/ En la mañanera del pueblo del 08 de abril de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum reconsideró el uso del fracking en México para extraer gas natural ante la creciente dependencia de este energético importado de los Estados Unidos de América. Esto cambia radicalmente la política de su antecesor, López Obrador, quien había prohibido esta práctica en razón a que requería un uso intensivo de agua. Un día después matizó su postura y descartó el fracking tradicional y sostuvo que sólo se procedería a extraer gas con tecnología de punta, con base en un dictamen de un comité de expertos ad hoc.
/ En 1908 el periodista James Creelman le preguntó al presidente Porfirio Díaz si México ya estaba preparado para la democracia. Setenta años después, Alan Riding publicó Vecinos distantes, un libro que estudia al mexicano y lo compara con los estadounidenses, analizando la difícil vinculación entre dos culturas tan dispares y contrastantes. Octavio Paz describió con clarividencia la complejidad cultural del mexicano y el desafío para incorporarse en el mundo moderno en la era de la globalización. El común denominador de estos y tantos otros estudios similares radica en la posibilidad de que el mexicano pueda construir un sistema sociopolítico capaz de preservar la estabilidad y generar prosperidad.
El asunto no es meramente filosófico o académico, pues de la respuesta que se dé a las interrogantes y caracterizaciones que han hecho estos estudiosos a lo largo del tiempo depende el tipo de devenir que le sea posible al país. De hecho, reconociendo las carencias y complicaciones inherentes a la política mexicana -reflejo de lo intrincado de la cultura nacional- fue que en los noventa México buscó un mecanismo que permitiese “aislar” la fenomenología política para fines de la economía y la inversión. De ahí el TLC norteamericano, cuya característica nodal cuando se negoció en los noventa fue que, de facto, Estados Unidos nos “prestaba” instituciones y mecanismos judiciales a fin de conferirle certidumbre a los inversionistas y empresarios.
Treinta años después de inaugurado, el TLC sigue siendo el pilar de la actividad económica nacional en el sentido que las exportaciones son el principal motor de crecimiento que genera demanda y derrama sobre el resto del país. El desarrollo en materia económica que el mecanismo comercial ha generado es extraordinario: quienquiera que visite Querétaro, Aguascalientes, Nuevo León y, en general, casi todo el norte del país, no podrá más que maravillarse de la transformación que esas regiones han experimentado. Existiendo reglas y certidumbre, el progreso avanza.
Por otro lado, es igual de patente que hay regiones y funciones que no sólo se han rezagado, sino que muchas han experimentado una clara regresión. Lo primero es visible en vastas zonas del sur del país, donde sea por negligencia política o por factores culturales que potencian la oposición a la modernidad, han mantenido pobre y rezagada a una enorme porción de la población. Todavía peor, el gobierno pasado, que llegó al poder en buena medida por su crítica a las desigualdades que existían en el país, no dedicó recurso alguno a atender esos rezagos. La incertidumbre tiene consecuencias que inexorablemente se manifiestan.
Algo similar se podría decir del segundo factor: qué tanto ha evolucionado, o involucionado, la política nacional en todos estos años en que el país ha dependido de reglas certeras para una parte de su realidad, especialmente de la economía, muchas de ellas provistas por factores externos. En términos concretos, ¿hemos desarrollado fuentes de certidumbre interna susceptibles de reemplazar a los contenidos en el TLC para conferirle reglas claras y certezas a los actores económicos?
La interrogante es clave porque nuestra historia está plagada de ausencia de fuentes de certeza y, como hemos visto, los intentos por construir nuevas instituciones han sido derruidos uno a uno. A lo largo de gran parte del siglo XX, el país contó con un régimen que se apegaba a las leyes formales como dogma casi religioso. Se decía que existía estado de derecho y democracia. Sin embargo, cuando las leyes existentes no permitían hacer lo que el presidente deseaba, se modificaban las leyes a fin de que éstas se ajustaran a las preferencias o necesidades del momento. Esa forma de ser, que retorna con celeridad, implica la ausencia de estado de derecho por el mero hecho de que las leyes se pueden modificar a modo, no existe un poder judicial autónomo y, en general, domina la inexistencia de un entorno de seguridad jurídica.
