Ankara: reuniones que alejan

Ankara: reuniones que alejan


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Emiliano Polo

/ Hace un año, en la cumbre de La Haya, la estrategia de los líderes de la OTAN fue mantener la reunión corta y apostar por la adulación: colmar de elogios a Donald Trump y regalarle la promesa de destinar el 5% del PIB a defensa para 2035.

Esta semana, en la cumbre de Ankara, la alianza intenta algo distinto: reducir los elogios y disminuir la tensión con EU a partir de entregas y resultados. Los europeos han anunciado más de 40 mil millones de dólares en programas antidrones, la compra de diez aviones suecos de vigilancia para reemplazar parte de la flota, nuevos aviones de transporte y un programa que reúne a nueve países para producir una munición común.

La sede de la cumbre fue incómoda para el resto de Europa. En los días previos, la policía turca detuvo a periodistas y opositores en redadas; organizaciones de derechos humanos contabilizan miles de detenidos desde la primavera. Por su parte, Trump fue recibido con afecto y ceremonia por Tayyip Erdogan, y no tardó en recordar a la prensa que estaba profundamente decepcionado de la OTAN y que acudió, en buena medida, solo porque el anfitrión era su amigo. Erdogan, al frente del segundo ejército más grande de la alianza, entiende la ventaja que tiene con EU por su posición geográfica, cercana a los conflictos en Medio Oriente y Ucrania.

En cuestión de horas, Turquía logró que Trump prometiera levantar las sanciones impuestas después de que el país compró defensas antiaéreas rusas: “No queremos sancionar a nuestros amigos”. Además, anunció el regreso de Turquía al programa de aviones F-35, una venta que Israel ha cabildeado para bloquear. Como corresponde con la administración Trump, las cumbres de la OTAN se convierten en un escenario para las genuflexiones contraproducentes y el intercambio de favores.

Las concesiones, como ya debería quedar claro, no han logrado que Trump valore la alianza o mantenga acuerdo alguno más allá del par de días que dura la cumbre, esta o cualquier otra. Apenas en abril reducía a la alianza a un “tigre de papel” y, con la inauguración de la cumbre de Ankara, recordó su disgusto con los europeos por haber negado el espacio aéreo y las bases para lanzar los ataques estadounidense-israelíes contra Irán en febrero.

A la pregunta sobre si más tropas estadounidenses saldrán de Europa, más allá del retiro de 5 mil efectivos de Alemania que ya conduce Pete Hegseth, respondió apenas: “Ya veremos”. Insistió, además, en que EU, y no Dinamarca, debería controlar Groenlandia, minimizando que su amenaza llevó el año pasado a la crisis más grave de la alianza. Y todo lo anterior, apenas un año después de que los aliados confiaban en que el aumento del gasto militar les ganaría la buena voluntad de la administración Trump.

Por su parte, y equiparando fragilidad con importancia, Marco Rubio ha defendido la reunión como la más importante en la historia de la OTAN. MAGA justifica los ataques a la alianza bajo la supuesta “transferencia de la carga”, pero, dado que la OTAN lleva 80 años organizada en torno al poder estadounidense, la verdadera pregunta no es si Europa gasta más, sino cómo y cuándo podrá organizar su defensa sin EU en el centro.

Lamentablemente, la respuesta de Europa continúa insistiendo en las reverencias del secretario general Mark Rutte, quien, por ejemplo, bautizó la inversión en rearme como “el Billón de Trump” para presumirle que Europa y Canadá ya invierten cerca del 4% del PIB, apenas un año después de la promesa de alcanzar el 5% para 2035. Además, pasó el martes exhibiendo contratos que, en sus palabras, se extienden “desde Arkansas hasta Ankara”, incluidas compras europeas a Northrop Grumman de drones estadounidenses, para que siempre quede claro que la prioridad es que a la industria de EU le vaya bien.

La segunda respuesta de Europa es más trascendente. En junio, Ucrania firmó un contrato por 2 mil 500 millones de dólares para la adquisición de 16 cazas suecos, financiado mediante el Préstamo de Apoyo a Ucrania de la Unión Europea. Se trata del primer equipo de combate comprado para Kiev sin participación estadounidense. Empresas europeas ya fabrican, en suelo alemán, drones de diseño ucraniano y Zelensky ha insistido en que, entre sus prioridades, está adquirir licencias de producción: el derecho a fabricar, no solo a recibir. Por lo pronto, Ucrania ha logrado invertir la vieja pregunta: de cómo puede ayudar la OTAN a Ucrania, a qué puede enseñarle Ucrania a la OTAN.

Europa intenta cambiar de tema: de lo que EU le debe a Europa a lo que Europa puede construir. Por lo pronto, se verá como una alianza que aprende a tratar el poder estadounidense como algo que renta mientras acumula patrimonio propio.

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