De PUTINización a TRUMPización en Ucrania

De PUTINización a TRUMPización en Ucrania


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Aribel Contreras

/ Llantos al fondo de escenas que nos hacen llorar, sirenas que suenan sin parar, disparos de misiles y drones que se oyen cada vez más cerca, y una narrativa que rompe los tímpanos del derecho internacional... así han sido los últimos cuatro años de millones de ucranianos que no respiran paz, sino el humo del fuego que no cesa. 

Sí, se han cumplido cuatro años de las peores brutalidades que la humanidad haya atestiguado durante las últimas ocho décadas en la guerra de Rusia contra Ucrania. Han sido mil cuatrocientos sesenta días de la invasión rusa sobre territorio ucraniano y ni Trump ni nadie ha frenado a Putin con sus ambiciones de regresar a hacer Rusia grande otra vez. El Make America Great Again se ha transformado en un Make Russia Great Again ante las ambiciones territoriales Putinistas de construir un nuevo imperio ruso basado en arsenal nuclear y conquista de territorio que alguna vez fue parte de la entonces Unión Soviética. 

A lo largo de estos cuatro largos años he venido escribiendo desde “De la OTANización a la desPUTINización”, “La guerra en Ucrania: un cisne negro”, “Ucrania: entre el colonialismo de dos neopopulistas y neocolonialistas” hasta “Ucranianos al grito de guerra en la Cumbre del Futuro” y “¿Dos o diez años de guerra volcánica en Ucrania?”, entre otras reflexiones. Pero con el regreso de Trump a la Casa Blanca donde la comunidad internacional le creyó que acabaría con la guerra en Ucrania en tan solo 24 horas, hoy es momento de hablar de la PUTINización a la TRUMPización. 

Ucrania se encuentra entre la espada y la pared. El Kremlin representa una espada filosa mientras que la Casa Blanca simboliza una pared y no precisamente blanca sino ensangrentada en el campo de batalla, pero también de la injusticia y la desvergüenza. Putin pasó de ser el gran paria internacional y el gran enemigo de Ucrania a invitado VIP de Trump en la Cumbre de Alaska celebrada el año pasado. Pero el deshielo de la diplomacia en Alaska no fue suficiente para un cese al fuego ni siquiera milimétrico. 

Rondas de negociaciones en Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Suiza se han dado cita, pero ninguna latitud geográfica parece ser suficiente para avanzar en el diálogo político que apunte a una paz. Acuerdos van y vienen a la misma velocidad que los vuelos del enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y a otras ciudades, así como de los drones rusos que atacan a Ucrania y sobrevuelan el espacio aéreo de diferentes países europeos. 

Se dice que nadie está ganando la guerra, pero al final parece que quien lleva la delantera es el desgaste y la frustración. Miles de millones de dólares se esfuman al utilizarlos en un andamiaje de guerra que a veces parece tambalear y a veces apunta a recargarse. Exigencia de celebración de elecciones en un país en guerra, casos de corrupción, intercambio de soldados que se encontraban como rehenes y niños secuestrados han llenado los titulares internacionales. Sin embargo, ni Putin muestra señales de ceder para llegar a un acuerdo ni Trump desaprovecha un instante para ver cómo hacer negocios de la guerra, como el acuerdo que firmó Estados Unidos con Ucrania en materia de minerales críticos y tierras raras. 

La PUTINización se centra en una guerra de interés personal para pasar a la historia como el presidente que le devolvió a Rusia no sólo el territorio que alguna vez fue ruso, sino como quien le regresó la dignidad y el status de que Rusia sea vista como un país hegemónico capaz de hablar y negociar al mismo nivel de iguales con Estados Unidos y con China. 

La TRUMPización se enfoca a querer llegar a un acuerdo de paz por un deseo profundo de reconocimiento internacional a través del Premio Nobel de la Paz, no por un interés genuino del presidente de Estados Unidos. Pasar de la guerra a la paz como una gran posibilidad de hacer un jugoso negocio como el venderle armas a Europa para que Ucrania se defienda, pero a la vez no brindar garantías de seguridad a Ucrania es una hipocresía estridente. 

Ucrania se encuentra en un laberinto donde es muy complejo encontrar la salida ya que entre la PUTINización y la TRUMPización es difícil distinguir quién es el aliado y quién es el enemigo.

Participación en El Sol de México

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