/ El orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial, en 1945, liderado por Estados Unidos, se edificó sobre una compleja red de normas, instituciones, alianzas, y organismos internacionales y regionales como la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial, la OEA y la OTAN. Con limitaciones y contradicciones, fue un orden que, durante décadas, promovió estabilidad, crecimiento económico y reglas compartidas para la convivencia internacional.
/ En política se habla mucho del arte de conquistar el poder. Se escriben libros sobre campañas electorales, liderazgo carismático, estrategias para ganar elecciones y construir coaliciones. Pero hay un aspecto del liderazgo político que recibe mucha menos atención, aunque es igualmente decisivo para la salud de una democracia: el arte de saber retirarse del poder.
En una república, gobernar es siempre una responsabilidad temporal. El poder no se posee; se administra por un periodo limitado. Y cuando ese periodo termina, el deber democrático exige algo que a veces resulta más difícil que ganar una elección: dar un paso atrás y permitir que otros gobiernen.
/ La propuesta del presidente de Rusia, Vladimir Putin, de dejar de proporcionar inteligencia a Irán a cambio de que Estados Unidos haga lo mismo en Ucrania demuestra que ambas guerras están más conectadas de lo que pensamos. También revela que, en el nuevo orden internacional, los aliados pueden convertirse en moneda de cambio cuando están en juego intereses estratégicos. Hay al menos tres ámbitos en los que se observa esta interconexión.
/ China busca consolidar su soberanía y seguridad sistémica con la reciente publicación de su “XV Plan Quinquenal” que define los objetivos económicos y sociales del país hacia el año 2030.
El XV Esquema de Planificación para el Desarrollo Económico y Social de la República Popular China (2026-2030) fue aprobado formalmente el 12 de marzo de 2026 por la Asamblea Popular Nacional (APN) durante las “Dos Sesiones”. Las “Dos Sesiones” representan el evento político más importante del año, ya que es donde se aprueban y comunican las decisiones estratégicas para marcar el rumbo de la nación. Su nombre se debe a la congregación paralela de los principales órganos políticos: la APN y el Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh). Ambos órganos se encuentran en su 14° mandato que dura cinco años.
Este año, tanto la APN como la CCPPCh, celebraron su Cuarta sesión durante la primera quincena de marzo. Históricamente, la Cuarta sesión es la más relevante en términos socioeconómicos, ya que es el momento en el cual se aprueba el “plan quinquenal”. China comenzó a utilizar este instrumento desde 1953 para planificar centralmente su economía con una visión a largo plazo. En 2006 cambió la denominación de “plan” a “esquema de planificación”, reflejando que el documento es un marco general y no un ordenamiento estricto.
El XV Esquema de Planificación establece como objetivo en los próximos años un ritmo de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) del 5%. A su vez, se procurará alcanzar un PIB per cápita de 20,000 dólares, a fin de estar en el grupo de las economías “medianamente desarrolladas”.
Ahora bien, para lograr estos objetivos se tiene contemplado expandir la demanda interna y aumentar la autonomía industrial. El primer punto es uno de los ámbitos centrales del nuevo modelo económico chino que se ha estado impulsando desde la década pasada. Tal paradigma anhela un crecimiento sustentado en factores endógenos, en vez de exógenos (inversión extranjera y exportaciones) como lo ha sido desde las reformas económicas de 1978.
En cuanto a la autonomía industrial, se desean desarrollar nuevas fuerzas productivas para lograr la autosuficiencia tecnológica, al mantener el crecimiento en gasto de investigación y desarrollo en 7% cada año. La principal prioridad son las industrias del futuro como la computación cuántica, la red 6G, la Inteligencia Artificial (IA), la biología sintética y la energía de fusión nuclear.
Asimismo, se desean acelerar las siguientes industrias para que China tenga dominio en ellas: drones de carga, vehículos de hidrógeno, semiconductores de gama alta, robótica avanzada y equipamiento aeroespacial. Cabe mencionar que la directriz nacional también blindará las industrias tradicionales para modernizarlas y que sigan contribuyendo al crecimiento económico, por ejemplo, la petroquímica o la manufactura de equipo pesado.
Por otra parte, la seguridad nacional deja de ser un componente complementario a los objetivos económicos y se convierte en el principal medio para garantizarlos. En este sentido, es una prioridad que el desarrollo económico no se vea mermado por disrupciones a las cadenas de suministro.
En el área de los semiconductores, se pretende que para 2030 el 75% de los componentes críticos sean de origen nacional. Con el mismo propósito, los modelos de IA se diseñan con tecnología exclusivamente china y el uso del yuan digital en las transacciones comerciales internacionales de China es cada vez más frecuente. De igual manera, la transición verde, además de la protección ambiental, persigue la reducción de la dependencia al petróleo importado, situación que se encrudece por la turbulencia geopolítica en Medio Oriente.
En resumen, el plan actual aspira a una China que sea soberana sobre sus diferentes campos de desarrollo y así tener liderazgo internacional en ellos. El pasado esquema de planificación tenía una naturaleza más de resistencia a los choques externos como la guerra comercial con Estados Unidos o la pandemia de COVID-19. En tal momento, se impulsó una estrategia de circulación dual (双循环 shuāng xúnhuán) para que el crecimiento estuviera sostenido tanto por el consumo interno como por el apoyo externo.
Si bien la meta de crecimiento (5%) es la más baja desde 1991, es probable que sea suficiente para alcanzar los objetivos de Beijing en el espectro económico, inclusive en el PIB per cápita. Para ello, también deberá atender importantes desafíos como estimular el gasto real de los hogares, el envejecimiento de la población, la desigualdad en servicios públicos básicos, la alta tasa de deuda pública y el aislamiento de las cadenas globales de suministro.
/ De acuerdo con la Universidad de Tuskegee, entre 1882 y 1929, hubo 3,437 linchamientos contra afroestadounidenses, y de hecho más de 4,400 si se llega al año 1951, principalmente en el sur de Estados Unidos. En esos mismos territorios, se contabilizaron más de 1,293 linchamientos contra blancos, aunque muchos de estos incluyeron a mexicanos y chinos.
Pero muchos hubiéramos creído que ese tipo de acciones contra la diversidad, la igualdad o la inclusión habrían terminado luego de las luchas por derechos civiles y los disturbios de los años sesentas y setentas.
/ La escena podría parecer cotidiana: una fila de personas esperando afuera de una bodega, mercancía recién llegada, precios por debajo del mercado. Nadie pregunta demasiado. El comerciante sonríe, vende rápido y cierra el día con ganancias que difícilmente explicaría en un esquema legal.
A unas calles de ahí, una gasolinera mantiene siempre precios “competitivos”. En otro punto de la ciudad, un lote de autos ofrece vehículos impecables, listos para circular, sin que nadie se detenga a revisar demasiado su origen. Todo parece normal. Todo está a la vista.
Hay un momento en toda deriva autoritaria en el que el guion se vuelve predecible. No es cuando el líder gana; es cuando empieza a perder. Cuando se rompe el apoyo electoral, el reflejo instintivo no es corregir el rumbo, sino torcer las condiciones de la competencia para que la elección se adapte al gobernante, y no al revés.
El liberalismo es una corriente de pensamiento que defiende la libertad individual, la limitación del poder del Estado y la propiedad privada, y pugna por la economía de mercado y la libertad política. Sus principales opositores incluyen el fascismo y el comunismo, pero el neomercantilismo surge como un fuerte opositor.