Fernando Núñez de la Garza / Hay vientos de cambio en el sector empresarial mexicano. Después de siete años de haber asumido una actitud de silencio frente al poder político, el empresariado nacional parece intentar recuperar su voz. Y nada lo indica mejor que la elección de José Medina-Mora Icaza como el próximo capitán del capital mexicano.
El papel que ha desempeñado el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) en los últimos años ha sido lamentable. Fue justo cuando llegó al poder un movimiento populista de corte autoritario que la máxima cúpula empresarial del país decidió poner a un empleado -y no a un empresario- a cargo. Después del fracaso, los empresarios mexicanos decidieron colocar a un cabildero y experto en relaciones públicas que, en el mejor de los casos, guardó silencio ante las reformas autocráticas morenistas y, en el peor de ellos, las aplaudió. El cambio de timón hoy es evidente en la figura de José Medina-Mora Icaza: un empresario con amplios estudios en universidades nacionales y extranjeras quien, además, se desempeñó como presidente nacional de Coparmex en esos mismos años críticos. Tiene reputación de negociador pero, también, ha criticado muchas de las reformas políticas del morenismo.
La coyuntura política nacional e internacional ciertamente ayudaron a que el empresariado mexicano encontrase algo de valentía. La presidenta Claudia Sheinbaum no es la fundadora de Morena, no tiene el carisma del expresidente y su partido político se encuentra crecientemente dividido. Que López Obrador haya salido nuevamente a la luz pública posiblemente abonará a las divisiones internas. Por otra parte, 2026 será un año definitorio ante la renegociación/revisión del TMEC, con un sector empresarial que formará parte de la delegación mexicana. Sin embargo, el país llega debilitado ante las quejas formales y las preocupaciones de innumerables sectores económicos y gubernamentales estadounidenses ante las políticas de Morena. Todas las fricciones anteriores solo prometen crecer.
A la coyuntura política hay que agregarle el contexto económico nacional, con alarmas por doquier que ya no cuentan con salidas fáciles. La presidenta Sheinbaum no podrá recurrir al aumento continuo del salario mínimo, el cual ayudó a estimular el mercado interno en su momento. Pero tampoco podrá recurrir al déficit y a la deuda como lo hizo su predecesor ante las preocupaciones de las calificadoras, razón por la cual se ha embarcado en un proceso de consolidación fiscal que ha provocado los niveles más bajos de inversión pública en décadas. A lo anterior hay que añadir la caída en la inversión nacional -la cual conforma más del 85% de la inversión privada total-, la caída en la confianza empresarial -con ocho meses al hilo en percepción pesimista-, y la salida de capitales -con siete meses al hilo en ese sentido-. De esperarse, entonces, el estancamiento económico.
La corrección de rumbo del empresariado nacional llegó, aunque muy tarde: solo basta ver lo que ha sucedido en días recientes en la Suprema Corte. La presidenta Sheinbaum necesita a los empresarios más que nunca, pero es altamente probable que el dogma político acabe por imponerse. Mucho indica que la polarización política -y la incertidumbre económica- solo se acentuarán.
¿Terminó finalmente el silencio de los empresarios?
Todos los caminos llevan a Türkiye
Juan Ascencio Moctezuma / En un sistema internacional marcado por la fragmentación, la competencia geopolítica y la búsqueda de nuevos equilibrios, la diplomacia multilateral se ha convertido en una herramienta clave para las potencias medias. Türkiye parece haber entendido bien esta lógica. En 2026, el país se colocará en el centro de la agenda global gracias a un intenso calendario de cumbres y foros internacionales en Ankara, Antalya y Estambul, que consolidan su proyección como uno de los a
Juan Ascencio Moctezuma
/ En un sistema internacional marcado por la fragmentación, la competencia geopolítica y la búsqueda de nuevos equilibrios, la diplomacia multilateral se ha convertido en una herramienta clave para las potencias medias. Türkiye parece haber entendido bien esta lógica. En 2026, el país se colocará en el centro de la agenda global gracias a un intenso calendario de cumbres y foros internacionales en Ankara, Antalya y Estambul, que consolidan su proyección como uno de los actores más influyentes de la actualidad.
La llamada diplomacia de cumbres es una herramienta importante para las potencias medias. Ser el anfitrión de eventos de alto nivel va más allá de los aspectos logísticos: es un rol que garantiza acceso a discusiones y negociaciones en las que el país puede promover sus intereses y contribuir a la construcción de consensos.
