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Víctor Arriaga, editor


Participación electoral en elecciones intermedias
Ante la perspectiva de la pérdida de la mayoría del Partido Republicano en al menos una de las dos cámaras en las elecciones intermedias del 3 de noviembre, una de las grandes incógnitas en esta ocasión será el nivel de participación del electorado estadounidense, que en promedio es bajo en comparación con otras democracias. Ahora la polarización política seguramente incentivará a los opositores a Trump a acudir a las urnas para emitir un voto de rechazo al presidente. En contrapartida, Trump ha llamado a sus simpatizantes a votar en los comicios como si él estuviera en la boleta. Por ello, los comicios de medio mandato de este año se han convertido en los hechos en un referéndum sobre Trump.
En el desenlace del 3 de noviembre entrarán en juego muchas variables, entre ellas: la baja aprobación de la gestión de Trump, la insatisfacción con el desempeño de la economía, la guerra en Irán y su consecuencia en el precio de los combustibles, la redistritación promovida por ambos partidos en varias entidades, la calidad y el grado de competencia de las candidaturas, los factores locales y el nivel de participación del electorado. Sobre este último punto, ¿cuál ha sido la tendencia histórica y reciente de participación electoral en Estados Unidos? ¿Emitirán más estadounidenses su voto en esta ocasión como consecuencia de la polarización política?
La participación electoral en Estados Unidos
Las distintas mediciones de participación electoral en Estados Unidos toman como punto de partida el número total de ciudadanos en edad de votar y el número final de sufragios emitidos en cada elección en sus distintas modalidades, ya sea postal o presencial el primer martes de noviembre del año en turno o antes de esa fecha cuando es de forma anticipada.
La tendencia que salta a la vista es que hay mayor participación en comicios presidenciales que en los de medio mandato. En el presente siglo, el promedio en las contiendas presidenciales hasta 2020 giraba en torno a cifras cercanas al 60%. Sin embargo, ese año, cuando los candidatos fueron Joe Biden y Donald Trump, 66.6% de los ciudadanos votaron a pesar del COVID-19; ésta fue la cifra más alta desde 1900. En 2024, el total fue 63.9%, de acuerdo con datos de Ballotpedia. En contraste, en las elecciones intermedias del mismo periodo, la participación ha sido cercana o inferior a 40% hasta 2018, cuando aumentó a 50%, el nivel más alto en 100 años para este tipo de proceso, y en 2022, que registró 46.2%.
En otras palabras, a partir de 2018 se han revertido las tendencias en elecciones intermedias y presidenciales en comparación con las de años previos para alcanzar los porcentajes más altos de participación electoral en muchos años.
De mantenerse, en 2026 el “referéndum” sobre la gestión de Trump puede ser un factor de motivación que impulse una mayor movilización tanto de votantes que lo rechazan como la de sus seguidores. Sin embargo, entre estrategas del Partido Republicano hay preocupación por la abstención de un segmento de simpatizantes que están desencantados con los efectos de las políticas de Trump y que ya han sido detectados en varias encuestas. Su decisión de no emitir un voto puede ser un factor que facilite el triunfo de candidatos demócratas. Otro grupo al que habrá que prestar atención en cuanto a comportamiento electoral es el de los votantes sin identidad partidista que en 2024 optaron por Trump y que en esta ocasión se oponen a él al ver el resultado de varias de sus políticas.
El perfil del votante y del abstencionista
Midterm Project registra importantes diferencias en la participación electoral entre las entidades federativas de Estados Unidos. En algunos como Minnesota, Michigan y Wisconsin, el nivel es cercano al 75%, mientras que en otras como Hawái, Oklahoma y Arkansas está arriba de 50%.
Algunas de las variables que influyen en la decisión de acudir a las urnas o de permanecer en casa son el nivel de educación, la edad, el origen étnico y el nivel de ingreso. De este modo, la participación electoral es mayor entre quienes tienen un grado universitario avanzado frente a quienes no completaron su educación media (82.5% vs 36%). Por edad, 76 % de los adultos del grupo de edad entre 65 y 74 años votaron en 2020, mientras que entre jóvenes de 18 y 24%, la cifra fue de 51%. Se han llegado a registrar variaciones de 12 puntos porcentuales entre los votantes blancos y los de las minorías étnicas. Finalmente, los ciudadanos con niveles de ingreso superior acuden más a las urnas que los de bajo ingreso.
Varios estudios, entre ellos uno de US Polling Data, señalan que en los comicios intermedios recientes, “el votante es consistentemente de mayor edad, mucho más blanco, educado y partidista en comparación con el de las presidenciales.” En 25 días se sabrá si este patrón se mantiene, tomando en la polarización en esta ocasión, o se detecta algún cambio significativo.
Perspectivas
Las encuestas más recientes sobre el voto genérico para el Congreso en los comicios de medio mandato de este año de forma sistemática conceden la ventaja a los demócratas. La polarización en torno a la figura de Trump seguramente será un incentivo para la elevada participación de sus simpatizantes y de sus opositores. Sin embargo, un factor para tomar en cuenta es que muchas encuestas en procesos electorales previos no han capturado el nivel real de apoyo a Trump. Por otro lado, en varios distritos y estados, la candidatura ganadora para la Cámara de Representantes o el Senado dependerá de la movilización de votantes que apoyaron al Partido Republicano en 2024 pero que están insatisfechos con la dirección del país, si bien en algunos casos, el perfil de los contendientes será clave para el resultado en particular.
La participación ciudadana será decisiva para definir el panorama político a partir del 4 de noviembre, pero hay un imponderable: la reacción de Trump. Esta semana, Washington Post esbozó cuatro desenlaces posibles: una “marea azul” con el control de los demócratas de ambas cámaras; una “ola pequeña” que les otorga una ventaja mínima en el Congreso, sobre todo en la Cámara de Representantes; una sorpresa republicana en la que retienen el poder legislativo; o una crisis constitucional si Trump, ante un resultado adverso, impulsa la injerencia del gobierno federal.












