/ Hace un año, en la cumbre de La Haya, la estrategia de los líderes de la OTAN fue mantener la reunión corta y apostar por la adulación: colmar de elogios a Donald Trump y regalarle la promesa de destinar el 5% del PIB a defensa para 2035.
Esta semana, en la cumbre de Ankara, la alianza intenta algo distinto: reducir los elogios y disminuir la tensión con EU a partir de entregas y resultados. Los europeos han anunciado más de 40 mil millones de dólares en programas antidrones, la compra de diez aviones suecos de vigilancia para reemplazar parte de la flota, nuevos aviones de transporte y un programa que reúne a nueve países para producir una munición común.
La sede de la cumbre fue incómoda para el resto de Europa. En los días previos, la policía turca detuvo a periodistas y opositores en redadas; organizaciones de derechos humanos contabilizan miles de detenidos desde la primavera. Por su parte, Trump fue recibido con afecto y ceremonia por Tayyip Erdogan, y no tardó en recordar a la prensa que estaba profundamente decepcionado de la OTAN y que acudió, en buena medida, solo porque el anfitrión era su amigo. Erdogan, al frente del segundo ejército más grande de la alianza, entiende la ventaja que tiene con EU por su posición geográfica, cercana a los conflictos en Medio Oriente y Ucrania.
En cuestión de horas, Turquía logró que Trump prometiera levantar las sanciones impuestas después de que el país compró defensas antiaéreas rusas: “No queremos sancionar a nuestros amigos”. Además, anunció el regreso de Turquía al programa de aviones F-35, una venta que Israel ha cabildeado para bloquear. Como corresponde con la administración Trump, las cumbres de la OTAN se convierten en un escenario para las genuflexiones contraproducentes y el intercambio de favores.
Las concesiones, como ya debería quedar claro, no han logrado que Trump valore la alianza o mantenga acuerdo alguno más allá del par de días que dura la cumbre, esta o cualquier otra. Apenas en abril reducía a la alianza a un “tigre de papel” y, con la inauguración de la cumbre de Ankara, recordó su disgusto con los europeos por haber negado el espacio aéreo y las bases para lanzar los ataques estadounidense-israelíes contra Irán en febrero.
A la pregunta sobre si más tropas estadounidenses saldrán de Europa, más allá del retiro de 5 mil efectivos de Alemania que ya conduce Pete Hegseth, respondió apenas: “Ya veremos”. Insistió, además, en que EU, y no Dinamarca, debería controlar Groenlandia, minimizando que su amenaza llevó el año pasado a la crisis más grave de la alianza. Y todo lo anterior, apenas un año después de que los aliados confiaban en que el aumento del gasto militar les ganaría la buena voluntad de la administración Trump.
Por su parte, y equiparando fragilidad con importancia, Marco Rubio ha defendido la reunión como la más importante en la historia de la OTAN. MAGA justifica los ataques a la alianza bajo la supuesta “transferencia de la carga”, pero, dado que la OTAN lleva 80 años organizada en torno al poder estadounidense, la verdadera pregunta no es si Europa gasta más, sino cómo y cuándo podrá organizar su defensa sin EU en el centro.
Lamentablemente, la respuesta de Europa continúa insistiendo en las reverencias del secretario general Mark Rutte, quien, por ejemplo, bautizó la inversión en rearme como “el Billón de Trump” para presumirle que Europa y Canadá ya invierten cerca del 4% del PIB, apenas un año después de la promesa de alcanzar el 5% para 2035. Además, pasó el martes exhibiendo contratos que, en sus palabras, se extienden “desde Arkansas hasta Ankara”, incluidas compras europeas a Northrop Grumman de drones estadounidenses, para que siempre quede claro que la prioridad es que a la industria de EU le vaya bien.
La segunda respuesta de Europa es más trascendente. En junio, Ucrania firmó un contrato por 2 mil 500 millones de dólares para la adquisición de 16 cazas suecos, financiado mediante el Préstamo de Apoyo a Ucrania de la Unión Europea. Se trata del primer equipo de combate comprado para Kiev sin participación estadounidense. Empresas europeas ya fabrican, en suelo alemán, drones de diseño ucraniano y Zelensky ha insistido en que, entre sus prioridades, está adquirir licencias de producción: el derecho a fabricar, no solo a recibir. Por lo pronto, Ucrania ha logrado invertir la vieja pregunta: de cómo puede ayudar la OTAN a Ucrania, a qué puede enseñarle Ucrania a la OTAN.