A partir del TLC se intentó construir un andamiaje institucional que poco a poco diera forma a un estado de derecho. Dada la facilidad con que todo ese tinglado fue sistemáticamente desmantelado a partir de 2018, hoy sabemos que los presidentes desde el TLC hasta 2018 respetaron las reglas e instituciones más por decisión propia que por la fuerza de aquellas instituciones y leyes. Y es ahí donde nos encontramos ahora.
El asunto clave radica en la necesidad de contrapesos institucionales que le confieran certidumbre a la ciudadanía antes que a nadie y subsecuentemente a los actores económicos y políticos. La pretensión implícita de que un gobernante puede garantizar esa certidumbre por su estatura moral quizá funcionó en el siglo pasado, en el contexto de una nación que vivía relativamente aislada del resto del mundo y con poca información de lo que ahí acontecía. Hoy se requieren reglas claras, conocidas, predecibles y que se hacen cumplir. Nada de eso existe.
Más que democracia, que es en buena medida una consecuencia, al país le urge una nueva construcción institucional. Si para algo habrá de servir la concentración de poder que estamos viviendo, ojalá sea para realmente sentar las bases del desarrollo futuro y exitoso del país. De no ser así, las consecuencias serán abismales y no sólo para el gobierno.
La diputada republicana María Elvira Salazar es una legisladora cubano-estadounidense de Florida, partidaria del presidente Donald Trump, anticomunista, anticastrista, procapitalista, profundamente religiosa y, sin embargo, según consigna la publicación digital especializada Politico una apestada en su propio partido.
Su pecado es promover la búsqueda de una solución al problema migratorio basada en comprensión y hasta benevolencia en vez de apoyarse sólo en redadas policiacas y expulsiones masivas. Es tan criticada que algunos de sus correligionarios la critican y recibe amenazas de muerte de "militantes" del movimiento trumpista.
/ En 2007, el psicólogo y ganador del premio Nobel de Economía por sus estudios sobre cómo las emociones influyen en la toma de decisiones, Daniel Kahneman, escribió en un artículo: “Los responsables de política exterior estadounidenses probablemente verían con gran escepticismo cualquier concesión hecha por el régimen de Teherán”.
La fecha importa porque para 2007, las cosas pintaban mal en Medio Oriente. La invasión a Irak había ya colapsado en guerra civil. No poder explicar los objetivos de la guerra, más el escándalo por el centro de tortura Abu Ghraib provocaron, pocos meses antes, que los Demócratas ganaran la elección intermedia por primera vez en 12 años y la renuncia del secretario de Defensa, Donald Rumsfeld. No obstante, e ignorando las recomendaciones y advertencias de la comisión bipartidista, Grupo de Estudio de Irak, en enero de 2007, el presidente Bush decide doblar las apuestas con la famosa escalada, o ‘the surge’, enviando más de 20 mil tropas.
Cuando Kahneman publica su artículo “Por qué los Halcones Ganan”, EU llevaba ya cinco años abogando por una guerra sobre tesis erróneas: no había armas de destrucción masiva, ni un vínculo de Sadam Hussein con Al-Qaeda, ni una sociedad que iba a recibir al ejército estadounidense con brazos abiertos. Ya se repetía la frase de Rumsfeld de 2002: "No puedo decirles si el uso de la fuerza en Irak hoy durará cinco días, cinco semanas o cinco meses, pero desde luego no va a durar más que eso."
El texto de Kahneman fue importante porque explicaba cómo y por qué los líderes privilegiaban las posturas de intervención militar (halcones) frente a las que abogaban por la negociación (palomas). Los sesgos sobre los que el autor advertía: aversión al riesgo, exceso de confianza, o errores de atribución, no eran abstracciones; constituían parte del optimismo de militares y políticos que atribuían la gravedad de la situación a todo menos a la intervención que ellos mismos habían creado.
Kahneman no argumentaba que en toda ocasión las posturas de los halcones fueran erróneas, sino solo por qué éstas tenían una recepción desproporcionada frente a las de las palomas y sus soluciones diplomáticas. Por ejemplo, el sesgo de exceso de confianza llevaba a los políticos a sobreestimar las probabilidades de éxito de la fuerza militar, mientras que el sesgo de atribución los hacía creer que la hostilidad del adversario era intrínseca, en vez de reactiva o contextual.
