/ La creciente tensión alrededor de Cuba esconde una realidad: mientras el gobierno cubano y sus aliados se preparan para una guerra y subrayan su disposición a resistir, sus adversarios estadounidenses no tienen nada más que hacer que sentarse y dejar que su actual boicot se haga cargo.
No es agradable decirlo. Y mucho menos restarle significado a los llamados a la resistencia y la voluntad de un pueblo, o al menos parte de él, pero su situación se deteriora cada vez más por la carencia de energéticos propiciada por el bloqueo naval que evita la llegada de petróleo y sus derivados.
/ “El poder, escribió Orwell, no es un medio. Es un objetivo.” En el mismo tenor, Philipp Blom afirmó que “toda dictadura requiere trascendencia, la promesa de un mejor mañana -un perfecto más allá, el cielo, el paraíso… A final de cuentas, sólo un apego casi religioso hacia un ideal sostenido en el espacio fuera de alcance y demandando grandes sacrificios puede justificar las crueldades e injusticias del presente.” Muchos gobiernos caben bajo estas definiciones, pero Morena lo hace con orgullo: la exclusión, la identificación de enemigos y culpables y la congénita incapacidad para sumar al conjunto de la población son la marca de la casa. En este entorno, queda por dilucidar si México aguanta el tipo de devenir que han experimentado otras sociedades, sobre todo al sur del continente.
Suele decirse que las revoluciones devoran a sus acólitos porque al transformarse en dictaduras nadie queda a salvo. Los otrora baluartes del movimiento acaban siendo consumidos, pasando a las filas de la oposición. En Venezuela pasaron del chavismo al madurismo y ahora el rodriguismo de la presidenta Delcy, quien hoy vive sometida a los designios del norte. En la Nicaragua sandinista ya no hay opositores presos, sino sandinistas que cayeron en desgracia con la pareja Ortega-Murillo y en Bolivia, donde eligieron jueces por voto popular, Evo Morales se peleó con su propio partido y ahora huye de la Justicia que él mismo parió. Hay muchos ejemplos históricos sobre cómo, al cambiar de manos, la concentración de poder se convierte en veneno para los que antes la celebraron. Las revoluciones tienen consecuencias, no siempre benignas…
Una de esas consecuencias es que la carrera contra el reloj revolucionario es la norma, no la excepción. Como todo ciclo humano, las revoluciones nacen, crecen, se desarrollan y declinan: se transforman o se agotan y casi siempre acaban en algún tipo de dictadura. En su Anatomía de la revolución, Crane Brinton describe la evolución de los movimientos revolucionarios de la euforia a la concentración del poder para acabar en una crisis. La euforia responde al hecho de tomar el poder, pero lo típico, sugiere este autor, es que los elementos radicales comiencen a tomar el control, excluyendo de manera creciente a quienes no son del grupo compacto -fenómeno que él denomina reacción de Termidor- hasta acabar en un nuevo estadio de estabilidad o autoritarismo, en ocasiones las dos cosas.
La imposibilidad de lograr el paraíso prometido, dice Crinton, genera el comienzo del ciclo de la desilusión que generalmente entraña la exclusión de muchos de los integrantes originales, quienes pasan -o son enviados- a las filas de la oposición, si no es que acaban siendo víctimas del terror revolucionario. Es en este sentido que Orwell afirma que “nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución, sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura. El propósito de la persecución es la persecución.” La revolución morenista no está ahí, pero hay indicios de fragmentación, exclusión, división y acusaciones mutuas por todas partes. Tan pronto amaina el fervor inicial, las fracturas no se hacen esperar. Y la oposición crece.
La pregunta es qué sigue. Ejemplos de otras naciones como las mencionadas al inicio muestran algunas formas en que pudiera evolucionar nuestro país y no todas son buenas, para los revolucionarios o para el país. Desde luego, las circunstancias de cada nación son distintas, lo que abre fuentes de oportunidad y potencial optimismo, sobre todo porque los mexicanos son mucho más exigentes de lo que los políticos con frecuencia creen: añoran los beneficios, pero repudian los costos y unos generalmente siguen a los otros.
Morena llegó al poder porque el país experimentaba un descontento generalizado, producto de los cambios que sobrecogieron al mundo, particularmente respecto a la tecnología, frente a los cuales fue patente la incapacidad de los gobiernos anteriores para responder con celeridad para satisfacer las necesidades de la ciudadanía y atenuar sus miedos. Ya en el poder, ahora en el octavo año, la cosa es diferente: como a todo gobierno -y más, dado que se trata de un “movimiento” que pretende continuidad- el desgaste acaba siendo inevitable. Esto deja al gobierno ante la necesidad de ir respondiéndole a la población no sólo por sus aciertos y errores, sino también por los de su predecesor. Es una tarea un tanto injusta, pero es la naturaleza del fenómeno, lo cual no aminora la fragmentación ni garantiza que se podrán evitar manifestaciones sociales. Pero abre oportunidades para abrir en lugar de seguir cerrando.
