El rumbo de la gobernanza internacional: el caso de Ucrania
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Rosy Arlene Ramírez Uresti
/ El rumbo de la gobernanza internacional en 2026 se encuentra profundamente condicionado por la persistencia y transformación de la guerra entre Rusia y Ucrania, conflicto que ha dejado de ser únicamente un enfrentamiento militar regional para convertirse en un caso paradigmático de las tensiones estructurales que atraviesa el sistema internacional contemporáneo. A casi cuatro años del inicio de la invasión rusa a gran escala, Ucrania se sitúa en el centro de un entramado de dinámicas geopolíticas, geoeconómicas y normativas que revelan tanto los límites como las mutaciones de la gobernanza global en un entorno marcado por la fragmentación del poder, la competencia estratégica y la erosión de consensos multilaterales.
/ Hace unos días se dio a conocer el informe del Secretario General de Naciones Unidas, Antonio Gutérres, sobre los avances registrados en el proceso de reforma conocido como Iniciativa UN80 iniciado en marzo de 2025, siguiendo el camino trazado por la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Pacto para el Futuro. Las reuniones periódicas de negociación entre los 193 Estados miembros sobre las medidas que deberán adoptarse para reformar a la ONU son una evidencia de la voluntad política de la gran mayoría para apoyar al multilateralismo y al funcionamiento de la organización basado en sus tres pilares principales: paz y seguridad internacional, cooperación internacional para el desarrollo y derechos humanos.
Las dificultades derivadas de las tensiones geopolíticas entre los principales actores en el ámbito internacional, la reducción de los recursos presupuestales para la ejecución de los mandatos otorgados a la ONU y las decisiones unilaterales que afectan el cumplimiento de las normas del Derecho Internacional son elementos que han contribuido, entre otros, a un incremento de las necesidades de financiamiento para atender las urgentes peticiones de asistencia humanitaria a poblaciones afectadas por situaciones de conflicto, y a la búsqueda de soluciones alternas para hacer frente a la disminución del 23% en asistencia internacional registrada entre 2024 y 2025.
No obstante lo anterior, en el citado informe se presentan los avances en lo que se conoce como “flujos de trabajo” que abarcan tres rubros principales de cuestiones por atender: en primer lugar, las acciones tomadas por el Secretario General para reducir y eliminar la fragmentación y duplicación de funciones, procesos y actividades, con un mejor uso de los recursos humanos y financieros disponibles. Resalta la reducción del 21% del personal de la ONU en el presupuesto adoptado para 2026. El objetivo es contar con un sistema más coherente, más útil y mejor preparado para cumplir con los mandatos aprobados por la membresía.
En segundo lugar se encuentran los cuatro mil mandatos activos, derivados de resoluciones y decisiones adoptadas por la Asamblea General, el Consejo de Seguridad o el Consejo Económico y Social, entre otros órganos principales, de un total de aproximadamente cuarenta mil adoptadas desde 1945, según datos del informe citado.
Para avanzar en este rubro, se tiene presente lo acordado en la Asamblea General, el 31 de marzo pasado, con la resolución A/RES/80/251 (adoptada con 168 votos a favor, incluido México; ninguna abstención; y 4 votos en contra de Belarús, Corea del Norte, Nicaragua y Rusia) que incluye un examen de los mandatos nuevos y renovados respecto a su duración y financiamiento. Además, se pide el apoyo del Secretariado de Naciones Unidas para la realización de exámenes colectivos de la aplicación de los mandatos, así como mejorar las funciones del Registro de Mandatos para facilitar la adopción de decisiones durante el ciclo de vida de los mismos. En este orden de ideas, es crucial la labor del Grupo de Trabajo Ad Hoc (abierto a toda la membresía) sobre el Examen de la Aplicación de los Mandatos cuyas funciones concluirán el 30 de abril de 2027.
Por último, en el tercer rubro se abordan los cambios estructurales para hacer un uso más eficiente de los recursos presupuestales asignados a labores de asistencia humanitaria. El informe del Secretario General menciona que se han iniciado nuevas acciones de coordinación y concentración de esfuerzos en cinco áreas afectadas por situaciones de conflicto: Afganistán, Haití, los territorios ocupados de Palestina, Somalia y Sudán. Se espera la eliminación de duplicaciones, un mejor uso de las cadenas de suministro para atender a las poblaciones afectadas, aumentar la coordinación y eficiencia entre las diferentes agencias del sistema de Naciones Unidas, así como reducir la fragmentación en el uso de bases de datos.
Quedan temas importantes por discutir entre los Estados miembros tales como el funcionamiento de las operaciones de mantenimiento de la paz, la fusión de órganos, agencias o programas con temas en común (igualdad de género, derechos de la mujer, niñas y jóvenes, entre otros), las funciones de los Coordinadores Residentes de la ONU en diversos países, así como las plataformas digitales para tener acceso a las bases de datos del sistema de agencias de Naciones Unidas. Estas negociaciones continuarán durante el presente año y se espera que antes del inicio de funciones del nuevo/a Secretario/a General de la ONU se vuelva a informar a los Estados miembros sobre los avances en este proceso de reforma tan necesario para el fortalecimiento del sistema multilateral.
