/ Decía Carl von Clausewitz, ese gran pensador y estratega militar prusiano, que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Eso fue en el siglo XIX. Ahora, queridos lectores, pareciera que la guerra es una rama más de la economía global, y de quienes la dominan. No solo gana quien tiene mejor armamento o guerreros más valientes, sino quien obtiene mayores réditos de los conflictos armados.
/ Los motores que propulsan a una economía de mercado hacia la prosperidad son las instituciones, la competencia y la innovación. Las tres no operan de manera aislada, sino que se nutren mutuamente dentro de un marco político que garantice libertades fundamentales y reglas democráticas. Lo anterior parece una obviedad, pero ante los persistentes embates en México a esos tres ejes centrales del desarrollo económico y social, no resulta ocioso remarcar su importancia.
/ La perestroika va a llegar a Cuba, ese es el mensaje que se percibe, cuando su dirigencia anuncia la apertura a la inversión extranjera y a los cubanos en el exterior. Se habla de una liberación económica, todavía no de una política, aún no de una democratización o glásnost. Lo que no completó ni Barack Obama, ni Juan Pablo II, quizá lo presencie Donald Trump.
Hay sentimientos encontrados entre los cubano-americanos. ¿En qué negocios participar y cuándo entrar a la isla? ¿Sólo poner dinero o mover empleados y familias donde se generó el exilio?
La convocatoria en sí advierte un cambio de época. El régimen abre las puertas al capital de los “cubanos del exilio”. Se están removiendo los impedimentos para las compañías de Estados Unidos y otros inversionistas extranjeros. En palabras del viceprimer ministro cubano Oscar Pérez-Oliva Fraga esta liberalización supera “la esfera comercial”, convoca “grandes inversiones, especialmente en infraestructuras” y sectores estratégicos como el energético, minero y turístico.
El turismo cubano suele compararse con el de su vecina y hermana Florida. A la que sus visitantes le generan más de 133 mil millones de dólares (año fiscal 2024-2025). Además, industrias como la del retiro atraerían inversionistas globales y de EU a Cuba, una vez consolidados el estado de derecho y la certidumbre jurídica. Con el cambio de régimen, las comunidades americanas y de cubano-americanos volverían a la isla. Por ejemplo, a Florida, el mercado de los retirados le representa 6 mil 800 millones de dólares.
La seguridad alimentaria de Cuba conlleva la inversión en empresas agrícolas dirigidas a 10 millones de habitantes. En tanto se moderniza la industria alimentaria local, es urgente proveer frijol, arroz, maíz, trigo, carne, pescados, enlatados y lácteos. La diplomacia cubana lleva años buscando cooperación internacional para mejorar su producción avícola, porcina, vacuna y caprina para consumo propio.
Si los empresarios cubano-americanos y estadounidenses pueden participar más en los negocios cubanos, es previsible que sus productos se abran paso para su venta en EU. La inyección de capitales, con fines de calidad y marketing, sumado al acceso al mercado estadunidense, augura un impacto significativo en el ron y café cubanos. En EU, sólo en 2024 se compraron 109 millones de litros de ron, mientras se consumen 400 millones de tazas de café al día.
La geopolítica le ha dado a Cuba una carta adicional en la transición energética, tiene la tercera reserva mundial de cobalto. 64% del consumo global de cobalto se destina a fabricación de baterías, utilizadas en autos eléctricos, centros de datos e inteligencia artificial. Otro ejemplo son las superaleaciones de cobalto, usadas para motores de avión y turbinas. El dilema de invertir en cobalto pasa por la volatilidad de los precios y la innovación tecnológica. No obstante, la explotación de este mineral crítico es estratégica y puede ayudar a Cuba a desarrollar una industria minera propia y de alto valor.
Una perestroika cubana traería entonces el ingreso de diversos capitales, en distintas industrias y a variadas velocidades. El sistema bancario sería precisamente la autopista para las inversiones internacionales, como lo ha sido con las remesas. Este salto tiene requisitos materiales, infraestructura, estabilidad eléctrica y conectividad. Demanda un marco regulatorio estable y pensar en el glásnost.
