/ Mexico and Brazil, Latin America’s two largest economies, have long underperformed as partners due to structural divergence and geopolitical misalignment. In a fragmenting global order, this gap has become a strategic liability. This paper argues that a more substantive relationship is now both necessary and feasible, but only if anchored in investment, sectoral complementarity, and coordinated engagement in global governance, rather than in episodic political alignment or diplomatic aspiration.
/ El presidente Donald Trump contempla la posibilidad de abandonar la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), como expresión de su disgusto porque los aliados dejaron solo a Estados Unidos en su guerra no declarada contra Irán. Más allá de lo que se piense de la OTAN, la organización fue creada después de la Segunda Guerra Mundial específicamente para la defensa de Europa occidental frente a la llamada "amenaza roja" de la Unión Soviética y sus aliados del Pacto de Varsovia.
/ Del escenario plano, estático, inmoldeable, rígido y predecible, hemos pasado a una coyuntura internacional que redibuja dicho escenario a uno que se mueve constantemente en espiral, que forcejea la inflexibilidad, que hace de lo impredecible la nueva constante, que pasa de lo monotemático a multitemático, y hace que cada vértice sea volátil.
Así es como estamos viviendo esta nueva era en la historia de las relaciones internacionales, de la geopolítica, de la geoeconomía, del comercio global y de la diplomacia. Ninguna teoría es capaz de explicar y ningún modelo matemático tiene la información para predecir con exactitud lo que estamos viviendo. Esto es como un concierto de naciones donde cada país toca un instrumento diferente, pero debería de ser en función a la partitura escrita desde el seno de las Naciones Unidos. Antes esto era posible, aunque alguien desafinara o entrara a destiempo en el concierto. El problema de ahora es que varios quieren ser el/la director(a) de orquesta y permanecer en el cargo de manera indefinida. Por lo que la política global está desafinada.
/ Analiza la capacidad militar de Irán y señala que está en el punto de tener más el control que el mismo Estados Unidos
#AlCierre | La capacidad militar de Irán no era tan pequeña como la consideraba Washington; está en el punto de tener más el control que el mismo Estados Unidos: Aribel Contreras (@AribelContreras). pic.twitter.com/2DrW4eBHVL
/ En el escenario actual del conflicto en el Medio Oriente, el enfrentamiento entre la coalición encabezada por Estados Unidos e Israel contra la República Islámica de Irán se encuentra estancado, sin que ninguna de las partes haya logrado consolidar una ventaja militar decisiva. El alto costo humanitario —con aproximadamente 3000 víctimas, concentradas principalmente en Irán y Líbano—, la volatilidad de los precios internacionales del petróleo y de otros recursos estratégicos, así como el creciente desgaste diplomático de Washington con sus aliados tradicionales, que han evitado respaldar la incursión militar, reflejan el agotamiento de la confrontación bélica directa. La viabilidad política de la campaña está, además, condicionada por la promesa del presidente Donald Trump de priorizar el fin de las “guerras interminables”, coherente con la oposición del movimiento MAGA (“Make America Great Again”) a la intervención militar en el exterior. Según AP-NORC, 60% de la población adulta estadounidense considera que la acción militar contra Irán “ha ido demasiado lejos”.
/ En la política contemporánea, el poder no solo se mide en votos: se mide en atención. Y en el ecosistema MAGA, la atención tiene sus protagonistas: líderes de opinión políticos y mediáticos que hablan a diario con audiencias de millones. No son comentaristas: son infraestructura.
Por eso, cuando esas voces empiezan a voltearse contra Trump, no estamos ante un pleito interno; estamos ante una amenaza a su fuente real de poder: el lavado de coco.
/ En 2007, el psicólogo y ganador del premio Nobel de Economía por sus estudios sobre cómo las emociones influyen en la toma de decisiones, Daniel Kahneman, escribió en un artículo: “Los responsables de política exterior estadounidenses probablemente verían con gran escepticismo cualquier concesión hecha por el régimen de Teherán”.
