Luis Rubio / En la mitología griega, Ulises, el personaje de La Odisea, enfrentaba un dilema literalmente de sobrevivencia a su regreso luego de derrotar a Troya. Navegando en su barco se encuentra ante el gran peligro de tener que transitar entre los dos grandes amagos por parte de Escila y Caribdis, un monstruo de seis cabezas y un remolino monumental, respectivamente, ambos amenazantes. De manera similar, el presidente Trump ha colocado a la presidenta Sheinbaum ante un dilema existencial.
Para nadie es noticia que los criterios que guían la toma de decisiones en el Washington de hoy han cambiado radicalmente. En su recientemente publicada “estrategia de seguridad nacional,” el gobierno norteamericano presenta un viraje sustantivo en su visión geopolítica al privilegiar su presencia (y aspiración de control) de la región latinoamericana en lugar de combatir el terrorismo o contener a China. Las nuevas prioridades no tardaron en hacerse visibles en la detención de Nicolás Maduro, cuya operativo no fue sorprendente, excepto en su forma, pues el virtual cerco naval frente a las costas de aquella nación llevaba meses. Lo que sí fue sorprendente fue la crudeza de las declaraciones tanto del presidente Trump como de sus principales operadores al ignorar el tipo de explicaciones que históricamente se habían empleado -como derechos humanos y democracia- para justificar similares operaciones. En esta ocasión se habló de petróleo y los derechos de los poderosos. El cambio es dramático y tiene evidentes implicaciones para México.
Hace unos quince años entrevisté a la persona que había sido el consejero de seguridad nacional del presidente norteamericano cuando el gobierno mexicano presentó la propuesta de negociar un acuerdo comercial, el que acabó siendo conocido como NAFTA. El tratado estaba a punto de cumplir veinte años y yo quería entender la lógica de la respuesta estadounidense ante el planteamiento mexicano. El general Scowcroft fue lapidario en su respuesta: “un México próspero y exitoso es el mejor interés de Estados Unidos.” Por mucho tiempo, prosiguió el estadista, México había visto a su vecino norteño como una amenaza, cuando para Estados Unidos el éxito económico y político de México constituía una garantía de estabilidad en su frontera más importante. En consecuencia, desde la perspectiva de su país, la integración económica constituía una enorme oportunidad y coincidía con los objetivos de Estados Unidos en la era posterior a la guerra fría. Qué tiempos aquellos.
Hoy el gobierno estadounidense percibe a México como una amenaza, aunque por razones distintas a las que preocupaban al gobierno del presidente George HW Bush a finales de los ochenta. En lugar de transformarse económica y políticamente, México se partió en dos -un México próspero y otro violento-, en tanto que sus gobiernos -todos- ignoraron la urgente necesidad de construir capacidad gubernamental -administrativa, judicial, policiaca, etc., además de infraestructura- lo que llevó al caos económico, político, social, criminal y administrativo que hoy existe. Algunos gobiernos entendieron el reto, otros no, pero el resultado acumulado habla por sí mismo y es ese con el que tiene que lidiar el gobierno actual.
A lo que se suma la nueva perspectiva que viene del norte. Lo que antes era una visión progresista, de apoyo al desarrollo económico, institucional y político, hoy se percibe como concesiones injustificables y, de hecho, reprobables. En lugar de aliado, como México era percibido a partir de su democratización y liberalización económica (todo eso que critica el partido en el gobierno), México es hoy visto como una amenaza tanto por lo que exporta al país vecino como por el enorme desorden y criminalidad que le caracteriza.
Todo esto coloca al gobierno de la presidenta Sheinbaum ante un dilema fundamental: negociar con el gobierno norteamericano acuerdos sustantivos en materia de seguridad y desarrollo en general, o intentar resistir las presiones y jugársela ante el riesgo (anunciado) de acciones unilaterales provenientes del exterior.
Como ha probado la elusiva negociación comercial, gestionar acuerdos con el gobierno del presidente Trump es algo por demás complejo e incierto. Sin embargo, el riesgo de dejar a su arbitrio decisiones cruciales para el futuro de México podría constituir negligencia e irresponsabilidad. La forma de actuar del gobierno estadounidense no deja mayor espacio para disentimiento. Sería mucho mejor estrategia desarrollar esquemas de cooperación para que, en conjunto, se pudieran encarar problemas fundamentales, como el de la seguridad, que claramente rebasa las capacidades actuales de los gobiernos federal y estatales. Además, una estrategia de cooperación en asuntos que le son importantes a ellos facilitaría la atención y solución a los temas que son prioritarios para México.