Europa intenta cambiar de tema: de lo que EU le debe a Europa a lo que Europa puede construir. Por lo pronto, se verá como una alianza que aprende a tratar el poder estadounidense como algo que renta mientras acumula patrimonio propio.
/ La Organización de las Naciones Unidas (ONU) se encuentra en proceso de elegir a la próxima persona que ocupará la Secretaría General. Tras 10 años en el cargo, António Guterres concluirá su mandato el 31 de diciembre de 2026 y entregará a su sucesor (o sucesora) una institución con serios desafíos por delante. Quien resulte electo enfrentará una crisis de legitimidad, un déficit de confianza y un rezago financiero que exigen un liderazgo firme, pragmático y creativo.
El proceso de elección Hasta hoy, seis perfiles compiten por el cargo. Aunque deberán obtener el respaldo de la mayoría de la Asamblea General, el verdadero desafío consiste en superar el filtro previo del Consejo de Seguridad, que debe recomendar formalmente la candidatura. Las implicaciones son profundas: los miembros permanentes del Consejo tienen la facultad de vetar a cualquier aspirante que no se ajuste a su visión sobre el futuro de la ONU o que consideren excesivamente cercano a los intereses de otra potencia con derecho de veto.
Para esta elección en particular, se anticipa que la persona electa provenga de Latinoamérica, en apego al principio de rotación geográfica, una práctica consolidada, aunque no formalmente establecida en las reglas de la Organización. Asimismo, ha cobrado fuerza la posibilidad de que, por primera vez, una mujer ocupe la Secretaría General. Sin embargo, esta no es una posición consensuada. Mientras China, Francia y el Reino Unido se han mostrado favorables a esa posibilidad, Estados Unidos y Rusia sostienen que la designación debe recaer en la candidatura más sólida, independientemente de su género.
Los perfiles de los candidatos La chilena Michelle Bachelet fue propuesta originalmente por Brasil, México y su propio país. Su candidatura es una de las más sólidas, respaldada tanto por el apoyo de las dos mayores potencias latinoamericanas como por una amplia trayectoria política y multilateral. Además de haber sido Presidenta de Chile en dos ocasiones, fue Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y directora ejecutiva de ONU Mujeres.
Aunque el nuevo gobierno chileno decidió retirar su respaldo, Brasil y México mantienen su apoyo a Bachelet, quien encarna una visión progresista de la izquierda latinoamericana y cuenta con una reconocida experiencia en materia de gobernanza internacional.
Pero en esta contienda, cualquier antecedente puede ser tanto una fortaleza como una vulnerabilidad. En octubre de 2025, antes de anunciar formalmente su candidatura, Bachelet fue recibida en Beijing por el Ministro de Relaciones Exteriores. Tras el encuentro, la Cancillería china emitió un comunicado inusual en el que la describió como “una estadista de renombre mundial y una vieja amiga del pueblo chino”, entre otros elogios. Este aparente respaldo se reiteró durante una visita reciente a China, lo que despertó interrogantes entre algunos analistas, ya que uno de los últimos actos de Bachelet como Alta Comisionada para los Derechos Humanos fue la publicación de un controvertido informe sobre la situación en Xinjiang, un tema especialmente sensible para Beijing.
Su candidatura tampoco ha encontrado el mismo nivel de receptividad en Washington. El representante estadounidense ante la ONU, Mike Waltz, ha expresado reservas sobre su postulación. Entre otras críticas, señaló que Bachelet evitó calificar como genocidio las acciones de China contra la minoría uigur y cuestionó su defensa del acceso al aborto como un derecho humano. Dado que estas objeciones provienen de un miembro permanente del Consejo de Seguridad, no puede descartarse que se anticipe un eventual veto a su candidatura.
Otra de las mujeres latinoamericanas con una sólida trayectoria es la costarricense Rebeca Grynspan. Hasta hace poco fungió como Secretaria General de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Desde esa posición encabezó los esfuerzos de la ONU para mitigar los efectos humanitarios de la guerra entre Rusia y Ucrania, al facilitar la Iniciativa de Granos del Mar Negro, que permitió reanudar la exportación de 33 millones de toneladas de cereales desde puertos ucranianos y contribuyó a evitar una crisis alimentaria mundial.