La fecha importa porque para 2007, las cosas pintaban mal en Medio Oriente. La invasión a Irak había ya colapsado en guerra civil. No poder explicar los objetivos de la guerra, más el escándalo por el centro de tortura Abu Ghraib provocaron, pocos meses antes, que los Demócratas ganaran la elección intermedia por primera vez en 12 años y la renuncia del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. No obstante, e ignorando las recomendaciones y advertencias de la comisión bipartidista, Grupo de Estudio de Irak, en enero de 2007, el presidente Bush decide doblar las apuestas con la famosa escalada, o ‘the surge’, enviando más de 20 mil tropas.
Cuando Kahneman publica su artículo “Por qué los Halcones Ganan”, EU llevaba ya cinco años abogando por una guerra sobre tesis erróneas: no había armas de destrucción masiva, ni un vínculo de Sadam Hussein con Al-Qaeda, ni una sociedad que iba a recibir al ejército estadounidense con brazos abiertos. Ya se repetía la frase de Rumsfeld de 2002: "No puedo decirles si el uso de la fuerza en Irak hoy durará cinco días, cinco semanas o cinco meses, pero desde luego no va a durar más que eso."
El texto de Kahneman fue importante porque explicaba cómo y por qué los líderes privilegiaban las posturas de intervención militar (halcones) frente a las que abogaban por la negociación (palomas). Los sesgos sobre los que el autor advertía: aversión al riesgo, exceso de confianza, o errores de atribución, no eran abstracciones; constituían parte del optimismo de militares y políticos que atribuían la gravedad de la situación a todo menos a la intervención que ellos mismos habían creado.
Kahneman no argumentaba que en toda ocasión las posturas de los halcones fueran erróneas, sino solo por qué éstas tenían una recepción desproporcionada frente a las de las palomas y sus soluciones diplomáticas. Por ejemplo, el sesgo de exceso de confianza llevaba a los políticos a sobreestimar las probabilidades de éxito de la fuerza militar, mientras que el sesgo de atribución los hacía creer que la hostilidad del adversario era intrínseca, en vez de reactiva o contextual.
A pesar de que los trabajos de Kahneman tienen ya dos décadas, los sesgos también hacen creer que nuestras circunstancias se conforman por excepciones y hoy se desdeñan las advertencias sobre cómo estamos mal equipados para entender la conducta de nuestros adversarios: Las partes tienden a racionalizar su conducta como una reacción hacia acciones provocativas de la otra parte. El autor advertía particularmente cómo el sesgo de ‘ilusión de control’ conduce a exagerar nuestra influencia sobre los resultados que son importantes para nosotros; un sesgo que el psicólogo relaciona con las decisiones de iniciar las guerras posteriores a 9/11 al asumir que las victorias serían rápidas y sencillas.
Una historiadora escribió: “Estamos peleando una guerra en Asia por un objetivo que nadie puede definir (…) El control de la guerra y de la política que la perpetúa está en manos de un presidente que se ha encerrado en un rumbo fijo y que, ya sea por orgullo personal o por incapacidad para comprender lo que está ocurriendo, se niega a desviarse, ajustarse o cambiar de dirección." La frase es de 1978. La autora, Barabara Tuchman, hacía una crítica a la guerra de Vietnam.
/Una de las preguntas que surgen con fuerza con el cambio en el orden global que estamos presenciando es si el dólar estadounidense continuará siendo la moneda preferida y confiable en las transacciones internacionales, como unidad de cuenta, medio de cambio y reserva de valor.
El mundo carece de un gobierno central, por lo que, como parte del establecimiento de un orden global tras las guerras mundiales del siglo XX, mediante los acuerdos de Bretton Woods, los países occidentales adoptaron el dólar como la principal moneda de reserva internacional, cuyo valor se fijó en términos de oro, y los demás países mantuvieron sus reservas en dólares para enfrentar emergencias y estabilizar sus monedas. El dólar se convirtió en el ancla del sistema monetario y financiero internacional.