Fecha: martes 11 de marzo
Hora: 9:00 am
Formato: Abierto a todo público
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15-08-26 9:00 CST n. 03 Víctor Arriaga, editor A3C Pete Hegseth, secretario de Guerra, viajó a la ciudad de Panamá en la semana. Entre otras actividades, dirigió un mensaje a los representantes de 19 países de América Latina y el Caribe que participaron en el foro de la “Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C),” iniciativa conocida también como el “Escudo de las Américas,” que confirma el alineamiento de la mayoría de lo
15-08-26 9:00 CST n. 03

Víctor Arriaga, editor


A3C
Pete Hegseth, secretario de Guerra, viajó a la ciudad de Panamá en la semana. Entre otras actividades, dirigió un mensaje a los representantes de 19 países de América Latina y el Caribe que participaron en el foro de la “Coalición de las Américas contra los Cárteles (A3C),” iniciativa conocida también como el “Escudo de las Américas,” que confirma el alineamiento de la mayoría de los países latinoamericanos y caribeños con la visión del gobierno de Donald Trump sobre el uso de la fuerza militar para combatir a los grupos delictivos transnacionales. Con la adhesión de Colombia en la ciudad de Panamá a la A3C, formalizada por Hegseth y Jorge Mora, ministro de Defensa de ese país, los más grandes ausentes de ese mecanismo militar regional lidereado por Estados Unidos son México, Brasil y Venezuela. Esta reunión se dio a las dos semanas del anuncio del Comando Sur de Estados Unidos para reorientar a la fuerza de trabajo denominada “Espada del Sur” (JTF 84-2), creada en 2025 para interrumpir el flujo de drogas que transportan las “organizaciones terroristas extranjeras,” por una que abarcará con ese mismo propósito a todo el Hemisferio Occidental (JTF-WHEM). Una de las principales funciones de “Espada del Sur” ha sido dirigir los ataques de las fuerzas militares de Estados Unidos a embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico que presuntamente transportaban drogas. Ante este panorama de recomposición, conviene hacer una recapitulación sobre el origen de A3C, analizar el discurso de Hegseth en Panamá e identificar las perspectivas para México.
¿Qué es A3C?
El 5 de marzo se llevó a cabo en Doral, Florida la primera reunión de la A3C. Pete Hegseth, secretario de Guerra, encabezó este encuentro con representantes de las fuerzas armadas de 17 países. Los participantes aprobaron una declaración conjunta en la que se comprometieron a ampliar la cooperación bilateral y multilateral para mejorar la seguridad en el Hemisferio Occidental y a formar una coalición para combatir al “narcoterrorismo.” En esa ocasión, Hegseth reiteró la vigencia de la doctrina Monroe y resaltó la voluntad de Trump de reestablecerla mediante el corolario que lleva su nombre. Subrayó además el compromiso del gobierno de Trump para proteger las fronteras de Estados Unidos como una prioridad de la defensa nacional y para llevar a cabo acciones ofensivas en contra de los “narcoterroristas.” Llamó a los países de América Latina y el Caribe a hacer más para luchar contra el “narcoterrorismo” por medio de la fuerza militar y para invertir en su seguridad. En caso de no hacerlo, dijo que Estados Unidos actuará por su cuenta. En la conferencia también participó Stephen Miller, consejero de Seguridad Interna de la Casa Blanca, quien sostuvo que los carteles en la región son el equivalente del Estado Islámico (ISIS) y Al Qaeda por lo que deben ser tratados despiadadamente por medio de la fuerza militar. Consideró que el enfoque legalista para combatir al narcotráfico ha resultado un fracaso.
Dos días después, Donald Trump presidió en Miami, Florida, una reunión con líderes afines de 12 países de América Latina y el Caribe. En el evento, denominado cumbre para el “Escudo de las Américas”, se refirió a la amenaza que representan para la región los carteles de las drogas identificada por la A3C e instó a los participantes a utilizar la fuerza militar para erradicarlos. En su intervención Trump dijo que México es el epicentro de la violencia generada por los carteles. Si bien reconoció su buena relación con Claudia Sheinbaum, en tono irónico se refirió a las ocasiones en las que ha negado el envío de apoyo militar estadounidense para erradicar a los carteles.
