones chinas se han reducido aceleradamente en el último año. Además, agregó que las empresas que más importan productos chinos en México son estadounidenses.
La Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) de México dio a conocer que el viernes concluyó la revisión de la Administración Federal de Aviación (FAA) de Estados Unidos como parte del Programa Internacional de Evaluación de la Seguridad Aérea (IASA). La AFAC presentó la información solicitada sobre las acciones implementadas para garantizar la seguridad operacional en México. Con base en los resultados de la revisión, la FAA presentará un informe en 60 días que definirá si la autoridad aeronáutica nacional mantiene la categoría 1 de seguridad aérea o será degradado al nivel 2, como ocurrió en 2021.
Pete Hegseth, secretario de Guerra, viajó a la ciudad de Panamá en la semana. Entre otras actividades, dirigió un mensaje a los representantes de 19 países de América Latina y el Caribe que participaron en el foro de la “Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C),” iniciativa conocida también como el “Escudo de las Américas,” que confirma el alineamiento de la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños con la visión del gobierno de Donald Trump sobre el uso de la fuerza militar para combatir a los grupos delictivos transnacionales. Con la adhesión de Colombia en la ciudad de Panamá a la A3C, formalizada por Hegseth y Jorge Mora, ministro de Defensa de ese país, los más grandes ausentes de ese mecanismo militar regional lidereado por Estados Unidos son México, Brasil y Venezuela. Esta reunión se dio a las dos semanas del anuncio del Comando Sur de Estados Unidos para reorientar a la fuerza de trabajo denominada “Espada del Sur” (JTF 84-2), creada en 2025 para interrumpir el flujo de drogas que transportan las “organizaciones terroristas extranjeras,” por una que abarcará con ese mismo propósito a todo el Hemisferio Occidental (JTF-WHEM). Una de las principales funciones de “Espada del Sur” ha sido dirigir los ataques de las fuerzas militares de Estados Unidos a embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico que presuntamente transportaban drogas. Ante este panorama de recomposición, conviene hacer una recapitulación sobre el origen de A3C, analizar el discurso de Hegseth en Panamá e identificar las perspectivas para México.
¿Qué es A3C?
El 5 de marzo se llevó a cabo en Doral, Florida la primera reunión de la A3C. Pete Hegseth, secretario de Guerra, encabezó este encuentro con representantes de las fuerzas armadas de 17 países. Los participantes aprobaron una declaración conjunta en la que se comprometieron a ampliar la cooperación bilateral y multilateral para mejorar la seguridad en el Hemisferio Occidental y a formar una coalición para combatir al “narcoterrorismo.” En esa ocasión, Hegseth reiteró la vigencia de la doctrina Monroe y resaltó la voluntad de Trump de reestablecerla mediante el corolario que lleva su nombre. Subrayó además el compromiso del gobierno de Trump para proteger las fronteras de Estados Unidos como una prioridad de la defensa nacional y para llevar a cabo acciones ofensivas en contra de los “narcoterroristas.” Llamó a los países de América Latina y el Caribe a hacer más para luchar contra el “narcoterrorismo” por medio de la fuerza militar y para invertir en su seguridad. En caso de no hacerlo, dijo que Estados Unidos actuará por su cuenta. En la conferencia también participó Stephen Miller, consejero de Seguridad Interna de la Casa Blanca, quien sostuvo que los carteles en la región son el equivalente del Estado Islámico (ISIS) y Al Qaeda por lo que deben ser tratados despiadadamente por medio de la fuerza militar. Consideró que el enfoque legalista para combatir al narcotráfico ha resultado un fracaso.
Dos días después, Donald Trump presidió en Miami, Florida, una reunión con líderes afines de 12 países de América Latina y el Caribe. En el evento, denominado cumbre para el “Escudo de las Américas”, se refirió a la amenaza que representan para la región los carteles de las drogas identificada por la A3C e instó a los participantes a utilizar la fuerza militar para erradicarlos. En su intervención Trump dijo que México es el epicentro de la violencia generada por los carteles. Si bien reconoció su buena relación con Claudia Sheinbaum, en tono irónico se refirió a las ocasiones en las que ha negado el envío de apoyo militar estadounidense para erradicar a los carteles.