El calendario diplomático de Türkiye para 2026 incluye la Cumbre de la Unión Interparlamentaria Internacional (abril, Estambul); la Cumbre de Líderes de la OTAN (julio, Ankara); la Cumbre de Cambio Climático, COP31 (Antalya, noviembre) y la Cumbre de Líderes de la Organización de los Estados Túrquicos (último trimestre del año, con sede por definir).
A ello se suma el Foro de Diplomacia de Antalya, que se celebrará en abril. Este encuentro, comparable a la Conferencia de Seguridad de Múnich o el Foro Raisina de India, se ha consolidado como un espacio cada vez más relevante, cuya agenda refleja las prioridades de la política exterior turca y la visión de Ankara sobre los desafíos globales más apremiantes.
Hospedar cumbres y foros internacionales es también un ejercicio de poder suave. El papel de anfitrión dará a Türkiye margen para influir en la agenda de las discusiones, incidir en la redacción de declaraciones finales y acceder a conversaciones informales de alto nivel. Es un ejercicio de liderazgo a través de la hospitalidad y la capacidad de convocatoria.
Las cumbres de 2026 ofrecerán a Türkiye una oportunidad de afianzar su identidad como un constructor de acuerdos y un actor internacional responsable. Será especialmente relevante observar la construcción de consensos al interior de la OTAN en temas como la guerra en Ucrania, así como las negociaciones en la COP31 sobre energía y financiamiento para el cambio climático.
Estos encuentros también permitirán a Türkiye mostrar al mundo sus capacidades de organización, el profesionalismo de su servicio diplomático, la infraestructura de sus ciudades, sus atractivos turísticos -principalmente en el caso de Antalya- y su riqueza cultural. Una cumbre internacional es más que política, es una plataforma global de proyección de imagen.
Desde luego, hospedar cumbres es una inversión significativa. Türkiye deberá asumir costos importantes en materia de seguridad, infraestructura, traductores, tecnología y logística. Sin embargo, se trata de una apuesta estratégica orientada a consolidar una marca nacional que, en el mediano plazo, puede traducirse en mayor atracción de inversiones, turismo y capital político.
El intenso calendario de 2026 es el resultado de la confianza que Türkiye se ha ganado en el escenario internacional. Constituye, además, un ejemplo para otras potencias medias -como México- sobre la importancia de mantener una política exterior activa, una diplomacia profesional y un papel en el mundo que sea factor de orgullo nacional.
Türkiye se ha consolidado como uno de los centros más dinámicos de la política internacional contemporánea. Más allá del prestigio y la visibilidad, tendrá la oportunidad única de contribuir a la búsqueda de soluciones a los principales desafíos globales, que se enmarquen en el derecho internacional y que enfaticen el valor del multilateralismo. No queda más que desearle éxito en este ambicioso ejercicio diplomático.
Participación en El Economista:

UCRANIA EN EL ESCENARIO GLOBAL: PERSPECTIVAS MULTIDISCIPLINARIAS SOBRE SUS DESAFÍOS INTERNACIONALES
Dra. Aribel Contreras Suárez Dr. Ángel Jaramillo Torres Dr. José Joel Peña Llanes Coordinadores Descarga el libro aquí UCRANIA EN EL ESCENARIO GLOBALUCRANIA EN EL ESCENARIO GLOBAL.pdf28 MBdownload-circle
Dra. Aribel Contreras Suárez
Dr. Ángel Jaramillo Torres
Dr. José Joel Peña Llanes
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México-Unión Europea: Del unilateralismo al transatlantiquismo
Aribel Contreras / En el año 2000 arrancó el Acuerdo de Asociación Económica, Coordinación Política y Cooperación (Acuerdo Global: AG) entre México y la Unión Europea (UE). El pilar comercial se separó y se conoce como TLCUEM pero al final la relación bilateral es integral. Sin embargo, las disciplinas comerciales se diversificaban, el mundo cambiaba y le geopolítica se reconfiguraba, por lo que era vital apostar por una modernización integral. Entre obstáculos comerciales y frenos políticos la
Aribel Contreras
/ En el año 2000 arrancó el Acuerdo de Asociación Económica, Coordinación Política y Cooperación (Acuerdo Global: AG) entre México y la Unión Europea (UE). El pilar comercial se separó y se conoce como TLCUEM pero al final la relación bilateral es integral. Sin embargo, las disciplinas comerciales se diversificaban, el mundo cambiaba y le geopolítica se reconfiguraba, por lo que era vital apostar por una modernización integral. Entre obstáculos comerciales y frenos políticos la modernización estuvo estancada pero el AG continuaba operando.
Participación en El Economista









