/ El oro ilícito se ha consolidado como pilar financiero del crimen organizado transnacional en América Latina, superando incluso a mercados tradicionales como el narcotráfico y el tráfico de personas. Detrás de esta economía criminal existe un componente menos visible pero igualmente importante: el tráfico de insumos químicos esenciales para la extracción del oro, en particular el mercurio.
Este fenómeno responde a varios factores. La concentración importante de depósitos del mineral, aunado con el alza sostenida de su precio, impulsada por la incertidumbre geopolítica ha incrementado su atractivo. A ello se suma el endurecimiento de las políticas contra la migración irregular y las drogas, lo que ha llevado a organizaciones criminales a diversificar sus fuentes de ingreso hacia actividades con altos rendimientos y menor riesgo relativos. En este contexto, el oro ilícito se ha posicionado como una alternativa estratégica, impulsado por el suministro de mercurio y cianuro. El mercurio ocupa un lugar central en la minería artesanal y de pequeña escala, donde permite separar el oro de otros sedimentos. Esta dependencia ha generado un mercado ilícito lucrativo en torno a su producción y contrabando. A pesar de mecanismos internacionales como la Convención de Minamata de 2013, la demanda de mercurio ha crecido junto con la expansión de la minería ilícita de oro.
Los carteles mexicanos han identificado el control de precursores químicos como una oportunidad clave. Históricamente, México ha sido uno de los principales productores y proveedores de mercurio a nivel global. En años recientes, esta posición ha sido explotada por organizaciones criminales para consolidar su presencia en zonas de extracción y rutas de contrabando. El Cartel Jalisco Nueva Generación ha logrado controlar algunas de las principales minas de mercurio, mientras que el Cártel de Sinaloa ha expandido su influencia hacia el comercio de otros insumos como el cianuro, usado en operaciones de mayor escala.
El destino y uso principal de estos químicos es la minería ilícita en Sudamérica, especialmente en la Amazonia. El uso de mercurio en la minería ilícita de oro genera graves impactos: contaminación en ríos y suelo y riesgos para la salud humana, particularmente para comunidades indígenas y poblaciones cercanas a zonas mineras. Además, estas actividades intensifican la deforestación, la ocupación ilegal de territorios y la proliferación de economías criminales asociadas como el lavado de dinero, explotación sexual y abuso sistemático.
El tráfico de mercurio no es un fenómeno aislado, sino un componente esencial del crimen organizado en América Latina. La capacidad de los cárteles para integrarse a este mercado refleja no solo su adaptabilidad, sino su creciente internacionalización. No basta con combatir la minería ilícita en el sitio de extracción, sino también intervenir los mercados de los precursores que sostienen estas actividades.
Todo indica que Cuba es el siguiente blanco del presidente Donald Tump en su esfuerzo por imponer las reglas estadounidenses en el mundo, especialmente en el Hemisferio Occidental.
El 22 de mayo de 2026 marcará un punto de inflexión en la relación entre México y la Unión Europea. La firma del Acuerdo Global Modernizado ocurre justo cuando inicia formalmente la revisión del T-MEC, un proceso que volverá a colocar en el centro del debate el futuro económico de América del Norte. En ese contexto, el acercamiento entre México y Europa no es casual, responde a la necesidad de diversificar alianzas, reducir riesgos y fortalecer posiciones estratégicas en un entorno internacional cada vez más incierto.
/ Ha surgido una reacción negativa creciente contra la inteligencia artificial (IA). Se espera que la IA transforme la sociedad y la economía, pero existen riesgos intrínsecos que cuestionan sus beneficios netos.
/ La Copa del Mundo que inicia el próximo 11 de junio no solo es el evento deportivo del año. Es también una vitrina geopolítica. Es un mes de “distracción” frente a las guerras y la inestabilidad Mundial. El gobierno de Donald Trump busca impulsar su imagen, en momentos en que está desplomada, a la vez que generar una derrama económica. Los tres países sede: Estados Unidos, México y Canadá, están al mismo tiempo en negociaciones comerciales clave que definirán el rumbo económico y la continuidad -o no- de la alianza comercial y que se desarrollan en un escenario de presiones y amenazas de parte de Washington. En la cancha hay mucho más en juego que el campeón mundial del futbol.
/ Hay algo extraño ocurriendo en América Latina. Todo parece indicar que la democracia sigue viva, pero cada vez más gente la mira con el cansancio con el que se mira una fila interminable en una oficina pública, bajo un foco parpadeante y un ventilador que apenas mueve el aire. Nadie necesariamente quiere destruirla. Simplemente dejaron de esperar demasiado de ella.
El nuevo Informe del PNUD (2026), Democracias bajo presión: Reimaginar los futuros de la democracia y el desarrollo en América Latina y el Caribe describe esa sensación con bastante claridad. América Latina sigue siendo la región en desarrollo más democrática del mundo, pero también una región profundamente frustrada con el funcionamiento de sus instituciones. Más del 70% de las personas percibe que los gobiernos responden a intereses particulares y no al ciudadano común. La democracia permanece, sí, pero muchas veces como un cascarón fatigado que organiza elecciones mientras pierde capacidad para resolver la vida cotidiana.
Y en esa grieta aparece algo peligroso. Ahora que medio planeta empieza a hablar en clave de Mundial, quizá la metáfora futbolera viene sola: nos estamos acostumbrando a políticos que juegan con las reglas democráticas como quien juega fútbol callejero, moviendo la portería cuando el partido no les favorece. El fenómeno no es exclusivo de América Latina. Estados Unidos normalizó durante años un lenguaje político que antes habría escandalizado incluso a sectores conservadores. Rusia convirtió el cinismo en método de gobierno. China ofrece al mundo una mezcla incómoda de eficiencia tecnológica y control político que seduce a gobiernos cansados de la lentitud democrática. Poco a poco, la idea de que “las democracias son demasiado torpes para resolver problemas” empieza a sonar razonable para mucha gente.