Su capacidad para dialogar con todas las partes, incluso en un contexto de conflicto armado, le ganó el respeto de numerosos Estados miembros. Además, se ha desempeñado como Secretaria General Adjunta de las Naciones Unidas, Directora Regional para América Latina y el Caribe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y Vicepresidenta de Costa Rica.
Quien resulte electo enfrentará una crisis de legitimidad, un déficit de confianza y un rezago financiero que exigen un liderazgo firme, pragmático y creativo. Grynspan cuenta con el respaldo de su propio país, a diferencia de Bachelet. Aunque no es un requisito formal, se trata de una ventaja política relevante. Otro punto a su favor es que ha sido la única candidata que ocupaba un cargo dentro de la ONU en acatar la solicitud de la Asamblea General de separarse temporalmente de sus funciones durante la campaña. Esta decisión fue interpretada como una muestra de respeto a la voluntad de los Estados miembros y de compromiso con la rendición de cuentas, una cualidad esencial para quien aspire a encabezar la Organización.
Rompiendo con la expectativa de que la próxima Secretaría General recaiga en una mujer, Argentina presentó la candidatura de Rafael Grossi. El actual Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) cuenta con una amplia trayectoria diplomática y experiencia en organismos vinculados a la seguridad internacional y el desarme, entre ellos el propio OIEA y la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas.
Respaldado por el gobierno de Javier Milei, Grossi es percibido como una candidatura asociada a los sectores más conservadores de la región y potencialmente más cercana a Estados Unidos. Su experiencia técnica y su perfil en materia de no proliferación nuclear podrían resultar atractivos para varios miembros permanentes del Consejo de Seguridad.
A diferencia de Grynspan, Grossi se mantiene en su cargo al frente del OIEA. Ha argumentado que la naturaleza de sus responsabilidades y las exigencias de su puesto hacen inviable una separación temporal. Un eventual éxito de su candidatura dependerá, en buena medida, de su capacidad para proyectar liderazgo en momentos de crisis. En ese sentido, ha logrado navegar escenarios complejos relacionados tanto con la invasión rusa de Ucrania como con el avance del programa nuclear iraní.
La candidatura más accidentada hasta la fecha ha sido la de Macky Sall, quien gobernó Senegal durante 12 años y fue postulado por Burundi. Cuando anunció su candidatura, Burundi intentó aprovechar su posición como presidente de la Unión Africana para presentarla como una candidatura respaldada por el continente. No fue así. Por ello, propuso a los miembros de la Unión avalarla mediante un “procedimiento de silencio”. Es decir, la candidatura sería considerada africana siempre que ningún Estado miembro expresara objeciones. Sin embargo, varios países del bloque se opusieron de inmediato. A pesar de ello, Burundi mantuvo su apoyo a Sall, aunque únicamente a título nacional.
No hay una fecha límite para la presentación de candidaturas. Por ello, no sorprendió que, meses después de que surgieran las primeras postulaciones, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa fuera nominada por Antigua y Barbuda, mientras que la embajadora Carolyn Rodrigues-Birkett fue postulada por Guyana.
Espinosa es una figura ampliamente reconocida en los círculos multilaterales. Fue la primera mujer latinoamericana en presidir la Asamblea General de las Naciones Unidas y se desempeñó como Ministra de Relaciones Exteriores y Ministra de Defensa de Ecuador. Por su parte, Rodrigues-Birkett es la actual Representante Permanente de Guyana ante la ONU y, anteriormente, ocupó los cargos de Ministra de Relaciones Exteriores y Ministra de Asuntos Amerindios de su país.
Los diálogos interactivos de la Asamblea General: un vistazo al futuro Con el propósito de renovar los procesos de la Organización, los Estados miembros acordaron que esta fuera la elección de secretario general más transparente e incluyente en la historia de la ONU. Para ello, establecieron diálogos interactivos convocados por la presidencia de la Asamblea General, en los que las personas candidatas se someten a audiencias públicas y responden preguntas de los Estados miembros y de organizaciones de la sociedad civil sobre sus prioridades y propuestas para la institución.