/ Durante décadas, Occidente aprendió a imaginar África como una postal. La sabana infinita, el atardecer naranja, los animales majestuosos y una mujer blanca que descubre su destino en un paisaje que nunca termina de pertenecerle. Memorias de África, primero novela de Karen Blixen y después película de Sydney Pollack, no inventó esa mirada, pero la volvió inolvidable.
La película consolidó una forma de ver al continente como escenario de una historia europea. África aparecía bella, inmensa, disponible, muda. Esa mirada todavía pesa cuando se reduce al continente a pobreza, guerra, selva, hambre, tribus, enfermedad o ayuda humanitaria. Duele cuando se habla de África como si fuera un país y no un sistema de mundos con más de mil 500 millones de habitantes.
Por eso importa volver a África después del 25 de mayo, Día de África. La fecha recuerda la fundación, en Addis Abeba, de la Organización para la Unidad Africana en 1963, antecedente de la actual Unión Africana integrada por 55 Estados miembros. Aquel acto condensó una exigencia profunda; África debía dejar de ser repartida, administrada y narrada desde fuera. Debía recuperar el derecho a decirse a sí misma. El escritor Alex Perry lo formula con crudeza en La gran grieta. El despertar de África, al advertir que defender África ha terminado demasiadas veces en hablar por África y decidir cuáles son sus intereses.
Ese reclamo sigue abierto. En la Conferencia de Berlín de 1884 y 1885, las potencias europeas trazaron buena parte del mapa africano sin presencia africana. Primero se dibujó la frontera y después se obligó a los pueblos a vivir dentro de ella. Europa no solo controló territorio. También controló espacio, lenguaje, memoria y mirada. Nombró a África como atraso para justificar el saqueo. Inventó jerarquías raciales para convertir cuerpos en mercancía. Hizo de la palabra “negro” una categoría útil para borrar pueblos, lenguas, culturas e historias.
Chimamanda Ngozi Adichie lo ha explicado al hablar del peligro de la historia única. El problema del estereotipo no siempre es que sea falso, sino que está incompleto. África tiene pobreza, guerras y crisis humanitarias. Negarlo sería irresponsable. Pero África no es solo eso. También es el continente más joven del planeta. Cerca de 60% de su población tiene menos de 25 años. Para 2050, podría alcanzar 2 mil 500 millones de habitantes. Esa juventud no es una amenaza demográfica. Es una potencia humana, cultural, laboral y política.
La África que no nos contaron también es Lagos, Nairobi, Johannesburgo, Dakar, Kigali y Accra. Es innovación tecnológica, telemedicina, Inteligencia Artificial aplicada a problemas concretos, emprendimiento popular y creatividad como supervivencia. Es Nollywood, una de las industrias cinematográficas más grandes del mundo por volumen de producción. Es Afrobeat, Amapiano, literatura, moda, ciencia, diseño, agricultura, diásporas, memoria y futuro.
También es clave para la transición energética. En su territorio se concentran minerales estratégicos como cobalto, litio, manganeso, uranio, coltán y grafito natural, indispensables para baterías, tecnologías digitales y energías renovables. Además, posee tierra cultivable, biodiversidad y ecosistemas fundamentales para la estabilidad climática global. La pregunta ya no es si África importa. La pregunta es quién decidirá sobre esa importancia. Sus pueblos o los viejos y nuevos poderes que vuelven a verla como botín.
Desde México, mirar África no debería ser un gesto distante. Nuestra América conoce bien esa historia. También hemos vivido el mapa impuesto, el extractivismo, el racismo, la deuda, la promesa incumplida del desarrollo y la costumbre de que otros nos expliquen quiénes somos. Por eso, hablar de África desde el sur no puede repetir la lástima del norte. Tiene que ser un acto de reconocimiento político.
África no pide caridad. Pide agencia. No pide ser salvada. Exige ser escuchada. No es una postal de sufrimiento ni una reserva de recursos para la comodidad de otros. Es pensamiento, juventud, literatura, cine, música, ciencia, emprendimiento, memoria y disputa geopolítica. También es una advertencia para el mundo. No habrá transición energética justa si se reproduce el colonialismo con paneles solares, autos eléctricos y lenguaje verde.
Durante siglos se preguntó qué haría el mundo con África. La pregunta correcta es otra. Qué hará el mundo cuando África hable con voz propia. Desde México, desde Nuestra América, la respuesta debería ser clara. Escuchar, aprender y caminar de sur a sur.
De creer los considerandos de la carta que el expresidente Andrés Manuel López Obrador publicó el miércoles en apoyo de la presidenta Claudia Sheinbaum, el Donald Trump que hoy encabeza los Estados Unidos es distinto al que los dirigió entre 2016 y 2020, y con el que el exmandatario alega haber tenido una relación amistosa, respetuosa, fructífera.
/ La Organización Mundial de la Salud acaba de declarar el brote de ébola en la República Democrática del Congo como una emergencia de salud pública internacional. Pero a diferencia de crisis anteriores, esta vez el virus encuentra un aliado perfecto: la guerra.
/ La aprobación de Trump cae en picada y su fortuna crece exponencialmente. Su forma de hacer negocios siempre estuvo a la vista de todo mundo. Nadie puede llamarse a sorpresa de sus instintos y sus prácticas.