Ese clima global también se siente en México. Se escucha en conversaciones de sobremesa que terminan tensas antes del café, en grupos familiares de WhatsApp donde cualquier discusión política acaba pareciendo una pequeña guerra civil doméstica, y en esa irritación permanente que invade redes sociales de madrugada, cuando alguien todavía sigue peleándose con desconocidos a las dos de la mañana. El informe del PNUD identifica precisamente esas presiones: polarización, desinformación digital, debilitamiento de partidos, desconfianza institucional y expansión del crimen organizado. El problema es que ninguno de esos fenómenos llega solo. Se mezclan, se alimentan y terminan desgastando la capacidad de las democracias para procesar el conflicto sin romperse.
México ocupa una posición peculiar dentro de ese tablero. Mientras buena parte de América Latina alterna entre gobiernos atrapados en crisis permanentes, presidentes desaforados o sistemas políticos que sobreviven apenas administrando desgaste, el país todavía conserva algo cada vez menos frecuente en la región: legitimidad electoral, peso geopolítico y margen de maniobra frente a presiones externas. En medio del ruido continental, resulta llamativo que un gobierno identificado con posiciones de izquierda haya logrado navegar las embestidas de Washington con más pragmatismo que ruptura, evitando tanto la subordinación automática como la confrontación estéril. Pero ese equilibrio depende de una estabilidad que no necesariamente está garantizada para siempre.
Y ahí aparece la contradicción incómoda. Mientras México gana relevancia internacional y es observado con cautela desde Washington, Pekín o Bruselas, hacia dentro se ha instalado una disputa constante sobre la legitimidad del propio proyecto político. Los programas sociales son quizá el mejor ejemplo. Para millones representan una red mínima de dignidad: el dinero para medicamentos, la transferencia que evita que el refrigerador quede vacío el día 25 del mes. Para otros son mecanismos clientelares diseñados para concentrar poder político. Y quizá el problema más mexicano de todos es que intentar decir que ambas percepciones pueden convivir suele bastar para que alguien quiera aventarte una silla virtual en cualquier plataforma de redes sociales.
El problema es que la región lleva años atrapada en discusiones binarias. Democracia o autoritarismo. Mercado o Estado. Pueblo o élite. El informe insiste en algo más útil: la democracia no sobrevive sola. Necesita resultados concretos. Necesita seguridad, movilidad social, instituciones funcionales y un Estado capaz de hacer cumplir reglas incluso donde mandan economías cooptadas por elites o por criminales, o por elites criminales. Cuando eso falla, la gente empieza a aceptar soluciones rápidas, aunque vengan envueltas en discursos agresivos o líderes que desprecian límites institucionales.
Y aquí aparece una de las preguntas más delicadas para México. ¿Puede construirse un Estado más fuerte sin caer en tentaciones hipercentralizadoras? Porque América Latina tiene memoria. Sabe cómo empiezan algunos proyectos políticos que prometen eficacia absoluta. Empiezan arreglando carreteras, disciplinando burocracias y hablando en nombre del pueblo. Después vienen los ataques a órganos autónomos, la presión sobre la prensa y la idea de que disentir es casi una traición moral.
El informe del PNUD propone renovar la democracia, no reemplazarla. Suena obvio, pero no lo es. Renovarla implica reconstruir confianza en partidos políticos que hoy parecen marcas vacías; regular ecosistemas digitales que convierten la mentira en espectáculo rentable; reducir desigualdades que vuelven abstracta cualquier conversación sobre libertades; y recuperar la capacidad del Estado para garantizar seguridad sin militarizar indefinidamente la vida pública.
¿Puede México hacerlo? Tal vez parcialmente. Tiene capacidades institucionales más robustas que muchos vecinos y una posición económica estratégica difícil de ignorar. Pero también carga con un desgaste social profundo. Basta recorrer ciertas carreteras del país al anochecer para entender que hay regiones donde el Estado aparece solo en campañas electorales o retenes militares.
Quizá la gran advertencia del informe es otra: las democracias no suelen morir de golpe. Se vacían lentamente. Primero dejan de entusiasmar. Luego dejan de resolver. Después la gente empieza a pensar que cualquier cosa podría funcionar mejor, especialmente en un mundo donde la discordia política, el desprecio por las instituciones y la promesa del “hombre fuerte” se exportan con la misma facilidad que las series de Netflix. Y cuando eso ocurre, incluso las sociedades más democráticas pueden terminar extrañando aquello que dejaron deteriorarse entre gritos, memes y cansancio.
/ La derrota el martes del senador John Cornyn en la votación para seleccionar candidatos republicanos de Texas para las elecciones legislativas del próximo noviembre fue una victoria para el presidente Donald Trump.
Pero también se cree que puede ser una victoria pírrica. Una que podría contribuir a costar a los republicanos el control de la Cámara alta del Congreso en unas elecciones de noviembre que ya parecen inclinadas a favor de que la oposición demócrata conquiste la mayoría en la Cámara de Representantes (diputados).
/ Destacó el momento histórico que vive la relación entre México y Europa a raíz de la cumbre de la semana pasada. Señaló que Europa llega a México con todo su peso económico y geopolítico, en una visita que refleja la relevancia estratégica del vínculo bilateral. Asimismo, subrayó que el acuerdo firmado abarca sectores estratégicos y consolida una alianza robusta, en la que Europa ve a México como un socio clave