/ La creciente tensión alrededor de Cuba esconde una realidad: mientras el gobierno cubano y sus aliados se preparan para una guerra y subrayan su disposición a resistir, sus adversarios estadounidenses no tienen nada más que hacer que sentarse y dejar que su actual boicot se haga cargo.
No es agradable decirlo. Y mucho menos restarle significado a los llamados a la resistencia y la voluntad de un pueblo, o al menos parte de él, pero su situación se deteriora cada vez más por la carencia de energéticos propiciada por el bloqueo naval que evita la llegada de petróleo y sus derivados.
/ En la revista digital Tech Policy Press se publicó recientemente el artículo America’s First War in Age of LLMs Exposes Myth of AI Alignment, de Eryk Salvaggio, señalando que el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán podría marcar la primera guerra importante en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM), es decir, sistemas de Inteligencia Artificial (IA) capaces de analizar enormes volúmenes de información y generar textos, análisis o recomendaciones a partir de ellos.
Más allá de la coyuntura política, el autor utiliza este episodio para cuestionar una idea recurrente del debate tecnológico: la creencia de que la IA puede alinearse de manera confiable con valores humanos y restricciones éticas.
/ Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual.
La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza.
La Organización ha emprendido un proceso de reforma que busca resolver su profunda crisis de legitimidad y modificar una estructura anquilosada creada hace 80 años en un mundo que ya no es el de hoy.
Una de las muestras de los rezagos que enfrenta la Organización es el nunca haber contado con una mujer como secretaria general.
No es posible entender que un organismo que ha promovido la igualdad de género en el mundo, poniendo al centro la importancia del liderazgo de las mujeres como un tema esencial para el avance de las sociedades, no haya podido designar en 80 años a una mujer al más alto cargo de la Organización.
En 2016 cuando se dio la elección del actual secretario general, la designación de una mujer era un clamor generalizado y una posibilidad real al presentarse siete mujeres, todas ellas excelentes candidatas para el puesto. Las posibilidades se esfumaron frente a la barrera que implica el anquilosado sistema de elección que da la última palabra a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) para presentar la candidatura a la Asamblea General donde participan los 193 Estados miembros cuya función ha estado limitada a avalar la propuesta del Consejo.
Diez años después, cuando corresponde elegir a una nueva persona para ocupar este puesto, varias organizaciones y países se han pronunciado sobre la importancia de nombrar a una mujer al mando de la Organización, que conforme a la práctica de rotación regional correspondería a América Latina y el Caribe.
Más allá de una cuestión de justicia histórica, la complejidad del escenario internacional demanda en la próxima secretaría general un modelo de liderazgo diferente, innovador, incluyente y con una mirada suficientemente amplia para crear puentes y modificar las dinámicas de la guerra y la violencia, patrones comunes de las prácticas machistas en toda su extensión.
Hasta el momento, se cuenta con dos excelentes candidatas de la región: la expresidenta Michelle Bachelet presentada por su país Chile, por Brasil y México y la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grysnpan. Ambas cuentan con destacadas trayectorias para poder ejercer el cargo en estos momentos tan complejos para el mundo.
En estos próximos meses vendrá un proceso de consideración de las y los candidatos que se presenten para el alto puesto. A contrapelo de las expectativas, esperemos que la razón sea la moneda de cambio en esta decisión tan trascendental para la Organización.
/ El orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945, liderado por Estados Unidos, se edificó sobre una compleja red de normas, instituciones, alianzas, y organismos internacionales y regionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la OEA y la OTAN. Con limitaciones y contradicciones, fue un orden que, durante décadas, promovió estabilidad, crecimiento económico y reglas compartidas para la convivencia internacional.
/ En política se habla mucho del arte de conquistar el poder. Se escriben libros sobre campañas electorales, liderazgo carismático, estrategias para ganar elecciones y construir coaliciones. Pero hay un aspecto del liderazgo político que recibe mucha menos atención, aunque es igualmente decisivo para la salud de una democracia: el arte de saber retirarse del poder.
En una república, gobernar es siempre una responsabilidad temporal. El poder no se posee; se administra por un periodo limitado. Y cuando ese periodo termina, el deber democrático exige algo que a veces resulta más difícil que ganar una elección: dar un paso atrás y permitir que otros gobiernen.
/ La propuesta del presidente de Rusia, Vladimir Putin, de dejar de proporcionar inteligencia a Irán a cambio de que Estados Unidos haga lo mismo en Ucrania demuestra que ambas guerras están más conectadas de lo que pensamos. También revela que, en el nuevo orden internacional, los aliados pueden convertirse en moneda de cambio cuando están en juego intereses estratégicos. Hay al menos tres ámbitos en los que se observa esta interconexión.
/ China busca consolidar su soberanía y seguridad sistémica con la reciente publicación de su “XV Plan Quinquenal” que define los objetivos económicos y sociales del país hacia el año 2030.