/ En el 2024 fueron elegidos Claudia Sheinbaum y Donald Trump como presidentes de dos países que comparten una historia bastante complicada. La intranquilidad efectiva entre México y EE.UU. extiende desde la Invasión Norteamericana y la plantación de la bandera estadounidense en Palacio Nacional, actos que inauguraron a la relación binacional con violencia, hasta la actual dinámica de tensión en temas de seguridad, narcotráfico y comercio binacional.
A medida que las relaciones se han degenerado en años recientes, ambos mandatarios también han fomentado las divisiones políticas y sociales en sus países. ¿Será posible que las retóricas populistas de Trump y la derecha sintetizado como “MAGA” (Make America Great Again – Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza) y su contraparte mexicana de Sheinbaum y la izquierda conocido como la 4T sean los motores que nos llevarán a una mejor relación binacional?
Desde que lanzó su primera campaña para presidente declarando que los migrantes mexicanos son unos asesinos y violadores,pero se imaginó que entre ellos tal vez hay gente buena, Donald Trump ha buscado posicionarse como el mandatario estadounidense más condescendiente hacia México. Pronto, y desde entonces ha buscado apelar a lo peor de la ideología conservadora en su país, fenómeno que lo llevó a dos triunfos electorales. Siempre y cuando su base de apoyo ha rehuido sus responsabilidades por la violencia y la drogadicción en su país, este tipo de retórica le ha servido. El proteccionismo de “America First” (Primero Estados Unidos), al parecer no discrimina entre países socios o enemigos, pero golpea la relación México-EE. UU. de manera contundente, arrebatando décadas de avances y éxitos en el tema del libre comercio en América del Norte. Sin embargo, su llamamiento populista en contra de México y los mexicanos migrantes ha sido un ingrediente importante de sus campañas.
Pese a sus respectivos esfuerzos de dividir sus respectivas sociedades, solo Trump, con su retórica populista y xenofóbica, ha logrado mover la opinión pública de los estadounidenses en contra de México. Según datos de Pew Research, desde el 2017 durante el su primer mandato hasta el 2024, el porcentaje de estadounidenses con una opinión favorable de México ha bajado de 65% a 37%. Estos datos demuestran que México y los mexicanos siguen siendo un chivo expiatorio confiable para los norteamericanos. El hilo conductor de las numerosasdeclaraciones absurdas de Trump, sin olvidar menciones y posturas frente a los cárteles, el muro, o un vertedero de drogas y delincuencia, etc., es la indignación populista que promete que solo con sacar a los “de afuera” del país, se resuelven los problemas más críticos en el país.
En el caso de la 4T de López Obrador y la presidenta Sheinbaum, la polarización generada por varios elementos populistas del movimiento se ha convertido en arma para defender los intereses de Morena y la consolidación del poder. Cuando Trump ataca a México, los mexicanos y los migrantes, o amenaza con imponer aranceles, se activa la defensa de la soberanía mexicana. Sin embargo, los migrantes no suelen aparecer en los grandes discursos sobre la soberanía nacional. A la presidenta Sheinbaum se le viene más fácil canalizar la atención en arengas tratando de los buenos contra los malos o del pueblo contra la élite. Es cierto que en el caso de las políticas gobernando la migración en Estados Unidos, los estadounidenses son los soberanos. No obstante, si Sheinbaum y la 4T fueran verdaderamente incluyentes en defensa de la soberanía, estarían empleando al derecho internacional paradefender a sus paisanos agraviados en EE. UU. Este tipo de defensa no existe en la retórica populista de la 4T. En cambio, mientras que se grita desde Palacio Nacional que los migrantes mexicanos in EE. UU. son “héroes y heroínas de la patria” se susurra que ha habido grandes reducciones significativas a los presupuestos de la red consular bajo gobiernos de la 4T. Sólo en el 2025 el Gobierno de México redujo este presupuesto por 49%en nombre de la austeridad republicana, justo cuando la necesidad de protección para los connacionales en EE. UU. crecieron ante grandes campañas de redadas y deportaciones ordenadas por el gobierno de Trump. Así es como la 4T trata a sus héroes y heroínas.
Desgraciadamente, este patrón de conducta común señala una especie de unidad latente, un frente unido en contra de los migrantes mexicanos radicando en EE. UU. Así que la únicaesperanza para resguardar la dignidad de los mexicanos vive dentro de la nación de mexicanos radicados en ambos países. Son los ciudadanos mexicanos y mexicoamericanos promedio, aglutinados con una gran medida de coordinación encabezadapor la sociedad civil, quienes nos llevarán a un futuro más cooperativo y apegado para el beneficio de todos.