Aunque este mecanismo no es jurídicamente vinculante, ha contribuido a incrementar el interés en las candidaturas, fortalecer el escrutinio público y promover una mayor transparencia en el proceso de selección.
Durante las audiencias públicas, que se extendieron por cerca de 3 horas para cada candidatura, los Estados miembros y los representantes de la sociedad civil buscaron esclarecer una cuestión fundamental: ¿cuál es la visión de cada aspirante para el futuro de la Organización y cómo utilizaría el cargo para hacerla realidad? Las respuestas dejaron en evidencia que las diferencias entre las candidaturas no son meramente de estilo o trayectoria, sino que reflejan concepciones distintas sobre las prioridades y el papel de la ONU.
Por un lado, Bachelet y Grynspan coincidieron en la necesidad de atender la crisis de legitimidad que enfrenta la institución y de profundizar el actual proceso de reformas bajo los principios de eficacia, modernización y transparencia. Sin embargo, al examinar sus propuestas con mayor detalle, emergen diferencias relevantes. Bachelet otorgó mayor peso a la preservación del sistema internacional basado en instituciones, al proponer la renovación de la autoridad moral de la ONU, una mayor presencia sobre el terreno y una reforma del Consejo de Seguridad. Grynspan, en cambio, puso el acento en el papel de la Secretaría General como instancia de liderazgo y gestión, subrayando que cualquier transformación sustantiva requiere del respaldo y la voluntad política de los Estados miembros.
Una visión distinta sobre el futuro de la ONU puede apreciarse en las propuestas de Grossi y Sall. Grossi centró buena parte de su intervención en la agenda de desarrollo y aprovechó el espacio para destacar sus logros en materia de gestión y liderazgo al frente del OIEA. Sall, por su parte, puso el énfasis en la interrelación entre desarrollo y paz. Subrayó la importancia de las operaciones de mantenimiento de la paz, el uso de la diplomacia preventiva para evitar nuevos conflictos y la necesidad de fortalecer la cooperación con las instituciones de Bretton Woods y el sector privado para impulsar esta agenda.
A pesar de su tardía postulación, Espinosa sí tuvo la oportunidad de participar en el diálogo interactivo. Ahí presentó una visión distinta a las anteriores, comenzando por una concepción del desarrollo impulsada desde la soberanía nacional y no desde Nueva York. También defendió que los resultados de la ONU deben medirse por el número de vidas salvadas y abogó por poner fin a los diagnósticos excesivos. En materia de seguridad, afirmó que priorizaría la diplomacia preventiva mediante los buenos oficios de la organización para facilitar la gestión de conflictos y avanzar en discusiones clave, como la reforma del Consejo de Seguridad.
Las diferencias entre las candidaturas son profundas, desde sus afinidades ideológicas y la relación que mantienen con algunos miembros permanentes del Consejo de Seguridad hasta la visión con la que conducirían la Organización. Sin embargo, conviene recordar que la elección requiere el consenso de los cinco miembros permanentes y que no hay una fecha límite para la presentación de candidaturas. Por ello, no resulta descabellado considerar que la persona que finalmente obtenga el cargo aún no haya sido postulada y que emerja como una opción capaz de conciliar los intereses de las grandes potencias antes de la votación de la Asamblea General prevista para antes de noviembre.
/En un contexto internacional marcado por conflictos armados, crisis humanitarias, retrocesos democráticos ycrecientes desigualdades, la igualdad de género ha dejado deser una cuestión exclusivamente social para convertirse en un elemento estratégico de la gobernanza global. La V Conferencia Ministerial de Política Exterior Feminista: Construyendo Paz y Democracia, celebrada en Madrid,reflejó esta nueva visión al situar la igualdad como un componente esencial para la paz, la democracia y el desarrollo sostenible.
España asumió un papel de liderazgo al reunir a gobiernos, organismos internacionales, representantes parlamentarios yorganizaciones de la sociedad civil con un objetivo común:impulsar una política exterior que incorpore de formatransversal la perspectiva de género. El mensaje fue claro: nopuede construirse un orden internacional estable mientraspersistan desigualdades estructurales que afectan a la mitad de la población.
