Elecciones intermedias y política exterior en Estados Unidos
Emiliano Polo / A la habitual incertidumbre a la que tiene acostumbrado al mundo el presidente Donald Trump con sus incontables estropicios, ahora se suma el nerviosismo por cómo puede reaccionar ante la muy probable derrota de su partido en las elecciones intermedias. En democracias, perder poder no debería ser una amenaza; sin embargo, los gobiernos que corrompen el sistema que los encumbró suelen caer en un círculo vicioso en el que la debilidad y el desgaste político (natural) pasan de un
Emiliano Polo
/ A la habitual incertidumbre a la que tiene acostumbrado al mundo el presidente Donald Trump con sus incontables estropicios, ahora se suma el nerviosismo por cómo puede reaccionar ante la muy probable derrota de su partido en las elecciones intermedias.
En democracias, perder poder no debería ser una amenaza; sin embargo, los gobiernos que corrompen el sistema que los encumbró suelen caer en un círculo vicioso en el que la debilidad y el desgaste político (natural) pasan de una preocupación electoral a un riesgo personal que los aferra aún más al poder.
Gradualmente, Trump cada vez necesita menos su poder para gobernar y más para protegerse a sí mismo y a los suyos; entonces, de forma extraña, empieza a preocupar que quien abusó de su poder comience a perderlo y a sentirse acorralado. Y por eso se escuchan temores como: ¿qué se va a atrever a hacer?, ¿qué va a hacer con México, Irán o tal o cual país?
Las predicciones sobre estas elecciones intermedias son secuela de la realidad que Trump siempre decidió ignorar: las tarifas son un impuesto. Estimaciones recientes indican que las tarifas de su administración le han costado a una familia promedio alrededor de mil 100 dólares al año. A esto hay que sumarle el aumento de la deuda pública, la cual, al comienzo de su administración, representaba para cada ciudadano unos 107 mil dólares, y hoy es de alrededor de 120 mil.
El movimiento de Trump, MAGA, fue hábil en capitalizar el hartazgo y la torpeza con que se manejaron las “guerras interminables” en Medio Oriente por parte de administraciones pasadas, pero su desprecio por cualquier promesa, incluidas las suyas, lo ha llevado a doblar las apuestas en Irán, convirtiendo el aumento de los precios de los combustibles y los alimentos en una prioridad para los votantes.
No tiene sentido pronosticar las acciones de un presidente que presume de ser impredecible y errático, y cada vez más paranoico ante la posibilidad de que la victoria legislativa del partido demócrata se traduzca en investigaciones por los múltiples casos de corrupción que lo rodean.
No obstante, sí vale la pena recordar precedentes y patrones en las decisiones de presidentes que, tras perder las elecciones intermedias y al ver acotadas sus posibilidades de maniobra en política doméstica, ven en las zonas grises legales de la política exterior un refugio para seguir actuando con menor deferencia hacia el Congreso.
Los malos resultados en las intermedias normalmente llevan a los presidentes a apoyarse en poderes ejecutivos que les permiten actuar en política exterior con mayor margen que en política doméstica, una reacción que les permite tratar de conseguir logros que, además, apuestan, definirán su legado.
Richard Nixon, tras perder su mayoría en las elecciones de 1970, no tardó en extender la guerra de Vietnam a Laos, anunciar su famosa visita a China y firmar, en 1972, importantes acuerdos de control de armas con la Unión Soviética.
Poco después, Jimmy Carter, tras los malos resultados de 1978, priorizó el establecimiento de relaciones diplomáticas con la República Popular China y cortó las relaciones con Taiwán. Continuaba la Guerra Fría y Ronald Reagan, después de las elecciones de 1982, autorizó la invasión de Granada y se concentró en firmar tratados sobre armas nucleares con Mijaíl Gorbachov mientras intentaba hacer un control de daños por el escándalo Irán-Contra.
Bill Clinton, igualmente, se enfocó después de 1994 en su legado en política exterior al reemplazar el GATT (Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio) por la Organización Mundial del Comercio, utilizar el Fondo de Estabilización como apoyo a México aun tras el rechazo del Congreso, normalizar las relaciones con Vietnam y poner fin a la guerra de Bosnia mediante los Acuerdos de Dayton.
La tendencia continúa. El Partido Republicano pierde las intermedias de 2006 debido al hartazgo y la falta de resultados en la guerra de Irak. No obstante, la administración Bush aprobó en enero de 2007, contradiciendo a los grupos de estudio sobre el tema que había formado el Congreso sobre la guerra, el envío adicional de 20,000 tropas, a cargo del general David Petraeus, en una guerra que cada vez contaba con más recursos para conseguir objetivos cada vez más confusos.
La administración Obama, de igual forma, se concentró en la segunda mitad de su mandato en restablecer relaciones con la dictadura cubana, ordenar bombardeos en Libia, negociar el acuerdo sobre el cambio climático de París, el acuerdo nuclear con Irán y anunciar que EE. UU. haría, por fin, un “giro hacia Asia”.
No es una tendencia que excluya a Donald Trump. Durante su primera administración, los demócratas ganaron la Cámara Baja en 2018 y, poco después, firmó el TMEC y anunció el retiro de tropas de Siria, lo que provocó la renuncia de su secretario de Defensa, Jim Mattis. En enero de 2019, reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y anunció la retirada de EE. UU. del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio.
El Partido Demócrata probablemente cuente con la oportunidad de revertir, investigar y sancionar algunos de los peores estragos de MAGA. Quizá la diferencia en el contexto actual esté en la soledad de Trump: al distanciamiento natural con el Congreso se suman candidatos republicanos que comienzan a alejarse del presidente con la popularidad más baja antes de unas elecciones intermedias. Sigue el aislamiento que genera posicionarse como un facilitador del régimen de Putin en la guerra de Ucrania, que repudia a Europa, Canadá, Corea del Sur o a cualquier aliado histórico de EE. UU. Se viene una soledad combinada con persecución, paranoia, debilidad y más corrupción. No es buena combinación.