/ “El poder, escribió Orwell, no es un medio. Es un objetivo.” En el mismo tenor, Philipp Blom afirmó que “toda dictadura requiere trascendencia, la promesa de un mejor mañana -un perfecto más allá, el cielo, el paraíso… A final de cuentas, sólo un apego casi religioso hacia un ideal sostenido en el espacio fuera de alcance y demandando grandes sacrificios puede justificar las crueldades e injusticias del presente.” Muchos gobiernos caben bajo estas definiciones, pero Morena lo hace con orgullo: la exclusión, la identificación de enemigos y culpables y la congénita incapacidad para sumar al conjunto de la población son la marca de la casa. En este entorno, queda por dilucidar si México aguanta el tipo de devenir que han experimentado otras sociedades, sobre todo al sur del continente.
Suele decirse que las revoluciones devoran a sus acólitos porque al transformarse en dictaduras nadie queda a salvo. Los otrora baluartes del movimiento acaban siendo consumidos, pasando a las filas de la oposición. En Venezuela pasaron del chavismo al madurismo y ahora el rodriguismo de la presidenta Delcy, quien hoy vive sometida a los designios del norte. En la Nicaragua sandinista ya no hay opositores presos, sino sandinistas que cayeron en desgracia con la pareja Ortega-Murillo y en Bolivia, donde eligieron jueces por voto popular, Evo Morales se peleó con su propio partido y ahora huye de la Justicia que él mismo parió. Hay muchos ejemplos históricos sobre cómo, al cambiar de manos, la concentración de poder se convierte en veneno para los que antes la celebraron. Las revoluciones tienen consecuencias, no siempre benignas…
Una de esas consecuencias es que la carrera contra el reloj revolucionario es la norma, no la excepción. Como todo ciclo humano, las revoluciones nacen, crecen, se desarrollan y declinan: se transforman o se agotan y casi siempre acaban en algún tipo de dictadura. En su Anatomía de la revolución, Crane Brinton describe la evolución de los movimientos revolucionarios de la euforia a la concentración del poder para acabar en una crisis. La euforia responde al hecho de tomar el poder, pero lo típico, sugiere este autor, es que los elementos radicales comiencen a tomar el control, excluyendo de manera creciente a quienes no son del grupo compacto -fenómeno que él denomina reacción de Termidor- hasta acabar en un nuevo estadio de estabilidad o autoritarismo, en ocasiones las dos cosas.
La imposibilidad de lograr el paraíso prometido, dice Crinton, genera el comienzo del ciclo de la desilusión que generalmente entraña la exclusión de muchos de los integrantes originales, quienes pasan -o son enviados- a las filas de la oposición, si no es que acaban siendo víctimas del terror revolucionario. Es en este sentido que Orwell afirma que “nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El propósito de la persecución es la persecución.” La revolución morenista no está ahí, pero hay indicios de fragmentación, exclusión, división y acusaciones mutuas por todas partes. Tan pronto amaina el fervor inicial, las fracturas no se hacen esperar. Y la oposición crece.
La pregunta es qué sigue. Ejemplos de otras naciones como las mencionadas al inicio muestran algunas formas en que pudiera evolucionar nuestro país y no todas son buenas, para los revolucionarios o para el país. Desde luego, las circunstancias de cada nación son distintas, lo que abre fuentes de oportunidad y potencial optimismo, sobre todo porque los mexicanos son mucho más exigentes de lo que los políticos con frecuencia creen: añoran los beneficios, pero repudian los costos y unos generalmente siguen a los otros.
Morena llegó al poder porque el país experimentaba un descontento generalizado, producto de los cambios que sobrecogieron al mundo, particularmente respecto a la tecnología, frente a los cuales fue patente la incapacidad de los gobiernos anteriores para responder con celeridad para satisfacer las necesidades de la ciudadanía y atenuar sus miedos. Ya en el poder, ahora en el octavo año, la cosa es diferente: como a todo gobierno -y más, dado que se trata de un “movimiento” que pretende continuidad- el desgaste acaba siendo inevitable. Esto deja al gobierno ante la necesidad de ir respondiéndole a la población no sólo por sus aciertos y errores, sino también por los de su predecesor. Es una tarea un tanto injusta, pero es la naturaleza del fenómeno, lo cual no aminora la fragmentación ni garantiza que se podrán evitar manifestaciones sociales. Pero abre oportunidades para abrir en lugar de seguir cerrando.
