/ Señala que la reciente edición de la Asamblea General de la ONU estuvo marcada por los posicionamientos de distintos líderes respecto a las guerras y conflictos activos, el llamado de África a contar con representación en el Consejo de Seguridad, la sucesión de António Guterres y el desdibujamiento de América Latina.
/ Mucho sorprenden la rápida sucesión de los eventos internacionales y los avances de la ciencia y la tecnología. En el primer caso, porque lo impensable comienza a tener visos de realidad, como sucede con nuevas guerras en distintas regiones y con el deterioro de la capacidad de la ONU para contenerlas y responder a los retos que afrontan la paz y la seguridad universales. En el segundo, los adelantos en la inteligencia artificial son una llamada de alerta sobre la necesidad de regularla, de tal suerte que esa herramienta esté al servicio del género humano, y no al revés. Sin embargo, la inercia y el conformismo se siguen imponiendo.
/ La reunión de Trump y Xi Jinping en Washington me recordó la película mexicana de 1953 “Dos tipos de cuidado”. Qué bueno que los líderes de las dos superpotencias se reúnan. Pero el resto del mundo, y sobre todo nuestro país, debe tener cuidado. Sus desacuerdos, pero también sus entendimientos, tienen impacto sobre nosotros.
/ Pensemos en una empresa familiar mediana en cualquier corredor industrial del país. Puede fabricar envases para la agroindustria, componentes electrónicos, insumos químicos o prendas para una marca que exporta. Durante años su relación con el comercio exterior fue mayormente indirecta: vendía a un cliente que exportaba, y era ese cliente quien se ocupaba de las reglas de origen. Hoy esa empresa está en el centro de dos negociaciones simultáneas.
La primera es la que México sostiene consigo mismo. El Plan México se propone que al menos la mitad del contenido de lo que compra el gobierno federal sea de origen nacional, elevar en 15 % el contenido nacional en cadenas globales de valor y ampliar el acceso a financiamiento de las PYMES. Para esa empresa, el Plan México es una oportunidad concreta de crecer: sustituir insumos que hoy se importan, venderle al Estado y acceder a crédito y a estímulos a la inversión.
La segunda ocurre en la mesa trilateral. El 1 de julio, la revisión conjunta del artículo 34.7 del TMEC concluyó sin que las Partes confirmaran la prórroga del tratado; el acuerdo sigue vigente hasta 2036, pero sujeto a revisiones anuales, con una negociación orientada hacia reglas de origen más estrictas y mayor contenido estadounidense en sectores clave.
Ambas agendas llegan a la misma planta con una exigencia común. El cliente exportador, que certifica el origen conforme al articulado del Tratado vigente y responde ante una verificación del mismo, debe demostrar que cada mercancía cumple la regla del capítulo 4, sea un cambio de clasificación arancelaria o un valor de contenido regional. Para lograrlo pedirá a toda la cadena de suministro (sus proveedores) expedientes de origen, trazabilidad de insumos y evidencia de cumplimiento laboral conforme al capítulo 23. Son requisitos que presuponen un gobierno corporativo que muchas empresas familiares todavía no tienen, y esa misma carencia es la que le cierra el acceso al crédito y a los beneficios que el Plan México busca otorgar.
Por eso el Plan México se ejecutará en la medida en que cada actor asuma la parte que le corresponde. Al gobierno le toca coordinar sus instrumentos con el capítulo 25 del TMEC, dedicado a las PYMES, hasta ahora poco aprovechado, y vincular el financiamiento a la institucionalización de las empresas. La banca puede reconocer el cumplimiento documentado como un criterio de crédito, y las grandes exportadoras tienen más que ganar acompañando a sus proveedores nacionales que sustituyéndolos ante el primer requerimiento. Quienes asesoramos a empresas tenemos la tarea de traducir las reglas del tratado en procesos que una empresa mediana pueda sostener. La propia PYME, por su parte, encontrará en el orden documental su mejor carta comercial. Si esas piezas se alinean, la revisión anual del TMEC dejará de leerse como amenaza y las PYMES podrán demostrar, con papeles en regla, que lo que produce está hecho en México y aprovechar realmente el Plan México.
/ Se han presentado distintas nuevas circunstancias que hacen imperativo para México conformar una sólida alianza estratégica con Canadá. La principal justificación es la súbita explosión de una guerra comercial entre Estados Unidos y Canadá, propiciada por las agresivas exigencias y acciones del presidente Donald Trump, que pone en entredicho dos vértices fundamentales del T-MEC: avanzar hacia la integración de América del Norte y lograrlo vía un sistema de libre comercio de carácter trilateral.
Un marco propiciatorio es la recientemente anunciada doctrina Carney, que propone conformar alianzas estratégicas de potencias medias con intereses comunes para hacer frente a las amenazas de ruptura del orden económico internacional. Ésta tiene aplicación trascendental y elocuente con la histórica nueva alianza con la Unión Europea que puede culminar en que Canadá se convierta en su primer “miembro asociado”. Ello provocó airada respuesta de Trump, que puede significar el colapso del carácter trilateral del T-MEC, con importantes consecuencias para México. Eso hace todavía más apremiante conformar nuestra Alianza Bilateral, que se suma al acuerdo reciente con la UE.
Me permito citar también, en apoyo de este imperativo, las tesis esgrimidas por un amigo canadiense, Colin Robertson, internacionalista, diplomático y uno de los líderes de un prestigioso think tank, el Canadian Global Affairs Institute, publicado recientemente en un artículo del Policy Magazine, titulado apropiadamente: “El pivote México Canadá: de aliados de conveniencia a verdaderos socios [partners]”.
