Es tiempo de una mujer al mando de la ONU
Yanerit Morgan / Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual. La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza. La Organización ha emprendido un proceso de reforma qu
Yanerit Morgan
/ Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual.
La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza.
La Organización ha emprendido un proceso de reforma que busca resolver su profunda crisis de legitimidad y modificar una estructura anquilosada creada hace 80 años en un mundo que ya no es el de hoy.
Una de las muestras de los rezagos que enfrenta la Organización es el nunca haber contado con una mujer como secretaria general.
No es posible entender que un organismo que ha promovido la igualdad de género en el mundo, poniendo al centro la importancia del liderazgo de las mujeres como un tema esencial para el avance de las sociedades, no haya podido designar en 80 años a una mujer al más alto cargo de la Organización.
En 2016 cuando se dio la elección del actual secretario general, la designación de una mujer era un clamor generalizado y una posibilidad real al presentarse siete mujeres, todas ellas excelentes candidatas para el puesto. Las posibilidades se esfumaron frente a la barrera que implica el anquilosado sistema de elección que da la última palabra a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) para presentar la candidatura a la Asamblea General donde participan los 193 Estados miembros cuya función ha estado limitada a avalar la propuesta del Consejo.
Diez años después, cuando corresponde elegir a una nueva persona para ocupar este puesto, varias organizaciones y países se han pronunciado sobre la importancia de nombrar a una mujer al mando de la Organización, que conforme a la práctica de rotación regional correspondería a América Latina y el Caribe.
Más allá de una cuestión de justicia histórica, la complejidad del escenario internacional demanda en la próxima secretaría general un modelo de liderazgo diferente, innovador, incluyente y con una mirada suficientemente amplia para crear puentes y modificar las dinámicas de la guerra y la violencia, patrones comunes de las prácticas machistas en toda su extensión.
Hasta el momento, se cuenta con dos excelentes candidatas de la región: la expresidenta Michelle Bachelet presentada por su país Chile, por Brasil y México y la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grysnpan. Ambas cuentan con destacadas trayectorias para poder ejercer el cargo en estos momentos tan complejos para el mundo.
En estos próximos meses vendrá un proceso de consideración de las y los candidatos que se presenten para el alto puesto. A contrapelo de las expectativas, esperemos que la razón sea la moneda de cambio en esta decisión tan trascendental para la Organización.