Hegseth en Panamá
Entre otros mensajes, en su discurso en la reunión de la A3C que se llevó a cabo en la ciudad de Panamá, Pete Hegseth reconoció los avances de la agrupación en la lucha conjunta contra “narcoterroristas,” pandilleros y traficantes de personas que identificó como el ISIS y Al Qaeda del Hemisferio Occidental. Resaltó los logros de la operación “Espada del Sur” para matar a “narcoterroristas” que se encuentran en las embarcaciones que presuntamente transportan drogas. También subrayó los éxitos para acabar con las ideologías del socialismo radical y el comunismo en la región y con todo lo que apoyan. Por ello, hizo un llamado a todos los países pertenecientes a la A3C a abandonar la Corte Penal Internacional por carecer de una base legítima y a rechazar sus intentos para limitar su soberanía. Consideró que las acciones que llevan a cabo las fuerzas militares de Estados Unidos en la región se apegan en su totalidad al derecho de los conflictos armados.
Más adelante, Hegseth se refirió a los avances concretos de la agrupación. Felicitó a Ecuador por ser el primer país de la A3C en participar junto con Estados Unidos en operaciones kinésicas en contra de “narcoterroristas.” Agradeció además a Guatemala y a Honduras por invitar a fuerzas estadounidenses a operaciones combinadas para combatir a organizaciones delictivas en su territorio y a Jamaica por formar una nueva asociación militar con el Departamento de Guerra para atacar a esos grupos en el mar Caribe. Adicionalmente, anunció la adhesión de Colombia a la A3C y dijo que el nuevo gobierno de ese país autorizó operaciones militares conjuntas con Estados Unidos para combatir a grupos delictivos.
Después de describir esos avances, Hegseth hizo referencia otra vez al corolario Trump de la doctrina Monroe y a la defensa de las naciones del Hemisferio Occidental de las amenazas externas que provengan del “narcoterrorismo” o de actores malignos. También hizo un llamado para que los gobiernos de la coalición aumenten el gasto militar para la defensa común, siguiendo el ejemplo que Estados Unidos ha impulsado con sus aliados de la OTAN. Recalcó que el objetivo de la A3C es desmantelar a los carteles para dar seguridad a la ciudadanía de cada país y en última instancia, como naciones occidentales y cristianas, defender una herencia civilizatoria común. Para concluir, declaró que el lema de A3C, “el nuevo sheriff de la localidad,” debe ser “Hacemos cosas malas a personas malas.”
Perspectivas para México
Conforme se han incorporado más socios, el aislamiento de México de la coalición de naciones que coinciden con los objetivos de Estados Unidos en la lucha contra los carteles es cada vez más claro. En el caso de un eventual triunfo de Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de octubre, sin duda Brasil se acercará a la A3C. Claudia Sheinbaum ha reiterado en numerosas ocasiones el rechazo a las operaciones conjuntas en el territorio nacional para enfrentar a grupos delictivos mientras que uno a uno, los países de la región han aceptado ese tipo de intervención o la van a iniciar.
Sheinbaum no se ha referido todavía a la reciente reunión de la A3C. Sin embargo, a pregunta expresa sobre la decisión del Comando Sur de Estados Unidos de establecer la Fuerza de Trabajo para el Hemisferio Occidental, la presidenta recordó el 7 de agosto que normalmente, las fuerzas armadas de México se coordinan con el Comando Norte. De hecho, esta semana hubo un importante ejercicio simultáneo de fuerzas de seguridad de ambos países en Ciudad Juárez y El Paso. Al darle Estados Unidos más atribuciones al Comando Sur, Sheinbaum agregó que en lo que corresponda, la coordinación se hará con esa instancia sobre la base de los principios establecidos para la cooperación en materia de seguridad, en particular el de “defensa de la territorialidad” y el de la “colaboración sin pérdida de la soberanía.”
Sin embargo, en la medida en que las organizaciones delictivas mexicanas sean vistas ya no solo por Estados Unidos sino por los países de la región como el epicentro de la violencia generada por los carteles, como lo ha planteado Trump, la presión sobre el gobierno de México para aceptar operaciones conjuntas crecerá.