Uno de los momentos más destacados de la Conferencia fue el espacio brindado a las organizaciones feministas a través del Foro de la Sociedad Civil, donde pusieron de relieve cómo las guerras, las crisis económicas, el cambio climático y los desplazamientos forzados afectan de manera desproporcionada a las mujeres y las niñas. Paradójicamente, quienes desempeñan un papel decisivo en la protección y reconstrucción de las comunidades siguen siendo, en muchoscasos, quienes reciben menos apoyo financiero por parte de sus países y de la arquitectura internacional.
La adopción de la Declaración Política de Madrid, suscrita por veintiocho países, constituye un avance relevante al traducir principios en compromisos concretos, como integrarla igualdad de género en la acción exterior, fortalecer laparticipación de las mujeres en la toma de decisiones, prevenir la violencia y aumentar la financiación para combatir la desigualdad y la feminización de la pobreza.
Sin embargo, el verdadero reto comienza tras la firma de estos acuerdos. La experiencia demuestra que numerosas declaraciones internacionales terminan perdiendo fuerza como consecuencia de una financiación insuficiente, la discontinuidad de los compromisos institucionales y la debilidad de los mecanismos de evaluación y seguimiento. El éxito de esta Declaración dependerá de la capacidad de los Estados para traducir sus acuerdos en políticas públicas medibles y sostenibles.
La Conferencia de Madrid aporta también una idea fundamental: la igualdad de género no solo responde a unaexigencia de justicia y de derechos humanos, sino queconstituye una herramienta para fortalecer la democracia, prevenir conflictos y mejorar la eficacia de la cooperación internacional. En un mundo cada vez más complejo, la Política Exterior Feminista representa una oportunidad paraconstruir sociedades más inclusivas y resilientes.
El desafío ahora es que el compromiso político se traduzca en acciones concretas capaces de generar un impacto real y duradero.
/ Para México, no existe un entorno externo más relevante que Estados Unidos. Sin embargo, pocas veces ha habido un momento en que Estados Unidos haya sido tan difícil de interpretar.
Esta es la paradoja que se encuentra en el centro del desafío estratégico que enfrenta México hoy. Conocemos a Estados Unidos de cerca, quizás más que a cualquier otro país del mundo. Nuestras economías están profundamente integradas. Nuestras sociedades están entrelazadas a través de la migración, los vínculos familiares, los negocios, la educación, la cultura y la vida cotidiana transfronteriza. Nuestro futuro en materia de seguridad, energía, comercio, empleo e industria está determinado, de una u otra forma, por decisiones que se toman en Washington, Austin, Sacramento, Phoenix, Chicago y muchos otros centros de poder político y económico estadounidenses.
/ Un viejo chiste soviético decía que una persona fue a su nosocomio a preguntar por un doctor especialista en ojos y oídos. La recepcionista le dijo que no tenían ningún médico con esas características, que solo tenían especialistas en ojos o especialistas en oídos, nariz y garganta, pero no en ambas. El paciente respondió que él necesita a alguien que le explique por qué lo que ve no coincide con lo que oye.
En el México de hoy, esa contradicción reaparece en la forma en que ahora se conducen los asuntos públicos. Se pretende que vivimos en una democracia, que toda la población adora al gobierno, que la economía se mueve como un ferrocarril, que el sistema de salud ya (casi) imita al de Dinamarca y que la seguridad es ya una realidad para las familias mexicanas. Eso es lo que se oye.
Lo que se ve es muy distinto: un gobierno cada vez más poderoso, menos tolerante y más autoritario; una economía que se deteriora, finanzas públicas cada vez más endeudadas y subsidios interminables a hoyos negros como Pemex; un sistema de salud que carece de suministros; y niveles de inseguridad quizá menores en algunas regiones en materia de homicidios, pero la extorsión sigue viento en popa. Y para colmo, en pleito con nuestro principal socio.
El régimen político claramente ha cambiado, pero no en la forma en que pretende el discurso político, orientado siempre a exaltar altos niveles de popularidad como prueba de una pujante democracia. Eso es lo que se oye. Sin embargo, la pretensión de ir avanzando hacia la democracia como se entiende en el mundo occidental (elecciones libres, libertad de expresión, rendición de cuentas, contrapesos frente al poder) ha desaparecido en la medida en que el gobierno concentra el poder al eliminar todo vestigio de contrapesos y recursos independientes frente al poder, sea en la forma de un poder judicial cooptado o en la desaparición de órganos autónomos con capacidad de acción frente al poder. Eso es lo que se ve.
