Llegó la hora del fuera máscaras: Estados Unidos y México se quitaron la careta en la misma semana. Washington dejó de fingir que su poder es pura “democracia y valores” y habló como lo que es cuando se siente cómodo: un imperio. México, en cambio, dejó de fingir que tiene control interno y se exhibió como un Estado que, incapaz de impartir justicia plena y de narrarse con fuerza propia, termina operando bajo el guion del vecino.
/ De ser el tema emblemático de su campaña electoral, la política migratoria se ha convertido en un pantano para el presidente Donald Trump.
En un esfuerzo para salvar cara, la idea ahora parece enfocarse más en la frontera y la construcción del muro, así como en una ofensiva contra las llamadas ciudades santuario, donde los inmigrantes indocumentados encuentran refugio y aún apoyo.
/ Cuando se habla de “Davos”, se habla del Foro Económico Mundial organizado por el Banco Mundial, el espacio donde jefes de Estado, empresarios, organismos multilaterales y académicos se reúnen para leer el pulso del mundo y anticipar hacia dónde se mueve la economía global. América Latina no tenía —hasta ahora— un escenario propio de esa escala. Por eso el Foro Económico Internacional para América Latina y el Caribe, organizado por la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe en Panamá los días 28 y 29 de enero de 2026, se consolidó como un Davos latinoamericano: un punto de encuentro político y económico para posicionar a la región en el mapa geopolítico global, en un momento de alta fragmentación internacional.
Panamá se convirtió en el epicentro del debate regional. Siete jefes de Estado y uno de gobierno, más de 30 delegaciones oficiales y más de 6,500 participantes de 70 países dejaron claro que la región busca algo más que inversión: busca voz.
Entre los presentes estuvieron Raúl Molina (Panamá), Lula (Brasil), Petro (Colombia), Bernardo Arévalo (Guatemala), Daniel Noboa (Ecuador), Rodrigo Paz (Bolivia), Andrew Holness (primer ministro de Jamaica); y José Antonio Kast (Chile). Las cifras importan, pero el mensaje político importó más: América Latina quiere defender su lugar en la redefinición del orden económico internacional.
Uno de los ejes más claros fue la defensa de los minerales críticos. Litio, cobre, níquel y tierras raras —concentrados en gran parte en nuestra región— ya no son solo insumos para la transición energética, son activos geopolíticos. No es casual que la disputa por estos recursos venga acompañada de presiones externas, desde intereses de mineras extranjeras hasta narrativas que normalizan la quema del Amazonas o la venta de territorios estratégicos, como hoy se discute en la Patagonia. La transición energética global pasa, inevitablemente, por América Latina.
El foro dejó ver una región políticamente fragmentada. Una América Latina tensionada entre derechas e izquierdas, entre discursos de soberanía y agendas de mercado. En ese contexto, llamó la atención el discurso de unidad de Kast, en contraste con una región donde conviven un Lula que apuesta por integración, un Milei que promueve la liberalización extrema y una nueva derecha en Centroamérica que gana espacio.
Más allá de los paneles —50 en total— el foro fue también un espacio de operación política y económica. Se realizaron más de 400 reuniones bilaterales y, gracias a una plataforma de CAF, más de 1,100 encuentros adicionales. Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de la institución, fue claro: CAF ya no solo financia, también construye puentes y crea espacios donde la región articula su narrativa frente al mundo. Esa función política, en el contexto actual, es tan relevante como el financiamiento.
Este reacomodo regional no puede analizarse sin mirar hacia afuera. Europa discute la votación final del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, un tratado que crearía un mercado de más de 700 millones de personas. Aunque México no esté incluido, el impacto regional es innegable. Tras más de 25 años de negociación, el acuerdo sigue generando fuertes críticas: organizaciones como Greenpeace y Climate Action Network advierten que acelerará la deforestación para la producción de carne y soja, mientras agricultores europeos temen competencia desleal y pueblos indígenas denuncian afectaciones territoriales.
El “Davos latinoamericano” no resolvió las tensiones de la región, pero las puso sobre la mesa. América Latina está en una disyuntiva histórica. Puede seguir siendo proveedora de recursos en un mundo que los disputa sin reglas claras, o puede usar su peso estratégico para negociar desde una posición más cohesionada. En 2026, eso ya es un primer paso.
/ Los Juegos Olímpicos de Invierno de Milán-Cortina 2026 deben leerse menos como una cita deportiva y más como una arquitectura política donde se condensan las tensiones y ambiciones del orden internacional contemporáneo. En una Europa marcada por la guerra en Ucrania, la erosión del multilateralismo y un entorno estratégico cada vez más inestable, estos Juegos funcionan como una prueba concreta de coherencia, capacidad y proyección de poder europeo.
El Año de la Serpiente,1 próximo a finalizar el 16 de febrero del año en curso, concluirá con un sabor agridulce para el derecho internacional que fue vulnerado —una vez más— por quien prometió defender y hacer valer la Carta de las Naciones Unidas en virtud de su conveniencia y sus intereses. La madrugada del 3 de enero, el gobierno de Estados Unidos, liderado por el presidente Donald Trump, decidió de forma unilateral llevar a cabo una intervención militar en la capital de la República Bolivariana de Venezuela con el objetivo de capturar al ciudadano presidente Nicolás Maduro Moros, considerado el líder del supuesto Cártel de los Soles, organización de una red de narcotráfico, y a su esposa, Cilia Flores. La intervención tomó por sorpresa a la comunidad internacional, que condenó categóricamente la acción, pero ningún Estado le hizo frente de forma directa al invasor.
At this year’s World Economic Forum in Davos, two visions of the global order collided. US President Donald Trump declared the world stronger; the Canadian Prime Minister Mark Carney warned it was more fragile. Their clash reveals how trade, once governed by shared rules, is increasingly shaped by contradiction – and why an egalitarian liberalism must be reclaimed as a politics of agency.
It has become a cliché, almost a reflex, to begin an analysis of global disorder with Dickens’ opening line of his novel A Tale of Two Cities, “it was the best of times, it was the worst of times”. The quotation flatters the writer and, with minimal effort, signals that a contradiction is about to be explored. Almost a decade ago, in 2017, the line also crowned Xi Jinping’s well-received Davos address, in which he celebrated the global economic order while acknowledging its incongruities. This year at Davos, I was struck by the fact that the contradiction was embodied by two individuals. Two opposing ways of understanding the current state of the global order: Donald Trump and Mark Carney.
/ Bajo el presidente Donald Trump, Estados Unidos "se ha convertido en una potencia hegemónica depredadora", afirma Stephen M. Walt, profesor de Asuntos Internacionales Robert y Renee Belfer en la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, en la influyente revista Foreign Affairs. Y advirtió: "la hegemonía depredadora podría funcionar temporalmente. Sin embargo, a largo plazo, está condenada al fracaso".
/ El 1 de febrero comenzó la Serie del Caribe 2026, torneo anual de béisbol que organiza la Confederación de Béisbol Profesional del Caribe, integrada por México, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela. Para esta edición se contempló también a Panamá como país invitado.
El encuentro de este año estaba programado originalmente en San Juan, Puerto Rico; sin embargo, la isla pidió un cambio en 2024 que llevó su asignación a Caracas. No obstante, a finales de 2025 México, Puerto Rico y República Dominicana anunciaron a la Confederación que no participarían por problemas logísticos y de seguridad, además de las tensiones políticas que azotaban a Venezuela desde entonces. Varios equipos, principalmente los mexicanos, tienen en sus plantillas jugadores de nacionalidad estadounidense o con doble nacionalidad, algunos con experiencia en Grandes Ligas.