El dilema acaba siendo nítido o, al menos, así debería ser: más bien cómo enfocar la inevitable negociación en lugar de persistir en una estrategia de resistencia que no resuelve los problemas internos ni los dilemas de la propia coalición gobernante, a la vez que deja al país colgado de un hilo en materia de desarrollo económico, crecimiento y empleo. La solución debiera ser obvia.
De PUTINización a TRUMPización en Ucrania
Aribel Contreras / Llantos al fondo de escenas que nos hacen llorar, sirenas que suenan sin parar, disparos de misiles y drones que se oyen cada vez más cerca, y una narrativa que rompe los tímpanos del derecho internacional... así han sido los últimos cuatro años de millones de ucranianos que no respiran paz, sino el humo del fuego que no cesa. Sí, se han cumplido cuatro años de las peores brutalidades que la humanidad haya atestiguado durante las últimas ocho décadas en la guerra de Rusia c
Aribel Contreras
/ Llantos al fondo de escenas que nos hacen llorar, sirenas que suenan sin parar, disparos de misiles y drones que se oyen cada vez más cerca, y una narrativa que rompe los tímpanos del derecho internacional... así han sido los últimos cuatro años de millones de ucranianos que no respiran paz, sino el humo del fuego que no cesa.
Sí, se han cumplido cuatro años de las peores brutalidades que la humanidad haya atestiguado durante las últimas ocho décadas en la guerra de Rusia contra Ucrania. Han sido mil cuatrocientos sesenta días de la invasión rusa sobre territorio ucraniano y ni Trump ni nadie ha frenado a Putin con sus ambiciones de regresar a hacer Rusia grande otra vez. El Make America Great Again se ha transformado en un Make Russia Great Again ante las ambiciones territoriales Putinistas de construir un nuevo imperio ruso basado en arsenal nuclear y conquista de territorio que alguna vez fue parte de la entonces Unión Soviética.
A lo largo de estos cuatro largos años he venido escribiendo desde “De la OTANización a la desPUTINización”, “La guerra en Ucrania: un cisne negro”, “Ucrania: entre el colonialismo de dos neopopulistas y neocolonialistas” hasta “Ucranianos al grito de guerra en la Cumbre del Futuro” y “¿Dos o diez años de guerra volcánica en Ucrania?”, entre otras reflexiones. Pero con el regreso de Trump a la Casa Blanca donde la comunidad internacional le creyó que acabaría con la guerra en Ucrania en tan solo 24 horas, hoy es momento de hablar de la PUTINización a la TRUMPización.
Ucrania se encuentra entre la espada y la pared. El Kremlin representa una espada filosa mientras que la Casa Blanca simboliza una pared y no precisamente blanca sino ensangrentada en el campo de batalla, pero también de la injusticia y la desvergüenza. Putin pasó de ser el gran paria internacional y el gran enemigo de Ucrania a invitado VIP de Trump en la Cumbre de Alaska celebrada el año pasado. Pero el deshielo de la diplomacia en Alaska no fue suficiente para un cese al fuego ni siquiera milimétrico.
Rondas de negociaciones en Turquía, Emiratos Árabes Unidos y Suiza se han dado cita, pero ninguna latitud geográfica parece ser suficiente para avanzar en el diálogo político que apunte a una paz. Acuerdos van y vienen a la misma velocidad que los vuelos del enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner a Moscú y a otras ciudades, así como de los drones rusos que atacan a Ucrania y sobrevuelan el espacio aéreo de diferentes países europeos.
Se dice que nadie está ganando la guerra, pero al final parece que quien lleva la delantera es el desgaste y la frustración. Miles de millones de dólares se esfuman al utilizarlos en un andamiaje de guerra que a veces parece tambalear y a veces apunta a recargarse. Exigencia de celebración de elecciones en un país en guerra, casos de corrupción, intercambio de soldados que se encontraban como rehenes y niños secuestrados han llenado los titulares internacionales. Sin embargo, ni Putin muestra señales de ceder para llegar a un acuerdo ni Trump desaprovecha un instante para ver cómo hacer negocios de la guerra, como el acuerdo que firmó Estados Unidos con Ucrania en materia de minerales críticos y tierras raras.
La PUTINización se centra en una guerra de interés personal para pasar a la historia como el presidente que le devolvió a Rusia no sólo el territorio que alguna vez fue ruso, sino como quien le regresó la dignidad y el status de que Rusia sea vista como un país hegemónico capaz de hablar y negociar al mismo nivel de iguales con Estados Unidos y con China.