El país ha experimentado un cambio de régimen que, en muchos sentidos intenta recrear al viejo sistema político del siglo XX, pero en lo único que realmente se parece es en la existencia de una presidencia fuerte o, al menos, exaltada. Todo lo demás es distinto porque el gobierno actual, y el partido político que lo sustenta, en nada se parecen a los gobiernos de antaño, donde la clave residía en una presidencia institucionalizada, no personalista e ilimitada como la que observamos en el sexenio anterior que, además retiene mucho de su influencia.
Lo peor del “nuevo” régimen no es que se parezca mucho al viejo régimen del siglo pasado, aunque ciertamente parece un pobre intento por recrearlo, sino que entraña el retorno de todo un conjunto de vicios, mentiras, fantasmas, encubrimientos, calumnias, falsificaciones, engaños, corrupción y abusos que caracterizaron a aquella etapa negra de nuestra historia, pero sin las capacidades, el profesionalismo y sentido de Estado del viejo sistema. A nadie debería sorprender que su efectividad en cuanto a avanzar el progreso económico sea tanto menor.
El “viejo” régimen nació para resolver el gran entuerto que había dejado irresuelto el fin de la guerra revolucionaria: la ausencia de una estructura política. Paso a paso, primero Plutarco Elías Calles y luego Lázaro Cárdenas, fue cobrando forma un nuevo sistema político dentro, pero al lado, de la estructura formal del poder. En el corazón de aquel sistema radicaba el partido que fue la antítesis de Morena porque, primero, contaba con estructuras verticales de control; segundo, tenía por objeto el desarrollo económico del país, para lo cual el partido fue el factor clave de estabilidad política; tercero, desarrolló un cuerpo de políticos profesionales que tuvieron la habilidad de gobernar y la flexibilidad para adecuarse a un mundo cambiante; y, cuarto, encarnaba un sentido de Estado que, a pesar de la corrupción que le acompañó, entrañaba reglas del juego, reconocimiento (casi siempre) de los resultados electorales y una estructura institucional que impedía los excesos más extremos, a la vez que contribuía a restablecer la estabilidad cuando se presentaban situaciones de crisis. Morena no cuenta con nada que se le asemeje.
Todo esto arroja dos elementos que debe uno tener en cuenta para contemplar el futuro. Primero, donde sin duda hay una similitud entre el viejo y el nuevo régimen es en su naturaleza autoritaria. Una vieja medida de democracia afirma que en las dictaduras los políticos se burlan de los ciudadanos, en tanto que en las democracias son los ciudadanos los que se ríen de los políticos. En esto, los dos momentos son casi indistinguibles, rompiendo una tendencia de tres décadas en que parecía que avanzábamos hacia una democracia liberal.
Los actores clave del nuevo régimen están seguros de que avanzan en todos los terrenos y que la historia los absolverá, pero su incapacidad para hacer compatible lo que se ve y lo que se oye los ciega respecto a lo que ocurre debajo de la superficie -el otro elemento, este duro- y que puede acabar llevando al país a que se dé contra la pared. No deberían perder de vista la advertencia implícita que encuadra la famosa frase de Ernest Hemingway: ¿Cómo llegaste a la quiebra? De dos maneras; primero poco a poco y luego de golpe.
/ El 30 de junio, Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, anunció que Washington no prorrogará automáticamente el TMEC por 16 años y que optará, en cambio, por el mecanismo de revisiones anuales previsto en el propio tratado. Marcelo Ebrard aclaró de inmediato que no se activó ninguna cláusula de salida y que el acuerdo sigue plenamente vigente hasta 2036.
/ La entrega anterior terminó con una reflexión sobre la fe y la duda. “¿Todo bien en casa?”, me preguntaron, con sentido del humor, un par de amigos entrañables. Respondí que la cosa iba por otro lado. Fue una amiga quien me compartió que ese Discanto le había recordado un artículo de junio de 2013 de Malcolm Gladwell para la revista The New Yorker.