A pesar de que los trabajos de Kahneman tienen ya dos décadas, los sesgos también hacen creer que nuestras circunstancias se conforman por excepciones y hoy se desdeñan las advertencias sobre cómo estamos mal equipados para entender la conducta de nuestros adversarios: Las partes tienden a racionalizar su conducta como una reacción hacia acciones provocativas de la otra parte. El autor advertía particularmente cómo el sesgo de ‘ilusión de control’ conduce a exagerar nuestra influencia sobre los resultados que son importantes para nosotros; un sesgo que el psicólogo relaciona con las decisiones de iniciar las guerras posteriores a 9/11 al asumir que las victorias serían rápidas y sencillas.
Una historiadora escribió: “Estamos peleando una guerra en Asia por un objetivo que nadie puede definir (…) El control de la guerra y de la política que la perpetúa está en manos de un presidente que se ha encerrado en un rumbo fijo y que, ya sea por orgullo personal o por incapacidad para comprender lo que está ocurriendo, se niega a desviarse, ajustarse o cambiar de dirección." La frase es de 1978. La autora, Barabara Tuchman, hacía una crítica a la guerra de Vietnam.
/ La guerra de agresión de Rusia a Ucrania se encuentra en un momento crítico. En el frente diplomático las reuniones en Abu Dabi y Washington celebradas este mes se han convertido en verdaderos laboratorios de ingeniería militar y financiera. Al menos eso es lo que pretende Washington.
Ciertamente no podemos culpar a la administración Trump de no experimentar con formas imaginativas de diplomacia.
El gobierno de Estados Unidos ha puesto al 30 de junio como la fecha límite para lograr que Moscú y Kyiv logren un acuerdo, seguramente con la cabeza puesta en las elecciones intermedias a celebrarse en noviembre.
El proceso de negociaciones que inició a principios del año pasado ha tenido como principal obstáculo la renuencia de Putin para aceptar una salida a un conflicto que su gobierno inició.
En cuanto a los mecanismos que se han discutido se encuentran la puesta en marcha de un Fideicomiso de Reconstrucción. Se trata de un fondo gestionado por Estados Unidos y empresas privadas para reconstruir el Donbás, condicionado a que las empresas estadounidenses tengan prioridad en la explotación de litio y titanio en la región. Lo cual nos habla de que la prioridad del gobierno de Trump es la explotación de recursos naturales de Ucrania.
Otra propuesta en el mismo sentido es la instalación de un Cuerpo de Paz Empresarial. De acuerdo con este esquema la seguridad en las zonas en disputa no sería mantenida por ejércitos, sino por contratistas de seguridad privada financiados por Europa, reduciendo el riesgo de un choque directo entre la OTAN y Rusia. Sería curioso que los asesores de Trump no hayan leído los escritos de Maquiavelo sobre el gran inconveniente de contratar mercenarios en lugar de ejércitos regulares.
Habrá que destacar la inclusión en las negociaciones del tecnoempresario, Elon Musk, quien ha participado como asesor técnico y ha propuesto un sistema de monitoreo satelital para supervisar la zona desmilitarizada. La idea es que esto sustituya a los observadores de la ONU, algo que Rusia parece aprobar pero que Ucrania teme sea un sistema susceptible a posibles sabotajes.
Todo esto parece al mismo tiempo fantástico y extraordinario. El problema que enfrentan estas formulaciones es su carácter conjetural y quizás utópico si pensamos la realidad sobre el terreno.
A pesar de esas propuestas que parecen sacadas del libro más famoso de Trump - The Art of the Deal - hoy existen tres “líneas rojas” que impiden un acuerdo final:
Por un lado, el problema de lo que se conoce como la Cláusula de Retorno Automático o Snapback. Se trata de un sistema favorecido por el gobierno de Zelenski para que, en caso de que Rusia vuelve a atacar, las sanciones de Estados Unidos y el suministro de armas masivo se reactiven automáticamente. Putin, por supuesto, se niega absolutamente y más bien exige el levantamiento total y permanente de las sanciones como condición previa.