Todo esto obliga a pensar en qué clase de evolución acabará teniendo la transformación morenista. Ortega y Gasset escribió que “La revolución no es el alzamiento contra el orden preexistente, sino el establecimiento de un nuevo orden contradictorio al tradicional.” No cabe duda que estamos viviendo un orden contradictorio, pero no es obvio que éste sea un orden sostenible. Hacerlo sostenible y habitable para toda la ciudadanía es el gran reto del momento, en parte por la propia contradicción de Morena: porque sin crecimiento no dan las cuentas, mientras que muchos de los “cimientos” revolucionarios son antitéticos para que haya crecimiento.
/ En la revista digital Tech Policy Press se publicó recientemente el artículo America’s First War in Age of LLMs Exposes Myth of AI Alignment, de Eryk Salvaggio, señalando que el conflicto militar entre Estados Unidos, Israel e Irán podría marcar la primera guerra importante en la era de los grandes modelos de lenguaje (LLM), es decir, sistemas de Inteligencia Artificial (IA) capaces de analizar enormes volúmenes de información y generar textos, análisis o recomendaciones a partir de ellos.
Más allá de la coyuntura política, el autor utiliza este episodio para cuestionar una idea recurrente del debate tecnológico: la creencia de que la IA puede alinearse de manera confiable con valores humanos y restricciones éticas.
/ Vivimos momentos inéditos en el mundo, en el que los valores y principios bajo los que se fundaron las Naciones Unidas están bajo ataque. Como nunca en la historia se había presentado una crisis del multilateralismo como la actual.
La ONU ha sido relegada de la escena global por las grandes potencias que han elegido las guerras, la violencia y la escalada de los conflictos para una reconfiguración del poder por la fuerza.
La Organización ha emprendido un proceso de reforma que busca resolver su profunda crisis de legitimidad y modificar una estructura anquilosada creada hace 80 años en un mundo que ya no es el de hoy.
Una de las muestras de los rezagos que enfrenta la Organización es el nunca haber contado con una mujer como secretaria general.
No es posible entender que un organismo que ha promovido la igualdad de género en el mundo, poniendo al centro la importancia del liderazgo de las mujeres como un tema esencial para el avance de las sociedades, no haya podido designar en 80 años a una mujer al más alto cargo de la Organización.
En 2016 cuando se dio la elección del actual secretario general, la designación de una mujer era un clamor generalizado y una posibilidad real al presentarse siete mujeres, todas ellas excelentes candidatas para el puesto. Las posibilidades se esfumaron frente a la barrera que implica el anquilosado sistema de elección que da la última palabra a los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia) para presentar la candidatura a la Asamblea General donde participan los 193 Estados miembros cuya función ha estado limitada a avalar la propuesta del Consejo.
Diez años después, cuando corresponde elegir a una nueva persona para ocupar este puesto, varias organizaciones y países se han pronunciado sobre la importancia de nombrar a una mujer al mando de la Organización, que conforme a la práctica de rotación regional correspondería a América Latina y el Caribe.
Más allá de una cuestión de justicia histórica, la complejidad del escenario internacional demanda en la próxima secretaría general un modelo de liderazgo diferente, innovador, incluyente y con una mirada suficientemente amplia para crear puentes y modificar las dinámicas de la guerra y la violencia, patrones comunes de las prácticas machistas en toda su extensión.
Hasta el momento, se cuenta con dos excelentes candidatas de la región: la expresidenta Michelle Bachelet presentada por su país Chile, por Brasil y México y la exvicepresidenta de Costa Rica, Rebeca Grysnpan. Ambas cuentan con destacadas trayectorias para poder ejercer el cargo en estos momentos tan complejos para el mundo.
En estos próximos meses vendrá un proceso de consideración de las y los candidatos que se presenten para el alto puesto. A contrapelo de las expectativas, esperemos que la razón sea la moneda de cambio en esta decisión tan trascendental para la Organización.
/ China busca consolidar su soberanía y seguridad sistémica con la reciente publicación de su “XV Plan Quinquenal” que define los objetivos económicos y sociales del país hacia el año 2030.
El XV Esquema de Planificación para el Desarrollo Económico y Social de la República Popular China (2026-2030) fue aprobado formalmente el 12 de marzo de 2026 por la Asamblea Popular Nacional (APN) durante las “Dos Sesiones”. Las “Dos Sesiones” representan el evento político más importante del año, ya que es donde se aprueban y comunican las decisiones estratégicas para marcar el rumbo de la nación. Su nombre se debe a la congregación paralela de los principales órganos políticos: la APN y el Comité Nacional de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPCh). Ambos órganos se encuentran en su 14° mandato que dura cinco años.
