/ El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel iniciaron bombardeos sobre Irán con dos objetivos declarados: inducir un cambio de régimen y desmantelar definitivamente el programa nuclear y de misiles balísticos de la República Islámica. El 7 de abril, pasados apenas treinta y siete días, y después de que Irán atacó con misiles todas las bases estadounidenses en la región, y cerró el estrecho de Ormuz por donde transita el 20 por ciento del petróleo del mundo, causando una crisis energética global y más inflación, Trump declaró un cese al fuego, sin alcanzar ninguno de sus objetivos.
/ La sociedad de Estados Unidos está inquieta con sus socios internacionales y no quiere que sus aliados sean una carga. México percibe ese descontento como sanciones, aranceles o deportaciones. El telón de fondo es una irritación cultural, sectores estadounidenses que no ven o no consideran que sus vecinos les ayudan a recuperar su liderazgo.
El futuro comercial de América del Norte parece supeditado al poder de Estados Unidos, pero las herramientas suaves como la cultura juegan también un papel relevante. Durante la Administración Trump es tan importante el contenido como la envoltura.
¿Qué esperan los “americanos” de un aliado? Desean que se alineen sus intereses y valores. Los económicos son los más fáciles del explicar. En grandes ciudades de EU como Nueva York, Los Angeles, Miami y Chicago se comunica que el comercio bilateral con México representa $873 mil mdd. Además, los mexicanos compran más de EU que China, Japón y Corea del Sur juntos, sea tecnología, servicios, cerdo o maíz. Pero, falta compartirlo en la “América profunda”.
Nos preguntamos ¿cómo han afrontado estas naciones el ataque de EU a su imagen y economías? La evidencia muestra que estos países, junto con varios árabes, han invertido en cabildeo (lobby) al interior de EU y en medios de comunicación en inglés. También resalta su forma de negociación sombría y enfocada en objetivos comerciales.
En una sociedad estadounidense cambiante, la alineación cultural también cambia. La identidad de EU ya no se limita a las antiguas clasificaciones de blancos protestantes, afroamericanos o latinos, hay nuevos entendimientos de lo que es ser “americano”. También se espera más de los aliados y los vecinos como México.
Sin embargo, hay rasgos culturales del México actual que pueden generar cercanía con la Unión Americana. Las afinidades superan la atracción que pueda generar la gastronomía, música o arte mexicanos, se refieren a formas de convivencia y normas compartidas. La organización More in Common US (más en común EU), ha realizado investigaciones que nos ayudan a entender los “irritantes” de los estadounidenses ante los extranjeros y cómo enfrentarlos.
Según el reporte “Beyond MAGA,” hay una inquietud general en Estados Unidos de que está en decadencia. La idea de que debe volver a ser el líder, la comparten desde republicanos hasta demócratas y ciudadanos “americanos” en general. Mexicanos y canadienses sólo han leído la parte donde se les acusa de que son una “carga” para la Unión Americana y no donde son un socio que debería ayudar al “auge estadounidense”. Eso busca EU de sus aliados.
Por eso, en el contexto de la discusión del T-MEC, el discurso que México debe promover en tierras estadounidenses es que los mexicanos no contribuyen a la caída de Estados Unidos (American Decline), sino a su ascenso. Al igual que EU, México es un país de “trabajo duro,” con “familias sólidas” y que construye una región. Por ejemplo, hay una identidad del presidente Trump que cita More in Common en la que sí podrían alinearse mexicanos y canadienses: la de “constructor” (builder). México y Canadá pueden hacer equipo para “componer lo que está descompuesto” en el vecindario. Las otras identidades son incompatibles y no ayudan a la unidad de América del Norte: redentor, gran narrador y blasfemador. Ahí la alineación es poco conveniente.
/ En la secuencia final de El gran dictador (1940), Charles Chaplin lanza una advertencia que hoy tiene una vigencia absoluta: "Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que maquinaria, necesitamos humanidad". En un escenario global bajo el peso de conflictos armados y la erosión de las instituciones multilaterales, la integración regional ya no es un gesto diplomático; es la estrategia política para enfrentar la incertidumbre.
La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) nació de la herencia del proyecto bolivariano de una Patria Grande. Es el espacio para que Nuestra América articule una voz propia ante los desafíos globales. Sin embargo, esa voz hoy es débil. Las derechas radicales ganan votantes y demuestran que el miedo comunica con más eficacia que la unión. Así se explica el desgaste de foros donde la fobia ideológica entre mandatarios bloquea acuerdos mínimos. La región requiere urgencias horizontales, como la infancia o una educación mínima común; temas con la fuerza para sentar a un neofascista y a un poblado indígena en la misma mesa por pura necesidad estratégica.
Pero esa mesa de diálogo es inútil si la ciudadanía ni siquiera sabe que existe. Aquí aparece el síntoma más grave: la desconexión con la calle. La X Cumbre de la CELAC, celebrada en marzo en Bogotá, fue un evento invisible para las mayorías. Su transmisión oficial apenas tuvo 3,572 visualizaciones en YouTube, cifra dramática frente a los más de 120 millones de personas que sintonizaron el Super Bowl. No es una comparación frívola; es la prueba de que la ciudadanía no percibe un impacto de estos foros en su cotidianidad. Sin una pedagogía que traduzca la integración al lenguaje cotidiano, la CELAC será un espacio sin sentido.