Todo esto obliga a pensar en qué clase de evolución acabará teniendo la transformación morenista. Ortega y Gasset escribió que “La revolución no es el alzamiento contra el orden preexistente, sino el establecimiento de un nuevo orden contradictorio al tradicional.” No cabe duda que estamos viviendo un orden contradictorio, pero no es obvio que éste sea un orden sostenible. Hacerlo sostenible y habitable para toda la ciudadanía es el gran reto del momento, en parte por la propia contradicción de Morena: porque sin crecimiento no dan las cuentas, mientras que muchos de los “cimientos” revolucionarios son antitéticos para que haya crecimiento.
/ La creciente tensión alrededor de Cuba esconde una realidad: mientras el gobierno cubano y sus aliados se preparan para una guerra y subrayan su disposición a resistir, sus adversarios estadounidenses no tienen nada más que hacer que sentarse y dejar que su actual boicot se haga cargo.
No es agradable decirlo. Y mucho menos restarle significado a los llamados a la resistencia y la voluntad de un pueblo, o al menos parte de él, pero su situación se deteriora cada vez más por la carencia de energéticos propiciada por el bloqueo naval que evita la llegada de petróleo y sus derivados.
/ En la revista digital Tech Policy Press se publicó recientemente el artículo America’s First War in Age of LLMs Exposes Myth of AI Alignment, de Eryk Salvaggio, señalando que el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán podría marcar la primera guerra importante en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM), es decir, sistemas de Inteligencia Artificial (IA) capaces de analizar enormes volúmenes de información y generar textos, análisis o recomendaciones a partir de ellos.
Más allá de la coyuntura política, el autor utiliza este episodio para cuestionar una idea recurrente del debate tecnológico: la creencia de que la IA puede alinearse de manera confiable con valores humanos y restricciones éticas.
/ Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual.
La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza.
La Organización ha emprendido un proceso de reforma que busca resolver su profunda crisis de legitimidad y modificar una estructura anquilosada creada hace 80 años en un mundo que ya no es el de hoy.
Una de las muestras de los rezagos que enfrenta la Organización es el nunca haber contado con una mujer como secretaria general.
No es posible entender que un organismo que ha promovido la igualdad de género en el mundo, poniendo al centro la importancia del liderazgo de las mujeres como un tema esencial para el avance de las sociedades, no haya podido designar en 80 años a una mujer al más alto cargo de la Organización.
En 2016 cuando se dio la elección del actual secretario general, la designación de una mujer era un clamor generalizado y una posibilidad real al presentarse siete mujeres, todas ellas excelentes candidatas para el puesto. Las posibilidades se esfumaron frente a la barrera que implica el anquilosado sistema de elección que da la última palabra a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) para presentar la candidatura a la Asamblea General donde participan los 193 Estados miembros cuya función ha estado limitada a avalar la propuesta del Consejo.
Diez años después, cuando corresponde elegir a una nueva persona para ocupar este puesto, varias organizaciones y países se han pronunciado sobre la importancia de nombrar a una mujer al mando de la Organización, que conforme a la práctica de rotación regional correspondería a América Latina y el Caribe.
Más allá de una cuestión de justicia histórica, la complejidad del escenario internacional demanda en la próxima secretaría general un modelo de liderazgo diferente, innovador, incluyente y con una mirada suficientemente amplia para crear puentes y modificar las dinámicas de la guerra y la violencia, patrones comunes de las prácticas machistas en toda su extensión.
Hasta el momento, se cuenta con dos excelentes candidatas de la región: la expresidenta Michelle Bachelet presentada por su país Chile, por Brasil y México y la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grysnpan. Ambas cuentan con destacadas trayectorias para poder ejercer el cargo en estos momentos tan complejos para el mundo.
En estos próximos meses vendrá un proceso de consideración de las y los candidatos que se presenten para el alto puesto. A contrapelo de las expectativas, esperemos que la razón sea la moneda de cambio en esta decisión tan trascendental para la Organización.