Este año, tanto la APN como la CCPPCh, celebraron su Cuarta sesión durante la primera quincena de marzo. Históricamente, la Cuarta sesión es la más relevante en términos socioeconómicos, ya que es el momento en el cual se aprueba el “plan quinquenal”. China comenzó a utilizar este instrumento desde 1953 para planificar centralmente su economía con una visión a largo plazo. En 2006 cambió la denominación de “plan” a “esquema de planificación”, reflejando que el documento es un marco general y no un ordenamiento estricto.
El XV Esquema de Planificación establece como objetivo en los próximos años un ritmo de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) del 5%. A su vez, se procurará alcanzar un PIB per cápita de 20,000 dólares, a fin de estar en el grupo de las economías “medianamente desarrolladas”.
Ahora bien, para lograr estos objetivos se tiene contemplado expandir la demanda interna y aumentar la autonomía industrial. El primer punto es uno de los ámbitos centrales del nuevo modelo económico chino que se ha estado impulsando desde la década pasada. Tal paradigma anhela un crecimiento sustentado en factores endógenos, en vez de exógenos (inversión extranjera y exportaciones) como lo ha sido desde las reformas económicas de 1978.
En cuanto a la autonomía industrial, se desean desarrollar nuevas fuerzas productivas para lograr la autosuficiencia tecnológica, al mantener el crecimiento en gasto de investigación y desarrollo en 7% cada año. La principal prioridad son las industrias del futuro como la computación cuántica, la red 6G, la Inteligencia Artificial (IA), la biología sintética y la energía de fusión nuclear.
Asimismo, se desean acelerar las siguientes industrias para que China tenga dominio en ellas: drones de carga, vehículos de hidrógeno, semiconductores de gama alta, robótica avanzada y equipamiento aeroespacial. Cabe mencionar que la directriz nacional también blindará las industrias tradicionales para modernizarlas y que sigan contribuyendo al crecimiento económico, por ejemplo, la petroquímica o la manufactura de equipo pesado.
Por otra parte, la seguridad nacional deja de ser un componente complementario a los objetivos económicos y se convierte en el principal medio para garantizarlos. En este sentido, es una prioridad que el desarrollo económico no se vea mermado por disrupciones a las cadenas de suministro.
En el área de los semiconductores, se pretende que para 2030 el 75% de los componentes críticos sean de origen nacional. Con el mismo propósito, los modelos de IA se diseñan con tecnología exclusivamente china y el uso del yuan digital en las transacciones comerciales internacionales de China es cada vez más frecuente. De igual manera, la transición verde, además de la protección ambiental, persigue la reducción de la dependencia al petróleo importado, situación que se encrudece por la turbulencia geopolítica en Medio Oriente.
En resumen, el plan actual aspira a una China que sea soberana sobre sus diferentes campos de desarrollo y así tener liderazgo internacional en ellos. El pasado esquema de planificación tenía una naturaleza más de resistencia a los choques externos como la guerra comercial con Estados Unidos o la pandemia de COVID-19. En tal momento, se impulsó una estrategia de circulación dual (双循环 shuāng xúnhuán) para que el crecimiento estuviera sostenido tanto por el consumo interno como por el apoyo externo.
Si bien la meta de crecimiento (5%) es la más baja desde 1991, es probable que sea suficiente para alcanzar los objetivos de Beijing en el espectro económico, inclusive en el PIB per cápita. Para ello, también deberá atender importantes desafíos como estimular el gasto real de los hogares, el envejecimiento de la población, la desigualdad en servicios públicos básicos, la alta tasa de deuda pública y el aislamiento de las cadenas globales de suministro.
/ La estabilidad en Eurasia—Cáucaso, Mar Caspio y Asia Central—depende en gran medida del equilibrio geopolítico en el Medio Oriente, el Golfo Pérsico, la relación entre las grandes potencias y el factor Israel. Desde la Guerra Fría, y, en particular tras la recomposición regional con la victoria de Azerbaiyán sobre Armenia en la guerra de 2020, el Cáucaso y Asia Central se han convertido en espacios clave para conectividad euroasiática, integrando redes de transporte, oleoductos y gasoductos que conectan recursos del Mar Caspio con mercados europeos y asiáticos.
Irán tiene una posición geográfica crucial entre Golfo Pérsico, Cáucaso y Asia Central y si deseara y actuara en consistencia constituiria un nodo estratégico en múltiples proyectos de infraestructura regional, como el Corredor Internacional de Transporte Norte-Sur (INSTC) que busca conectar India, Irán, Rusia y Europa con ferroviarias y marítimas. Inestabilidad en Irán afectará directamente estos corredores.