A pesar de esto, hubo destellos de lo posible. El foro CELAC-África y el mensaje de China sobre el futuro compartido recordaron que el poder se desplaza hacia el Sur Global. Gustavo Petro fue enfático: necesitamos una identidad propia ante el mundo, o seremos un eco de las narrativas de Washington. La representación de Santa Lucía aportó la pieza clave: enfrentamos una dependencia cognitiva silenciosa. Cuando sistemas externos definen qué conocimiento es válido, también dictan los marcos de nuestra acción. Validar el conocimiento en nuestros propios términos es el único camino hacia un futuro que sea, de verdad, nuestro.
La ausencia de los jefes de Estado en Bogotá es una señal de alerta: la integración no es prioridad en las agendas reales de poder. Sostener la unión en tiempos de guerra es un acto político radical. Es hora de un frente como Zona de Paz ante los profetas del rencor que incendian la convivencia con muros y exclusiones. Chaplin pedía mirar hacia arriba para encontrar la esperanza. El llamado hoy es el mismo. Si la palabra colectiva no recupera su peso frente al misil, el destino de la región quedará en manos de quienes redactan la historia en un idioma ajeno. La utopía de la unidad no es un sueño; es el único escudo contra la barbarie que acecha.
/ Hay un instante —justo antes del despegue o antes de la inmersión— en el que el liderazgo deja de ser teoría y se convierte en destino. En ese momento, un piloto de combate y un capitán de submarino enfrentan la misma realidad: sistemas complejos, vidas en juego y un entorno donde el error no admite corrección.
Pero lo hacen desde lógicas radicalmente distintas. Esa diferencia, más que técnica, es filosófica. Y hoy ofrece una metáfora extraordinariamente útil para entender el liderazgo contemporáneo. En particular, para entender por qué los líderes de México —como muchas de sus instituciones— siguen intentando gobernar como piloto en un mundo que exige pensar como capitán de submarino.
/ El mundo se está rearmando desde hace más de una década. Ocurre en todas las regiones, con la excepción de América Latina, México incluido, que se queda al margen de esta tendencia. Así lo revelan los datos que publicó el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), que constatan que el gasto militar mundial aumentó el 2.9% hasta alcanzar los 2 billones 887 mil millones de dólares en 2025, marcando así el undécimo año consecutivo de crecimiento.
Ciudad de México, 30 de abril del 2026. El Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI), en coorganización con la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), presentaron el libro: La seguridad nacional en México: reflexiones y propuestas desde la experiencia, en un encuentro que reunió a reconocidos expertos del ámbito de la seguridad nacional entre los que destacan Jorge Tello, Alejandro Alegre Rabiela, Eduardo Medina Mora y Guillermo Valdés.
La sesión fue moderada por el Mtro. Gerardo Rodríguez, profesor de la UDLAP, y la Mtra. Alejandra López de Alba, directora general del COMEXI.
El encuentro abrió con un llamado a reflexionar sobre la necesidad de que México piense y articule su seguridad nacional como una verdadera política de Estado, reconociendo la urgencia de elevar el nivel del debate público en la materia.
Adicionalmente, se mencionó que el propósitocentral de esta obra, es contribuir a una mayor cultura de seguridad nacional en México, para que las reflexiones contenidas puedan ser tomadas en cuenta por quienes tienen la responsabilidad de velar por la seguridad del Estado.
En ese marco, se subrayó la importancia de distinguir entre seguridad nacional y seguridad pública, advirtiendo sobre los riesgos de su confusión, y se planteó la necesidad de construir una agenda institucional sólida en la materia que genere las condiciones para la viabilidad del Estado mexicano.
La conversación resaltó la importancia de proteger la estabilidad, la integridad y la permanencia de las instituciones del Estado, así como el marco de derechos de las personas. Se enfatizó la urgencia de retomar la seguridad nacional como asunto de debate público y de dotar al Estado de herramientas y mecanismos que le permitan anticipar riesgos y atenuar sus consecuencias.
Otro de los ejes de la discusión fue la necesidad de perder el temor a hacer inteligencia y análisis sobre temas de política, Estado y gobierno. Se plantearon reflexiones en torno a las alternancias políticas en México, las áreas de oportunidad que generan, y los interrogantes que surgen sobre el destino de instituciones creadas y desmanteladas, así como los retos que ello implica para la gobernabilidad del país.
El evento cerró con la identificación de algunas amenazas apremiantes para la seguridad nacional, entre las cuales se señalaron: El crimen organizado, la gestión del agua, posibles mal usos de la tecnología, y la reconfiguración de la relación de México con el mundo y, en particular, con Estados Unidos.
/ Georgia, la joya del Cáucaso del sur localizada estratégicamente en la ruta de la seda entre Europa y Asia, es el país de la ex Unión Soviética que a su disolución fue el más rápido en crear alianzas estratégicas tanto con Europa como con los Estados Unidos.
/ En todo el escándalo en torno a lo que hubo o dejó de haber en torno a los agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) muertos en Chihuahua en un accidente carretero, tras ayudar a agentes mexicanos en la destrucción de un laboratorio de drogas clandestino, queda clara una cosa: que México carece de una agencia o una oficina de contrainteligencia, o que tiene una que de plano es inservible.