“El colapso de las negociaciones tarifarias Canadá-EU le da una adicional urgencia al argumento que los canadienses debían ya entender: no importa qué pase con el T-MEC, Canadá requiere una relación fortalecida con México: ‘El peligro es que Washington convierta dos negociaciones paralelas en una competencia entre qué socio concede más’. Un enfoque coordinado no significa posiciones idénticas, sino coordinarse cuando los intereses coinciden”. Recomienda:
1) “Canadá y México requieren una coordinación política más estrecha. Norteamérica es más que un acuerdo de libre comercio. Es una plataforma continua de producción construida sobre infraestructura, capacidades y reglas predecibles. Ottawa y México deben en forma rutinaria intercambiar inteligencia política, y consultar antes, no después de negociaciones fundamentales con EU.
2) “Construir una estrategia económica continental que implica, por ejemplo, un Convenio en minerales críticos y energía, con cadenas de producción integradas. Reforzar la cooperación multilateral en foros como CPTPP, APEC, WTO.
3) “Invertir en la infraestructura humana de la relación”. Destaca el éxito del programa de trabajadores agrícolas temporales. Postula que “debe haber más movilidad profesional, por ejemplo, enfermeras, ingenieros; intercambio de estudiantes y universidades”.
4) “La seguridad debe ser una parte más importante de la relación, cooperación policial, aduanera, ciberseguridad, lavado de dinero, crimen organizado” (ya hubo entre los poderes judiciales).
5) “Las instituciones importan”. Deben establecer canales de comunicación eficaces entre los líderes, ampliar los grupos de trabajo, las relaciones provincias-estados.
“Ottawa ha visto a México a través del prisma americano. Debemos tener una mirada directa. Debe elevar a México a su primera línea de política exterior... Nuestra relación consiste muy seguido en “brotes” de diplomacia activa, seguido de “olvido estratégico”. Así ocurre cuando “Washington amenaza el T-MEC y luego va a la deriva cuando pasó la crisis”. “Debe reconocerse a México, no sólo como un socio de T-MEC, sino como un aliado estratégico permanente para construir una Norteamérica más fuerte”.
Han habido algunos avances. El primer ministro canadiense Mark Carney hizo una invitación excepcional a nuestra presidenta para acudir a la Cumbre del G-7 en Toronto; después realizó visita oficial a México en septiembre de 2025. Se estableció una Alianza Estratégica Integral y un Plan de Acción 2025-2028. En febrero, una Misión Comercial Canadiense histórica con representantes de 240 empresas nos visitó. En mayo el secretario de Economía Marcelo Ebrard visitó Toronto y Montreal, también con 240 negocios; en ambas, se lograron muchos acuerdos concretos. El 20 de agosto nuestra presidenta se comunicó con Carney sobre las negociaciones del T-MEC.
Nuestro gobierno, a través de su política exterior y económica comercial, debe darle a la relación con Canadá, muy desaprovechada, un carácter prioritario. No rutas paralelas disconexas. Por supuesto, esta relación debe ir más allá de las negociaciones del libre comercio, como una alianza de interés común entre potencias medias, como contrapeso a las locuras de Trump, que incluya, como lo recomienda Robertson: “Estrechar las relaciones tecnológicas y educativas, acuerdos de mano de obra, un capítulo de seguridad”. Probablemente se requiera un acuerdo especial sobre el sector automotriz y la relación con China. Canadá debe incorporarse al Banco de Desarrollo de América del Norte. Se debe intentar rescatar el carácter trilateral del T-MEC, pero con los eventos recientes puede desdoblarse, al menos mientras dura Trump, en dos acuerdos diferentes. El canciller debe ir a Ottawa y preparar una gran visita de Estado de la presidenta. Fortalecer nuestra débil representación diplomática. Si fracasara el T-MEC, es más imperativo lograr esa amplia Alianza Estratégica con Canadá. No desaprovechemos la oportunidad. Como lo demuestra Carney, la soberanía se ejerce con acciones, no con declaraciones retóricas.
/ Durante la última década, algunas democracias han intentado responder una pregunta equivocada: ¿cómo derrotar al populismo? Tal vez deberíamos formular otra: ¿qué tendría que hacer la democracia para que los ciudadanos dejaran de necesitar al populismo para sentirse escuchados? La diferencia es enorme.
/ Al vencedor le toca el botín y hay que tener fuerza para protegerse. Es probablemente el principal mensaje que nos llega de la ONU con más fuerza que nunca. Durante estos días de la Semana de Alto Nivel se habló menos de la paz y más de cómo prepararse para la guerra. Se prestó menos atención al desarrollo, la pobreza y el cambio climático, y más a la seguridad y la defensa. No me sorprende este cambio de retórica porque hemos entrado definitivamente en una nueva etapa del orden internacional, y los asistentes a la reunión de la ONU lo reflejan en sus discursos.
/ La reforma al artículo 2º constitucional publicada en septiembre de 2024 representa un hito del constitucionalismo garantista, no sólo por fortalecer la reforma de 2001, sino por incluir, finalmente, una demanda del EZLN de 1994: reconocer a los pueblos y comunidades indígenas como sujetos de derecho público. La reforma fue aprobada por amplio consenso legislativo: 492 votos en la Cámara de Diputados, 127 en el Senado y los 32 Congresos locales. No obstante, su eficacia puede verse limitada por un federalismo de relación asimétrica entre el ámbito federal y local.