La promesa tecnológica frente a la emergencia

La promesa tecnológica frente a la emergencia


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Andrea Rosas Guzmán

/ En México, la gestión de emergencias humanitarias se ha ido desplazando hacia una creciente confianza en la tecnología como herramienta para mejorar la prevención, la respuesta y la coordinación ante crisis que van desde desastres naturales hasta dinámicas humanitarias más complejas y prolongadas. Mecanismos como alertas tempranas, sistemas de información, plataformas digitales o el desarrollo de drones nacionales prometen rapidez y eficiencia en contextos en los que cada minuto cuenta. Sin embargo, la pregunta clave no debería ser si la tecnología puede ayudar, sino cómo y bajo qué condiciones lo hace.

El nuevo sistema de alertas sísmicas en teléfonos móviles permite observar esa promesa de la innovación tecnológica en la gestión de emergencias, en particular como herramienta de prevención. Este tipo de soluciones muestra que la tecnología puede contribuir a la reducción de riesgos cuando se apoya en infraestructura operativa, coordinación institucional y una lógica clara de uso público. Al mismo tiempo, ese potencial se ve limitado por la ausencia de políticas públicas claras, de inversión sostenida y de mecanismos efectivos de rendición de cuentas. La tecnología, por sí sola, difícilmente puede sustituir una gestión integral de las emergencias humanitarias.


En muchas crisis en México —como sismos, fenómenos climáticos extremos o desplazamientos internos— la tecnología se implementa de forma fragmentada, sin marcos regulatorios sólidos ni protocolos claros para el uso de la información. Esto abre la puerta a riesgos importantes, especialmente en el manejo de datos personales y biométricos de poblaciones en situación de vulnerabilidad. La recopilación de información puede ser útil para coordinar ayuda, pero sin las garantías adecuadas también puede derivar en exclusión, vigilancia indebida o en usos secundarios de los datos sin consentimiento.

El problema no es la tecnología, sino la expectativa de que pueda compensar carencias históricas en infraestructura, capacidades institucionales y políticas de prevención. Cuando estos rezagos no se enfrentan, la innovación deja de ser una herramienta de protección y se vuelve un recurso cómodo: ordena datos, genera alertas y produce una sensación de control, sin modificar realmente las condiciones que generan la vulnerabilidad.


Dicho esto, la promesa tecnológica en la gestión de emergencias humanitarias sigue siendo real, pero incompleta. Para que la innovación cumpla su función social, debe ir acompañada de reglas claras, inversión sostenida, protección de datos y un enfoque que coloque a las personas por encima de la eficiencia administrativa. De lo contrario, la tecnología no solo deja de proteger, sino que también puede profundizar desigualdades y trasladar riesgos a quienes ya viven en condiciones de mayor precariedad.

Innovar en emergencias no significa solo digitalizar la respuesta, sino también reconocer que la tecnología necesita reglas, gobierno y responsabilidad para no amplificar los riesgos que promete reducir. De lo contrario, la promesa tecnológica corre el riesgo de convertirse en una nueva forma de fragilidad, disfrazada de eficiencia y modernización.


Andrea Rosas Guzmán
Internacionalista con especialidad en Seguridad Internacional. Actualmente cursa la maestría en Desarrollo Internacional y Emergencias Humanitarias en la London School of Economics (LSE).

Participación en El Economista

La promesa tecnológica frente a la emergencia
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