La TRUMPización se enfoca a querer llegar a un acuerdo de paz por un deseo profundo de reconocimiento internacional a través del Premio Nobel de la Paz, no por un interés genuino del presidente de Estados Unidos. Pasar de la guerra a la paz como una gran posibilidad de hacer un jugoso negocio como el venderle armas a Europa para que Ucrania se defienda, pero a la vez no brindar garantías de seguridad a Ucrania es una hipocresía estridente.
Ucrania se encuentra en un laberinto donde es muy complejo encontrar la salida ya que entre la PUTINización y la TRUMPización es difícil distinguir quién es el aliado y quién es el enemigo.
Participación en El Sol de México
México más allá de Norteamérica: Abrir la agenda y sumar aliados
José Joel Peña Llanes / México vive una paradoja desde hace tres décadas. Su economía se expandió hacia América del Norte, pero su diplomacia aspira a mantener una presencia activa en América Latina y, cada vez más, fuera del continente. El resultado ha sido una dependencia difícil de corregir. Desde la entrada en vigor del TLCAN y hoy con el T-MEC, la integración con Estados Unidos –y, en menor medida, con Canadá– se volvió el eje del crecimiento exportador, sin que eso se traduzca automátic
José Joel Peña Llanes
/ México vive una paradoja desde hace tres décadas. Su economía se expandió hacia América del Norte, pero su diplomacia aspira a mantener una presencia activa en América Latina y, cada vez más, fuera del continente. El resultado ha sido una dependencia difícil de corregir. Desde la entrada en vigor del TLCAN y hoy con el T-MEC, la integración con Estados Unidos
–y, en menor medida, con Canadá– se volvió el eje del crecimiento exportador, sin que eso se traduzca automáticamente en diversificación comercial.
La red mexicana de acuerdos es amplia, pero tener tratados no equivale a exportar más a nuevos destinos. La concentración persiste porque pesan la geografía, las cadenas regionales de valor y la logística. Ese "anclaje" se vuelve un dilema político cuando Washington usa el comercio como amenaza. En el segundo mandato de Donald Trump, iniciado en enero de 2025, el mensaje ha sido claro: la revisión del T-MEC prevista para julio de 2026 será exigente y los aranceles han vuelto al centro de la negociación.
Para reducir riesgos asociados a las amenazas del presidente Trump, México ha cedido en temas sensibles y ha ajustado su política comercial con terceros. Un ejemplo es el aumento de aranceles a partir del 1 de enero de 2026 para productos provenientes de países con los que no se tiene un TLC impactando las importaciones asiáticas, incluidas las chinas (2.º origen de importaciones). Más allá del objetivo industrial y de protección del mercado interno, la medida envía un mensaje geopolítico: México busca evitar que se le continúe percibiendo como “puente” de mercancías chinas hacia el mercado estadounidense, pero tampoco desea abrir un frente con su vecino del norte. Beijing respondió con una investigación por posibles barreras comerciales y sostuvo que la revisión del T-MEC no debería condicionar la relación de México con terceros.
La clave es diversificar. No se trata solo de vender más, sino de construir opciones. Con los países del Consejo de Cooperación del Golfo hay margen para cooperación energética, financiamiento e innovación. La Unión Africana y la Zona de Libre Comercio Continental Africana abren una frontera de alianzas, inversión y conectividad. Y la Unión Europea sigue siendo un socio estratégico, y más ahora que se espera la firma de un acuerdo interino para adelantar la parte comercial mientras avanza la ratificación del Acuerdo Global modernizado.
El cambio de fondo es político. México necesita pasar de una política exterior ideologizada a una pragmática. Esto implica mantener valores, sí, pero priorizar resultados, gestionar riesgos y formar coaliciones variables por temas. Sobre todo, debe evitarse que la política exterior se convierta en una extensión del proyecto político interno que implica, entre otras cosas, la selección de socios por afinidad, porque eso reduce el margen de negociación y limita la construcción de alianzas estables y útiles.
En un entorno de presión e incertidumbre crecientes, abrir la agenda y sumar aliados no es un lujo, es margen de maniobra.