Hegseth en Panamá
Entre otros mensajes, en su discurso en la reunión de la A3C que se llevó a cabo en la ciudad de Panamá, Pete Hegseth reconoció los avances de la agrupación en la lucha conjunta contra “narcoterroristas,” pandilleros y traficantes de personas que identificó como el ISIS y Al Qaeda del Hemisferio Occidental. Resaltó los logros de la operación “Espada del Sur” para matar a “narcoterroristas” que se encuentran en las embarcaciones que presuntamente transportan drogas. También subrayó los éxitos para acabar con las ideologías del socialismo radical y el comunismo en la región y con todo lo que apoyan. Por ello, hizo un llamado a todos los países pertenecientes a la A3C a abandonar la Corte Penal Internacional por carecer de una base legítima y a rechazar sus intentos para limitar su soberanía. Consideró que las acciones que llevan a cabo las fuerzas militares de Estados Unidos en la región se apegan en su totalidad al derecho de los conflictos armados.
Más adelante, Hegseth se refirió a los avances concretos de la agrupación. Felicitó a Ecuador por ser el primer país de la A3C en participar junto con Estados Unidos en operaciones kinésicas en contra de “narcoterroristas.” Agradeció además a Guatemala y a Honduras por invitar a fuerzas estadounidenses a operaciones combinadas para combatir a organizaciones delictivas en su territorio y a Jamaica por formar una nueva asociación militar con el Departamento de Guerra para atacar a esos grupos en el mar Caribe. Adicionalmente, anunció la adhesión de Colombia a la A3C y dijo que el nuevo gobierno de ese país autorizó operaciones militares conjuntas con Estados Unidos para combatir a grupos delictivos.
Después de describir esos avances, Hegseth hizo referencia otra vez al corolario Trump de la doctrina Monroe y a la defensa de las naciones del Hemisferio Occidental de las amenazas externas que provengan del “narcoterrorismo” o de actores malignos. También hizo un llamado para que los gobiernos de la coalición aumenten el gasto militar para la defensa común, siguiendo el ejemplo que Estados Unidos ha impulsado con sus aliados de la OTAN. Recalcó que el objetivo de la A3C es desmantelar a los carteles para dar seguridad a la ciudadanía de cada país y en última instancia, como naciones occidentales y cristianas, defender una herencia civilizatoria común. Para concluir, declaró que el lema de A3C, “el nuevo sheriff de la localidad,” debe ser “Hacemos cosas malas a personas malas.”
Perspectivas para México
Conforme se han incorporado más socios, el aislamiento de México de la coalición de naciones que coinciden con los objetivos de Estados Unidos en la lucha contra los carteles es cada vez más claro. En el caso de un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de octubre, sin duda Brasil se acercará a la A3C. Claudia Sheinbaum ha reiterado en numerosas ocasiones el rechazo a las operaciones conjuntas en el territorio nacional para enfrentar a grupos delictivos mientras que uno a uno, los países de la región han aceptado ese tipo de intervención o la van a iniciar.
Sheinbaum no se ha referido todavía a la reciente reunión de la A3C. Sin embargo, a pregunta expresa sobre la decisión del Comando Sur de Estados Unidos de establecer la Fuerza de Trabajo para el Hemisferio Occidental, la presidenta recordó el 7 de agosto que normalmente, las fuerzas armadas de México se coordinan con el Comando Norte. De hecho, esta semana hubo un importante ejercicio simultáneo de fuerzas de seguridad de ambos países en Ciudad Juárez y El Paso. Al darle Estados Unidos más atribuciones al Comando Sur, Sheinbaum agregó que en lo que corresponda, la coordinación se hará con esa instancia sobre la base de los principios establecidos para la cooperación en materia de seguridad, en particular el de “defensa de la territorialidad” y el de la “colaboración sin pérdida de la soberanía.”
