La política exterior también se decide con emociones
Javier Treviño / Hace algunos años, a fines del 2018, leí el libro The Strange Order of Things, del neurocientífico Antonio Damasio. Habían pasado las elecciones, iniciaba un nuevo gobierno y ahí encontré una clave poderosa para entender por qué tantas decisiones internacionales fracasan. Su tesis central es tan simple como incómoda: los sentimientos no son el enemigo de la razón; son su fundamento biológico. Antes de pensar, sentimos. Antes de calcular, reaccionamos. Y la cultura, la política y
Javier Treviño / Hace algunos años, a fines del 2018, leí el libro The Strange Order of Things, del neurocientífico Antonio Damasio. Habían pasado las elecciones, iniciaba un nuevo gobierno y ahí encontré una clave poderosa para entender por qué tantas decisiones internacionales fracasan. Su tesis central es tan simple como incómoda: los sentimientos no son el enemigo de la razón; son su fundamento biológico. Antes de pensar, sentimos. Antes de calcular, reaccionamos. Y la cultura, la política y las instituciones no flotan por encima de esa realidad: son extensiones de ella.
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