Bruno Balvanera / Las guerras no solo se pierden en el campo de batalla. La derrota más profunda llega después, cuando los aliados dejan de creer que merece la pena permanecer al lado de quien fuera su líder histórico. Eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy en el espacio postsoviético de Europa Oriental, Cáucaso y Asia Central. Durante décadas, Rusia construyó su influencia sobre una premisa aparentemente incuestionable: Moscú era el garante de la seguridad de las antiguas repúblicas
/ Las guerras no solo se pierden en el campo de batalla. La derrota más profunda llega después, cuando los aliados dejan de creer que merece la pena permanecer al lado de quien fuera su líder histórico. Eso es precisamente lo que está ocurriendo hoy en el espacio postsoviético de Europa Oriental, Cáucaso y Asia Central.
Durante décadas, Rusia construyó su influencia sobre una premisa aparentemente incuestionable: Moscú era el garante de la seguridad de las antiguas repúblicas soviéticas. Armenia fue uno de los ejemplos más claros. Bases militares rusas, pertenencia a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) y una estrecha dependencia económica convertían al país en uno de los socios más incondicionales, dependientes y leales al Kremlin.
Sin embargo, la guerra de Nagorno Karabaj ha cambiado esa percepción de forma irreversible.
Cuando Azerbaiyán recuperó militarmente el control del enclave, Armenia esperaba que Rusia cumpliera el papel que durante años había prometido desempeñar. La ayuda nunca llegó. Moscú, absorbido por la guerra en Ucrania y decidido a no enfrentarse directamente con Bakú, permaneció prácticamente al margen mientras más de cien mil armenios abandonaban Nagorno Karabaj y dejaban atrás su anhelo territorial.
Para Ereván, el mensaje fue devastador: la alianza con Rusia ya no garantizaba la supervivencia nacional.
Desde entonces, el Gobierno de Pashinyan ha acelerado un acercamiento que hace apenas unos años habría parecido impensable. La Unión Europea y Estados Unidos han pasado de ser actores secundarios para convertirse en socios estratégicos cada vez más relevantes. No porque Occidente ofrezca garantías absolutas, sino porque Rusia ha dejado de ofrecerlas.
Armenia sigue necesitando mantener relaciones con Moscú. Su dependencia energética y comercial continúa siendo fundamental y la geografía no puede modificarse. Pero la confianza, una vez perdida, rara vez se recupera.
Lo verdaderamente significativo es que Armenia no representa un caso aislado.
Kazajistán, probablemente el socio más importante de Rusia en Asia Central, también lleva varios años marcando distancias con el Kremlin. El presidente Tokayev se ha negado a reconocer las anexiones rusas de territorios ucranianos, ha defendido el principio de integridad territorial y ha intensificado las relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, Turquía y China. Recientemente exhortó públicamente a Putin a cesar las hostilidades y buscar la paz con Ucrania.
No se trata de una ruptura con Rusia. Sería una interpretación simplista. Se trata de algo mucho más profundo: una política exterior basada en la diversificación. Astaná ha comprendido que depender exclusivamente de una potencia representa hoy un riesgo estratégico demasiado elevado.
La misma lógica comienza a observarse en otros países de la antigua Unión Soviética. Moldavia acelera su integración europea; Azerbaiyán defiende su tradicional política de neutralidad apoyada en sus extensos recursos energéticos. Uzbekistán desarrolla una diplomacia cada vez más autónoma. Todos buscan ampliar su margen de maniobra en un mundo donde el equilibrio de poder cambia rápidamente.
Paradójicamente, la guerra de Ucrania, concebida por el Kremlin para reforzar su influencia regional, está produciendo el efecto contrario. La combinación entre el enorme coste económico y social del conflicto y la incapacidad para proteger a un aliado histórico como Armenia ha sembrado dudas donde antes existían certezas.
Rusia seguirá siendo un país de referencia en Eurasia. Su peso geográfico, militar y energético continuará condicionando las decisiones de sus vecinos durante muchos años. Pero el monopolio político que ejerció sobre buena parte del espacio postsoviético se ha resquebrajado en favor de una diversificación de relaciones con China, Turquía, países del golfo, Europa y EUA.
*Integrante de la UER sobre Mediterráneo Oriental, Cáucaso y Asia Central

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