Sin embargo, en la medida en que las organizaciones delictivas mexicanas sean vistas ya no solo por Estados Unidos sino por los países de la región como el epicentro de la violencia generada por los carteles, como lo ha planteado Trump, la presión sobre el gobierno de México para aceptar operaciones conjuntas crecerá.
/ Las guerras no solo se pierden en el campo de batalla. La derrota más profunda llega después, cuando los aliados dejan de creer que merece la pena permanecer al lado de quien fuera su líder histórico. Eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy en el espacio postsoviético de Europa Oriental, Cáucaso y Asia Central.
Durante décadas, Rusia construyó su influencia sobre una premisa aparentemente incuestionable: Moscú era el garante de la seguridad de las antiguas repúblicas soviéticas. Armenia fue uno de los ejemplos más claros. Bases militares rusas, pertenencia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y una estrecha dependencia económica convertían al país en uno de los socios más incondicionales, dependientes y leales al Kremlin.
Sin embargo, la guerra de Nagorno Karabaj ha cambiado esa percepción de forma irreversible.
Cuando Azerbaiyán recuperó militarmente el control del enclave, Armenia esperaba que Rusia cumpliera el papel que durante años había prometido desempeñar. La ayuda nunca llegó. Moscú, absorbido por la guerra en Ucrania y decidido a no enfrentarse directamente con Bakú, permaneció prácticamente al margen mientras más de cien mil armenios abandonaban Nagorno Karabaj y dejaban atrás su anhelo territorial.
Para Ereván, el mensaje fue devastador: la alianza con Rusia ya no garantizaba la supervivencia nacional.
Desde entonces, el Gobierno de Pashinyan ha acelerado un acercamiento que hace apenas unos años habría parecido impensable. La Unión Europea y Estados Unidos han pasado de ser actores secundarios para convertirse en socios estratégicos cada vez más relevantes. No porque Occidente ofrezca garantías absolutas, sino porque Rusia ha dejado de ofrecerlas.
Armenia sigue necesitando mantener relaciones con Moscú. Su dependencia energética y comercial continúa siendo fundamental y la geografía no puede modificarse. Pero la confianza, una vez perdida, rara vez se recupera.
Lo verdaderamente significativo es que Armenia no representa un caso aislado.
Kazajistán, probablemente el socio más importante de Rusia en Asia Central, también lleva varios años marcando distancias con el Kremlin. El presidente Tokayev se ha negado a reconocer las anexiones rusas de territorios ucranianos, ha defendido el principio de integridad territorial y ha intensificado las relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, Turquía y China. Recientemente exhortó públicamente a Putin a cesar las hostilidades y buscar la paz con Ucrania.
No se trata de una ruptura con Rusia. Sería una interpretación simplista. Se trata de algo mucho más profundo: una política exterior basada en la diversificación. Astaná ha comprendido que depender exclusivamente de una potencia representa hoy un riesgo estratégico demasiado elevado.
La misma lógica comienza a observarse en otros países de la antigua Unión Soviética. Moldavia acelera su integración europea; Azerbaiyán defiende su tradicional política de neutralidad apoyada en sus extensos recursos energéticos. Uzbekistán desarrolla una diplomacia cada vez más autónoma. Todos buscan ampliar su margen de maniobra en un mundo donde el equilibrio de poder cambia rápidamente.
Paradójicamente, la guerra de Ucrania, concebida por el Kremlin para reforzar su influencia regional, está produciendo el efecto contrario. La combinación entre el enorme coste económico y social del conflicto y la incapacidad para proteger a un aliado histórico como Armenia ha sembrado dudas donde antes existían certezas.
Rusia seguirá siendo un país de referencia en Eurasia. Su peso geográfico, militar y energético continuará condicionando las decisiones de sus vecinos durante muchos años. Pero el monopolio político que ejerció sobre buena parte del espacio postsoviético se ha resquebrajado en favor de una diversificación de relaciones con China, Turquía, países del golfo, Europa y EUA.
*Integrante de la UER sobre Mediterráneo Oriental, Cáucaso y Asia Central