Federico Rubli / Hace un par de semanas se definió que José Medina Mora (MM) sería el nuevo presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). Fue el único candidato registrado en el proceso interno, emergiendo como el candidato de unidad. Su elección será formalizada en la segunda semana de diciembre.
MM tiene experiencia en organismos de representación, pues fue un buen presidente de Coparmex durante 2021-2024. En 2025 se ha desempeñado como vicepresidente del CCE. Su formación es de ingeniero civil, y es fundador y presidente del Consejo de Administración de CompuSoluciones, una firma líder en el sector mayorista de tecnología.
/ analiza la visita de Gustavo Petro a México a partir de dos elementos: el interés del exmandatario colombiano por establecerse en el país y las afinidades ideológicas con el actual gobierno mexicano.
/ La desinformación no es un fenómeno nuevo. Lo que ha cambiado radicalmente es su escala. Las plataformas digitales han multiplicado el alcance, la velocidad y la precisión con que actores estatales y no estatales intentan manipular la opinión pública. En un entorno informativo marcado por la erosión de la confianza en los medios de comunicación tradicionales, cambios en los patrones de consumo de noticias y una sobrecarga informativa que dificulta discernir entre información genuina y falsa, el terreno para el engaño y la manipulación es particularmente fértil.
La inteligencia artificial (IA) y su uso malicioso añaden una nueva dimensión. La capacidad de producir, en cuestión de segundos y a costos mínimos, textos, imágenes, audios y videos de creciente sofisticación permite generar contenidos engañosos hechos a la medida, y a una escala hasta hace poco inconcebible. La IA generativa ha reducido drásticamente las barreras de acceso a capacidades que antaño requerían recursos técnicos, financieros y humanos considerables.
El reto, por tanto, no es solo combatir la desinformación, sino además preservar las condiciones que permitan distinguir entre información fidedigna y contenido fabricado, sin que ello socave la libertad de expresión. Esto obliga a preguntarse cómo podemos gobernar una tecnología cuyo desarrollo avanza más rápido que nuestra capacidad de acción colectiva.
Ante este fenómeno, la respuesta internacional comienza a tomar forma: la UNESCO, la ONU, la OCDE, y foros multilaterales como el G7 y el G20, entre otros, han avanzado en principios y marcos orientados a conciliar innovación, derechos humanos, democracia y uso responsable y ético de las tecnologías emergentes. Pero ello dista mucho aún de una gobernanza efectiva.
Entre los desafíos que enfrenta la gobernanza de la IA están la fragmentación regulatoria y la disparidad de enfoques: desde el modelo europeo, basado en riesgos y más restrictivo, hasta el estadunidense, más flexible y orientado al mercado; el avance tecnológico, que supera la capacidad regulatoria de los gobiernos; la brecha digital, que afecta sobre todo a las economías en desarrollo y genera nuevas dependencias tecnológicas, y la ausencia de mecanismos efectivos de fiscalización. Otro reto es garantizar una participación sustantiva del “Sur global” en la definición de las reglas de gobernanza. A ello se suma una de las asignaturas pendientes más sensibles: regular el uso de IA en la industria militar.
Avanzar requerirá, por tanto, algo más que reproducir declaraciones de buenas intenciones. Se necesitan mecanismos de cooperación que faciliten la armonización regulatoria; refuercen la transparencia y trazabilidad de los contenidos creados con IA; definan responsabilidades para el desarrollo y uso de esta tecnología, y reduzcan las brechas de capacidades. En suma, se trata de construir marcos que minimicen los riesgos y los efectos perniciosos de la IA y que, a la vez, garanticen el respeto a la dignidad humana, la inclusión y la protección de los derechos humanos.
Ante el cambio constante y vertiginoso que supone la revolución tecnológica, gobernar la IA exige lidiar con la incertidumbre sin que esta se traduzca en parálisis: construir como si la arena fuese piedra. Gobernar la IA antes de que sus efectos terminen por gobernar nuestras sociedades es quizá el gran desafío político y democrático de nuestra era.
Sophia Huett / En México solemos discutir la seguridad cuando el daño ya está hecho: cuando una empresa cerró por extorsión, cuando una obra pública se detuvo por amenazas o cuando una región quedó atrapada en el control de facto de grupos criminales. Rara vez revisamos el momento anterior, el menos visible pero quizá el más decisivo: la forma en que se diseñó la inversión.
Son tiempos complicados para los dos grandes partidos políticos estadounidenses, en proceso ahora de reorganizarse y prepararse a nuevas batallas electorales, las legislativas de 2026 y las Presidenciales de 2028.
Y sobre todo, como ocurre después de cada período electoral, mantener a sus militantes y crear nuevas coaliciones de votantes. Pero esta vez, después de las brutales derrotas sufridas por los republicanos en las recientes elecciones, cuando perdieron dos gubernaturas y la alcaldía de Nueva York, las cosas parecen distintas.
El 11 de noviembre, a un día de la inauguración oficial de la COP30 en Belém, Brasil, la ciudad que hoy se presenta como símbolo de la lucha climática vivió una escena que reveló sus contradicciones. Cientos de pueblos indígenas del Bajo Tapajós y movimientos sociales salieron a marchar por la salud, la vida y el clima. Al terminar la caminata, un grupo se dirigió hacia la Zona Azul, el área más restringida de la cumbre, donde se desarrollan las negociaciones oficiales entre países, y la ocuparon brevemente en protesta. Hubo tensión, empujones y objetos confiscados.
Para entender el contexto, la Zona Azul es la parte “oficial” de las COP: solo entran delegaciones acreditadas de gobiernos, organismos internacionales y medios registrados. A unos metros está la Zona Verde, abierta al público, donde hay conferencias, arte, exposiciones y espacios de diálogo ciudadano. En teoría, ambos mundos deberían conectarse. Pero lo que ocurrió ese día mostró la distancia que aún separa la diplomacia climática de la realidad.
Asia no es opcional; es la pista donde México decide si el “Plan México” se traduce en fábricas, salarios y contenido nacional o seguimos como ensambladores de bajo valor. La Cumbre de APEC celebrada en Gyeongju, Corea del Sur, el 31 de octubre y 1 de noviembre, reforzó esa brújula: la declaración de líderes reiteró que la conectividad, la inversión y la resiliencia de las cadenas siguen siendo el corazón del crecimiento regional, bajo el lema “Building a Sustainable Tomorrow: Connect, Innovate, Prosper”.