Participación en El Heraldo De México

Todos los caminos llevan a Türkiye
Juan Ascencio Moctezuma / En un sistema internacional marcado por la fragmentación, la competencia geopolítica y la búsqueda de nuevos equilibrios, la diplomacia multilateral se ha convertido en una herramienta clave para las potencias medias. Türkiye parece haber entendido bien esta lógica. En 2026, el país se colocará en el centro de la agenda global gracias a un intenso calendario de cumbres y foros internacionales en Ankara, Antalya y Estambul, que consolidan su proyección como uno de los a
Juan Ascencio Moctezuma
/ En un sistema internacional marcado por la fragmentación, la competencia geopolítica y la búsqueda de nuevos equilibrios, la diplomacia multilateral se ha convertido en una herramienta clave para las potencias medias. Türkiye parece haber entendido bien esta lógica. En 2026, el país se colocará en el centro de la agenda global gracias a un intenso calendario de cumbres y foros internacionales en Ankara, Antalya y Estambul, que consolidan su proyección como uno de los actores más influyentes de la actualidad.
La llamada diplomacia de cumbres es una herramienta importante para las potencias medias. Ser el anfitrión de eventos de alto nivel va más allá de los aspectos logísticos: es un rol que garantiza acceso a discusiones y negociaciones en las que el país puede promover sus intereses y contribuir a la construcción de consensos.
El calendario diplomático de Türkiye para 2026 incluye la Cumbre de la Unión Interparlamentaria Internacional (abril, Estambul); la Cumbre de Líderes de la OTAN (julio, Ankara); la Cumbre de Cambio Climático, COP31 (Antalya, noviembre) y la Cumbre de Líderes de la Organización de los Estados Túrquicos (último trimestre del año, con sede por definir).
A ello se suma el Foro de Diplomacia de Antalya, que se celebrará en abril. Este encuentro, comparable a la Conferencia de Seguridad de Múnich o el Foro Raisina de India, se ha consolidado como un espacio cada vez más relevante, cuya agenda refleja las prioridades de la política exterior turca y la visión de Ankara sobre los desafíos globales más apremiantes.
Hospedar cumbres y foros internacionales es también un ejercicio de poder suave. El papel de anfitrión dará a Türkiye margen para influir en la agenda de las discusiones, incidir en la redacción de declaraciones finales y acceder a conversaciones informales de alto nivel. Es un ejercicio de liderazgo a través de la hospitalidad y la capacidad de convocatoria.
Las cumbres de 2026 ofrecerán a Türkiye una oportunidad de afianzar su identidad como un constructor de acuerdos y un actor internacional responsable. Será especialmente relevante observar la construcción de consensos al interior de la OTAN en temas como la guerra en Ucrania, así como las negociaciones en la COP31 sobre energía y financiamiento para el cambio climático.
Estos encuentros también permitirán a Türkiye mostrar al mundo sus capacidades de organización, el profesionalismo de su servicio diplomático, la infraestructura de sus ciudades, sus atractivos turísticos -principalmente en el caso de Antalya- y su riqueza cultural. Una cumbre internacional es más que política, es una plataforma global de proyección de imagen.
Desde luego, hospedar cumbres es una inversión significativa. Türkiye deberá asumir costos importantes en materia de seguridad, infraestructura, traductores, tecnología y logística. Sin embargo, se trata de una apuesta estratégica orientada a consolidar una marca nacional que, en el mediano plazo, puede traducirse en mayor atracción de inversiones, turismo y capital político.
El intenso calendario de 2026 es el resultado de la confianza que Türkiye se ha ganado en el escenario internacional. Constituye, además, un ejemplo para otras potencias medias -como México- sobre la importancia de mantener una política exterior activa, una diplomacia profesional y un papel en el mundo que sea factor de orgullo nacional.
Türkiye se ha consolidado como uno de los centros más dinámicos de la política internacional contemporánea. Más allá del prestigio y la visibilidad, tendrá la oportunidad única de contribuir a la búsqueda de soluciones a los principales desafíos globales, que se enmarquen en el derecho internacional y que enfaticen el valor del multilateralismo. No queda más que desearle éxito en este ambicioso ejercicio diplomático.
Participación en El Economista:

UCRANIA EN EL ESCENARIO GLOBAL: PERSPECTIVAS MULTIDISCIPLINARIAS SOBRE SUS DESAFÍOS INTERNACIONALES
Dra. Aribel Contreras Suárez Dr. Ángel Jaramillo Torres Dr. José Joel Peña Llanes Coordinadores Descarga el libro aquí UCRANIA EN EL ESCENARIO GLOBALUCRANIA EN EL ESCENARIO GLOBAL.pdf28 MBdownload-circle
Dra. Aribel Contreras Suárez
Dr. Ángel Jaramillo Torres
Dr. José Joel Peña Llanes
Coordinadores
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