El segundo punto tiene que ver con la cuestión de la soberanía ucraniana. El plan de Trump propone que Ucrania mantenga la soberanía teórica sobre el Donbás, pero que Rusia tenga la administración civil y militar por 20 años. Zelenski sostiene que esto es una anexión encubierta y que es políticamente suicida aceptarlo ante su población.
Finalmente se encuentra el futuro estatus de la OTAN. Aunque Trump está dispuesto a sacrificar la entrada de Ucrania a la OTAN, el Congreso de Estados Unidos y los aliados del flanco este - como Polonia y los países Bálticos - están bloqueando cualquier acuerdo que no incluya una garantía de defensa robusta para Ucrania.
Mientras se concretan estos acuerdos, la guerra por Ucrania continúa, con su mensaje de la muerte.
/ Hablar de logística internacional y autotransporte de carga aún sugiere, para muchas personas, una perspectiva masculina: camiones, carga pesada, patios de maniobras, largas jornadas en carretera e infraestructura deficiente. Sin embargo, esta percepción está quedando cada vez más rezagada. La participación de las mujeres en el sector logístico no sólo ha crecido, sino que está transformando la forma en que se piensa, se gestiona y se innova en una de las industrias más estratégicas para la economía global.
La participación de las mujeres no se limita a ocupar espacios históricamente negados, sino a redefinirlos. Han demostrado la capacidad para integrar, cambiar y mejorar procesos, gestionar riesgos y retos, coordinar equipos multidisciplinarios y adoptar nuevas tecnologías, estas son competencias clave en un entorno tan volátil donde la eficiencia y la adaptabilidad son esenciales.
En el autotransporte de carga, la presencia femenina representa también un cambio cultural profundo. Ya sea como operadoras, ejecutivas, ingenieras, directoras, emprendedoras o líderes, las mujeres están cuestionando prácticas tradicionales y promoviendo entornos laborales más seguros, colaborativos, dinámicos y profesionalizados. Esto es un gran paso: mejorar las condiciones laborales y la toma de decisiones impacta directamente en la productividad y la innovación del sector, teniendo beneficios para hombres y mujeres por igual.
Además, la innovación logística se ve fortalecida cuando existe diversidad en la toma de decisiones. Las mujeres suelen impulsar soluciones orientadas a la optimización de procesos, el uso inteligente de datos, la trazabilidad, la reducción de impactos ambientales, la integración de equipos y la gobernanza corporativa. No se trata de una diferencia biológica, sino de trayectorias y experiencias distintas que enriquecen la forma de resolver problemas complejos.
De acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía (2025) en el primer trimestre del 2025, se tenía registrada solo el 1.78% de participación de mujeres conductoras, destacando como principales retos; barreras culturales y discriminación de género, falta de capacitación y acceso a oportunidades, seguridad y riesgos laborales en carretera, equilibrio entre vida personal y laboral, brecha salarial (mientras los hombres ganan promedio de 7,800 pesos al mes, las mujeres promedian 4440 pesos al mes), e infraestructura laboral no adecuada.
Reconocer el papel de la mujer en la logística internacional y el autotransporte de carga no es solo un acto de justicia social, sino una estrategia de competitividad. Apostar por su participación significa arriesgarse por un sector más moderno, resiliente e innovador. La logística del futuro, sin duda, también se conduce con liderazgo femenino. Implica una innovación social por buscar mejores esquemas de contratación, políticas organizacionales enfocadas en equidad de género, y ambientes laborales más diversos, que permitan la creatividad y generen seguridad para la resolución de problemas. Es una respuesta a la escasez de talento que atraviesa el sector.
Otro punto por destacar es que, gracias a la tecnología, el papel de la mujer en la logística internacional es fundamental. Permite mayor participación en áreas de planeación, análisis y coordinación internacional, así como reducir las dificultades físicas para maniobrar maquinaria o manejar unidades de carga pesada.
Finalmente, se puede concluir que la mujer viene a aportar al sector para impulsar mejoras en las condiciones laborales, reducir la brecha salarial y la desigualdad y promover un ambiente óptimo para que la industria pueda seguir innovando.