Riesgo importante es posible interrupción de flujos energéticos desde el Caspio hacia Europa y Asia. La vulnerabilidad de sus infraestructuras es evidente. No debe descartarse mayor patrullaje naval y ejercicios militares en el Caspio, elevando el riesgo de incidentes entre fuerzas armadas de Rusia, Irán y otros Estados costeros del Caspio.
La infraestructura de transporte en Eurasia se ha convertido en elemento central de geopolítica regional. Proyectos como el Middle Corridor—que conecta China con Europa a través del Caspio, el Cáucaso y Turquía—han ganado importancia en últimos años como alternativa a rutas tradicionales dominadas por Rusia. El conflicto en Irán podría afectar estas rutas. El Banco Mundial estima que conflictos regionales aumentan costos comerciales en más del 20% por seguridad y disrupciones logísticas. Un riesgo para la región es posible redireccionamiento de flujos comerciales hacia rutas alternativas—como ocurrió en el Siglo XV—generando presiones a infraestructura existente en Cáucaso y Asia Central. Países como Azerbaiyán, Georgia y Kazajistán enfrentarían desafíos para gestionar tránsito comercial.
Igual pueden incrementar rivalidades geopolíticas. Rusia, Turquía y China mantienen intereses estratégicos en Cáucaso y Asia Central—enfrentados con presencia estadounidense y europea—y cualquier conflicto cercano influirá en sus políticas regionales. Conflictos en Medio Oriente suelen provocar reconfiguraciones en equilibrios de poder regionales debido a la participación indirecta de potencias externas—Rusia, EUA, China y Unión Europea. La—hasta ahora—creciente presencia turca en la región turca podría verse disminuida.
Otro riesgo es posible aumento de flujos migratorios y crisis humanitarias. La guerra en Irán provocaría desplazamientos hacia Cáucaso y Asia Central, especialmente hacia Azerbaiyán—debido a vínculos étnicos—, Turkmenistán o Armenia, con posible desestabilización.
Un importante riesgo—para Irán—es que tras la Guerra de los 12 Días (13-24JUN2025), cuando Irán lanzó 550 misiles balísticos y más de 1,000 drones con mínimos daños en Israel, evidenció su aparente limitada capacidad de golpe. Y ahora con ataques a varios países de la región, incluidos Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Arabia Saudita, Azerbaiyán, Turquía y el Estrecho de Ormuz, podría aislarse diplomáticamente y nadie crea en su pretendida coraza militar.
Ciudad de México, marzo 11, 2026. En el marco de su 25° aniversario, el Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI) celebró el primero de sus eventos conmemorativos con un conversatorio con excancilleres, un espacio de diálogo y reflexión sobre los retos y oportunidades de la política exterior mexicana en un orden cambiante.
El encuentro contó con la participación de las y los excancilleres: Bernardo Sepúlveda, José Ángel Gurría, Jorge Castañeda, Patricia Espinosa (en línea) y Claudia Ruiz-Massieu, y fue moderado por Héctor Cárdenas, presidente de COMEXI.
Durante el evento, las y los ponentes compartieron sus experiencias al frente de la política exterior mexicana y reflexionaron sobre la vigencia de los principios constitucionales que históricamente han guiado la política exterior de México. En este sentido, destacaron que el ejercicio de la diplomacia implica equilibrar principios e intereses, así como interpretarlos de manera dinámica frente a los cambios del entorno internacional.
Las y los participantes también enfatizaron la relevancia de que México mantenga una presencia activa en el ámbito multilateral, participando en cumbres internacionales y fortaleciendo su interlocución con otros países, especialmente en un contexto internacional caracterizado por la incertidumbre y por un sistema internacional en transformación.
Asimismo, señalaron que México cuenta con oportunidades para impulsar una política exterior más activa, revitalizar su participación en foros y consolidar alianzas estratégicas —como con la Unión Europea— que permitan ampliar su margen de acción internacional.
Dentro de las prioridades inmediatas se destacó la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), así como la necesidad de garantizar certeza jurídica para la inversión extranjera. También se subrayó la importancia de fortalecer la relación con Norteamérica, y particularmente con Estados Unidos, mediante una estrategia más proactiva —y no meramente reactiva—, además de impulsar la diversificación no solo en el ámbito comercial, sino también a través de la reapertura del diálogo en temas estratégicos.
Finalmente, las y los excancilleres compartieron sus principales aportaciones a la diplomacia mexicana, así como reflexiones sobre lo que les hubiera gustado impulsar y lo que, en retrospectiva, pudo haberse hecho mejor. Entre aspiraciones, memorias y testimonios destacaron temas como la diversificación del comercio exterior, la recuperación de espacios de influencia en distintas regiones, la organización de cumbres internacionales y el fortalecimiento del Servicio Exterior Mexicano, entre otros.
Para más información escribe a: comunicacion@consejomexicano.org