El XV Esquema de Planificación para el Desarrollo Económico y Social de la República Popular China (2026-2030) fue aprobado formalmente el 12 de marzo de 2026 por la Asamblea Popular Nacional (APN) durante las “Dos Sesiones”. Las “Dos Sesiones” representan el evento político más importante del año, ya que es donde se aprueban y comunican las decisiones estratégicas para marcar el rumbo de la nación. Su nombre se debe a la congregación paralela de los principales órganos políticos: la APN y el Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh). Ambos órganos se encuentran en su 14° mandato que dura cinco años.
Este año, tanto la APN como la CCPPCh, celebraron su Cuarta sesión durante la primera quincena de marzo. Históricamente, la Cuarta sesión es la más relevante en términos socioeconómicos, ya que es el momento en el cual se aprueba el “plan quinquenal”. China comenzó a utilizar este instrumento desde 1953 para planificar centralmente su economía con una visión a largo plazo. En 2006 cambió la denominación de “plan” a “esquema de planificación”, reflejando que el documento es un marco general y no un ordenamiento estricto.
El XV Esquema de Planificación establece como objetivo en los próximos años un ritmo de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) del 5%. A su vez, se procurará alcanzar un PIB per cápita de 20,000 dólares, a fin de estar en el grupo de las economías “medianamente desarrolladas”.
Ahora bien, para lograr estos objetivos se tiene contemplado expandir la demanda interna y aumentar la autonomía industrial. El primer punto es uno de los ámbitos centrales del nuevo modelo económico chino que se ha estado impulsando desde la década pasada. Tal paradigma anhela un crecimiento sustentado en factores endógenos, en vez de exógenos (inversión extranjera y exportaciones) como lo ha sido desde las reformas económicas de 1978.
En cuanto a la autonomía industrial, se desean desarrollar nuevas fuerzas productivas para lograr la autosuficiencia tecnológica, al mantener el crecimiento en gasto de investigación y desarrollo en 7% cada año. La principal prioridad son las industrias del futuro como la computación cuántica, la red 6G, la Inteligencia Artificial (IA), la biología sintética y la energía de fusión nuclear.
Asimismo, se desean acelerar las siguientes industrias para que China tenga dominio en ellas: drones de carga, vehículos de hidrógeno, semiconductores de gama alta, robótica avanzada y equipamiento aeroespacial. Cabe mencionar que la directriz nacional también blindará las industrias tradicionales para modernizarlas y que sigan contribuyendo al crecimiento económico, por ejemplo, la petroquímica o la manufactura de equipo pesado.
Por otra parte, la seguridad nacional deja de ser un componente complementario a los objetivos económicos y se convierte en el principal medio para garantizarlos. En este sentido, es una prioridad que el desarrollo económico no se vea mermado por disrupciones a las cadenas de suministro.
En el área de los semiconductores, se pretende que para 2030 el 75% de los componentes críticos sean de origen nacional. Con el mismo propósito, los modelos de IA se diseñan con tecnología exclusivamente china y el uso del yuan digital en las transacciones comerciales internacionales de China es cada vez más frecuente. De igual manera, la transición verde, además de la protección ambiental, persigue la reducción de la dependencia al petróleo importado, situación que se encrudece por la turbulencia geopolítica en Medio Oriente.
En resumen, el plan actual aspira a una China que sea soberana sobre sus diferentes campos de desarrollo y así tener liderazgo internacional en ellos. El pasado esquema de planificación tenía una naturaleza más de resistencia a los choques externos como la guerra comercial con Estados Unidos o la pandemia de COVID-19. En tal momento, se impulsó una estrategia de circulación dual (双循环 shuāng xúnhuán) para que el crecimiento estuviera sostenido tanto por el consumo interno como por el apoyo externo.
Si bien la meta de crecimiento (5%) es la más baja desde 1991, es probable que sea suficiente para alcanzar los objetivos de Beijing en el espectro económico, inclusive en el PIB per cápita. Para ello, también deberá atender importantes desafíos como estimular el gasto real de los hogares, el envejecimiento de la población, la desigualdad en servicios públicos básicos, la alta tasa de deuda pública y el aislamiento de las cadenas globales de suministro.
/ De acuerdo con la Universidad de Tuskegee, entre 1882 y 1929, hubo 3,437 linchamientos contra afroestadounidenses, y de hecho más de 4,400 si se llega al año 1951, principalmente en el sur de Estados Unidos. En esos mismos territorios, se contabilizaron más de 1,293 linchamientos contra blancos, aunque muchos de estos incluyeron a mexicanos y chinos.
Pero muchos hubiéramos creído que ese tipo de acciones contra la diversidad, la igualdad o la inclusión habrían terminado luego de las luchas por derechos civiles y los disturbios de los años sesentas y setentas.