La corriente global que se opone al reconocimiento de los derechos humanos y reproductivos de las mujeres y a los avances políticos, sociales y electorales ha puesto en la mira ahora, de manera inconcebible, el derecho al sufragio femenino en Estados Unidos.
No le basta al Partido Republicano reconfigurar los distritos electorales en estados donde gobiernan como Texas para afianzarse en el Congreso en las elecciones intermedias del próximo año, ahora los ideólogos del trumpismo apuntan a eliminar la 19ª enmienda constitucional.
/ ¿Qué tienen en común un automóvil eléctrico, un teléfono celular, un panel solar y un dron? Que todos dependen de minerales que hasta hace poco parecían asuntos de estudio de geólogos o de empresas mineras. Hoy, el acceso de los países al litio, el cobre, el grafito, el níquel, cobalto y las tierras raras definen su posición y supervivencia en un mundo en franca transformación. Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos con propiedades magnéticas y electrónicas únicas para fabricar tecnologías de alto rendimiento. Estos minerales constituyen piezas centrales de la economía y la seguridad internacional.
En el siglo XX, el poder mundial giró alrededor del petróleo y en estos años la competencia se desplaza hacia componentes imprescindibles para fabricar baterías, semiconductores, redes eléctricas y sistemas de defensa. Sin embargo, el verdadero poder no reside en poseer los yacimientos. La ventaja se encuentra en el control de toda la cadena, es decir, en la exploración, la extracción, la refinación, el procesamiento, la fabricación de componentes y el desarrollo tecnológico. Un país puede tener minerales y seguir dependiendo del exterior si carece de infraestructura y capacidad industrial.
China hizo una lectura clave hace décadas, ya que invirtió en refinación, manufactura e investigación y, hoy se ubica con una posición de poder en la refinación de estos minerales a nivel mundial. Ahora, los Estados Unidos, la Unión Europea y otras potencias, buscan reducir estas vulnerabilidades y asegurar proveedores confiables.
Los países del G7 acordaron recientemente disminuir la dependencia de un solo proveedor de minerales críticos y fortalecer las cadenas de suministro y, al mismo tiempo, China impuso restricciones a la exportación de determinadas tierras raras colocando una presión internacional muy significativa.
La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) destacó el mes pasado que el comercio de minerales críticos está dejando de responder exclusivamente a criterios económicos, ya que los países utilizan controles de exportación, subsidios, restricciones comerciales y políticas industriales, para proteger recursos considerados esenciales para su seguridad y competitividad.
Los minerales críticos se han convertido en instrumentos de política exterior al restringir su venta o procesamiento, para presionar industrias enteras. Las nuevas estrategias de presión pasan por subsidios, controles de exportación y acuerdos de reservas estratégicas. México firmó a principios de este año con los Estados Unidos, un Plan de Acción sobre minerales críticos para fortalecer la relación bilateral, asegurar cadenas de suministro e impulsar el desarrollo de materiales indispensables para diversas industrias.
Para México, representa una oportunidad, sin embargo, el reto se encuentra en atraer inversión para procesar los minerales, impulsar la investigación nacional, formar especialistas y desarrollar proveedores nacionales. La minería puede generar empleo y crecimiento, pero provocar al mismo tiempo una presión sustancial en los recursos hídricos y medioambientales.
El control de los minerales otorga una ventaja decisiva en la nueva competencia geopolítica y pasa por conocer, transformar, innovar y negociar. México debe establecer una ruta crítica para construir tecnología industrial, formar capital humano altamente especializado, generar investigación científica y conocimiento, o quedarse como proveedor de recursos.
/ Analiza la nueva ofensiva de Estados Unidos contra Irán y la creciente incertidumbre en torno al Estrecho de Ormuz, un paso estratégico para la economía mundial. En este contexto, el alza en los precios del petróleo, los riesgos para el suministro de fertilizantes y las afectaciones al comercio marítimo global colocan a los mercados internacionales en una situación de alta vulnerabilidad. Todo ello ocurre en medio de una profunda crisis del multilateralismo, en la que ningún organismo internacional ha logrado intervenir de manera efectiva para contener la escalada del conflicto.
Sophia Huett / En México solemos discutir la seguridad cuando el daño ya está hecho: cuando una empresa cerró por extorsión, cuando una obra pública se detuvo por amenazas o cuando una región quedó atrapada en el control de facto de grupos criminales. Rara vez revisamos el momento anterior, el menos visible pero quizá el más decisivo: la forma en que se diseñó la inversión.
Son tiempos complicados para los dos grandes partidos políticos estadounidenses, en proceso ahora de reorganizarse y prepararse a nuevas batallas electorales, las legislativas de 2026 y las Presidenciales de 2028.
Y sobre todo, como ocurre después de cada período electoral, mantener a sus militantes y crear nuevas coaliciones de votantes. Pero esta vez, después de las brutales derrotas sufridas por los republicanos en las recientes elecciones, cuando perdieron dos gubernaturas y la alcaldía de Nueva York, las cosas parecen distintas.
El 11 de noviembre, a un día de la inauguración oficial de la COP30 en Belém, Brasil, la ciudad que hoy se presenta como símbolo de la lucha climática vivió una escena que reveló sus contradicciones. Cientos de pueblos indígenas del Bajo Tapajós y movimientos sociales salieron a marchar por la salud, la vida y el clima. Al terminar la caminata, un grupo se dirigió hacia la Zona Azul, el área más restringida de la cumbre, donde se desarrollan las negociaciones oficiales entre países, y la ocuparon brevemente en protesta. Hubo tensión, empujones y objetos confiscados.
Para entender el contexto, la Zona Azul es la parte “oficial” de las COP: solo entran delegaciones acreditadas de gobiernos, organismos internacionales y medios registrados. A unos metros está la Zona Verde, abierta al público, donde hay conferencias, arte, exposiciones y espacios de diálogo ciudadano. En teoría, ambos mundos deberían conectarse. Pero lo que ocurrió ese día mostró la distancia que aún separa la diplomacia climática de la realidad.
Asia no es opcional; es la pista donde México decide si el “Plan México” se traduce en fábricas, salarios y contenido nacional o seguimos como ensambladores de bajo valor. La Cumbre de APEC celebrada en Gyeongju, Corea del Sur, el 31 de octubre y 1 de noviembre, reforzó esa brújula: la declaración de líderes reiteró que la conectividad, la inversión y la resiliencia de las cadenas siguen siendo el corazón del crecimiento regional, bajo el lema “Building a Sustainable Tomorrow: Connect, Innovate, Prosper”.